viernes, 30 de noviembre de 2018

Comportamiento agresivo en niños y adolescentes: Una perspectiva desde el ciclo vital Child’s and Adolescent’s Aggressive Behavior: A Lifespan Perspective Eliana Sabeh, Valeria Caballero y Norma Contini

Resumen 
El comportamiento agresivo se sitúa entre las problemáticas más significativas de nuestros tiempos. Tanto en el ámbito clínico como educativo constituye un motivo de consulta frecuente, que exige a los profesionales un estudio profundo de las causas, procesos y consecuencias de dichas conductas, a fin de establecer si se trata de conductas esperables o patológicas. El objetivo del presente artículo es llevar a cabo una revisión de planteamientos actuales sobre la conducta agresiva, con especial atención a la infancia y a la adolescencia. Se exponen las distinciones entre conceptos como agresividad, agresión, violencia y conducta antisocial, se revisan clasificaciones de la conducta agresiva y teorías que postulan los factores implicados en su origen. Posteriormente se hace foco en la evolución de la conducta agresiva desde la infancia hasta la adolescencia, considerando las funciones que cumple en cada etapa. Por último, se plantea la continuidad-discontinuidad de esta problemática hasta la edad adulta. Palabras clave: niñez - adolescencia - conducta agresiva - ciclo vital - violencia 

Abstract Child’s and adolescent’s aggressive behavior is one of the major problems nowadays. In clinical as well as educational settings, it is a frequent consultation issue that needs a detailed study of the causes, processes and consequences of said behavior in order to determine whether it is normal or pathological. The aim of this paper is to revise current approaches to aggressive behavior, especially during childhood and adolescence. Distinctions between aggressiveness, aggression, violence and antisocial behavior are made clear. Classifications of aggressive behavior and theories that analyze its causes are revised. Afterwards, this paper focuses on the development of aggressive behavior from childhood to adolescence considering the functions it fulfills in each period. Finally, its continuity-discontinuity until adulthood is described. Keywords: childhood - adolescence - aggressive behavior - lifespan - violence

1 Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Tucumán. Secretaría de Ciencia, Arte y Tecnología (SCAIT).

Introducción 
La conducta agresiva de niños y adolescentes constituye un motivo de consulta frecuente en los servicios ambulatorios de atención en salud mental, como así también de internación psiquiátrica (De la Barra y García, 2009; Mouren-Simeoni, 2002). Se trate de actos autoagresivos o heteroagresivos, estos generan consecuencias negativas en la vida del individuo y en su entorno. Las limitaciones que suelen producirle a nivel social requieren de la intervención clínica de equipos profesionales para su tratamiento. También en el campo educativo las dificultades socio-emocionales prevalentes de los alumnos se expresan en buena medida como conductas violentas, habiendo recibido especial atención durante las últimas décadas el acoso escolar entre pares, conocido como bullying (Brendgen y TroopGordon, 2015; Cerezo, 2009; Machado, Bertazzi, Araya y Rossi, 2014). 

Sin lugar a dudas, el comportamiento agresivo de niños y adolescentes se sitúa entre las problemáticas más significativas de nuestros tiempos. ¿Cómo explicar estas conductas? ¿Qué factores contribuyen a su aparición y mantenimiento? ¿Deben considerarse patológicas per se o son respuestas adaptativas del niño y del adolescente a su contexto? ¿Existe continuidad de ellas en el proceso de desarrollo, desde la infancia hasta la edad adulta? Diversos autores han intentado dar respuesta a estas preguntas. Así, se ha estudiado la presencia de factores biológicos, cognitivos, emocionales, sociales y culturales (Aguilar Cárceles, 2012; Raya, Pino y Herruzo, 2009; Rey y Extremera, 2012; Sijtsema et al., 2010; Torregrosa et al., 2010) vinculados a los comportamientos agresivos que, de no ser correctamente orientados, pueden afectar negativamente el desarrollo socioemocional de la población infanto-juvenil. 

El objetivo del presente artículo es llevar a cabo una revisión de planteamientos actuales sobre la conducta agresiva, con especial atención a la infancia y a la adolescencia. Para ello se ha consultado la literatura clásica referida a modos de definir el término «agresividad» así como teorías explicativas de ella. Además se realizaron búsquedas bibliográficas en las bases de datos PsycINFO, Current Contents, PSICODOC y en la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología. Los descriptores utilizados fueron: agresión, agresividad, violencia y conducta antisocial. El uso de estos descriptores fue de modo individual y también asociados a otros como: niñez, infancia y adolescencia. 

Todos los términos fueron ingresados en idiomas español e inglés y se seleccionaron los trabajos de los últimos 15 años, desarrollados en poblaciones de habla hispana y anglosajona. En este trabajo se exponen las distinciones entre conceptos como agresividad, agresión, violencia y conducta antisocial, se revisan distintas clasificaciones de la conducta agresiva y teorías que postulan tanto factores innatos como contextuales implicados en su origen. Posteriormente, se hace foco en la evolución de la conducta agresiva desde la infancia hasta la adolescencia, considerando las funciones que cumple en cada etapa. Por último, se plantea la continuidad-discontinuidad de esta problemática hasta la edad adulta. 

Delimitaciones conceptuales: agresividad, agresión, violencia y conducta antisocial

Existe en la literatura una diversidad terminológica en relación a la problemática que abordamos. Son numerosas las definiciones sobre agresividad y agresión por cuanto resulta necesario diferenciar ambos conceptos. Para Berkowitz (1996) la agresividad es la tendencia o disposición a comportarse agresivamente en distintas situaciones; da cuenta de la capacidad humana para oponer resistencia a las influencias del medio y constituye un recurso que, en su medida adecuada, está en función de la conservación de la vida (Cohen Imach, 2015). 

En cambio, la agresión refiere a un acto, «un comportamiento que se despliega en la realidad» (Cohen Imach, 2015, p. 64). Supone ir contra alguien con la intención de producirle daño. Es decir que hace referencia a un acto efectivo caracterizado por la intención de hacer daño (Lacunza, Caballero, Contini y Llugdar, 2015), a una conducta puntual, reactiva y efectiva, frente a situaciones concretas (Carrasco y González, 2006). Por su parte, los conceptos de violencia y agresividad suelen también aparecer solapados. 

El término violencia refiere etimológicamente a «un modo de proceder que ofende y perjudica a alguien mediante el uso excesivo de la fuerza» (Veláquez, 2004, p. 27) y deriva del latín vis, que significa fuerza (Cohen Imach, 2015, p.64). Esto no quiere decir que la violencia se circunscriba solamente a expresiones de fuerza física; el acto violento transgrede el orden de las relaciones humanas y se impone como un comportamiento no reflexivo, como una estrategia de poder a través de la intimidación y la imposición (Cohen Imach, 2015, p.65). Para Garaigordobil y Oñederra (2010) la violencia es un tipo de agresividad que está fuera o más allá de lo natural en el sentido adaptativo; tiene como objetivo causar un daño físico extremo, como la muerte o graves heridas. Esta aclaración permite entender que la violencia estaría relacionada con algunos tipos de agresión. 

En síntesis, hablar de agresividad supone hacer referencia a una tendencia presente en todos los seres humanos; la ejecución de comportamientos que pongan de manifiesto esta tendencia es lo que configuraría la agresión. La agresión alude, por lo tanto, al componente comportamental de la agresividad. Por su parte, la violencia es un tipo de agresión cuya intención es causar daño en grado extremo. Por otro lado, a menudo la agresión, la agresividad y la violencia aparecen vinculadas a otro concepto, el de conducta antisocial. La conducta antisocial refiere a actos que violan las normas sociales y los derechos de los demás, incluyendo el robo deliberado, el vandalismo y la agresión física (Peña Fernández y Graña Gómez, 2006). 

Tipos de agresividad 

Existen diferentes clasificaciones de la agresividad. Según el modo en que esta se expresa, Buss (1961), Pastorelli, Barbarelli, Cermak, Rozsa y Caprara (1997) y Valzelli (1983) plantean las siguientes distinciones: agresión física (ataque a un organismo mediante armas o elementos corporales, con conductas motoras y acciones físicas, el cual implica daño corporal), verbal (respuesta oral que resulta nociva para el otro, a través de insultos o comentarios de amenazas o rechazo) y social (ac-ción dirigida a dañar la autoestima de los otros, su estatus social o ambos, a través de expresiones faciales, desdén, rumores sobre otros, o la manipulación de las relaciones interpersonales). 

Otros autores destacan la dimensión conductual (forma de expresión) y la dimensión relacional (finalidad u objetivo) (Anderson y Bushman, 2002; Ovejero, 1998; Trianes, 2000) como ejes de clasificación de la conducta agresiva. La primera comprende los comportamientos agresivos de tipo físico (golpes, empujones) y verbal (insultos, descalificaciones), activos (aquellos donde hay daño manifiesto) o pasivos (como la negligencia o el abandono), directos (lo que implica una confrontación cara a cara) (Buss, 1961) o indirectos (a través de distintos medios al alcance del agresor) (Richardson y Green, 2003). Por su parte la dimensión relacional englobaría las llamadas agresión reactiva y proactiva (Dodge y Coy, 1987; Raine et al., 2004; Scarpa y Raine, 1997). La agresión reactiva es una respuesta defensiva frente a una amenaza o provocación percibida. Es afectiva, impulsiva, acompañada de alguna forma visible de explosión de ira; se trataría de una respuesta impetuosa, descontrolada, cargada emocionalmente sin evaluación cognitiva de la situación (Carrazco Ortiz y González Calderón, 2006). 

Esta agresión suele relacionarse con problemas de autocontrol, y con un sesgo en la interpretación de las relaciones sociales que se basa en la tendencia a realizar atribuciones hostiles al comportamiento de los demás. Por su parte, la agresión proactiva supone comportamientos intencionales para resolver conflictos o dificultades en la comunicación, para conseguir beneficios. Hace referencia a conductas que se desencadenan sin mediar un estímulo agresivo. En su función instrumental, la agresión ofensiva supone una anticipación de beneficios, es deliberada y está controlada por refuerzos externos. 

Para algunos (Carroll, Houghton, Hattie y Durkin, 1999; Emler y Reicher, 1995) este tipo de agresión se relaciona con posteriores problemas de delincuencia, pero también con altos niveles de competencia social y habilidades de líder. La citada clasificación de agresión reactiva y proactiva también recibió otras denominaciones, tales como instrumental y hostil (Bandura, 1973), impulsiva y premeditada (Houston, Stanford, Villemarette-Pittman, Conklin y Helfritz, 2003), predatoria y afectiva (Vitiello, Behar, Hunt, Stoff y Ricciuti, 1990), defensiva u ofensiva (Dollard et al., 1939), reactiva-hostil-impulsiva y proactiva-instrumental-planificada (Andreu, Ramírez y Raine, 2006). La agresión proactiva-instrumental-planificada se relacionaría con el comportamiento antisocial.

 Refiere a actos deliberados, propositivos, provocados intencionalmente para influir, controlar, coaccionar a otra persona (Dodge y Coie, 1987; Carrasco Ortiz y González Calderón, 2006); se orienta hacia una meta, no está mediada por la emoción, por lo que resulta organizada y fría (Dodge, 1991). Para Andreu, Ramírez y Raine (2006) la dicotomía reactiva/proactiva facilita comprender la motivación del agresor y analizar los dé- ficits y mecanismos cognitivos que subyacen a ambos tipos de conducta agresiva. En el primer eje, ubican sesgos en el procesamiento de la información que generan atribuciones hostiles en el agresor mientras que en el segundo eje identifican mecanismos cognitivos de justificación y aceptabilidad de la agresión. De acuerdo con la forma, Little, Henrich, Jones y Hawley (2003) hablan de agresión manifiesta y agresión relacional. 

La primera alude a comportamientos que implican una confrontación directa contra otros con la intención de causar daño (empujar, pegar, amenazar, insultar, destruir la propiedad). La agresión relacional no implica una confrontación directa entre el agresor y la víctima, y se define como aquel acto que se dirige a provocar daño en el círculo de amistades de otra persona o bien en su percepción de pertenencia a un grupo. Alude a conductas que hieren a otro indirectamente, a través de la manipulación de la relación con los iguales, dispersión de rumores, mantenimiento de secretos, silencio, avergonzar en un ambiente social, rechazo por parte del grupo y exclusión social (Crick, Casas y Nelson, 2002). El signo de la agresión también se ha tomado como eje de las clasificaciones (Blustein, 1996). Es positiva, cuando promueve valores básicos de supervivencia, protección, felicidad, aceptación social, preservación y relaciones íntimas. Por lo tanto es saludable y constructiva. 

En contrapartida se considera negativa (Bandura, 1974; Moyer, 1968, 1976) cuando conduce a la destrucción de la propiedad o daño personal a otro ser vivo de la misma especie. No es saludable porque conduce a emociones dañinas para el individuo a largo plazo. Implica una hostilidad innecesaria para la autoprotección-autoconservación. Según la motivación, algunos autores (Atkins, Stoff, Osborne y Brown, 1993; Berkowitz, 1996; Kassinove y Sukhodolsky, 1995) han considerado a la agresión como hostil, instrumental y emocional. En el primer caso se hace referencia a la acción intencional encaminada a causar un impacto negativo sobre otro, por el mero hecho de dañarle, sin la expectativa de obtener ningún beneficio material. La agresión instrumental supone acción intencional de dañar por la que el agresor obtiene un objetivo, ventaja o recompensa social o material. Este tipo de agresión no está relacionada con el malestar de la víctima. Por último la agresión emocional está generada por el sentimiento negativo que se activa por un estresor produciendo ira.


Origen de la conducta agresiva 

lunes, 15 de octubre de 2018

EXPLICACIÓN DE LA FORMACIÓN DE LA CONDUCTA DELICTIVA DESDE LA TEORÍA DE LA PERSONALIDAD DE EYSENCK. CAMPOVERDE APOLO STEFANY SOLANGE. PSICÓLOGA CLÍNICA

RESUMEN 
La conducta delictiva tiene sus orígenes en las disfunciones en el ambiente en que la persona se desarrolla que modifica sus rasgos de personalidad, considerando que la conducta humana se forma a través de la influencia de los factores sociales, ambientales, hereditarios, entre otros; varios autores han estudiado la estructura y formación de la personalidad humana, siendo Eysenck el pionero de las investigaciones sobre la conducta desarrolló la teoría de la personalidad delictiva en donde se basó en tres dimensiones que son el psicoticismo (P), la extraversión (E), y el neuroticismo (N) para definir las características y reacciones de los sujetos con dichas conductas. El presente ensayo: Explicación de la formación de la conducta delictiva desde la teoría de la personalidad de Eysenck; tuvo como objetivo analizar la formación de la conducta delictiva relacionando los componentes de la personalidad expuestos en la teoría de Eysenck a través de la utilización del método de investigación bibliográfica descriptiva. El desarrollo se basará de un marco teórico sobre las definiciones de conducta, personalidad delictiva, explicación de la teoría de personalidad de Eysenck, propuesta de tratamiento tanto para la persona afectada como para su familia a través del método cognitivo conductual para la mejora de la calidad de vida del individuo y su entorno. Se concluye que el modelo psicobiológico de Eysenck explica cuando una conducta es delictiva determinada por situaciones sociales hostiles, los factores de temperamento, aprendizaje, conflictos parentales, entre otros aspectos que predispone a que se formen conductas delictivas en la persona. Palabras claves: conducta delictiva, personalidad, teoría de Eysenck, PEN, cognitivoconductual. 

ABSTRACT 
The criminal behavior has its origins in the dysfunctions in the environment in which the person develops that modifies his personality traits, considering that the human behavior is formed through the influence of the social factors, environmental, hereditary , among others; Several authors have studied the structure and formation of the human personality, being Eysenck the pioneer of the conduct investigations developed the theory of the criminal personality where it was based on three dimensions that are the psychoticism (P), the Extraversion (E), and neuroticism (N) to define the characteristics and reactions of the subjects with such behaviors. The present essay: Explanation of the formation of the criminal behavior from the theory of the personality of Eysenck; It aimed to analyse the formation of the criminal behavior relating the components of the personality exposed in the theory of Eysenck using the descriptive bibliographic research method. The development will be based on a theoretical framework on definitions of conduct, criminal personality, explanation of the personality theory of Eysenck, proposal of treatment for both the affected person and his family through the cognitive method Behaviour to improve the quality of life of the individual and its environment. It is concluded that the psychobiological model of Eysenck explains when a behavior is criminal determined by hostile social situations, temperament factors, learning, parental conflicts, among other aspects that predisposes to form Criminal conduct in the person. Keywords: criminal behavior, personality, Eysenck theory, PEN, cognitive-behavioral.

INTRODUCCIÓN 
El ser humano se desarrolla a partir de la relación de aspectos genéticos, sociales, psicológicos y culturales que influyen en la formación de la conducta y personalidad, cuando una de estas estructuras se desestabiliza es cuando existen riesgos de que las reglas de comportamiento socialmente preestablecidas se infrinjan, el resultado será el desarrollo de conductas antisociales en el individuo (Palacios & Martínez, 2017). 

Los rasgos de conducta antisocial en el ser humano cuando aún se encuentra en la etapa de la niñez se suelen disfrazar y considerar como comportamientos normales referente a su edad; por cuanto, dichos comportamientos agrupados y durante un periodo determinado de tiempo, ya en la etapa de la adolescencia,son predisponentes para desencadenar problemáticas, serían considerados como desajustes de la personalidad que afectarán a la edad adulta formándose una conducta delictiva en la persona (Sanabria & Uribe, 2009). 

Por tal motivo Eysenck dedicó parte de su vida y sus estudios para comprender la personalidad del ser humano a través de tres dimensiones las cuales son: psicoticismo, extraversión y neuroticismo (PEN), relacionando la conducta delictiva del ser humano a los altos puntajes reflejados en cualquiera de estas dos dimensiones de personalidad (Schmidt, y otros, 2010). El presente ensayo tiene como objetivo analizar la formación de la conducta delictiva relacionando los componentes de la personalidad expuestos en la teoría de Eysenck a través de la utilización del método de investigación bibliográfica descriptiva. 

El presente documento consta de resumen, introducción, desarrollo donde se dará a conocer las posibles causas para que se forme una personalidad delictiva, las consecuencias que estas conllevan, se mencionarán los modelos que estudian la personalidad humana enfocándose en la teoría de personalidad de Eysenck, y por último se expondrá una propuesta de tratamiento enfocado en la terapia cognitivo-conductual, también constará de conclusiones, anexos y la bibliografía respectiva.

FORMACIÓN DE LA CONDUCTA DELICTIVA SEGÚN EYSENCK 

La conducta humana es observable y a pesar de su complejidad se puede predecir los sucesos que ocurrirán antes, durante o después de una acción determinado por ciertos factores como sociales, ambientales, hereditarios, entre otros, debido a que el contexto donde las personas se desarrollan es muy importante para los futuros cambios cognitivos y psicológicos donde se rompen las normas sociales pre-establecidas y así se experimentan nuevas conductas no adaptativas como las delictivas (Sánchez, Xóchitl, & Robles, 2018). 

Según Estrada, Rodríguez, Cerros, y Solano (2015), manifiestan que el aumento de conductas delictivas ha generado preocupación a nivel mundial, en investigaciones se puede evidenciar que los factores ambientales familiares caracterizados por malos tratos, hostilidad, tensiones, falta de comunicación, rupturas en el hogar como el caso de las familias monoparentales son generadores de ira o culpa que repercuten en la conducta del individuo por la falta de resolución de problemas dentro del contexto familiar. 

La ruptura del hogar según Torres, Ortega, Reyes, & Garrido, (2011) genera una situación muy delicada en el futuro desarrollo del menor que como resultado de conflictos entre los progenitores lo ubican en una triangulación entre la pareja y el hijo, no obstante, aquello no implica que la perfección se encuentre en las familias nucleares, sino el hecho de que la familia no se encuentre emocional y funcionalmente estable se adhiere a otros problemas, es por ello que (Baumrind, citado en Estrada, Rodríguez, Cerros, & Solano 2015), aportan que los estilos parentales son una clave para explicar cómo se puede desarrollar el comportamiento delictivo en los adultos que tiene origen en su niñez y adolescencia. 

Es por ello que según Cantón , Cortés, & Justicia (2002), descartan la posibilidad que únicamente los hijos de padres divorciados lleguen a convertirse en delincuentes; a veces, el riesgo aumenta debido a la falta de control y atención que se tendría que brindar en una familia funcional, además, cuando se da la separación y alguna persona allegada al contexto trata de suplir el puesto vacío que quedó, el progenitor que se encuentra a cargo se puede sentir al margen del control de su hijo ubicándose entre lo permisivo y lo autoritario.

viernes, 14 de septiembre de 2018

La importancia de la mirada en el desarrollo de la psicopatía. Dra. Lucía Halty Profesora de Psicología. Universidad Ponticia de Comillas de Madrid

1. Psicopatía infanto-juvenil

La violencia y el comportamiento antisocial son características consistentes y centrales en la historia de la humanidad. Acercamientos a entender sus causas, manifestaciones y formas de evitarlas es el objeto de muchas disciplinas, entre ellas la psicología. 

La investigación científica realizada hasta ahora, es capaz de ofrecer explicaciones sobre las causas y tratamientos de ciertos problemas de comportamiento. En muchas ocasiones los problemas de conducta tienen un inicio temprano, donde el niño presenta un comportamiento repetitivamente oposicionista, impulsividad y agresión a otros niños, con un ambiente tipificado como violento e inestable. Cuando ese niño se desarrolla se tienden a producir una serie de hitos como el fracaso escolar, uso de drogas, contactos con la justicia o sistemas de salud mental (Loeber y Farrington, 2000). Gracias a décadas de investigación, se sabe mucho acerca de cómo identificar este conjunto de problemas, cuándo y cómo intervenir y cuándo no.

La investigación sobre el comportamiento agresivo y antisocial de los jóvenes, ha señalado consistentemente una gran heterogeneidad dentro de este grupo de jóvenes antisociales en términos de características de comportamiento, de su curso y desarrollo y de las causas de esos problemas de conducta (White y Frick, 2010). Es decir, en jóvenes con el mismo resultado de comportamiento (problemas de conducta, delincuencia) se encuentran diferentes caminos que explican el desarrollo de esa conducta disruptiva; por lo tanto, resulta crucial poder clasificar adecuadamente a este grupo de jóvenes para entender mejor los mecanismos que operan detrás de ese heterogéneo grupo de problemas de conducta. 

Uno de los criterios de clasificación que se pueden utilizar en este grupo de sujetos es la presencia o no del rasgo de insensibilidad afectiva (CU), entendido como una falta de empatía, una falta de culpa, de remordimientos y de insensibilidad hacia las emociones de los demás. Se ha mostrado que, en muestras de niños, tanto clínicas como comunitarias, la presencia del rasgo de CU emerge constantemente como distintivo frente a otros aspectos de la psicopatía como la impulsividad y el narcisismo (Frick, Bodin y Barry, 2000). La impulsividad no diferencia ni distingue subgrupos dentro de los niños con problemas de conducta severos y de inicio temprano, o adolescentes con problemas de conducta graves y delincuencia, mientras que elevados niveles del rasgo de CU caracterizan a  un grupo de jóvenes antisociales con características asociadas a la psicopatía adulta (Essau, Sasagawa y Frick, 2006). Los niños que tienen problemas de conducta y además presentan el rasgo de CU tienen patrones de comportamiento antisocial más severos y estables en el tiempo (López-Romero, Romero y Luego, 2011). Además, comparados con los niños que presentan sólo problemas de conducta, los niños con el rasgo de CU minimizan las consecuencias que su agresión provoca en sus víctimas, no son intimidados por la posibilidad de recibir un castigo por su mal comportamiento, muestran una menor empatía hacia la emoción de tristeza y tienen mayor probabilidad de iniciar un consumo de sustancias a edades tempranas (Pardini y Byrd, 2012). Resultados similares a los encontrados en niños, han mostrado que las niñas que presentan el rasgo de CU junto con problemas de conducta tienen comportamientos antisociales más severos y persistentes que las niñas que presentan sólo trastornos de conducta (Pardini, Stepp, Hipwell, Stouthamer-Loeber y Loeber, 2012). 

Modelo de J. Blair en el desarrollo de la psicopatía infantojuvenil

Como hemos señalado a lo largo de estas páginas parece que la psicopatía tiene su origen en etapas tempranas del desarrollo. Hemos enfatizado la importancia de saber detectar aquellas características temperamentales que resultan precursoras de conductas antisociales en la infancia y en la edad adulta. Dado que estas características psicopáticas aparecen temprano en el desarrollo de un individuo necesitamos encontrar un marco teórico que pueda explicar la evolución de dicho trastorno. 

Uno de los modelos que es capaz de explicar el desarrollo de este trastorno desde la infancia es el modelo de Mecanismos de Inhibición de la Violencia (VIM), propuesto por Blair en 1995. 

Este modelo surge de posiciones etologistas que proponen que en especies de animales sociales existen una serie de mecanismos para el control de la agresión. Estos mecanismos se ponen en marcha cuando en la víctima animal se producen una serie de señales que indican que se rinde y que el animal vencedor capta cesando así su conducta agresiva. Blair (1995) supone que en los humanos existen mecanismos análogos que inhiben la violencia (VIM), que no sólo se ponen en marcha cuando la víctima muestra conductas de rendición, sino que también se activan ante señales de distrés (ejemplo, expresiones faciales de tristeza o el llanto) que inician una respuesta de retirada y cese del ataque. 

Para Blair este mecanismo de inhibición de la violencia se encuentra detrás del desarrollo moral del niño y, por lo tanto, su fallo explicaría el desarrollo de características psicopáticas. Blair sugiere que el VIM es un requisito para el desarrollo de tres aspectos de la moralidad: las emociones morales (como la culpa, remordimiento, empatía), la inhibición del comportamiento violento y la distinción entre transgresión moral y convencional (Blair, 1995). 

Las emociones morales

Blair (1995) considera que el arousal generado por la activación del VIM podría ser interpretado como una emoción moral. Cuando se activa el VIM se pone en marcha una respuesta de retirada que implica la experimentación en el sujeto que se retira de emociones aversivas. En la línea de esta afirmación nos encontramos con estudios que muestran que la percepción de distrés en otros genera una reacción emocional aversiva que se puede medir por el arousal generado en el observador (Bandura y Rosenthal, 1966, en Blair 1995). Una de las emociones morales que está relacionada con la psicopatía, precisamente por su ausencia, es la empatía. 

La empatía no es un constructo unitario y podemos distinguir tres tipos: la empatía cognitiva (relacionada con la Teoría de la Mente) que podríamos definir como la capacidad de representarse mentalmente los estados de los otros (sus pensamientos, sus deseos, sus creencias, intenciones, etc.) (Frith, 1989, en Blair 1995); la empatía motora que se definiría como la tendencia automática para sincronizar las expresiones faciales y mímicas, posturas y movimientos con los de la otra persona (Hatfield, Cacioppo y Rapson, 1994, en Blair 1995); y, por último, la empatía emocional que se refiere a la capacidad de reconocer y experimentar las emociones del otro (Blair, 2005). Las investigaciones en psicopatía han mostrado que los psicópatas no presentan dificultades con la Teoría de la Mente ni con la empatía motora, sino que muestran serias dificultades en la empatía emocional, siendo selectiva con algunas expresiones emocionales, como por ejemplo la tristeza y el miedo (Blair, 2005). Es decir, que los psicópatas son capaces de ponerse cognitivamente en el lugar del otro, pero no sienten como el otro. 

Saben cómo se sienten los demás, pero no sienten como ellos. Este fallo en la empatía emocional lo explicaremos más adelante cuando hablemos de la incapacidad selectiva de los psicópatas para reconocer expresiones emocionales. En un desarrollo normal, la presencia de claves de distrés en la víctima, como consecuencia de haber sufrido una agresión, activa en el agresor un estado emocional aversivo (que Blair relaciona con la activación del VIM). Esta situación repetida varias veces acaba por generar un condicionamiento clásico en el que las claves de distrés son el estímulo incondicionado (EI) y la activación del VIM la respuesta incondicionada (RI). 

En resumen, el buen funcionamiento de las emociones morales es el primer requisito para el desarrollo de una conducta moral adecuada y es precisamente este tipo de emociones las que fallan en los niños y adultos con psicopatía.

 Inhibición del comportamiento violento 

La activación del VIM genera una respuesta de retirada que inhibe el comportamiento violento. En el desarrollo de un niño normal se produce un reforzamiento negativo para la respuesta del cese de la agresión o inhibición de la misma que significa dejar de experimentar las emociones negativas transmitidas por la víctima. Por lo tanto, lo que se consigue es que el niño aprenda a no ejecutar conductas agresivas. Si, por el contrario, lo que ocurre es que se refuerza la conducta agresiva, evidentemente, el niño no asociará el daño causado en el otro con emociones negativas (Blair, 1995). Cuando estos mecanismos funcionan correctamente y los padres introducen bien la norma, con el paso del tiempo será menos probable que el niño inicie comportamientos violentos. 

En la psicopatía, al no experimentar las emociones negativas transmitidas por la víctima (no se activa el VIM), es más difícil que se produzca el reforzamiento negativo explicado anteriormente y, por lo tanto, no se produce una inhibición del comportamiento violento. A esta situación tenemos que añadir que los niños con características psicopáticas tienen serias dificultades para aprender del castigo, y por lo tanto no experimentan ansiedad ante la realización de una conducta agresiva. Probablemente estas dificultades de aprendizaje descritas, que Blair asocia a la no activación de los mecanismos de inhibición de la violencia, puedan ser entendidas por la presencia en este tipo de niños del rasgo de CU descrito anteriormente. 

Distinción entre transgresión moral/convencional

La distinción entre transgresión moral y convencional se encuentra presente en los juicios que realizan tanto adultos como niños. La transgresión moral (ej. herir a otros) ha sido definida por las consecuencias que tiene en los derechos y bienestar de los demás, está centrado en la víctima. Por otra parte, la transgresión convencional (ej. hablar en clase) se ha definido por los efectos que provoca en el orden social, es decir, son transgresiones de comportamiento que implica violar convenciones sociales (Blair, 1995). 

Tanto los adultos como los niños juzgan como más serias y menos permisivas las transgresiones morales que las convencionales. Las normas morales son menos permisibles, en el sentido de que si una figura de autoridad (ej. la profesora) legitima una transgresión moral el niño no suele realizar la conducta, en cambio en el caso de las normas convencionales no ocurre así. Hay determinados actos que se juzgan como no permitidos sin necesidad de que haya una regla explícita que lo prohíba, estos actos se encuentran dentro de las normas morales. Esta distinción entre las normas morales y convencionales se encuentra presente en los niños desde los 39 meses y en todas las culturas (Blair, 1995). 

La distinción entre la transgresión moral y convencional radica en la activación del VIM. Por definición, las transgresiones convencionales no implican la activación del VIM ya que, al no haber víctimas implicadas, se produce sólo una alteración del orden social. En el caso de las transgresiones morales, al tener una víctima se produce una activación de las estructuras encargadas del procesamiento de las claves de distrés en el otro que conlleva una inhibición del comportamiento y la generación de un estado emocional aversivo.

En resumen, en un desarrollo normal la activación del VIM genera la producción de emociones morales que a su vez generan la inhibición del comportamiento violento, el desarrollo de una conducta empática y la expresión de culpa. La puesta en marcha de este mecanismo es lo que ayuda a distinguir entre una norma moral y una norma convencional. 

En el caso de los niños con características psicopáticas no se produce la activación de este sistema (VIM), por lo tanto, no se inhibe el comportamiento violento, no se genera una conducta empática ni la expresión de culpa. Todo ello tiene como consecuencia una incapacidad para distinguir entre transgresiones morales y transgresiones convencionales. Las investigaciones en las que Blair y su equipo han puesto a prueba este modelo llegan a la conclusión de que los psicó- patas, tanto adultos como niños, no son capaces de distinguir entre los dos tipos de normas (moral/convencional), muestran menos referencias al bienestar de la víctima cuando tienen que justificar algunas de las transgresiones, y no son capaces de atribuir correctamente estados emocionales en los otros (Blair, 1995).

Aportación de la neurociencia al estudio de la psicopatía

Para la correcta interpretación y comprensión de la psicopatía, es imprescindible estudiarla desde diferentes prismas; entre ellos, podemos destacar el individual, social, familiar, genético y neurocientífico. No se pretende hacer aquí una revisión exhaustiva de todas las investigaciones de neurociencia relacionadas con la psicopatía, pero sí señalar algunas estructuras cerebrales que han mostrado una mayor relación con esta patología. Una de las estructuras que más se ha relacionado con el dé- ficit emocional de los psicópatas es la amígdala, implicada en el reconocimiento de expresiones emocionales, entre ellas, el miedo (Blair et al., 2004). 

miércoles, 15 de agosto de 2018

Patología psiquiátrica prevalente en la adolescencia P.J. Rodríguez Hernández*, E.R. Hernández González**

Patología psiquiátrica prevalente en la adolescencia P.J. Rodríguez Hernández*, E.R. Hernández González** *Pediatra acreditado en Psiquiatría Infantil (A.E.P.) y Psicólogo. Hospital de Día Infantil y Juvenil “Diego Matías Guigou y Costa”. Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria. Tenerife. **Pediatra y Terapeuta de la Conducta Infantil. Clínica Bello Campo, Caracas, Venezuela. Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela (CIPPSV). Caracas. Venezuela


Resumen
Los trastornos mentales en la adolescencia son una causa frecuente de consulta en Pediatría. Aproximadamente, uno de cada cinco jóvenes cumplen criterios para padecer un trastorno psiquiátrico y muchas de las enfermedades psiquiátricas debutan en la adolescencia. Los resultados de las investigaciones en este campo indican la importancia de identificar los problemas mentales en la adolescencia e instaurar el tratamiento de manera precoz. La patología psiquiátrica en jóvenes produce un empeoramiento significativo en los problemas de comportamiento, problemas de relación interpersonal, autoestima y rendimiento académico. La detección precoz mejora el pronóstico y reduce la comorbilidad. En el presente artículo se desarrollan los aspectos más importantes sobre la etiología, diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales en la adolescencia.

Abstract Mental illness in adolescence is one of the main reasons for consultation in paediatrics. Approximately one in every five youth meets criteria for a mental disorder and many psychiatric disorders will first appear in adolescence. The results of investigations suggest the importance of identifying psychiatric disorders in adolescence, and the need for prompt treatment. Mental disorders in young adults have significantly poorer functioning on measures of behavioural problems, interpersonal problems, self-esteem, and school performance. The early detection improves the prognosis and reduces morbidity. This current article develops the main basis about aetiology, diagnosis and treatment of the mental illness in adolescence

Palabras clave: Salud mental; Adolescentes; Prevalencia; Psiquiatría. Key words: Mental health; Adolescents; Prevalence; Psychiatry

Introducción
Los trastornos mentales constituyen la causa más frecuente de consulta por patología no orgánica en Pediatría de Atención Primaria. 
Es necesario tener en cuenta las particularidades de la atención a la salud mental de los adolescentes, ya que existen características diferenciadoras con la salud mental infantil y de adultos. Las más importantes tienen que ver con las manifestaciones clínicas y la entrevista clínica; ya que, además de la sintomatología nuclear, es importante evaluar el grado de disfunción asociada en todas las áreas de desarrollo: académica, familiar, social o personal. También se deben conocer los indicadores de riesgo que permiten una detección precoz del problema, ya que un diagnóstico precoz e intervención adecuada disminuye el riesgo de comorbilidad y cronificación del cuadro clínico. Cuando no se detectan a tiempo, los trastornos mentales en la adolescencia producen un incremento en el consumo de recursos sanitarios y de servicios sociales, jurídicos o educativos. Hay que establecer un adecuado enfoque terapéutico, adaptado a la adolescencia, en el que ocupa un lugar importante la estrategia utilizada para  evitar la discontinuidad terapéutica. Por último, es necesario contemplar la estabilidad o temporalidad de los síntomas para establecer un supuesto diagnóstico, ya que en la adolescencia, no son infrecuentes las situaciones de expresión de conductas que pueden ser consideradas como patológicas en momentos puntuales, generalmente como reacción a un proceso de adaptación. 

El pediatra juega un papel esencial en la detección precoz de los trastornos mentales que se desarrollan en la adolescencia. Para ello necesita conocer los signos de alerta psicopatológicos que indican la existencia de un problema. Tanto los que comienzan de forma habitual en ella, como los que se desarrollan en la infancia y sufren cambios en la sintomatología al sobrepasar la pubertad.

En cuanto a la importancia de los distintos trastornos mentales en estas edades, los datos que presenta la Organización Mundial de la Salud indican que entre los 12 y los 18 años comienzan los trastornos de conducta (aunque pueden desarrollarse desde los 3 años), problemas del estado de ánimo y ansiedad, consumo de drogas y un poco más tarde, entre los 15 y los 18 años, las psicosis y otros trastornos relacionados con la esfera psicótica(1). 
En el presente artículo se realiza una revisión de los datos epidemioló- gicos para tener una idea aproximada de la importancia de las distintas enfermedades mentales en la adolescencia. También se abordan algunas herramientas adecuadas para la detección precoz, como son el conocimiento de los factores de riesgo, las preguntas que debe incluir la entrevista clínica y los instrumentos de evaluación más apropiados.

Epidemiología de los trastornos mentales en la adolescencia
La prevalencia de los trastornos mentales en la adolescencia es muy elevada. 
Los datos existentes en la literatura biomédica indican que 1 de cada 5 adolescentes ha padecido o padece algún tipo de problema relacionado con la salud mental. Dicha estimación se ha realizado en distintas culturas y países(2). Existe un número creciente de publicaciones que alertan sobre la elevada prevalencia de trastornos emocionales y del comportamiento en adolescentes, y enfatizan en la importancia de la identificación en estas edades como estrategia preventiva fundamental(3). 
Los resultados obtenidos en los estudios epidemiológicos realizados señalan que las cifras de prevalencia de los trastornos psiquiátricos en adolescentes oscilan entre el 15 y el 25%(4). La disparidad de las cifras se debe a las diferencias metodológicas entre las distintas investigaciones. 

Es habitual que las muestras que se analizan para la obtención de la frecuencia de trastornos mentales se consideren desde una perspectiva global, es decir, sin separar niños y adolescentes. Cuando lo hacen, existe disparidad en la consideración de cuál es la edad infantil y cuál la juvenil. Por ese motivo, existen pocos estudios que permitan una adecuada y clara sistematización del problema. Cuando se considera la adolescencia como grupo independiente, los porcentajes se mantienen similares a los aportados para edades inferiores, aunque la caracterización y tipo de trastorno varía. En la adolescencia, la mayoría de los trastornos son internalizantes (fundamentalmente ansiedad y depresión), aunque es más fácil la detección de trastornos externalizantes (hiperactividad, problemas de conducta) (5).

Los problemas más importantes de salud mental en adolescentes, de mayor a menor frecuencia, son:
• Trastornos de ansiedad.
• Depresión.
• Problemas de comportamiento.
• Trastorno por déficit de atención e hiperactividad. 
• Otros menos frecuentes: psicosis, el abuso de sustancias y los trastornos del comportamiento alimentario.

Clínica
Además de las características clínicas de cada trastorno, es importante conocer los signos de alerta y los factores de riesgo y vulnerabilidad.

Signos de alerta
No existe ninguna señal que pueda ser, por sí misma, predictiva del desarrollo presente o futuro de un trastorno mental. Esto es debido a que existen factores personales y sociales que pueden hacer que la evolución del adolescente sea favorable. Un signo de alerta indica solamente que se debe hacer un seguimiento del adolescente, con especial atención a la evolución psicopatológica o una derivación a un servicio competente. 

Los signos de alerta más útiles en Pediatría son los siguientes: 
• Rendimiento académico: un mal rendimiento desde el inicio de la edad escolar puede indicar problemas de atención. Una inflexión en el rendimiento académico, cuando anteriormente estaba bien, puede ser el primer indicador de una depresión. 
• Amenaza o intento de suicidio. Nunca se deben ignorar, ya que es posible que sea la primera señal de la existencia de un trastorno del estado de ánimo. 
• El consumo de cannabis. Aunque los efectos del consumo son perjudiciales en aspectos esenciales para el adolescente, como la motivación o la atención, también puede ser el desencadenante de un episodio psicótico de mayor o menor gravedad. 
• La disforia (entendida como un estado de ánimo con tendencia a la tristeza): es un indicador de la sintomatología depresiva no clínica. Su adecuado control y seguimiento puede ser fundamental, especialmente debido a que el suicidio es la principal causa de muerte en los adolescentes después de los accidentes y a que una de las principales causas de suicidio es la depresión. 
• Las quejas somáticas también pueden ser indicativas de la existencia de sintomatología subclínica, especialmente de la esfera ansiosa. Las más frecuentes son los síntomas vasculares (las taquicardias) y los respiratorios (sensación de ahogo o de necesitar más aire). Además, pueden referir cefaleas, abdominalgias, sintomatología vegetativa, como: sudoración, temblor, náuseas y problemas en el sueño, entre los que destacan las pesadillas, y los diferentes tipos de insomnio (sobre todo de conciliación).

lunes, 30 de julio de 2018

ESTILOS DE CRIANZA Y CONDUCTA ANTISOCIALDELICTIVA EN LOS ADOLESCENTES DEL CENTRO JUVENIL JOSE QUIÑONES GONZALES – PIMENTEL - 2016. Br. Cabanillas Guerrero, Amalia Yanet Br. Vásquez Benavides, Tony Yerson (Extracto de Tesis)

RESUMEN 
La presente investigación describe los resultados de un estudio que se buscó la relación de los estilos de crianza y la conducta antisocial – delictiva en los adolescentes del centro juvenil José Quiñones Gonzáles – Pimentel - 2016. En concreto, se realizó un estudio de carácter correlacional - causal - cuantitativo con datos provenientes de un centro de reclusión para menores de edad entre los 12 años hasta los 19 años, encontrándose que el 37.6% de los adolescentes manifestaron que sus padres tienden a ser autoritarios por ende los adolescentes presentan conductas antisociales, por otro lado, el 25,9% cuentan con padres negligentes y el 9,4% presentan padres permisivos en donde ambos manifiestan conductas delictivas. A partir de esto, se refiere que los estilos de crianza influyen en el desarrollo de la conducta antisocial con comportamientos delictivos. Por lo tanto, en esta población, los padres que presenta los estilos de crianza autoritario, negligente y permisivos sus hijos se encuentra vulnerables a la realización de las conductas antisocial – delictiva. 
Palabras clave: estilos de crianza, conducta antisocial, conducta delictiva. 

ABSTRACT 
This research paper describes results of a study that sought to the relationship of parenting styles and antisocial behavior – criminal in teenagers of the youth center José Quiñones Gonzales – Pimentel – 2016. In specific a correlational, causal and quantitative study with data from a detention center for minors between the ages of 12 and 19 years old, it was found that 37.6% of teens expressed their parents tend to be authoritarian so the adolescents have antisocial behavior, on the other hand, 25,9% tell with neglectful parents and 9.4% have permissive parents where both manifest criminal behavior. Based on this, refers to parenting styles influence the development of antisocial behavior with criminal behavior. Therefore, in this population, parents who present the styles of authoritarian, neglectful and permissive parenting their children are vulnerable to the realization of antisocial behavior - criminal. 
Key words: parenting styles, antisocial behavior, criminal behavior  

INTRODUCCIÓN 
La conducta antisocial que se comprueba realmente, es de gran nerviosismo ya que implican a corto y largo plazo perturbando a niños, adolescentes y adultos, de manera que originan una percusión vital en la humanidad, evidenciándose este comportamiento de modo recurrente en los púbers que no poseen regulación en su ambiente familiar, relacionándose ello con los estilos de crianza que ejercen los progenitores dentro de su círculo o vinculo familiar.

Actualmente, es considerable el aumento de este comportamiento en los púberes pues tienden a transgredir la ley, las reglas y normas en el entorno social. Cabe recalcar que la familia forma socialmente a los individuos, es decir, los padres otorgan las pautas para integrarse a un sistema social en interacción con otras personas. Cada una la ejecuta con su propio marco pero al mismo tiempo, comparten cualidades; además, siguen siendo escenarios sustanciales del desarrollo del individuo. De acuerdo con lo que se vive, se aprende y se obtenga en su núcleo, el individuo adquirirá herramientas y patrones de conducta que utilizará para su desenvolvimiento en diferentes niveles sociales. 
Algunas conductas de los padres y algunas que se llevan a cabo en la escuela se relacionan con la presencia o ausencia de conductas antisociales; por ejemplo, formas de apego en ambos ámbitos disminuyen su presencia, en tanto que familias y escuelas disfuncionales dificultan la posibilidad de transmitir normas prosociales con cierto distanciamiento de los padres y de la escuela están asociados con el consumo de drogas ilegales.

Navarrete (2011) menciona que los estilos de Crianza son un conjunto de conductas ejercidas por los padres hacia los hijos. Los padres son los principales responsables del cuidado y protección de los niños, desde la infancia hasta la adolescencia. Esto significa que los padres son los principales transmisores de principios, conocimientos, valores, actitudes, roles y hábitos que una generación pasa a la siguiente. De esta manera, la familia constituye el agente de socialización primaria en donde se aprenden normas y conductas sociales así como conductas desviadas.
Dentro del ámbito familiar, se puede destacar a los estilos y prácticas parentales como factores que tienen una influencia significativa sobre las conductas problema (Baumrind, 1991).

Las prácticas parentales están asociadas con resultados conductuales positivos o negativos en los adolescentes. Asimismo, Quiroz. (2007) señalan que las prácticas negativas de disciplina y prácticas de crianza ineficaces intervienen en el desarrollo del comportamiento antisocial. 
En la actualidad, los problemas en el núcleo familiar y el entorno escolar son recurrentes, de manera que los jóvenes buscan alternativas a su situación encontrando apoyo frecuentemente en los grupos de pares que llegan a incurrir en conductas riesgosas. Por ende, se vuelve importante conocer las prácticas, hábitos y formas de relación que los padres establecen con sus hijos adolescentes, así como las consecuencias que desencadenan Igualmente relevante resulta distinguir lo que ocurre dentro de la escuela respecto de lo que ofrece a los estudiantes para que se sientan motivados a asistir, al igual que reconocer el impacto que tienen sus diferentes expectativas hacia la escuela sobre las conductas antisociales.

Por otra parte, existen cuestiones a tomar en cuenta a la hora de tratar a las conductas problemáticas y de riesgo particularmente en los adolescentes, como son el adecuado manejo de las normas, la autoridad, la supervisión y la autonomía, dado su carácter estructural y regulativo en las relaciones sociales. 
Los padres y la escuela representan un papel trascendente en la transmisión de tales cuestiones en la medida que juegan un rol contenedor y formativo que permea las actitudes de los adolescentes y su desenvolvimiento en el entorno social. No obstante, existen situaciones que obstruyen dicho manejo y dicho rol, apuntando la necesidad de fortalecer los valores y los vínculos con los jóvenes, así como el establecimiento de límites claros marcados con el ejemplo. A la vez, es necesario que se señale la responsabilidad que tienen los adolescentes respecto de sus actos y decisiones para que ellos mismos aprendan a definir sus propios límites en aras de prevenir conductas de riesgo que resulten perjudiciales.
  
CAPÍTULO I: 
PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN 
1.1. Situación Problemática 
La naturaleza humana esta constituido por limitaciones biológicas, psicológicas y sociales que son inseparables. Por el contrario, interactúan entre si las cuales finalmente darán fundamento a las particularidades comportamentales de las personas y, además, están relacionadas a los estilos de crianza que trasmiten los padres (valores, roles, principios, hábitos, actitudes) en el ámbito familiar de cada adolescente. Por ende la psicología y las ciencias sociales se esfuerzan por explicarlas conductas evidenciadas en nuestro entorno, tales como rompimiento de reglas, hurtos, acciones agresivas, entre otras. Por lo expuesto se puede inferir que dichas acciones son de gran preocupación para la sociedad en general, ya que, existe una multiplicidad de actos que van en contra a nivel social y los derechos de los demás (personas, animales o propiedades).

Según Córdova y Pérez (2013), aquellos muchachos y adolescentes que desde la muy temprana edad (niñez y pubertad) han sido aventurados a una secuencia de obstáculos e inconvenientes a lo largo de su progreso, tales como cuidados negligentes, una carencia estimulación temprana, y asi mismo, acumula una serie de déficits neuropsicológicos verbales y motores, asociados a desórdenes severos del desarrollo, como déficit atencional e hiperactividad; tienen mayor expectativa de evolucionar una trayectoria o pauta de conducta antisocial permanente a lo largo del ciclo de su supervivencia. 

Según el diario Perú 21 en la actualidad (2013) los adolescentes han cambiado los videojuegos por los diferentes tipos de armas y su ingenuidad por una impresionante sangre fría para matar. Así, menores de entre 15 y 17 años son expertos de ejecutar los más aterradores crímenes por petición y de esto se aprovechan las organizaciones criminales. El empleo de matones juveniles se ha hecho muy habitual en el país de una manera perturbador y argumento de ello es que más de 150 adolescentes están prisioneros por homicidio. Así mismo, se observa cantidades en el Poder Judicial, de los cuales 2,477 son internos que residen en los 9 reformatorios a nivel nacional, el 6.34% (es decir, 157) cometieron el delito de homicidio. 

Cabe mencionar, que dichos actos delictivos se encuentran operando principalmente en el norte del país, siendo los centros de rehabilitación que acogen los infractores son los de lima (Maranguita) y de Trujillo (La Floresta). En general, las organizaciones delictivas saben el castigo o la pena que recibe un menor homicida es de 6 años, es por ello, que utilizan menores de edad para su propósito. 
De igual modo, para Manuel Saravia (psicólogo del Instituto Gestalt - 2013) describe el perfil del joven homicida en la cual muestra caracterisiticas de personalidad antisocial y disocial muy agresivos, que gozan violar las normas y buscan confrontarse a la autoridad. Además menciona, “En la mayoría de casos provienen de hogares disfuncionales. Esto origina en los adolescentes trastornos de personalidad que nunca llegan a superar”. Por su parte, Veronique Henry, representante en el Perú de la Fundación Tierra de Hombres, la misma que trabaja con el Ministerio Público para restablecer a la sociedad a menores infractores, remarcó que los crímenes graves cometidos por menores de 18 años representan un pequeño porcentaje. Al mismo tiempo, refiere que “solo algunos adolescentes tienden a desarrollar una conducta delictiva persistente en la vida adulta, en donde cometen crímenes serios. Ellos necesitan un tratamiento especializado” (Peru21, 2013).

Según Bardales (2014), en la entrada de Lambayeque se está volviendo bastante común ser testificador o afectada de un hecho de violencia en el que están implicados los adolescentes, atentar tanto a la propiedad pública como privada, atracos a peatones y disputas callejeras entre bandas o cuadrillas. Dichas transgresiones se extienden cada año en el distrito de José Leonardo Ortiz. Durante el 2010 se intervino a un total de 75 jóvenes de 14 a 16 años que cometieron hurto agravado; cifra que se ha ido duplicando con el tiempo revelando un incremento en los índices de delincuencia juvenil. 
En tal sentido, en base a lo expuesto es pertinente investigar como los estilos de crianza guardan relación con la conducta antisocial - delictiva, por la cual existe escasa investigación en nuestro medio social en relación a las variables, ya mencionadas, en dicho tema de estudio. 
Finalmente, es inevitable la necesidad e interés de desarrollar la investigación Estilos de Crianza y Conducta Antisocial-Delictiva en Adolescentes del Centro Juvenil José Quiñones Gonzales – Pimentel - 2016.

 1.2. Formulación del Problema ¿Existe relación significativa entre estilos de crianza y conducta antisocial-delictiva en los adolescentes del centro juvenil José Quiñones Gonzales – Pimentel - 2016?

1.3. Delimitación del problema: Dicha investigación se realizó en el centro juvenil José Quiñones Gonzáles – Pimentel, donde la investigación que se realizo es de tipo correlacional - causal, por la cual se aplicó dos pruebas psicológicas (Escala de Estilos de Crianza de L. Steinberg; adaptación del cuestionario de conductas antisociales- delictivas A- D) a una población de 170 adolescentes recluidos en dicho centro juvenil, por último, el periodo de tiempo que se tomó dicho estudio fue de 8 meses.

1.4. Justificación e importancia La presente investigación nace de la motivación por conocer los estilos de crianza y conducta antisocial-delictiva en los estudiantes de la región Lambayeque y en el centro juvenil José Quiñones Gonzales, donde se muestra una incidencia de victimización y percepción de inseguridad ciudadana, siendo los adolescentes los protagonistas en la actualidad, es por ello, importante contribuir con la investigación de la problemática psicosocial antes aludida, con la intención de conseguir una apertura competente del fenómeno a investigar.

Los descubrimientos facilitara información sobresaliente a la Gerencia Regional de Educación-Lambayeque (GREL), en la cual se conocerá la incidencia de las conducta antisocial - delictivas y la relación con los estilos de crianza, con el propósito de actualizar la información y así implementar los lineamientos en el ámbito educativo para el adecuado desarrollo de los estudiantes. 
Así además los resultados del actual análisis, serán útiles para las jefaturas de dicho centro juvenil, debido a que les permitirán transformar un diagnóstico en origen a los datos logrados, para poder tomar medidas que favorezcan a la residentes, a través del plan y realización de programas de prevención e intervención psicopedagógica, correspondiente a las conductas antisocial - delictiva y las formas de crianza de las figuras parentales, de tal modo que faciliten desarrollar estrategias, destrezas y habilidades para fortalecer conductas adaptadas, para afrontar eficazmente situaciones relacionadas al medio social, escolar y familiar.

Además, la investigación a realizar es indispensable para la Universidad Señor de Sipán y la Escuela Profesional Académico de Psicología, porque le permite averiguar, explicar e interpretar las diferentes cuestiones psicosociales en la región Lambayeque, a través de la investigación, como también en la proyección social, la misma que facilitara, tener datos válidos, fácticos y confiables sobre la cuestión mencionada, extendiendo las acciones y estrategias preventivo promocionales. 
No obstante se justifica desde el punto de vista teórico, el estudio contribuirá a profundizar en la temática, y comprobar hipótesis, por consiguiente desde una perspectiva metodológica, se utilizará diversas técnicas entre ellas la observación directa y la psicométrica, mediante la utilización de instrumentos de recolección de datos. 
Finalmente, la investigación potenciara a los profesionales competentes de de la salud mental llenar un vacío en el conocimiento y enriquecer las precedentes investigaciones.  

1.5. Limitaciones del Problema En este punto, fueron escasos los antecedentes sobre muestras variables de estudio en relación a los estilos de crianza y conducta antisocial – delictiva, además de escasos recursos bibliográficos de fuentes primarias por lo que el marco teórico de la presente investigación ha sido extraída de fuentes secundarias. 
En la investigación, desde el proyecto, hubo circunstancias negativas desde la coordinación de nuestros horarios e incluso en la determinación de algunas decisiones para la realización del proyecto, así mismo, durante la aplicación de las pruebas psicológicas nos restringían el acceso al centro juvenil José Quiñones Gonzáles, ya que la encargada o jefa del área de psicología se encontraba en diligencias judiciales, en la cual tomo un periodo de un mes para dicho acceso y seguir en nuestras actividades. 

1.6. Objetivos 
1.6.1. Objetivo General Determinar la relación entre los estilos de crianza y conducta antisocialdelictiva en adolescentes del centro juvenil José Quiñones Gonzáles – Pimentel - 2016. 1.6.2. Objetivos Específicos Determinar la relación entre la conducta antisocial con los estilos de crianza en adolescentes del centro juvenil José Quiñones Gonzáles – Pimentel - 2016. 

CAPÍTULO II: 
MARCO TEÓRICO 
2.1. Antecedentes de la investigación: 
2.1.1. Internacional 
Navarrete (2011) en su tesis titulada: “Estilos de crianza y calidad de vida en padres de preadolescentes que presentan conductas disruptivas en el aula”. Mostrando una metodología de carácter cuantitativo, descriptivo, correlacional, teniendo en cuenta el Cuestionario de Calidad de Vida Familiar, Cuestionario de Estilos de Crianza y el Cuestionario de Comportamiento Parental para Niños CRPBI. Trabajaron con una población de 46 familias en las que se incluye tanto progenitores como hijos preadolescente de entre 11 y 13 años de edad que estudian sexto o séptimo año básico en un colegio particular; teniendo como resultados que se halla una correlación positiva y significativa entre la calidad de vida familiar tanto en su grado de consideración como en su nivel de satisfacción y el estilo de crianza con autoridad, esto se verifica frente a la percepción de los progenitores.

Raya (2008) en su tesis titulada: “Estudio sobre los estilos educativos parentales y su relación con los trastornos de conducta en la infancia”. Evidenciándose una metodología correlacional, para ello se utilizó el cuestionario para obtener los datos socio-demográficos generales de padres y madres y del entorno familiar, el Cuestionario de Crianza Parental (PCRI-M) de Roa y del Barrio (2001) y el Sistema de Evaluación de la Conducta de Niños y Adolescentes (BASC); en la cual presento una muestra constituida de 432 participantes, ante todo ello, se llegó a obtener como resultados que existe mucha relación entre los estilos educativos parentales y los trastornos de conducta.

Alarcón (2012) en su tesis titulada: “estilos parentales de socialización y ajuste psicosocial de los adolescentes: un análisis de las influencias contextuales en el proceso de socialización”, para ello se utilizó los siguientes instrumentos: Variables Demográficas, Parenting Scales, Escala de Control Psicológico, S-Embu, Escala de Socialización Parental en la Adolescencia, Escala Multidimensional de Autoconcepto AF5, Personality Assessment Questionnaire, Escala de Competencia Social Logro Académico, Consumo de Sustancias (Drogas y Alcohol), Conducta Antisocial, Cuestionario de Apoyo Comunitario Percibido, Cohesión y Desorden Social en el Barrio. Trabajaron con una muestra constituida de 1115 participantes, formado por 487 varones (12 – 15 años) y 628 mujeres (15 – 17 años), en la cual se obtuvo como resultado que existe diferencia significativa en relación a la socialización y los ajustes psicosociales.

Ovalle (2015) en su tesis titulada: “rasgos de personalidad y conducta antisocial en hijos adolescentes de madres solteras”, en la cual se utilizó como instrumentos como el test psicométrico k-72 y el cuestionario A-D, trabajando con una muestra jóvenes adolescentes de ambos sexos, comprendidos entre las edades de 13-16 años de edad, obteniendo como resultados que los peculiaridades de personalidad en adolescentes hijos de madres solteras son sociabilidad, emotividad, actividad, resonancia, dominio, reflexión y control voluntario un dato interesante es que los adolescentes en mención no presentan conducta antisocial.

Sanabria y Uribe (2010) en su tesis titulada: “Factores psicosociales de riesgo asociados a conductas problemáticas en jóvenes infractores y no infractores*”, se evidencia en una investigación es de tipo ex post facto y para ello se utilizó el Cuestionario de Conducta Antisocial - Delictivas [A-D] de Seisdedos, y se aplicó en una muestra estuvo conformada por 179adolescentes, 72 infractores de ley y 107 no infractores, que oscilan entre las edades de 12 – 18 años, obteniendo como resultados manifiestan que los adolescentes que se localizan recluidos en dos instituciones para menores infractores muestran una mayor frecuencia de exposición a los factores de riesgo, asociados con la conducta antisocial y delictiva, en semejanza con los adolescentes no infractores que asisten a una institución pública, en los niveles exosistema, microsistema y macrosistema.

Leticia (2011) en su tesis titulada: “Propensión a Conductas Antisociales y Delictivas en Adolescentes Mexicanos”, por lo cual se empleo el cuestionario A-D, conductas antisociales- delictivas (Seisdedos, 1995), y se aplicó a una muestra que Participaron 150 estudiantes de secundaria y preparatoria, de entre 12 y 20 años de edad. Dicha investigación se obtuvo como resultado muestran que los varones son más predispuestos que las mujeres a desarrollar conductas antisociales y delictivas, así como un comportamiento antisocial más agresivo.

viernes, 20 de julio de 2018

“FACTORES SOCIOFAMILIARES INFLUYENTES EN EL DESARROLLO PERSONAL Y SOCIAL DE LOS ADOLESCENTES INFRACTORES DEL CENTRO JUVENIL ALFONSO UGARTE” Extracto de Tesis presentada por el Bachiller: Erick Amadeu Sanchez Vilca. PERÚ 2018

Capítulo II 
2. La adolescencia, la Familia y la Delincuencia Juvenil

2.1. Adolescencia. 
Etimológicamente, adolescencia deriva del termino latino “adolescere”, que significa “crecer” y es definido como la etapa de desarrollo entre la niñez y la edad adulta. En el proceso de crecimiento y desarrollo del ser humano permite evidenciar periodos con características más o menos definidas no solamente desde el punto de vista físico sino también emocional y social. Cada uno de estos periodos y más aún la adolescencia, es influenciados por factores genéticos, el estado previo de la salud o enfermedad, las experiencias de etapas anteriores, las condiciones propias e inherentes del medo físico, cultural y social en que se desenvuelve el individuo, sus aspiraciones, sus deseos y la necesidad en el futuro de desempeñarse como persona adulta (Cruz P., 2004). 

Cabe recalar que según la estrategia de IMAN (Integración del Manejo de Adolescentes y sus Necesidades), perteneciente a la OPS, no existe un concepto universal de adolescentes, sino muchas definiciones, que catalogan a las y los adolescentes por la edad, o por sus características biológicas o psicológicas (Iman/Ops, 2005). Por ello se considera las siguientes definiciones. Según la OMS, citado por Fitzgerald H, Strommen E. y Mckinney J. La define como “Aquella etapa de cambios de la vida en la que se transita de patrones infantiles a adultos, produciéndose profundas modificaciones sociales y psicológicas, llegando a la independencia económico”. Considera la adolescencia desde los 10 a 19 años de edad. 

Según el MINSA (Ministerio de Salud, 2009) define la adolescencia como la etapa que presenta ciertos cambios, tanto en el aspecto fisiológico (estimulación y funcionamiento de los órganos por hormonas, femeninas y masculinas). Cambios estructurales anatómico y modificaciones el perfil psicológico y de la personalidad; Sin embargo, la condición de la adolescencia no es uniforme y varia de acuerdos a las características individuales y de grupo. Actualmente, acorde con la normativa nacional, establece a la adolescencia como la población comprendida desde los 12 años de edad hasta los 17 años 11 meses y 29 días. Es en la adolescencia donde se fijan prácticas y valores que determinan en el futuro la forma de vivir sea o no saludable en el presente y el futuro. Es importante que la familia ofrezca el soporte, orientación y modelos positivos necesarios que permitan el desarrollo y crecimiento de sus miembros (MINSA, 2005). 

Según Barbaran (2009), la adolescencia comprende cambios físicos, psicológicos y sociales es el periodo en que una persona se prepara para ser un adulto productivo, con familia y con deberes ciudadanos. Erikson (1968), que consideraba a la adolescencia como un periodo de moratoria o aplazamiento en el que se han alcanzado capacidades tanto físicas como cognitivas muy similares a las de los adultos, pero en el que todavía no se asumen las responsabilidades familiares y laborales típicas de la adultez. Según Piaget, caracterizaba a la adolescencia como un periodo de desequilibrio psíquico, conflicto emocional y conducta errática, afirmando que los adolescentes oscilan entre la rebelión y la conformidad, no sólo son egoístas y materialistas, sino también moralmente idealistas; su conducta fluctúa entre ser desconsiderados y rudos pero también cariñosos y tiernos; entre el ascetismo y el hedonismo, el entusiasmo infatigable y el hastió indiferente; entre la confianza más absoluta y la duda medrosa. 

La tarea fundamental de la adolescencia es lograr la inserción en el mundo de los adultos. Para lograr este objetivo las estructuras mentales se transforman y el pensamiento adquiere nuevas características en relación al del niño: 
 Comienza a sentirse igual ante los adultos y los juzga en este plano de igualdad y entera reciprocidad. 
 Piensa en el futuro, muchas de sus actividades actuales apuntan a un proyecto ulterior. Quiere cambiar el mundo en el comienzo a insertarse. 
 Tiende a comprender sus teorías (filosóficas, políticas, sociales, estéticas, musicales, religiosas) con sus pares, al principio solo con los que piensan como él. 
 La discusión con otros le permite, poco a poco, el desarrollo (aceptar que su verdad es un punto de vista, que puede haber otro igualmente valida y que puede estar equivocado).  La inserción en el mundo laboral promueve más aún que la discusión con los pares, la descentración y el abandono de dogmatismo mesiánico, (mi verdad es la única verdad). 
 Los proyectos y sueños cumplen en esta etapa la misma función que la fantasía y el juego en los niños: permiten elaborar conflictos, compensar las frustraciones, afirmas el yo. imitar los modelos de los adultos, participar en medios y situaciones de hecho inaccesibles.
 La capacidad de interesarse por ideas abstractas le permite separa progresivamente los sentimientos referidos a ideas de los sentimientos referidos a las personas que sustentan esos ideales.

2.1.1.Desarrollo de la Adolescencia 

2.1.1.1. Desarrollo Biológico 
Una de las características fundamentales de la adolescencia es la serie de cambios biológicos conocidos como pubertad. Estos cambios transforman físicamente al joven desde un niño a un adulto maduro desde el punto de vista reproductor. Este proceso es tan elemental en el desarrollo de la adolescencia que muchas personas identifican la pubertad como el comienzo de la adolescencia. La pubertad implica un conjunto de acontecimientos biológicos que producen cambios en todo el cuerpo (Coleman y Hendry, 1999). 

2.1.1.2. Desarrollo Psicosocial Esta visión subraya la influencia de los factores externos. La adolescencia es la experiencia de pasar a una fase que enlaza la niñez con la vida adulta, y que se caracteriza por el aprendizaje de nuevos papeles sociales: no es un niño, pero tampoco es un adulto, es decir, su estatus social es difuso. En este desarrollo del nuevo papel social, el adolescente debe buscar la independencia frente a sus padres. Surgen ciertas contradicciones entre deseos de independencia y la dependencia de los demás, puestos que se ve muy afectadas por las expectativas de los otros. Los adolescentes buscan establecerse e identificarse dentro del ambiente social, buscan coordinar la auto seguridad, la intimidad y la satisfacción sexual en sus relaciones.

 2.1.1.3. Desarrollo Cognitivo La adolescencia es una etapa avanzada de cognición en la que la capacidad de razonar va más allá, del pensamiento concreto a uno abstracto, descrito como un pensamiento formal. Piaget señala la importancia del cambio cognitivo y su relación con la afectividad. El importante cambio cognitivo que se produce en estas edades genera un nuevo egocentrismo intelectual, confiando excesivamente en el poder de las ideas.

2.1.1.4. Desarrollo Psicológico La tarea evolutiva centra de la adolescencia, según Erick Erickson, es la formación de una identidad individual coherente. La identidad es la autodefinición de una persona con respecto a otras personas, a la realidad y a otros valores. En la identidad hay un componente psicológico, referido a la imagen psicológica que cada persona tiene de sí mismo y otros componentes sociales, referido a la imagen que el grupo tiene de sí mismo. Esta autodefinición se forma a medida que el adolescente elige valores, creencias y metas en la vida tras explorar las alternativas y desempeñar distintos roles. 

2.1.1.5. Desarrollo Social La socialización de los adolescentes se realiza a través de la familia, el instituto, el grupo, los medios de comunicación y las normas culturales la familia es el primer agente de socialización durante la niñez y es muchas veces quien selecciona de manera directa o indirecta a otros agentes, pudiéndolos limitar o controlar el impacto de los demás agentes de socialización como por ejemplo; elegir el instituto y controlar la relación del adolescente con los medios de comunicación y sus grupo de amigos (Coleman y Hendry, 1999). Es el seno de la familia donde la persona se socializa, aprende y adquiere tanto creencias como actitudes, normas sociales interiorizadas, valores, intenciones y hace a partir de ellas unas u otras conductas. El aprendizaje, la observación y las consecuencias de las acciones van poco a poco moldeando el modo de ser del niño y posteriormente del adolescente. 

La idealización de los padres otras figuras con profesores que se mantiene hasta la entrada en la adolescencia, deja paso a una visión más realista de los mismos. Se produce unos alejamientos de la familia y una identificación con grupo de amigos que pasan a ocupar un papel de mayor peso, convirtiéndose en el refugio y sustitución de la relación perdida. Los amigos ayudan a suavizar estos sentimientos de debilidad y las interacciones con ellos, son importantes campos de prueba de las cualidades interpersonales del adolescente y no deben ser interferidos. Le permite al adolescente poner en práctica lo aprendido con otros agentes socializadores y a la vez, le comunica normas, valores y formas de actuar en el mundo (Dulanto, 2000). En cuanto a los medios de comunicación, se considera que influyen en la socialización ya que transmiten conocimientos a la vez que son muy potentes en reforzar los valores y normas de acción social aprendido con los otros agentes socializadores (Perales y Chica, 2003). 

2.1.1.6. Desarrollo Moral Es necesario, tener en cuenta que el tema del pensamiento formal, propio del periodo adolescente, es uno de los que más tiempo ha tardado en ser estudiado de forma experimental y con cierta continuidad por investigadores que no se integraban dentro de la Escuela de Ginebra. Carretero (1998b) detalla este aspecto indicando que las primeras obras fundamentales sobre el pensamiento formal datan de la primera mitad de la década de los cincuenta (Inhelder y Piaget, 1955). No se vuelve a retomar el tema hasta finales de los años setenta, fecha en la que ya se va investigando más y de forma más detallada por un buen número de investigadores. La adolescencia es la etapa en la que los individuos se suelen adherir a valores y además, este sistema de valores permanece estable en la adultez en la mayoría de los casos. En este período se define la orientación que por lo general la persona mantendrá durante el resto de su vida en relación a metas, fines y proyectos. 

El desarrollo moral se corresponde con un dominio donde las transformaciones son profundas en la etapa adolescente. Implica la evolución progresiva de la apreciación individual de normas y valores sociales, y comprende tres aspectos fundamentales: 
 Un nivel conceptual o cognitivo, que incluye los juicios morales, la representación de las normas, el razonamiento y la conciencia moral. 
 Un nivel actitudinal, referido a elementos emotivos y de orientación evaluativa. 
 Un nivel pragmático, que considera las acciones y comportamientos morales, como la conducta cooperativa, prosocial o de solidaridad. En el estudio del desarrollo del juicio y razonamiento moral, destacan los análisis y modelos de dos influyentes autores. Piaget, interesado principalmente en el desarrollo del juicio moral en la infancia y Kohlberg, centrado en este desarrollo a lo largo de la adolescencia y la edad adulta (Molpeceres, 1991).

2.1.1.7. Desarrollo Cultural 
Considera la adolescencia un tiempo en que una persona cree que merece los privilegios de los adultos, pero le son negados. Esta etapa termina cuando la sociedad le da poder completo y estado de adulto. 

2.1.1.8. Desarrollo Físico 
La adolescencia se caracteriza por grandes cambios físicos que trasladan a la persona desde la niñez hasta la madurez física. Estos cambios son importantes desde dos perspectivas, por un lado, con ellos se consiguen la madurez orgánica del cuerpo humano y por otro, por las necesidades de estilos de salud adecuados para que estos cambios acaben con éxitos y se logre la adecuada madurez funcional (Behrman, Kliegman, y Arvin, 2001). 

2.1.1.9. Desarrollo Espiritual 
Las creencias espirituales se relacionan de forma íntima con los aspectos éticos y morales del auto concepto por lo que se deben considerar como parte de sus necesidades básicas. Según Fowler indica que siete etapas en el desarrollo de la fe, los cuatros primeros en intima asociación con el desarrollo cognitivo y psicosocial del niño y paralelas a él. La adolescencia se sitúa en la cuarta etapa, individualizadoras reflexivas. Los adolescentes se vuelven más escépticos y empiezan a comparar las normas religiosas de sus padres con las de los demás, también empiezan a comparar con el punto de vista científico. Es un tiempo de búsqueda y no de logros. Intentan determinar que conductas religiosas adoptaran e incorporaran a su propio conjunto de valores, dudan de muchas ideas religiosas y no elaboran conceptos profundos hasta el final de la adolescencia o comienzo de la edad adulta (Behrman, Kliegman, y Arvin, 2001). 

2.1.1.10.Desarrollo Afectivo 
Tras el período turbulento de la pre adolescencia, la conducta de los jóvenes suele sosegarse. Las relaciones familiares dejan de ser un permanente nido de conflictos violentos y la irritación y los gritos dejan paso a la discusión racional, al análisis de las discrepancias y hasta a los pactos y los compromisos

Esto significa que el adolescente ha conseguido librar con éxito el combate contra las exigencias libidinales infantiles, de las que no obtiene ya satisfacción, y está dispuesto a afrontar las dificultades que conlleva su nueva condición, por fin plenamente asumida, de joven adulto. 

A partir de este momento, el conflicto se desplaza desde la ambivalencia afectiva a la reivindicación de ciertos derechos personales, entre los que destacan las exigencias de libertad e independencia, la libre elección de amistades, aficiones, etc. El adolescente intenta experimentar sus propios deseos más allá del estrecho círculo de las relaciones familiares y para ello necesita imaginarse reprimido por los padres, lo esté o no. 

La fantasía de represión de sus iniciativas es estructurarte para su afectividad, que obtiene una base firme para iniciar experiencias adultas. La represión real, por el contrario, coloca al adolescente en una situación de desequilibrio, que puede precipitar prematuramente los tanteos del joven en el mundo de los adultos, o bien –operando en sentido contrario desacreditarlos por completo. 

En resumidas cuentas: en este segundo momento de la adolescencia, los intereses afectivos de los jóvenes abandonan masivamente el ámbito familiar, estableciendo nuevas elecciones de objetos afectivos extra familiares, como es propio de todo adulto. El problema reside en que la afectividad va más allá de la familia, pero el adolescente sigue viviendo y tal vez por mucho tiempo- en el domicilio paterno.

 2.1.2.Etapas de la Adolescencia