martes, 1 de mayo de 2012

Trastorno Negativista Desafiante (TOD)

El Trastorno Negativista Desafiante se describe como un patrón recurrente de conductas no cooperativas, desafiantes, negativas, irritables y hostiles hacia los padres,compañeros, maestros y otras figuras de autoridad.Este trastorno puede aparecer desde los 3 años de edad, aunque suele iniciarse a los 8 años de edad y normalmente no después de la adolescencia.Antes de la pubertad es más común en hombres que en mujeres, aunque la distribución por sexos se iguala más adelante.Este trastorno afecta aproximadamente de 2 a 16 niños y adolescentes de cada cien y es más frecuente entre los jóvenes de familias de un estado socioeconómico bajo. 

Causas para el desarrollo del trastorno Negativista Desafiante.

 Aún se desconoce la causa exacta de este trastorno, pero existen dos teorías principales para explicarlo: 
1. Teoría del desarrollo: Sugiere que los problemas comienzan cuando el niño tiene entre uno y dos años y medio de edad. Los niños y adolescentes que lo desarrollan pueden experimentar dificultades para aprender a volverse autónomos y separarse de la persona principal a la cual se encuentranligados emocionalmente, generalmente de la madre. Las "actitudes negativas" características de este trastorno se consideran una continuación de las cuestiones normales del desarrollo que no se resolvieron de forma adecuada durante los primeros años de vida. 
2. Teoría del aprendizaje: Plantea que las características negativas del trastorno son actitudes que los jóvenes aprenden de las técnicas negativas empleadas por los padres y figuras de autoridad, (castigos, gritos, golpes, ignorarlos, etc). Esto hace que ellos tengan conductas agresivas, groseras y rebeldes; ya que de esta forma logran la atención, el tiempo, la preocupación y la interacción que desean obtener de sus padres o de las figuras de autoridad. En el Trastorno Negativista Desafiante no existen patrones familiares distintivos, pero se ha encontrado que muchos de los padres de niños con este trastorno están interesados de manera exagerada por el poder, el control y la autonomía. En algunas familias se ha observado hermanos obstinados, madres deprimidas y controladoras y padres pasivo-agresivos. En algunos casos los chicos con este trastorno fueron niños no deseados.

domingo, 29 de abril de 2012

Rasgos psicopáticos y prácticas educativas en la predicción de los problemas de conducta infantiles.Laura López-Romero*, Estrella Romero y Xose Antón Gómez-Fraguela . Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología. Universidad de Santiago de Compostela

Resumen: 
Tradicionalmente las prácticas educativas disfuncionales han sido confirmadas como una de las fuentes de riesgo más importantes de los problemas de conducta infanto juveniles. Por otra parte, en la última década se ha corroborado la importancia de la manifestación  temprana de rasgos psicopáticos a la hora de delimitar los patrones más graves y persistentes de conducta antisocial. En esta línea, se ha diseñado el presente trabajo a partir de la información proporcionada por padres y profesores de 192 niños entre 6 y 11 años, de los cuales 133 fueron nuevamente evaluados en un seguimiento realizado tres años después. De este modo, se analiza en qué medida rasgos psicopáticos y prácticas parentales permiten predecir el desarrollo de los problemas de conducta, se examinan las posibles interacciones entre variables partiendo de las hipótesis que la escasa literatura sobre el tema ha formulado, y se realiza una aproximación al papel diferencial que rasgos psicopáticos y prácticas parentales parecen jugar en la trayectoria evolutiva de las conductas externalizantes. Los resultados obtenidos constatan la existencia de interacciones entre rasgos psicopáticos y prácticas parentales, de forma que las prácticas educativas pierden poder predictivo sobre los problemas de conducta ante la presencia de rasgos psicopáticos afectivo-interpersonales.
Palabras clave: Prácticas parentales; rasgos psicopáticos; dureza/insensibilidad emocional; infancia; adolescencia.

Title: Pychopathic traits and parenting practices in the prediction of childhood behavioural problems.
Abstract: Dysfunctional parenting practices have been evidenced as one of the most important sources of risk for child and adolescent behavioural problems. On the other hand, during the last decade, psychopathic traits have also been shown as important ingredients in order to identify the most severe and persistent patterns of antisocial behaviours. In this line, this study was developed taking into account data collected from parents and teachers about 192 children (aged 6-11 years); a follow up which take place three years later could collect new data on a subsample of 133 chil-dren. This study analyzes to what extent psychopathic traits and parenting practices predict the development of behavioural problems. Moreover, in-teractions among psychopathic traits and family variables are examined, on the basis of the hypotheses suggested by previous studies about the differential role placed by these factors in the developmental pathways of externalizing problems. Results confirm the existence of interactions be-tween psychopathic traits and parenting practices, leading to a loss of in-fluence of educational practices on behavioural problems in the presence of psychopathic affective-interpersonal traits.
Keywords: Parenting practices; psychopathic traits; callous/unemotional traits; childhood; adolescence.

Introducción
El contexto familiar ha sido tradicionalmente analizado co-mo una de las fuentes de riesgo y protección más relevante en el estudio de los problemas de conducta infanto-juveniles (Romero, Robles y Lorenzo, 2006). A pesar de que han sido múltiples las variables analizadas (Farrington, 2005), en las últimas décadas el interés se ha centrado, fundamentalmente, en la amplia constelación de conductas desplegadas por los padres en sus interacciones con los hijos así como en las actitudes que subyacen a dichos comportamientos y que, en conjunto, darán lugar a una tipología de educación familiar o, lo que es lo mismo, a diferentes estilos y prácticas educativas familiares (Darling y Steinberg, 1994).
El empleo de unas prácticas parentales inadecuadas y su interacción con un temperamento difícil por parte del niño ha sido propuesto en diversos modelos como primer es-labón en el desarrollo de los problemas de conducta infanti-les (ej. Moffitt, 1993). En este sentido, variables como la implicación o supervisión parental (Monitoring; Dishion y McMahon, 1998), la implicación y afectividad de la relación paterno-filial (Hill, 2002), la consistencia en la disciplina (Romero et al., 2006) o el empleo del castigo físico (Gers-hoff, 2002) han sido extensamente analizadas como parte del marco explicativo de la conducta perturbadora y antisocial en la infancia y adolescencia.

Por otra parte, con el fin de delimitar los problemas de conducta infantiles y teniendo en cuenta la heterogeneidad en cuanto a etiología, curso y pronóstico que los caracteriza (McMahon, Witkiewitz y Kotler, 2010), en los últimos años se ha venido analizando, durante las primeras etapas del ciclo vital, la presencia de rasgos afectivos (ej. ausencia de re-mordimientos), interpersonales (ej. manipulación) y conductuales (ej. impulsividad) similares a aquellos que perfilan el constructo de psicopatía adulta (Frick y Viding, 2009; Rome-ro, Luengo, Gómez-Fraguela, Sobral y Villar, 2005).
De hecho, la presencia de rasgos psicopáticos a edades tempranas, especialmente rasgos afectivos de dureza e insen-sibilidad emocional (Frick y White, 2008), ha mostrado su papel como importante predictor de problemas de conducta severos y persistentes (Rowe et al., 2010), conductas agresivas y violentas (especialmente de carácter proactivo e instrumental; Marsee y Frick, 2010), y comportamientos delictivos (Lynam, Miller, Vachon, Loeber y Stouthamer-Loeber, 2009) tanto entre la población infantil como en la adolescen-te (McMahon et al., 2010).
A pesar de la importancia que tanto las prácticas parentales como los rasgos psicopáticos de tipo afectivo e interpersonal tienen como predictores independientes de los problemas de conducta (Larsson, Viding y Plomin, 2008), su influencia no parece manifestarse de forma aditiva acumulando los efectos de ambos factores (Wootton, Frick, Shelton y Silverthorn, 1997). Aun siendo escasos los trabajos desarrollados en esta línea (Farrington, 2006), los resultados parecen apuntar a la existencia de interacciones significativas entre rasgos psicopáticos y prácticas parentales a la hora de predecir los problemas de conducta infantiles (Edens, Skopp y Cahill, 2008).
Esta idea fue propuesta inicialmente por Lykken (1995), quien planteó que los niños caracterizados por un temperamento duro y difícil, posteriormente equiparado con el rasgo dureza emocional (Wootton et al., 1997), presentarían un riesgo importante de desarrollar conductas antisociales con independencia del ambiente de crianza en el que habían crecido. Por el contrario, los niños que no presentaban dicha predisposición temperamental veían incrementadas las probabilidades de desarrollar problemas de conducta ante la exposición a prácticas educativas disfuncionales en el entorno familiar.
Posteriormente, Wootton et al. (1997) pusieron a prueba dicha hipótesis en un trabajo desarrollado en una muestra clínica de 136 niños, además de 30 niños de la población ge-neral, entre 6 y 13 años. Tal y como se había planteado, en el grupo de niños en el que se habían detectado rasgos de dureza e insensibilidad emocional el desarrollo de problemas de conducta era relativamente independiente de las prácticas parentales. En este sentido, las propias características de los niños los hacían, en cierto modo, resistentes a las prácticas de socialización tradicional. Por el contrario, la mayoría de los niños con problemas de conducta no presentaban rasgos de dureza emocional pero sí una alta sensibilidad a los estilos y prácticas educativas desarrolladas por los padres. En definitiva, las tácticas disciplinarias disfuncionales aparecían es-trechamente relacionadas con los problemas de conducta pero únicamente en el subgrupo de niños en los que no se habían manifestado rasgos psicopáticos.
Estos mismos resultados fueron replicados en un trabajo desarrollado por Oxford, Cavell y Hughes (2003) con una muestra de 243 niños y niñas de la población general, con una edad media de 8.42 años. En este estudio se observó que las prácticas parentales ineficaces no se relacionaban con problemas de conducta en el grupo de niños en los que se comenzaba a manifestar un perfil próximo a la personalidad psicopática adulta.
Por su parte Hipwell et al. (2007) analizaron las interacciones entre prácticas parentales, rasgos psicopáticos y pro-blemas de conducta en una muestra de 990 niñas (5-8 años) de la población general. Al igual que en los trabajos anteriores, los resultados revelaron que las prácticas parentales ejercían un papel clave en el desarrollo de conductas externalizantes únicamente entre las niñas que no habían manifestado de forma temprana rasgos psicopáticos.
En la misma línea, Edens et al. (2008) evaluaron el efecto moderador de los rasgos psicopáticos en la relación entre disciplina parental y conducta antisocial en una muestra de 76 jóvenes recluidos en un centro de detención juvenil. Los resultados de dicho trabajo corroboraron la hipótesis analizada, planteando que el empleo de tácticas disciplinarias duras e inconsistentes perdía parte de su poder como predictor de conducta antisocial entre los jóvenes en los que se habían manifestado déficit afectivos tradicionalmente asociados con el perfil psicopático de personalidad.

viernes, 27 de abril de 2012

PREVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS DE CONDUCTA. JOAQUÍN DÍAZ ATIENZA.Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil Almería

INTRODUCCIÓN
Tal vez no exista ningún otro trastorno paidopsiquiátrico que reúna mejores condiciones que los trastornos de conducta en la infancia y adolescencia para poder establecer programas de prevención eficientes. Esta afirmación se sustenta en los aspectos siguientes:
1. La población en riesgo es absolutamente conocida.
2. Disponemos de instrumentos fiables para detectar el problema.
3. Existe un amplio margen temporal para la intervención y la evaluación(al menos desde los 10 años hasta la adolescencia).
4. Conocemos una serie importante de factores causales que son susceptibles a la intervención preventiva:
a. Ambiente social desorganizado.
b. Adversidad familiar.
c. Educación/supervisión parental deficiente.
d. Déficit en las habilidades cognitivas y emocionales.

De otra parte, sabemos que las intervenciones “terapéuticas” son relativamente poco exitosas si no se interviene simultáneamente sobre los factores de riesgo (o mantenedores).  Sin embargo, son escasos los programas que estén diseñados convenientemente. Es decir, que mantengan una asignación aleatoria de los sujetos y con medidas de los efectos a largo plazo o que utilicen las clasificaciones a uso (CIE o DSM) en el diagnóstico de los TC.

Los Programas de Prevención deberían cumplir un mínimo de requisitos metodológicos:
1. Las intervenciones preventivas deben contemplar a niños sin problemas con objeto de poder evaluar el efecto preventivo.
2. Las intervenciones debería incluir a niños de 12 años o menores al inicio de la intervención con objeto de determinar  que  la implementación del programa se ha realizado antes de la presentación del trastorno.
3. El programa debe contemplar un periodo de seguimiento de la menos un año con objeto de determinar si posee  efectos a medio plazo.
4. Deben utilizar el método de aleatorización en la inclusión de sujetos o utilizar diseños cuasi experimentales con medidas pre –post intervención.

El término prevención podemos redefinirlo en base a donde se aplica. Así tenemos:
1. Intervención preventiva universal: se aplica en la población genera.
2. Intervención preventiva selectiva: se aplica en población que presentan cierto riesgo de tipo ambiental.
3. Intervención preventiva indicada: Se aplica a individuos asintomáticos con alto riesgo debido a características individuales.

viernes, 20 de abril de 2012

CONDUCTAS ANTISOCIALES EN LA ADOLESCENCIA.Fabiola Muñoz Vivas. TESIS DOCTORAL (Capitulo 10). FACULTAD DE PSICOLOGÍA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE, MADRID, 2000

Definiciones Conceptuales
Es muy importante establecer una diferenciación conceptual previa para delimitar la expresión “conductas antisociales”. Se puede hablar de conducta adaptada cuando la persona acepta las pautas o normas sociales y los valores culturales de la sociedad o grupo concreto de pertenencia y las interacciones con los otros miembros son positivas y no conflictivas. Por su parte la conducta desadaptada o inadaptada interfiere en el proceso de socialización, alterando la convivencia en los espacios vitales de relación (hogar, escuela, entorno próximo, grupo de amigos, etc.) y produciendo efectos negativos o dañinos para las otras personas y/o para sí mismo. Dentro de estas conductas inadaptadas se incluye la conducta disruptiva que se refiere a los patrones de conducta emocional, negativa y persistente de los niños, tales como temperamento dificil en los bebés, conducta de oposición crónica y rabietas. También se incluye el término problemas de conducta para indicar una tendencia a la violación de los derechos de los otros y de las principales reglas o normas sociales (Asociación Americana de Psiquiatría, 1987), reservando la expresión conducta antisocial para actos más serios como robo deliberado, vandalismo y agresión fisica (Loeber, 1990).
Esta conducta antisocial se puede conceptualizar como una dimensión con dos polos: un polo consiste en actos antisociales de confrontación o abiertos tales como discutir, hacer rabietas, peleas, insultos, etc. mientras que el otro polo consiste en conductas antisociales ocultas o encubiertas como hacer novillos, robo, abuso de sustancias, etc.(Loeber & Schmaling, 1985 a). Las conductas anteriores pueden manifestarse de varias formas a diferentes edades. Ejemplo, un niño en particular puede presentar un patrón de distintas conductas antisociales que incluyen robo, agresión física, piromanía o conducta disruptiva en la escuela, acompañada de “hacer novillos”, extorsión a los compañeros, ataques fisicos a profesores, intimidación, etc, que se convierten en manifestaciones diferentes de una tendencia antisocial básica (Belí, 1986).
En este sentido los estudios están de acuerdo en que hay una considerable continuidad en el tiempo de la conducta antisocial (Olweus, 1979; Patterson, 1982; Loeber, 1982), no sólo entre la agresión temprana y posteriormente (Olweus, 1979), sino también entre diferentes manifestaciones de conducta antisocial, tales como agresión temprana y robo posterior; sin embargo, reconocen que la continuidad no es la misma para todos los individuos, siendo más alta para los que, comparados con sus iguales, han iniciado conductas antisociales a edades más tempranas (Loeber & Stouthamer- Loeber, 1987; Loeber, 1988 a). Además de los inicios tempranos, se han identificado otros patrones específicos como la frecuencia, variedad y escenarios múltiples sobre  los que existe un gran consenso entre los investigadores al plantear que estos patrones son altamente relevantes para la conducta antisocial posterior.
Por ejemplo han encontrado que cuanto mayor es la frecuencia de los problemas de conducta presentados por el niño a edades tempranas, más alto es el riesgo de una conducta desadaptada posterior. De igual forma, tal riesgo se incrementa con la variedad de conductas problemáticas que presente en los primeros años y cuando dichas conductas se presentan en diferentes ambientes o escenarios. Siguiendo esta línea de análisis, Loeber (1988 a) concluyó que hay al menos tres vías distintas que pueden conducir a diferentes conductas antisociales. Estas son:
a. Vía Agresiva/ Versátil: Su inicio típicamente se produce a edades muy tempranas, concretamente durante los años de educación infantil, y posteriormente van desarrollando conductas ocultas tanto agresivas como no agresivas, presentando problemas académicos de atención, impulsividad e hiperactividad, siendo muy probable que también tengan dificultades en sus relaciones con los pares y con los adultos al carecer habilidades sociales eficaces. Dichos problemas de conducta no se circunscriben a su ambiente familiar sino que también son evidentes en otros entornos como el escolar y social en general. Lo que más caracteriza a los adolescentes de esta vía agresiva/versátil es la gran variedad de problemas de conducta que presentan desde edades muy tempranas, el alto porcentaje de innovación en el desarrollo de nuevas conductas antisociales, el bajo porcentaje de remisión y el mayor número de chicos que de chicas implicados, teniendo la probabilidad de coavertirse en “ofensores versátiles” también llamados “predadores violentos” (Chaiken & Chaiken, 1982).
b. Vía No ,Agresiva: Su inicio suele ser más tardio que los de la vía anterior y normalmente no inician su conducta antisocial hasta la niñez tardía o la adolescencia temprana. Estos adolescentes típicamente no son agresivos y su conducta antisocial se reduce a robos mentiras, hacer novillos vio uso de sustancias. Presentan menos hiperactividad y los rasgos asociados a ella, tienen buenas relaciones con sus padres (que se dan cuenta del problema cuando la conducta es muy evidente), son populares y aceptados entre muchos de sus pares y gran parte de su conducta antisocial se produce en compañia de éstos.
Además tienen un bajo porcentaje de innovación y un alto porcentaje de remisión pudiendo ocurrir que una amplia proporción de estos chicos y chicas abandonen su conducta antisocial durante algún tiempo en la adolescencia. En esta vía suele haber una proporción más alta de chicas que en la vía versátil.
e. Vía Exclusiva de Abuso de Sustancias: El comienzo del uso de sustancias suele ser más tardío que en las vías anteriores, ubicándose en la adolescencia media o posteriormente. Tampoco se aprecian antecedentes de problemas de conducta y hallazgos longitudinales han encontrado que una gran proporción de alcohólicos eventuales y otros abusadores de drogas no presentaban serias conductas antisociales cuando eran jóvenes (Loeber, 1988 a). Pero se reconoce que hace falta más investigación para precisar las características de esta vía.

miércoles, 18 de abril de 2012

Caracterización Psicométrica del Psychopathy Checklist: Youth Version (PCL:YV) en Adolescentes Chilenos. Daniela Zúñiga, Eugenia V. Vinet y Elizabeth León. Universidad de La Frontera. Chile


Resumen


Esta investigación determinó las características psicométricas del Psychopathy Checklist: Youth Version (PCL:YV; Forth, Kosson & Hare, 2003) en una muestra de 30 adolescentes chilenos, varones, infractores de ley. El análisis de confiabilidad arrojó un alfa = 0.41 para la escala total e indicadores más elevados para sus cuatro facetas (alfa entre 0.53 y 0.76). La validez concurrente establecida en relación a las escalas del Inventario Clínico para Adolescentes de Millon (MACI; Millon, 1993) mostró relaciones significativas moderadas entre el puntaje total del PCL:YV y las escalas del MACI relacionadas con el constructo de psicopatía. Además, se evaluó su relación con dos escalas de psicopatía desarrolladas conceptualmente con ítems del MACI. Los resultados indican que el PCL:YV presenta indicadores de confiabilidad y validez suficientemente adecuados para continuar su estudio en muestras chilenas con el fin de utilizarlo, en un futuro cercano, en la toma de decisiones profesionales relativas a jóvenes infractores de ley.
Palabras clave: Caracterización psicométrica, psicopatía, adolescentes, infractores de ley.


Abstract


This research was aimed to determine the psychometric characteristics of the Psychopathy Checklist: Youth Version (PCL:YV; Forth, Kosson & Hare, 2003) in a sample of 30 Chilean male, juvenile offenders. Reliability analysis showed an alpha = 0.41for the total scale and higher indexes for its four facets (alpha between 0.53 and 0.73). The concurrent validity with the Millon Adolescent Clinical Inventory (MACI; Millon, 1993) showed significant associations among the total PCL:YV score and MACI scales related to the psychopathy construct. Besides, the association with two psychopathy scales that were conceptually developed by taking selected MACI items, was assessed. Results indicate that the PCL:YV presents reliability and validity indexes good enough to continue its study in Chilean samples to be use, in the near future, for taking professional decisions with relation to juvenile offenders.
Key words: Psychometric characteristics, psychopathy, adolescents, juvenile offenders.

Introducción

El aumento de la participación de niños, niñas y jóvenes en conductas delictivas llevó al Estado de Chile a promulgar la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil (LRPJ) en Julio de 2007. Esta ley establece un sistema de responsabilidad de los adolescentes por infracciones a la ley penal y define procedimientos especializados para la investigación y establecimiento de la responsabilidad de los adolescentes en los delitos, la delimitación de las infracciones a la ley penal, los derechos y garantías de los adolescentes que han infringido la ley, y las sanciones privativas y no privativas de libertad que les corresponden (MIDEPLAN, 2003). En este contexto, las instituciones nacionales han debido poner en marcha procedimientos especializados que requieren del aporte de las ciencias del comportamiento a través de estudios empíricos y sistemáticos de diferentes aspectos de la conducta antisocial de los adolescentes.

Dos constructos permiten comprender la aparición sostenida de conductas transgresoras en la vida de una persona, ellos son el Trastorno de Personalidad Antisocial y la Psicopatía. Éste último, ha cobrado relevancia científica en los últimos años debido a numerosas investigaciones, desarrolladas inicialmente en población adulta, que vinculan altos puntajes en una escala de psicopatía con la peligrosidad y reincidencia de los delitos, siendo prioritario investigar este concepto en población infanto-juvenil con el fin de detectar precozmente la manifestación de estas características y lograr diseñar intervenciones atingentes. A continuación, se exponen brevemente estos dos conceptos y las relaciones que existen entre ellos en población juvenil con el objeto de dar un sustrato teórico al presente estudio.

sábado, 14 de abril de 2012

Conducta antisocial Uso del litio - Transcripción de documentos .EEUU. James M.Decarli. Universidad California.

Resumen.
A pesar de las intervenciones para ayudar a eliminar la agresión inadaptación y las conductas antisociales, la victimización de la violencia sigue siendo un problema de salud pública en los Estados Unidos. Aunque no todos los que están genéticamente predispuestos a conductas antisociales se vuelven violentos, los que tienen el gen MAO-A, cuando se expone a los estímulos ambientales apropiados, se ven influidos a la exposición de las conductas antisociales. Los estímulos ambientales pueden ser observados como el problema entre ambos, el padre y el niño antisocial, pero esto se convierte en una barrera y los que no son propensos a buscar tratamiento. Un enfoque de salud pública para alcanzar este difícil llegar a un grupo de anosognósicos, confirmar un suplemento nutricional de litio como un mecanismo efectivo para ayudar a cerrar esta brecha entre quienes tienen conductas antisociales que optan por no solicitar ni aceptar el tratamiento, debido a su negación y falta de conciencia la conciencia de la enfermedad y ayudar a cumplir con la gente de la Salud 2010 objetivo de salud que lleva a reducir la violencia juvenil. El litio se encuentra para contrarrestar los efectos neuroquímicos y neurostructural de conductas antisociales a través de un efecto protector entre los neurotransmisores.
Para la Reducción de las conductas antisociales agresión mala adaptación y conductas antisociales entre los niños y adolescentes en los Estados Unidos se han mantenido altos durante la última década. Las consecuencias de la violencia juvenil han dado lugar a los funcionarios de salud pública para establecer la violencia juvenil como uno de los objetivos principales de la salud de Healthy People 2010 para ayudar a resolver este problema de salud pública. Sin embargo, a pesar de las intervenciones de salud pública para ayudar a eliminar la agresión y las conductas antisociales siendo un 20% de la población de los Estados Unidos se convierte en víctimas de conductas ilegales violentos y no violentos cada año (EE.UU. Oficina de Estadísticas Judiciales, 2002). Para agravar el problema, muchos más casos no se denuncian. Si bien los funcionarios de salud pública promover algunos de los mejores programas que se encuentran para prevenir conductas antisociales, sólo el 12% se ha demostrado para reducir la reincidencia de los delincuentes juveniles (Lipsey y Wilson, 1998). Mientras que los programas no han demostrado ser eficaces, esta revisión tiene un enfoque para responder a la neurociencia, si la suplementación de litio puede convertirse en una potencial estrategia de salud pública para reducir y controlar la violencia. Antecedentes comportamientos antisociales y la violencia. Conductas antisociales son un grupo complejo de comportamientos exhibidos a principios de la adolescencia y continúan hasta la edad adulta. Si bien estos comportamientos muestran una falta de consideración hacia los demás y el desprecio de sus derechos con características comunes problemáticas en la regulación emocional, impulsividad, déficit de atención, y falta de juicio, el DSM-IV identifica estos comportamientos no sólo entre el trastorno antisocial de la personalidad, sino también entre los impulsos control de los trastornos y trastornos por uso de sustancias. 


Investigación de la intervención puede tener pruebas demostrado para prevenir conductas antisociales en algunos programas, pero la evaluación de resultados ha demostrado que incluso los mejores de estos programas no han mostrado evidencia de reducir las conductas antisociales (Weissbeerg, Kumpfer, y Seligman, 2003 ). Los autores sugieren que esto se debe a la ciencia del comportamiento no comprender plenamente la causalidad de las conductas antisociales. Mientras que la causalidad está en los restos en cuestión, los rasgos de personalidad y trastornos también son comunes entre las conductas antisociales. Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), trastorno de oposición desafiante (ODD), y trastorno de la conducta (CD), y son tres los trastornos observados en la infancia que tienen un vínculo que predispone a los adultos las conductas antisociales, trastornos de personalidad antisocial en concreto (Holmes, Masacre, y Kashani , 2001). Mientras que los niños diagnosticados con TDAH están en riesgo de desarrollar TOD y el TC. Y la presencia de TOD y el TC en la infancia es un predictor de conductas antisociales en la edad adulta (Kaplan, 2004). 


En un esfuerzo por comprender la causalidad, la investigación se ha movido hacia la prevención de las intervenciones genéticas. Mientras que los estudios han demostrado un 10% de las personas cometen más del 50% de los delitos en la población general (Wolfgang, Figlio, y Sellin, 1972). Esto confirma una concentración familiar de la delincuencia en la población general, ya que menos del 10% de la cuenta de las familias más de la mitad de los delitos de esa comunidad. Moffitt (2005) pone de manifiesto que la causalidad sin embargo, no se entiende completamente, porque si bien estos estudios muestran que la concentración de la familia de las conductas antisociales podría parecer influenciada por la genética, pero también podría ser explicado por la no-genética de transmisión social de las conductas antisociales dentro de las familias. Sin embargo, como sugirió, además, por Moffitt, pocos estudios han demostrado la condición causal de los factores de mayor riesgo. Como se observa en la investigación de intervenciones en el comportamiento antisocial, esto se traduce en costosas intervenciones que no sólo conducen al fracaso, sino también otras consecuencias. Dinero de los impuestos y otros recursos han sido en vano, porque los programas de intervención han llevado a cabo sobre la base de factores de riesgo sin suficiente investigación para entender causal.

jueves, 12 de abril de 2012

VIOLENCIA EN LA INFANCIA: DEL TEMOR A LA IMPULSIÓN. LIC. SILVIA MORICI

El título del panel, que alude a la violencia en el seno de la familia  puede ser abarcado  desde diferentes perspectivas de análisis. Podríamos hablar de familias violentas, de medio social violento y su influencia en el ámbito familiar; de medios de comunicación que exaltan la   violencia y su influencia en la familia, etc. 
Decidí, entonces encarar uno de los aspectos  posibles de la violencia en la infancia, tomando en particular al niño violento, y cómo entender su violencia si no es en el seno de una familia. Un niño nace, crece, se desarrolla, produce síntomas, se violentiza o no, siempre en el seno de una familia.  Pensando estas cuestiones recordé la novela El Señor de las moscas, que utilizaré para  hablar sobre los posibles orígenes de la violencia infantil. 
Si bien la novela se centra en la historia de niños que deben vivir por un período de tiempo solos sin adultos, obviamente no son niños sin familia, sino que deberán poner en juego en esa particular situación traumática (como  ocurre en todo trauma, por otro lado) la internalización de la función paterna-materna que hayan podido realizar hasta el momento. 
La novela fue escrita por el británico William Golding, premio Nobel de literatura en 1983. Relata de forma magistral la lenta transformación que va sufriendo el psiquismo de una treintena de niños, entre 6 y 12 años de edad, que a causa de un accidente aéreo del que son los únicos sobrevivientes, se ven forzados a organizar su existencia en una pequeña isla sin la 
presencia de adultos.  
Recordaré brevemente el argumento: este  grupo de niños, provenientes de una escuela inglesa con férrea educación victoriana, al descubrir la inexistencia de sobrevivientes adultos en la isla, decide organizarse. Los niños púberes  (los mayores), entienden que dicha responsabilidad debe recaer sobre ellos y ésto es aceptado tácitamente por los más pequeños, quienes reconocen la primacía que otorga la asimetría . Desde el comienzo de este intento de organización, se esboza la trama por donde luego estallará el conflicto: surgen claramente dos tipos de liderazgos, sustentados por dos niños, Ralph y Jack, cuya rivalidad y disputa por el poder  los llevará a  quedar divididos en dos grupos diametralmente opuestos: los que respetan un orden simbólico, representado por Ralph,  líder carismático, quien conserva la evocación de su padre, preguntándose , por ejemplo, cómo resolvería aquel los problemas con los que se ve enfrentado. 
No nos llama la atención, entonces que sea él  quien instala un objeto de clara alusión fálica, como objeto que representa un poder que lo trasciende. Este objeto es una caracola, que tiene como virtudes el ser muy extraño, extremadamente bello y que al ser soplado puede emitir  un sonido muy potente . Para llamar a una asamblea hay que hacer sonar la caracola, para hablar y ser escuchado, hay que tenerla en las manos, el que la posee no puede ser interrumpido, y el líder es el poseedor de la caracola. El otro grupo, es el que va a seguir a otro niño erigido como líder , Jack, por haber sido el director del coro de su escuela al poseer el atributo de lograr el registro de un “do sostenido”. Este niño, del cual no hay referencias a un padre, pero si a su pertenencia a una organización coercitivamente disciplinada, va a cuestionar el poder otorgado por el objeto simbólico, privilegiando nuevamente una aptitud física: su capacidad, adquirida en la isla, para cazar jabalíes. Desconoce, entonces, todo elemento simbólico de poder, reemplazándolo por la supremacía física. La descripción de sus sentimientos, durante la primer experiencia como cazador, es  sumamente ilustrativa, ya que las  primeras sensaciones de sorpresa , horror y repugnancia por haber matado a un ser viviente, van dejando lugar al placer, orgullo y sensación de ese “extraño” poder que otorga el haber ultrajado el cuerpo de un ser vivo. Agregando un dato curioso, confiesa haber sentido en sí mismo el terror reflejado por el animal atacado. A partir de esta primera experiencia, queda embriagado por la intensa sensación de supremacía y dominio experimentada, contagiándola a los demás niños, e imponiéndosela a los que la rechazaban.

lunes, 9 de abril de 2012

CONCEPTUALIZACIÓN DE LA CONDUCTA AGRESIVA Y SU ESTUDIO CIENTÍFICO. ADOLESCENCIA Y AGRESIVIDAD. Fabiola Muñoz Vivas.TESIS DOCTORAL (1° Parte). FACULTAD DE PSICOLOGÍA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE, MADRID, 2000


TEORIAS Y MODELOS EXPLICATIVOS:  DEL “INSTINTO AGRESIVO” AL APRENDIZAJE DE LA CONDUCTA AGRESIVA.
Visión innatista de la Conducta Agresiva: Un debate del pasado.
• ¿Es la conducta agresiva humana innata?

• ¿Se puede entender como algo imposible de eliminar, o por el contrario, es un mal evitable?.
• ¿Es la sociedad la que genera y mantiene los comportamientos agresivos?.


Estas y otras muchas preguntas más han sido tema de apasionados debates entre científicos y público en general. Entre los investigadores la primera controversia ha girado en torno a la existencia o no de un “instinto agresivo “. Durante siglos se ha creído en un instinto violento, defendiendo que los seres humanos nacemos con una innata necesidad de odio y destrucción.

Una de las figuras que con más frecuencia se ha asociado a dicha hipótesis es la de Freud, quien en 1920 y a raíz de los horrores de la Primera Guerra Mundial, se manifestaba convencido de que las personas estaban impulsadas hacia el odio y la muerte, afirmando que “(...)el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se la atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el projimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo (...), para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo” (Freud, 1930, pp.S2-53). En años más recientes Konrad Lorenz, fundador de la etología y premio nobel a raíz de las investigaciones de la conducta animal
en su hábitat natural, mantenía que los seres humanos, igual que otras especies animales, poseen un impulso agresivo innato. Según él, “la agresión, cuyos efectos suelen equipararse a los del instinto de muerte, es un instinto como cualquier otro y, en condiciones naturales igualmente apto para la conservación de la vida y de la especie” (Lorenz, 1963, p.41. Estudiar con más detalle estas conceptualizaciones es fundamental, teniendo en cuenta el impacto social que tuvieron en su momento, las diversas interpretaciones que se han hecho y la enorme influencia que aún en la actualidad ejerce sobre determinados grupos humanos, que se apoyan en ellas para justificar sus actos agresivos.


Teoría Psicodinámica de la Agresión.


Freud y otros autores de orientación psicodinámica consideran la agresión como uno de los motores básicos de la vida. La describe como una fuerza global, instintiva, urgente, presente en toda actividad humana y básicamente inevitable. Afirma que “evidentemente, al hombre no le resulta fácil renunciar a la satisfacción de estas tendencias agresivas suyas; no se siente nada a gusto sin esa satisfacción (...). Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a un mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes” (Freud, 1930, p.55).Inicialmente Freud había dedicado poca atención al fenómeno de la agresión, mientras consideraba que la sexualidad y la conservación del individuo eran las dos fuerzas que predominaban en el ser humano. Su concepto de agresión va evolucionando y siguiendo la aproximación histórica realizada por Van Rillaer (1978), se pueden distinguir claramente tres períodos:


Primer Período (1892-1913).

En un primer momento, Freud describió los fenómenos agresivos como emergentes de unas pulsiones libidinales, que en determinados momentos se manifestaban con urgencia constituyendo lo que denominó “perversiones” o aberraciones sexuales.
Dentro de su concepción de las aberraciones, plantea el fenómeno del sadismo que, aunque es un componente de la sexualidad normal, se puede transformar en dominante bajo determinadas circunstancias, estigmatizando el comportamiento sexual de un individuo determinado. El sadismo como manifestación eminentemente agresiva no es más que una tendencia de dominación que busca vencer la resistencia del objeto sexual, de forma diferente a la seducción.
El sentido y el origen de la tendencia sádica están lejos de adoptar una forma definitiva en las primeras aproximaciones freudianas. Sus ideas oscilan entre considerarla como una simple expresión libidinal y atribuirle orígenes muy diferentes a los sexuales.
En este primer periodo también presentó el fenómeno de la ambivalencia afectiva, del amor como la otra cara de la misma moneda que el odio y la agresión. Freud llama la atención sobre la ambivalencia interna de la pulsión sexual, defendiendo que la pulsión hacia la crueldad es un componente de la sexualidad y que dicha pulsión generalmente representa una parte del comportamiento social del enfermo. Afirma que “de esta relación entre crueldad y libido, se origina también la transformación del amor en odio, de emociones tiernas en emociones hostiles ( (Van Rillaer, 1978, p.57).

domingo, 8 de abril de 2012

Números de una triste realidad. Fabiana Scherer. LA NACION. 08 de abril de 2012. Argenina.


En nuestro país hay 14.675 menores institucionalizados, sin el cuidado de su familia, según un informe de Desarrollo Social al que tuvo acceso LNR. Datos que evidencian la tensión entre las normas y su aplicación
Todavía queda mucho trabajo por hacer. La cultura del Patronato continúa muy arraigada entre nosotros", asegura Laura Musa, asesora tutelar del ministerio público de la Ciudad. Cuando en 2005 se sancionó la ley nacional de protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes Nº 26.061 se abrió un proceso de transformación profunda respecto de las concepciones jurídico-sociales de la infancia que moldearon las intervenciones estatales sobre las personas menores de edad durante más de 80 años.

miércoles, 4 de abril de 2012

El peligro es un imán para el adolescente. INMACULADA DE LA FUENTE. Madrid .

Como una moto. Y sin frenos. Al llegar la adolescencia, el cerebro experimenta un incremento de actividad, una agitación desacostumbrada. Aunque no todas las áreas actúan con la misma intensidad. Iniciada la pubertad, se activa el circuito del placer-recompensa, mientras que el análisis lógico llega más tarde. “Estos cambios pueden verse ya en el cerebro a través de técnicas como la resonancia magnética”, dice Alfredo Oliva Delgado, profesor titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla. Una de las áreas más activas, la corteza prefrontal, es también responsable de una progresiva maduración intelectual que solo acaba pasada la adolescencia, “en torno a los 20 años”, añade Oliva. Un desfase que conduce al adolescente a vivir cierta esquizofrenia: el circuito del placer está sobreexcitado, pero la reflexión no entra en sus hábitos. Eso no significa que todo adolescente sea de por sí temerario. Simplemente reacciona de forma inmediata al estímulo, cueste lo que cueste.

Es tiempo de excesos. El mundo empieza a ser suyo y el vértigo les lleva a descubrir los paraísos artificiales, sea Internet y las redes sociales o ese cigarrillo medio clandestino apurado en la esquina del colegio. Un cigarrillo que tal vez se convierta pronto en una rutina y, quizás, una carga. Todo a la vez, y a edades más tempranas. Sea por inexperiencia o impulsividad, el consumo y abuso temprano del alcohol (responsable de frecuentes ingresos de urgencia hospitalaria) y el sexo precoz e inseguro son algunos de los riesgos más obvios que acechan al adolescente. Oliva, sin embargo, matiza: es cierto que cada vez son más precoces, lo que incrementa su vulnerabilidad ante el alcohol y otras drogas. Pero adelantarse no siempre significa engancharse. Empezar a beber más tarde no garantiza tampoco una posterior moderación. E, incluso, “algunos llegan a beber más y a desajustarse durante más tiempo”, indica.

La psicóloga del centro infanto-juvenil SINEWS Macarena Pi Davanzo antepone otros riesgos: “Uno de los problemas de salud más graves a los que se enfrentan hoy los adolescentes son los trastornos alimentarios. En la anorexia, las tasas de suicidio se elevan al 30%. No en vano se trata del trastorno mental que más adolescentes mata”, asegura.

Los trastornos alimenticios van más allá de la moda de estar delgado. “Les llega una insistente publicidad por diversos medios que les empuja a seguir unos estándares de apariencia física bastante más inalcanzables que los exigidos a generaciones anteriores, lo que les provoca una inseguridad profunda”, continúa Pi Davanzo. “A una edad en la que la identificación con el grupo es importante, esa mezcla de inseguridad y exigencia les lleva a tener conductas de riesgo en una sociedad en que parece que todo está permitido. Y en la que los padres han perdido autoridad no de forma consciente, sino porque no saben ejercerla”, agrega.

lunes, 2 de abril de 2012

La Corte Suprema de Estados Unidos debe tener en cuenta el difícil entorno de los jóvenes en prisión.Considerar el impacto de la violencia sexual, el régimen de aislamiento y la depresión.


(Nueva York) – La Corte Suprema de Estados Unidos, durante las deliberaciones en las causas Miller v. Alabama y Jackson v. Hobbs, debe tener presentes las rigurosas condiciones en que viven los jóvenes recluidos en cárceles para adultos, señaló hoy Human Rights Watch a partir de las conclusiones de un informe publicado recientemente por esta organización. El 20 de marzo de 2012,la Corte Suprema de Estados Unidos escuchó los alegatos orales de las partes en ambos casos, en los cuales se cuestionó la constitucionalidad de las sentencias a cadena perpetua para jóvenes menores de 18 años. Existen pruebas contundentes que señalan que estos jóvenes son recluidos en condiciones que exacerban la crueldad de la pena, vulneran las normas internacionales de derechos humanos y generan serios cuestionamientos de tipo constitucional.

El informe de 47 páginas, denominado “Against All Odds: Prison Conditions for Youth Offenders Serving Life without Parole Sentences in the United States” (“Contra viento y marea: Condiciones penitenciarias para delincuentes juveniles condenados a cadena perpetua sin libertad condicional en Estados Unidos”), refleja seis años de investigaciones, entrevistas e intercambios de correspondencia con funcionarios penitenciarios y cientos de delincuentes juveniles que cumplen prisión perpetua sin posibilidad de recibir el beneficio de la libertad condicional. Human Rights Watch comprobó que casi todos los jóvenes que obtuvieron penas de este tipo denunciaron haber sufrido actos de violencia física o abuso sexual por otros internos o funcionarios penitenciarios. Las estadísticas correspondientes a todo el país señalan que los presos jóvenes que cumplen cualquier tipo de condenas en cárceles para adultos, así como aquellos de complexión pequeña y delgados, son los más vulnerables a agresiones.

“Los menores que cometen delitos graves y causan perjuicios a otros deben ser sancionados”, afirmó Alison Parker, directora del programa sobre Estados Unidos de Human Rights Watch y coautora del informe. “Sin embargo, ni los jóvenes delincuentes ni ningún otro preso deberían tolerar abusos físicos de ninguna clase”.

Estados Unidos es el único país del mundo donde jóvenes delincuentes (menores de 18 años al momento del delito) cumplen penas de prisión perpetua sin posibilidad de ser excarcelados en el futuro bajo un régimen de libertad condicional. La nueva investigación arroja luz sobre las rigurosas condiciones carcelarias que toleran quienes cumplen estas penas, indicó Human Rights Watch.

sábado, 31 de marzo de 2012

Consumo de drogas en adolescentes con conductas infractoras: análisis de variables psicosociales implicadas. LOURDES CONTRERAS MARTÍNEZ; VIRGINIA MOLINA BANQUERI; Mª CARMEN CANO LOZANO. Departamento de Psicología, Universidad de Jaén.

Resumen
Las  investigaciones  muestran que droga y  delincuencia  aparecen frecuentemente  asociados,  siendo  una   práctica habitual  entre  los menores infractores el consumo de distintos tipos de sustancias. A su vez, existen ciertas características psicosociales que están relacionadas tanto con el consumo de drogas como con la conducta delictiva y/o antisocial. Nos planteamos por tanto en este estudio profundizar sobre la relación entre el consumo de drogas en menores infractores y ciertas variables del ámbito psicosocial de este colectivo. Para conseguir este objetivo se ha analizado el total de expedientes de menores infractores archivados en el Servicio de Justicia Juvenil de la provincia de Jaén, desde 2001 hasta 2010. De los expedientes consultados se han analizado variables demográficas como el género y la edad, así como variables de tipo psicosocial como son el consumo de drogas, conducta violenta, grupo de iguales, el autocontrol, la tolerancia a la frustración y el estilo atribucional. Los resultados muestran que la mayoría de los menores infractores consumen algún tipo de sustancia, así como la existencia de diferencias en el patrón de consumo en función del género. También se observa que existe relación entre el consumo de sustancias y pertenecer a un grupo de iguales desviado, la conducta violenta y las variables psicológicas mencionadas, así como diferencias en estas variables psicológicas en función del tipo de droga consumida

Abstract

Research shows that drugs and delinquency are frequently linked, the abuse of various types of substance being a widespread practice among young offenders. At the same time, some psychosocial characteristics are associated with both drug abuse and criminal/antisocial behavior. To help us explore the relationship between young offenders’ drug abuse and certain psychosocial variables, we examined closed judicial files on young offenders from the Juvenile Justice Service in Jaén (Spain) corresponding to the period 2001 to 2010. From the contents of these judicial files we analyzed demographic variables such as gender and age, as well as psychosocial variables such as drug abuse, peer group, violent behavior, self-control, tolerance to frustration and attributional style. The results show that most of the young offenders use some type of drug, as well as revealing differential patterns of use according to gender. Also observed is a link between drug abuse and deviant peer group, violent behavior and the above-mentioned psychological variables. Finally, we found some differences in these psychological variables depending on the type of drug used

La conducta delictiva juvenil ha sido ampliamente investigada desde el ámbito científico (Andrews y Bonta, 2006; Lösel y Bender, 2003; Simoes, Matos y BatistaFoguet, 2008). Existe un acusado interés por determinar cuáles son los factores y circunstancias que propician que un adolescente comience a mostrar conductas infractoras. Esta extensa investigación ha resultado en múltiples propuestas para explicar este tipo de comportamientos, formulándose diversas teorías desde diferentes perspectivas y enfoques científicos. Parece claro que no existe una única explicación para este fenómeno, de forma que son múltiples los factores vinculados a la conducta delictiva, siendo ésta en la mayoría de las ocasiones el resultado de interacciones dinámicas entre las diversas variables.

Una de las variables que en este sentido ha recibido más atención es el consumo de drogas en cuanto a su relación y/o influencia recíproca sobre este tipo de comportamientos. Droga y conducta antisocial y delictiva aparecen frecuentemente asociadas en diferentes investigaciones (Mulvey, Schubert y Chassin, 2010; Muñoz, Graña, Peña y Andreu, 2002; Simoes et al., 2008),  encontrándose un patrón consistente de consumo de diferentes sustancias en los menores infractores y con conductas antisociales (Crespo, Perles y San Martín, 2006; Llorens, Palmer y Perelló del Río, 2005; Olivan, 2002; San Juan, Ocáriz y Germán, 2008). Según Loeber (1988) se produce un incremento en paralelo en el consumo de drogas y conducta antisocial, siendo este consumo más probable si la conducta antisocial iniciada durante la infancia persiste durante la adolescencia (Kandel, 1982). Cuando la conducta antisocial aparece a edades tempranas, y continúa en el comienzo de la adolescencia, puede ser considerada como un potente predictor de abuso de determinadas sustancias (Loeber, 1988). En otros estudios, los resultados muestran una relación a la inversa entre estas dos variables, puesto que se ha encontrado que la edad de inicio del consumo de sustancias es una variable predictiva de futuros consumos y actos violentos, de forma que los jóvenes que muestran conductas violentas comienzan a consumir drogas a edades más tempranas (Rivero, Marín e Infante, 2002). En cuanto a la influencia del género a la hora de consumir drogas, los estudios realizados con población adolescente general, indican que existen diferencias en cuanto al patrón de consumo de sustancias entre chicos y chicas. En este sentido, se ha observado que los chicos consumen en mayor proporción que las chicas todas las drogas ilegales, aunque en el consumo de drogas legales como el tabaco aparece un mayor número de consumidoras (Calvete y Estévez, 2009; Llorens et al., 2005; Observatorio Español sobre Drogas, 2009).

martes, 27 de marzo de 2012

ENFERMEDAD MENTAL Y DELINCUENCIA. ESPERANZA MUÑOZ ZAFRA



RESUMEN:
El objetivo perseguido en este artículo es analizar la posible relación entre enfermedad mental y conducta violenta y/o delictiva. Se recogerán algunos de los principales trastornos mentales y se valorará que porcentaje de ellos delinquen, que tipo de delitos suelen perpetrar, características de los mismos etc...Se recogerán así mismo los tipos de asesinos en serie y en masa y por su gravedad, se analizará la psicopatía y la personalidad sádica.


INTRODUCCIÓN


Históricamente, los límites entre el trastorno mental y la conducta violenta han sido muy imprecisos. En la actualidad aún persiste la creencia popular de que los delitos más graves como pueden ser el asesinato con componentes sexuales, la conducta parricida, el neonaticidio...y los que incluyen elementos que permiten la clasificación de agravamiento de un delito (ensañamiento y alevosía, víctimas muy vulnerables etc) son llevados a cabo por personas con algún tipo de enfermedad mental grave. Desde numerosas asociaciones de enfermos mentales se ha pretendido "limpiar" la imagen de los mismos. Sin embargo, sí que parece existir un porcentaje significativo de pacientes que a causa de haber abandonado su tratamiento farmacológico o su consumo irregular unido al abuso de drogas psicoactivas, pueden desarrollar conductas violentas. El papel de los medios de comunicación no hace más que aumentar la creencia en la asociación enfermedad mental- delincuencia. Delitos puntuales de gran violencia protagonizados por una proporción pequeña de estos enfermos pasan a convertirse en la generalidad.

Por otra parte, si se analiza la postura tomada por los profesionales de la salud mental, tampoco existe uniformidad de criterio. Así laAsociación Americana de Psiquiatría (APA), defiende que, "la mayor parte de las personas violentas no sufren enfermedad mental y que con tratamiento, la persona con trastorno mental no es más peligrosa que la población general". Al margen de este postulado, se encuentra en la literatura numerosos estudios científicos que demuestran que personas con desequilibrios psiquiátricos graves, aquellos que tienen un tratamiento inadecuado o que, aún siendo adecuado no lo siguen, son más propensos a manifestar conductas violentas que la población general. Gran asociación existe según estos estudios, entre la esquizofrenia (especialmente la de tipo paranoide) y la violencia. Hay que tener en cuenta que, gran cantidad de ellos han sido criticados por su falta de rigor científico y como consecuencia de esto, ha acabado produciéndose la llamada "psiquiatrización de la conducta criminal". Conviene romper una lanza a favor de otros muchos estudios que sí han llevado una metodología científica rigurosa. Destacar el llamado "Estudio MacARTHUR". Se trata de un trabajo multidisciplinar realizado en EE.UU. durante más de una década. Se perseguía un doble objetivo: por un lado, la valoración científica del riesgo de violencia, y por otro, la creación de una posible herramienta de actuación para que los distintos profesionales de la salud mental pudiesen valorarla. La investigación arrojó datos interesantes. Así, se observaron dos predictores para la conducta violenta: uno la psicopatía y otro, el haber sido víctima de malos tratos durante la infancia. También se halló que la tasa de violencia era significativamente superior en los esquizofrénicos y sobre todo en aquellos que eran consumidores de sustancias psicoactivas y/o alcohol.

viernes, 23 de marzo de 2012

Factores de riesgo de la conducta suicida en niños y adolescentes. Marcela Larraguibel Q.(1), Patricia González M.(1), Vania Martínez N.(1), Ricardo Valenzuela G.(1)


RESUMEN
El objetivo de este artículo es revisar en la literatura científica los factores de riesgo asociados al intento de suicidio en niños y adolescentes y de esta manera contribuir a la mejor delimitación de grupos de riesgo, con fines preventivos y terapéuticos. El suicidio es la segunda o tercera causa de muerte en jóvenes de 15 a 19 años de edad. Los análisis seculares apoyan la hipótesis que existe un verdadero incremento de este fenómeno, desde 1950 a la fecha, entre los adolescentes y adultos jóvenes de la población europea y norteamericana. En Chile, según los datos consolidados por el Departamento de Informática del Ministerio de Salud desde 1986 a 1996, las tasas de suicidio han tenido un aumento gradual en los últimos años, a excepción de los años 1992 y 1993. En el caso de los adolescentes las tasas han permanecido relativamente estables en el periodo observado. La prevalencia del intento de suicidio es aún más difícil de conocer. En general se acepta que los intentos son 10 a 50 veces más numerosos que los suicidios. Estudios de seguimiento de adolescentes que han realizado un intento de suicidio, muestran que el 10% se suicida dentro de los 10 años siguientes. El género y la edad aparecen como factores de riesgo relevantes. Los suicidios completados son más comunes entre los hombres; las mujeres tienen un mayor riesgo en las otras conductas suicidas. El riesgo de suicidio aumenta con la edad. El suicidio antes de los 15 años es inusual; la mayoría de los niños y adolescentes con conducta suicida presentan algún tipo de psicopatología. Los trastornos psiquiátricos más frecuentemente asociados son trastorno del ánimo, principalmente la depresión, abuso de sustancias y conductas antisociales. La ansiedad, agregada a un cuadro clínico de ideación suicida, más bien cumple un rol amplificador en el desarrollo y/o la mantención de la ideación suicida que un factor de riesgo per se. La evidencia es clara en cuanto a que las adversidades familiares contribuyen a incrementar el riesgo suicida. Ausencia de calidez familiar, falta de comunicación con los padres y discordia familiar aparecen como los factores más frecuentemente asociados a la conducta suicida. La derivación oportuna, evaluación del funcionamiento familiar y el desarrollo de tratamientos efectivos en gente joven con morbilidad psiquiátrica pueden ser muy efectivos en reducir la conducta suicida.
(Palabras clave: suicidio, intento suicida, niños, adolescentes, factores de riesgo.)

Risk factors of suicidal conduct in children and adolescents

The objective of this article was to review the scientific literature about the risk factors associated with attempted suicide in children and adolescents, in order to delimit with accuracy the risk groups and to be helpful for the prevention and treatment of young people. Suicide is the second or third leading cause of death in people aged 15-19 years. Secular tendency analysis supports the hypothesis of a real increase of this phenomenon since 1950 in teenagers and young adults both in Europe and North America. In Chile, data provided by the Information Department of the Health Ministry showed a gradual increase in the general suicide rate between 1986 and 1996 (except 1992-93). In adolescents suicide rates had shown a tendency toward stabilization. Determining suicide prevalence is difficult and there is a consensus that attempted suicides are 10-50 times more common than suicide. Follow up studies in teenagers that attempted suicide demonstrated that 10% of these commit suicide in the next ten years. Age and gender are the most important risk factors, males commit suicide more frequently and women are more prone to present other suicidal behaviours. The incidence of suicide increases with age, before the age of 15 it is a rare event. Psychopathology is present in most children and adolescents with suicidal behaviour. Psychiatric disorders such as mood disorders, especially major depressive illness, substance abuse and antisocial behaviour are common. Anxiety in a persistent suicidal ideation context rather than a causal agent or risk factor per se may exert an amplifying or maintaining role. There is clear evidence that familiar adversity contributes to an increased suicide risk, lack of warmth in family relationships, lack of communication with parents and general family dysfunction are frequently associated with suicidal behaviour. Accurate referral of these patients to the Mental Health Services, assessment familar and development of effective treatment strategies have shown to be useful in reducing suicidal behaviour in teenagers.
(Key words: suicidal behaviour, attempted suicide, children, adolescents, risk factors.)

Como problema de salud pública el suicidio ha adquirido especial relevancia en las últimas décadas. Las conductas suicidas en niños y adolescentes se definen como "la preocupación, intento o acto que intencionalmente busca causarse daño a sí mismo o la muerte". Se puede entender como un espectro que abarca a las ideas y deseos suicidas (ideación suicida), las conductas suicidas sin resultado de muerte (intentos o tentativas suicidas) y los suicidios consumados o completados. Los análisis seculares apoyan la hipótesis de que existe un verdadero incremento de este fenómeno desde 1950 a la fecha entre los adolescentes y adultos jóvenes de la población europea y norteamericana(1). Las tasas de suicidio en adolescentes entre 15 y 19 años se han cuadruplicado desde 1957 a 1987 en USA(2), y es la cuarta causa de muerte entre los 10-15 años y la tercera entre los 15 y 25 años(3). Este incremento hace necesario el desarrollo de efectivos programas de prevención, requiriendo la clara identificación de los factores de riesgo de la conducta suicida.
Diversos autores han postulado diferentes hipótesis para la explicación de este fenómeno; algunos han demostrado que las personas nacidas en el último período del siglo veinte tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos del ánimo a temprana edad4, factor de riesgo asociado frecuentemente con la conducta suicida(5,6). Otra probable explicación es el incremento de las tasas de divorcio en las últimas décadas(7).

Abuso de sustancias y comorbilidad psiquiátrica en la población adolescente. Dr. Deas D

El consumo de sustancias es un problema significativo que afecta a la población adolescente, especialmente en presencia de comorbilidades psiquiátricas. El tratamiento puede ser satisfactorio para aliviar ambos cuadros clínicos y mejorar el pronóstico.
Introducción 
La prevalencia de abuso de sustancias en la población adolescente es elevada. Este cuadro puede acompañarse por conductas de riesgo y trastornos psiquiátricos comórbidos. Lamentablemente, el diagnóstico de estos pacientes no es adecuado debido a que los adolescentes no siempre cumplen los criterios incluidos en la cuarta edición del texto revisado del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR).
Epidemiología del consumo de sustancias
Los resultados de diferentes estudios permiten indicar que la sustancia consumida con mayor prevalencia entre los adolescentes es el alcohol, seguido por la nicotina, la marihuana y los inhalantes. Según los resultados de la Monitoring the Future Survey, la prevalencia de consumo de alcohol en la población adolescente observada en 2000 y 2003 fue del 78% y 80%, respectivamente. En la National Household Survey, llevada a cabo en 2003, se valoró el consumo de alcohol en la población adolescente, que aumentó desde 2.9% hasta el 70% en la población de 12 y 21-22 años, respectivamente. También se valoró la ingesta excesiva de alcohol, definida como el consumo de más de 5 tragos con alcohol durante los últimos 15 o 30 días. En este caso se halló, por ejemplo, que el 41.6% de los individuos de 18 a 25 años presentaba ingesta excesiva en comparación con los individuos de otras edades. También se informó que el 28.3% de los estudiantes presentaba episodios de consumo excesivo de alcohol, especialmente la población de sexo masculino y origen caucásico o hispánico.
El consumo de alcohol se asocia con la utilización de otras sustancias ilícitas como la marihuana. Según lo informado, el 64.5% de los individuos de 12 a 17 años que consumen alcohol en forma excesiva también utilizan otro tipo de sustancia. Este porcentaje aumenta al considerar la población que, además de consumir alcohol en exceso, es tabaquista.

Evaluación del consumo de sustanciasSi bien el DSM-IV-TR incluye criterios específicos para el diagnóstico de abuso o dependencia de sustancias, su aplicación en la población adolescente puede resultar inadecuada. Esto se debe a que puede existir un trastorno vinculado con el consumo de sustancias en ausencia de la totalidad de los criterios diagnósticos enumerados en el DSM-IV-TR. A esto debe sumarse la importancia de efectuar un diagnóstico temprano debido a la probabilidad de evolución rápida hacia la dependencia verificada durante la adolescencia. Es decir, los síntomas que no están presentes en el momento de aplicación de los criterios diagnósticos incluidos en el DSM-IV-TR pueden aparecer con posterioridad a medida que avanza la edad y el curso clínico.
Algunos autores propusieron que los pacientes adolescentes con trastornos relacionados con el consumo de alcohol que no reúnen todos los criterios, pero tienen riesgo elevado de dependencia, sean denominados huérfanos de diagnóstico. Estos pacientes presentan uno o dos de los criterios incluidos en el DSM-IV-TR para el diagnóstico de dependencia de alcohol y tienen elevada prevalencia de abuso de sustancias. En otros estudios realizados en poblaciones numerosas de adolescentes se halló una cantidad elevada de los denominados huérfanos de diagnóstico. De acuerdo con esto, la aplicación de los criterios incluidos en el DSM-IV-TR a la población adolescente debe ser cautelosa.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Factores Psicosociales Asociados a la Delincuencia Juvenil. Boris Andrei Valdenegro. Servicio Paz y Justicia


Psychosocial Factors Associated to the Juvenile Delinquency
RESUMEN
Este estudio analizó la relación entre participación social, anomia subjetiva, apoyo social percibido, locus de control y percepción de ser objeto de prejuicio, en relación con la variable infracción de ley. Se encontraron diferencias significativas entre los grupos en participación social (p < 0.05), apoyo social percibido (p < 0.001) y percepción de ser objeto de prejuicio (p < 0.05), no encontrándose diferencias en anomia subjetiva y locus de control. Se estableció una relación lineal entre participación social, apoyo social percibido, percepción de ser objeto de prejuicio e infracción de ley, con un 19.5% de varianza explicada. Los resultados demuestran la relevancia de dichas variables en la dinámica analizada y la complejidad del fenómeno, requiriéndose nuevas investigaciones que profundicen estos hallazgos.
Palabras Clave: factores psicosociales, delincuencia juvenil.
ABSTRACT
This study analyzed the relation between social participation, subjective anomia, perceived social support, locus of control and perception of being object of prejudice, in relation to the variable infraction of law. Significant differences were found between groups in social participation (p < 0.05), perceived social support (p < 0.001) and perception of being object of prejudice (p < 0.05). There were no significant differences between groups in subjective anomia and locus of control. A linear relation was found between social participation, perceived social support, perception of being object of prejudice and infraction of law, with a 19.5% of explained variance. The results demonstrate the relevance of these variables in the analyzed dynamic and the complexity of the phenomenon, requiring new investigations that deepen these findings.
 Keywords: psychosocial factors, juvenile delinquency.


En la actualidad es común oír hablar en determinados círculos académicos que la delincuencia es un problema de orden multicausal, no pudiendo ser abordado desde una única perspectiva explicativa: "la delincuencia es un fenómeno social, dado que afecta directa o indirectamente a toda la sociedad (...) está asociada a la dialéctica entre determinantes socioculturales y económicos, familiares e individuales" (Araya & Garat, 1998, p. 74). Sin embargo, tanto en las investigaciones que abordan la temática como en los discursos sociales referentes a ésta, se suelen resaltar las dimensiones individual o microsocial, las que en muchas oportunidades se asumen como elementos explicativos únicos y suficientes, incluso separadamente. Por otro lado, el fenómeno de la delincuencia generalmente es asumido de modo sesgado y alarmista, siendo normal en nuestra sociedad plantearse desde una "lógica militar" en la que se le visualiza como un enemigo al cual se debe derrotar. Contrariamente a lo que se podría suponer desde estos planteamientos, al analizar las estadísticas disponibles a nivel nacional se puede advertir que el fenómeno de la delincuencia no es mayor que el existente en otros países: de acuerdo a un estudio de la Fundación Paz Ciudadana (1996), Chile se encuentra por debajo de la media en relación a otros países respecto al riesgo de ser víctima de robo. No obstante lo anterior, según Vargas (2003), la delincuencia entre los años 1990 al 2000 es una de las problemáticas que adquiere mayor connotación dentro de los sondeos de opinión pública, disputando marcadamente un puesto de relevancia con temáticas de importancia histórica tales como la pobreza, la salud, la educación y el empleo, no obstante caer al cuarto lugar en la reciente Encuesta de Seguridad Ciudadana (INE, 2004). A lo anterior se suma que, de acuerdo con Paz Ciudadana (1998), en una investigación que representó al 45% de la población del país, el 34.1% de los hogares ha declarado haber sido víctima de robo o intento de robo durante 1998. De este modo, se debe asumir que la delincuencia es un fenómeno de nuestra sociedad que estaría afectando a una parte importante de la población, tanto desde la percepción que se tiene de la misma en tanto temática relevante como desde quienes se ven afectados directa o indirectamente por ésta. Un ingrediente de mayor complejidad surge al momento de intentar comprender la llamada "delincuencia juvenil", la cual necesariamente requiere de una aproximación que considere elementos propios de la especificidad de esta problemática. Según Paz Ciudadana (1998), la estimación del porcentaje de jóvenes que cometieron robos o hurtos en relación al total para igual categoría ascendió al 24% en 1998, lo que correspondería (según estimaciones de los investigadores) entre un 0.2 y 0.4% del total de jóvenes entre 14 y 18 años. Asimismo, durante el periodo 1990-1998, el porcentaje de aprehensiones de jóvenes en relación al total de éstas fluctuó entre un 7 y un 11%; dentro de este análisis, el porcentaje de participación de jóvenes en el total de delitos en contra de la propiedad habría aumentado de un 13 a un 23% en iguales años, siendo a la vez la causa más frecuente dentro de los delitos a nivel juvenil (50%). En relación a la violencia de los delitos juveniles (según el mismo estudio), se puede apreciar que se ha registrado una fuerte alza en la categoría de "Robo con Violencia", desde un 18% en 1995 a un 28% en 1998, lo que indicaría que se estaría ante una tendencia al aumento en el nivel de violencia con que operarían los jóvenes infractores o delincuentes. Las anteriores cifras son complementadas por un estudio realizado por Álvarez (1994), en el cual se indicaría un incremento de las cifras de los jóvenes ingresados al sistema de rehabilitación conductual, desde 1985 hasta 1994.

Los aspectos reseñados permiten establecer que la problemática de la delincuencia juvenil (en tanto cifras y en cuanto al tipo de dinámica generada) ha registrado un aumento en la frecuencia y en el grado de violencia con que es ejercida. Se entiende en este marco la relevancia de abordar este fenómeno en tanto realidad emergente y persistente.

En este contexto surge en la presente investigación la consideración de determinadas variables asociadas a la delincuencia juvenil desde una perspectiva psicosocial, es decir, incluidas dentro de una matriz que intente comprender el proceso incorporando elementos del nivel social e individual de manera conjunta: "Una perspectiva (óptica) psicosocial se sitúa en el interjuego entre el individuo y la estructura social, concibiéndose la relación entre lo individual y social, desde una dinámica de mutua constitución" (Asún, Alfaro, Fernández, Báez, Pérez & Vergara, 1998, p. 25).