lunes, 1 de abril de 2019

PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO EN LA ADOLESCENCIA. JOHN W. SANTROCK . Universidad de Texas en Dallas.

John W. Santrock se doctoró por la Universidad de Minnesota en 1973. Impartió clases en la Universidad de Charleston y en la Universidad de Georgia antes de unirse al Departamento de Psicología de la Universidad de Texas en Dallas. Ha sido miembro del consejo de redacción de las revistas Developmental Psychology y Child Development. Sus investigaciones sobre la custodia se citan y utilizan profusamente en los testimonios de testigos expertos para favorecer la flexibilidad y formas alternativas de enfocar las disputas sobre la custodia de los hijos. John también es autor de los siguientes textos publicados por McGrawHill: Child Development, 9.- edición; Life-Span Development, 8.a edición; y en español, Psicología de la Educación (2001), Infancia. Psicología del Desarrollo (2003).

Introducción
Hace algunos años se me ocurrió la idea de que, cuando yo era un adolescente, en los primeros años de la depresión, ¡no había adolescentes! Los adolescentes han entrado a hurtadillas en nuestras vidas y parece como si siempre hubieran estado ahí. Pero la adolescencia aún no se había inventado y todavía no existía esa clase especial de seres humanos, que en cierto sentido están a medio camino — no son niños ni tampoco, desde luego, adultos. 
P. MUSGROVE Escritor norteamericano, siglo X X .

LA JUVENTUD DE JEFFREY DAHMER Y ALICE WALKER

Jeffrey Dahmer tuvo una infancia y una adolescencia muy agitadas. Sus padres reñían constantemente hasta que se divorciaron. Su madre tenía problemas emocionales y lo pagaba con el hermano menor de Jeffrey. Jefrey sentía que su padre lo desatendía, y un niño abusó sexualmente de él cuando tenia 8 años. 
Pero la inmensa mayoría de las personas que tienen una infancia y una adolescencia muy duras nunca llegan a cometer los crímenes espeluznantes que cometió Dahmer entre los años setenta y noventa. Dahmer asesinó a su primera víctima en 1978 con una barra de pesas y después mató a 16 personas más. 
Una década antes de que Dahmer cometiera su primer asesinato, Alice Walker, quien posteriormente ganaría el Premio Pulitzer por su libro «El color púrpura», pasaba sus días luchando contra el racismo en Mississippi. Walker, la octava hija de una familia de aparceros de Georgia, conocía los brutales efectos de la pobreza. A pesar de lo mucho que tenía en su contra, se acabó convirtiendo en una novelista galardonada. 
Walker escribe sobre la gente que, en sus palabras, «lo consigue, se labra un destino a partir de la nada. Las personas que triunfan». ¿Qué es lo que lleva a un adolescente, tan prometedor, a cometer actos de violencia brutales y a otro a transformar la pobreza y los traumas en creatividad literaria? ¿Cómo podemos explicar que un adolescente sea capaz de recoger los pedazos de una vida destrozada por la tragedia, como la muerte de un ser querido, mientras que otro parece trastornarse ante los menores contratiempos de la vida? ¿Por qué algunos adolescentes son verdaderos torbellinos —tienen éxito en el instituto, muchos amigos y rebosan energía— mientras que otros se quedan al margen, como meros espectadores de la vida? Si se ha preguntado alguna vez qué es lo que mueve a los adolescentes, se ha formulado la principal pregunta que analizaremos en este libro.

PERSPECTIVA HISTÓRICA 
¿Cómo han sido los adolescentes a lo largo de la historia? ¿Cuándo se inició el estudio científico de la adolescencia? 

Antigüedad 
En la Antigua Grecia, tanto Platón como Aristóteles hicieron comentarios sobre la naturaleza de la juventud. Según Platón (siglo IV a. C), el razonamiento no es una característica propia de los niños, sino que aparece durante la adolescencia. Platón pensaba que los niños deberían invertir su tiempo en el deporte y la música, mientras que los adolescentes deberían estudiar ciencias y matemá­ ticas. Aristóteles (siglo IV a. C.) argumentó que el aspecto más importante de la adolescencia es la capacidad de elección y que esta autodeterminación se convierte en un sello distintivo de la madurez. 
El énfasis de Aristóteles en el desarrollo de la autodeterminación no difiere demasiado de algunos enfoques contemporáneos que consideran la independencia, la identidad y la elección de una profesión como los temas clave de la adolescencia. Aristóteles también señaló el egocentrismo de los adolescentes, comentando que éstos se creen que lo saben todo y además están bastante convencidos de ello.

En la Edad Media los niños y los adolescentes se consideraban adultos en miniatura y eran tratados con una disciplina férrea. En el siglo XVIII, el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau ofreció una visión más esperanzadora de la adolescencia, restableciendo la creencia de que ser un niño o un adolescente no es lo mismo que ser un adulto. 
Al igual que Platón, Rousseau creía que el razonamiento se desarrolla durante la adolescencia. Afirmó que en la educación de los niños de 12 a 15 años se debe fomentar sobre todo la curiosidad. Rousseau creía que entre los 15 y los 20 años se madura emocionalmente y el egoísmo es substituido por el interés por los demás. 
Por lo tanto, Rousseau contribuyó a restablecer la creencia de que el desarrollo tiene fases claramente delimitadas. Pero las ideas de Rousseau eran especulativas. Hasta principios del siglo XX no se empezó a estudiar científicamente la adolescencia.

El siglo xx 
Las postrimerías del siglo XIX y los primeros años del siglo XX fueron un importante período para la construcción del concepto que ahora denominamos adolescencia. Los cambios subsiguientes que experimentaron los adolescentes a medida que avanzaba el siglo XX también repercutieron considerablemente sobre sus vidas.

El cambio de siglo 
Entre 1890 y 1920, diversos psicólogos, reformadores urbanos, educadores, trabajadores y orientadores juveniles empezaron a dar forma al concepto de adolescencia. En aquel entonces, los jóvenes, sobre todo los de sexo masculino, ya no se veían como causantes de problemas, sino como seres cada vez más pasivos y vulnerables —cualidades que previamente sólo se habían asociado a las adolescentes de sexo femenino. La publicación en 1904 del libro de G. Stanley Hall sobre la adolescencia, comentado en el próximo apartado, desempeñó un gran papel en la reestructuración de las ideas sobre los adolescentes. Hall dijo que aunque algunos adolescentes aparentan pasividad están experimentando una gran confusión en su interior. Los educadores, orientadores y psicólogos empezaron a desarrollar normas de conducta para los adolescentes. La idea de «la tempestad y el estrés» de Hall influyó considerablemente sobre estas normas. Consecuentemente, los adultos intentaron imponer la conformidad y la pasividad en los adolescentes entre los años 1900 y 1920. Entre los ejemplos de este énfasis en la conformidad, se incluyen la potenciación del espíritu escolar, la lealtad y el culto al héroe en los equipos deportivos. 

G. Stanley Hall 
Los historiadores consideran a G. Stanley Hall (1844­ 1924) como el padre del estudio científico de la adolescencia. Las ideas de Hall se publicaron por primera vez en dos volúmenes titulados Adolescence en 1904. Hall estaba muy influido por Charles Darwin, el famoso teórico de la evolución. Hall aplicó las dimensiones científicas y biológicas de la teoría de Darwin al estudio del desarrollo adolescente.
Hall creía que el desarrollo está controlado por factores fisiológicos genéticamente determinados y que el ambiente desempeña un papel mínimo en el desarrollo, sobre todo durante los primeros años de vida. Sin embargo, admitió que el ambiente permite explicar más cambios en el desarrollo durante la adolescencia que en períodos evolutivos previos. Así que, por lo menos en lo que se refiere a la adolescencia, Hall creía — como pensamos en la actualidad— que la herencia interactúa con las influencias ambientales para determinar el desarrollo del individuo. Según Hall, la adolescencia es el período comprendido entre los 13 y los 23 años de edad y se caracteriza por la tempestad y el estrés.

El enfoque de la tempestad y el estrés es la idea de Hall de que la adolescencia es una etapa turbulenta dominada por los conflictos y los cambios anímicos. Hall tomó prestada la expresión de tempestad y estrés de las descripciones de «strum und drang» de los autores alemanes, como Goethe y Schiller, que escribieron novelas que rebosaban idealismo, compromiso con las metas, pasión, sentimiento y revolución. Hall consideraba que había un gran paralelismo entre los temas tratados por los autores alemanes y el desarrollo psicoló­ gico de los adolescentes. 

Según Hall, las ideas, sentimientos y acciones de los adolescentes oscilan entre la vanidad y la humildad, el bien y la tentación, la alegría y la tristeza. Un adolescente puede ser desagradable con un compañero de clase en un momento dado y amable inmediatamente después. En un momento dado, un adolescente puede querer estar solo y, al cabo de pocos segundos, buscar compañía. Hall fue un genio en el campo de la adolescencia. Fue el primero en empezar a teorizar, sistematizar y cuestionar más allá de la mera especulación filosófica. De hecho, a Hall le debemos el inicio del estudio científico del desarrollo adolescente.

El enfoque socio cultural de Margaret Mead 
La antropóloga Margaret Mead (1928) estudió a los adolescentes de la isla de Samoa, situada en el Pacífico Sur. Esta autora concluyó que la naturaleza básica de la adolescencia no era biológica, como había apuntado Hall, sino más bien sociocultural. Además argumentó que cuando la cultura permite hacer una transición suave y gradual entre la infancia y la etapa adulta, que es el modo en que se enfoca la adolescencia en Samoa, este período se asocia a escasas turbulencias. 

Mead concluyó que las culturas que permiten que los adolescentes presencien las relaciones sexuales y cómo nacen los bebés, vean la muerte como algo natural, realicen tareas importantes, participen en juegos sexuales y sepan claramente en qué consistirán sus roles como adultos fomentan una adolescencia relativamente exenta de estrés. 
Sin embargo, en culturas como las occidentales, donde se establece una separación tajante entre niños y adultos y la adolescencia no se asocia a las experiencias que acabamos de mencionar, hay muchas más probabilidades de que esta etapa se viva de forma tormentosa. 

Más de medio siglo después de su publicación, los trabajos de Margaret Mead fueron criticados como sesgados y plagados de errores (Freeman, 1983). Las críticas actuales también afirman que en Samoa la adolescencia es más estresante de lo que señaló Mead y que la delincuencia aparece entre los adolescentes de Samoa igual que entre los adolescentes occidentales. 
En la actual controversia sobre los hallazgos de Mead, algunos investigadores han defendido el trabajo de esta autora (Holmes, 1987). 

La construcción social de la adolescencia 
A pesar de que la adolescencia tiene una base biológica, como creía G. Stanley Hall, también tiene una base sociohistórica, como afirmaba Margaret Mead. De hecho, las condiciones sociohistóricas contribuyeron a la emergencia del concepto de adolescencia. En la cita que abre este capítulo, P. Musgrove comenta que los adolescentes han entrado a hurtadillas en nuestras vidas. En un momento no demasiado alejado de la historia, la adolescencia todavía no se había inventado. 

La construcción social de la adolescencia postula que es una creación sociohistórica. En este enfoque desempeñaron un papel fundamental las circunstancias sociohistóricas que convergieron a principios del siglo XX, un momento en el que se promulgaron leyes que aseguraban la dependencia de los jóvenes, relegándolos a una esfera económica más manejable. 

Comentamos muchas de esas circunstancias sociohistóricas en nuestro repaso general de los antecedentes históricos de la adolescencia. Esas circunstancias incluyen la reducción del régimen de aprendices; el incremento de la mecanización durante la Revolución Industrial, que a su vez requirió mano de obra más cualificada y una división especializada del trabajo; la separación entre el trabajo y la vida familiar; los escritos de G. Stanley Hall; la aparición de grupos juveniles, como los YMCA y los Boy Scouts; y los centros de enseñanza segregados por grupos de edad. Los centros educativos, el trabajo y la economía son dimensiones importantes de la construcción social de la adolescencia (Eider, 1975; Fasick, 1994; Lapsley, Enright y Serlin, 1985).

Algunos expertos en adolescencia sostienen que la construcción del concepto de adolescencia fue un efecto colateral del intento de crear un sistema obligatorio de educación pública. Según este punto de vista, la función de la enseñanza secundaria es transmitir habilidades intelectuales a los jóvenes.
Sin embargo, otros expertos defienden que el principal objetivo de los centros de enseñanza secundaria es ubicar a la juventud dentro de la esfera económica y actuar a modo de trampolín para que se incorporen a la estructura de autoridad de la cultura (Lapsley, Enright y Serlin, 1985). Según este enfoque, las sociedades occidentales «concedieron» el estatus de adolescentes a los jóvenes promulgando leyes de protección al menor. Al dictar este tipo de leyes, la estructura de poder de los adultos colocó a los jóvenes en una posición de sumisión que restringía sus opiniones y fomentaba su dependencia, relegándolos a una esfera económica más manejable. 


Los historiadores se refieren al período comprendido entre 1890 y 1920 como la «edad de la adolescencia» porque creen que fue durante estos años cuando se inventó el concepto de adolescencia. En este período se promulgaron muchas leyes obligatorias relacionadas con los jóvenes. Prácticamente en todos los países occidentales se dictaron leyes que excluían a los jóvenes de la mayoría de empleos y les obligaban a asistir a centros de educación secundaria.
La mayoría de estas leyes incluían amplias medidas de aplicación. Estos cambios legislativos trajeron consigo dos consecuencias evidentes: la disminución del empleo juvenil y el incremento de las tasas de asistencia de los jóvenes a los centros educativos. 

Entre 1910 y 1930, la cantidad de adolescentes de 10 a 15 años que tenían un trabajo remunerado descendió aproximadamente en un 75 por 100. Además, entre 1900 y 1930 la cantidad de alumnos que completaban el bachillerato aumentó considerablemente. En este período de 30 años, en Estados Unidos, terminaron el bachillerato aproximadamente un 600 por 100 más de adolescentes que en el período inmediatamente anterior. 

Un análisis del contenido de la revista más antigua sobre Psicología del Desarrollo que todavía se sigue publicando (Journal o f Genetic Psychology —anteriormente denominada Pedagogical Seminary) proporcionó pruebas adicionales sobre el papel que desempeñó la Historia en la percepción de los adolescentes (Enright et al., 1987). En este trabajo se evaluaron cuatro períodos históricos —la depresión de la década de 1890, la depresión del 29 y las dos guerras mundiales—. Durante los períodos de depresión predominaron los escritos sobre la inmadurez psicológica de los jóvenes y sus necesidades educativas. Sin embargo, durante las dos guerras mundiales no se describió a los adolescentes como inmaduros, sino que se recalcó su importancia como reclutas y empleados de las fábricas.

Cambios duran te el siglo xx 
En las tres décadas comprendidas entre 1920 y 1950, los adolescentes adquirieron un estatus más prominente conforme iban experimentando una serie de cambios complejos. La vida de los adolescentes dio un giro a mejor en los años veinte, pero atravesó momentos difíciles durante los años treinta y cuarenta. En la década de 1920, la atmósfera optimista de los alocados años veinte influyó sobre los adolescentes. La pasividad y la conformidad con los dictados de los adultos dieron paso al incremento de la autonomía y a la conformidad con los valores del grupo.
Los adultos empezaron a imitar el estilo de vida de los jóvenes, en lugar de al revés. Si se ponía de moda un nuevo baile, la hija adolescente era la que lo bailaba primero y su madre lo aprendía de ella. En Norteamérica, en muchos estados estaba prohibido beber, pero muchos adolescentes bebían considerablemente. Irrumpieron actitudes sexualmente más permisivas y las fiestas de besos se pusieron a la orden del día. Las minifaldas provocaron incluso una campaña por parte de la YMCA contra un comportamiento tan «anormal». Justo cuando la adolescencia estaba empezando a ser divertida, llegó la depresión del 29, seguida de la Segunda Guerra Mundial en los años cuarenta. Las graves preocupaciones económicas y políticas sustituyeron a los valores hedonísticos de los adolescentes de los años veinte. 

Durante la década de 1930 en Estados Unidos creció la cantidad de grupos radicales de protesta que criticaban la labor del gobierno, y la Segunda Guerra Mundial puso en peligro la vida de muchos adolescentes. El servicio militar dio pie a que los jóvenes viajaran y entraran en contacto con personas de otros lugares. Esta experiencia favoreció la adquisición de una perspectiva más amplia sobre la vida y un mayor sentido de independencia. En los años cincuenta, el período evolutivo que conocemos como adolescencia había alcanzado la mayoría de edad —no sólo poseía una identidad física y social, sino que también recibía un tratamiento legal especial. Muchos países occidentales habían desarrollado leyes especiales para los jóvenes comprendidos entre los 16 y los 18 o 20 años de edad. 

Los adolescentes de los años cincuenta se han descrito como la generación silenciosa. La vida era mucho mejor para los adolescentes de esta década que para los que habían vivido durante los años treinta y cuarenta. El gobierno de los Estados Unidos pagaba los estudios universitarios a muchos jóvenes con los presupuestos generales del estado y la televisión empezaba a invadir los hogares. Estudiar una carrera universitaria, la clave para encontrar un buen empleo, estaba en la mente de muchos adolescentes en la década de 1950 —al igual que casarse, formar una familia y establecerse para poder acceder a la vida llena de lujos que mostraban los anuncios televisivos. Aunque la meta de tener una educación superior persistió entre los adolescentes norteamericanos de los años sesenta, se hizo tristemente evidente que a muchos adolescentes afroamericanos no sólo se les negaba una educación universitaria, sino que también recibían una enseñanza secundaria de menos calidad. 

Los conflictos étnicos, en forma de disturbios y sentadas, estaban a la orden del día, y los adolescentes en edad universitaria protagonizaban la mayoría de ellos. Las protestas políticas de los adolescentes alcanzaron su máxima expresión a finales de los años sesenta y principios de los setenta, cuando millones de adolescentes reaccionaron violentamente ante lo que percibieron como la participación inmoral de Estados Unidos en la Guerra del Vietnam. Cuando en el año 1968 los padres norteamericanos presenciaron la famosa Convención Democrá­tica, no sólo vieron discursos políticos en apoyo de los candidatos sino también a sus hijos adolescentes peleándose con la policía, gritando obscenidades y protagonizado sentadas. En la década de 1960 a los padres les preocupaba más el consumo y el abuso de las drogas de sus hijos adolescentes que en épocas anteriores. Y también aumentó la permisividad sexual, que incluía las relaciones sexuales prematrimoniales, la cohabitación y la aprobación de conductas sexuales antes prohibidas. 

A mediados de los años setenta, la mayor parte de la protesta radical de los adolescentes se había esfumado, dando paso a una mayor preocupación por labrarse un futuro profesional, trabajando mucho en el instituto, la universidad o las escuelas de artes y. oficios. Los intereses materiales empezaron a dominar las motivaciones de los adolescentes, mientras las reivindicaciones ideológicas contra las instituciones sociales iban perdiendo intensidad. Las protestas de los años setenta también implicaron el movimiento por la liberación de las mujeres.
Las descripciones de los adolescentes de épocas anteriores se referían prioritariamente a jóvenes de sexo masculino. Los objetivos profesionales y familiares de las adolescentes de hoy en día coincidirían en muy poco con los de las adolescentes de las décadas de 1890 y 1900. Durante muchos años, distintas barreras impidieron que muchas mujeres y miembros de minorías étnicas entraran en el ámbito de estudio del desarrollo adolescente. Las mujeres y los miembros de minorías étnicas que obtenían el título de doctores tenían que esforzarse mucho y superar muchas dificultades. Una de las mujeres pioneras en este campo fue Leta Hollingworth, que llevó a cabo importantes investigaciones sobre desarrollo adolescente, retraso mental y niños superdotados. 

Entre los psicólogos afroamericanos pioneros cabe destacar a Kenneth y Mamie Clark, que estudiaron la autoestima de los niños afroamericanos (Clark & Clark, 1939). Y en 1932, George Sánchez documentó la existencia de sesgos culturales en los tests de inteligencia para niños y adolescentes.


a) Los alocados años veinte fueron un período en el que los adolescentes empezaron a comportarse de una forma más permisiva. Los adultos empezaron a imitar los estilos de los jóvenes. El consumo de alcohol creció considerablemente entre los adolescentes, b) En los años cuarenta muchos jóvenes participaron en la Segunda Guerra Mundial. El servicio militar expuso a muchos adolescentes a circunstancias que pusieron en peligro sus vidas y les permitieron entrar en contacto directo con personas de otros lugares, c) En los años cincuenta los objetivos de muchos jó­ venes se orientaron más hacia la educación. La televisión entró en muchos hogares. Uno de los entretenimientos que estaban de moda en los años cincuenta, como se ve en esta fotografía, consistía en comprobar cuánta gente podía meterse en una cabina telefónica, d) En los años sesenta muchos jóvenes protestaron contra la participación de los Estados Unidos en la Guerra del Vietnam. Los padres se empezaron a preocupar más por el consumo de drogas de sus hijos adolescentes, e) A partir de los años setenta, gran parte de las protestas radicales de los jóvenes se atemperaron. Los adolescentes de hoy en día están más orientados hacia la motivación de logro y es más probable que tengan trabajos remunerados, desempeñen roles adultos antes, muestren un mayor interés por la igualdad entre sexos y estén muy influidos por los medios de comunicación. 

Hasta este momento hemos descrito algunas circunstancias sociohistóricas importantes que han experimentado los adolescentes a lo largo de la historia y hemos evaluado cómo la sociedad ha visto a los adolescentes en distintos momentos históricos. A continuación analizaremos por qué es necesario ser precavido a la hora de generalizar sobre los adolescentes en cualquier área.

Estereotipos sobre los adolescentes 
Es fácil estereotipar a una persona, grupo o clase de personas. Un estereotipo es una categoría amplia que refleja nuestras impresiones y creencias sobre la gente. Todos los estereotipos se refieren a una imagen de cómo es un miembro típico de un grupo en particular. 

Vivimos en un mundo complejo e intentamos simplificar su complejidad. Una forma de conseguirlo es creando estereotipos sobre la gente. Simplemente asignamos una etiqueta a un grupo de personas —por ejemplo, decimos que los jóvenes son promiscuos—. 

Así, simplificamos las cosas cuando pensamos en este grupo de personas. Una vez asignamos un estereotipo, es difícil abandonarlo, incluso aunque encontremos indicios contradictorios. Los estereotipos sobre la adolescencia son innumerables: «Dicen que quieren trabajar, pero cuando encuentran un trabajo, no quieren pegar golpe»; «Son todos unos vagos»; «Todos se lían con todos»; «Se drogan todos, no se salva ninguno»; «Los chicos de hoy en día no tienen la moral de mi generación»; «El problema de los adolescentes de hoy en día es que lo tienen todo demasiado fá­cil»; «Son el colmo del egoísmo»; y un largo etcétera. Hay que reconocer que durante la mayor parte del siglo xx los adolescentes han sido descritos como personas anormales y pervertidas más que como normales y sanas.

Recuérdese la propuesta de Hall sobre de la tempestad y el estrés. Consideremos también la imagen de los adolescentes que difunden los medios de comunicación, como seres rebeldes, conflictivos, caprichosos, delincuentes y egocéntricos —Rebelde sin causa a finales de los años cincuenta, y Easy Rider en los sesenta, por ejemplo— . 

Consideremos también la imagen de los adolescentes como perturbados y estresados que se da en las películas Dieciséis velas y El club del desayuno, en los años ochenta, y en Boyz N the Hood, en los noventa. Esta tendencia a estereotipar a los adolescentes está tan extendida que el investigador Joseph Adelson (1979) se refirió a ella como la brecha de la generalización sobre la adolescencia, refiriéndose a que se han desarrollado generalizaciones ampliamente extendidas sobre los adolescentes basadas en una información ^ fragmentaria sobre un grupo limitado y a menudo muy visible de adolescentes. 

Una visión positiva de la adolescencia 
Se ha abusado mucho del estereotipo negativo de la adolescencia (Howe y Strauss, 2000; Stepp, 2000). En un estudio transcultural llevado a cabo por Daniel Offer y sus colaboradores (1988) no se pudo verificar esta visión negativa de la adolescencia. Se analizó la propia imagen que los adolescentes tienen de si mismos en distintas partes del mundo —Estados Unidos, Australia, Bangladesh, Hungría, Israel, Italia, Japón, Taiwan, Turquía y Alemania Occidental. Se constató que por lo menos el 73 por 100 de los adolescentes estudiados tenían una imagen positiva de si mismos. Estaban avanzando hacia la etapa adulta con una integración sana de las experiencias previas, con confianza en sí mismos y optimismo sobre el futuro. Aunque había diferencias entre ellos, estaban contentos la mayor parte del tiempo, disfrutaban de la vida, se experimentaban a sí mismos como capaces de ejercer autocontrol, valoraban el trabajo escolar, expresaban seguridad en su identidad sexual, tenían sentimientos positivos hacia sus familias y se sentían capaces de afrontar el estrés de la vida —lo que no encaja demasiado con la imagen de la adolescencia como una etapa de estrés y tempestad. 

Querer que te valoren 
«Muchas veces a los adolescentes se nos percibe como un problema del que nadie quiere hacerse cargo. A veces la gente se siente intimidada y reacciona con hostilidad cuando intentamos desafiar su autoridad. Lo interpretan como una falta de respeto. A los adolescentes no se nos valora ni se nos trata como pensadores innovadores que seremos los dirigentes del mañana. Los adultos tienen en sus manos la facultad de enseñar a la generación más joven y trasmitirnos el mensaje de que tenemos un papel importante en el mundo.» Zula , 16 años Brooklyn, Nueva York 

Viejos siglos y nuevos siglos 
Lamentablemente, siguiendo las ideas de G. Stanley Hall en los Estados Unidos y las procedentes de otros países occidentales, la adolescencia se ha percibido durante la mayor parte el siglo XX como una etapa problemática del ciclo vital que los jóvenes, sus familias y la sociedad tenían que soportar. Pero, como indica el estudio que acabamos de comentar, la gran mayoría de los adolescentes no se sienten tan alterados ni tienen tantos problemas como sugiere el estereotipo popular sobre la adolescencia. Los cambios de siglo tienen la propiedad de estimular reflexiones sobre cómo han sido las cosas e ideas sobre cómo podrían o deberían ser. 

Tanto en el ámbito de la psicología general como en el ámbito concreto del desarrollo adolescente, esto ha implicado volver la vista atrás, contemplando un siglo en el que el campo de la psicología se había vuelto demasiado negativo (Larson, 2000; Santrock, 2003; Seligma y Csikszentmihalyi, 2000). La psicología se había convertido en una ciencia marcadamente pesimista en la que se solía caracterizar a la gente como pasiva o victimizada. Ahora se reivindica centrar el foco de atención en la cara positiva de la psicología y poner mayor énfasis en temas como la esperanza, el optimismo, los rasgos individuales, la creatividad y los valores grupales y cívicos positivos, tales como la responsabilidad, la educación, el civismo y la tolerancia. 

Como hemos visto antes, en el ámbito concreto del desarrollo adolescente, a principios del siglo XX G. Stanley Hall (1904) propuso un enfoque negativo de la adolescencia, caracterizado por la tempestad y el estrés, que influyó considerablemente sobre la forma de concebir la adolescencia durante la mayor parte del siglo. Ahora, a principios del siglo XXI, nos damos cuenta de que durante el siglo XX los adolescentes se estereotiparon demasiado negativamente.

Recuerdos y percepciones generacionales 
Las percepciones que tienen los adultos sobre los adolescentes son el resultado de la combinación de sus propias experiencias personales y de la imagen que difunden los medios de comunicación, ninguna de las cuales produce una visión objetiva de cómo se desarrollan normalmente los adolescentes (Feldman y Elliott, 1990). En gran parte, la facilidad con que los adultos asumen lo peor sobre los adolescentes probablemente se debe a que tienen mala memoria. Muchos adultos perciben a los adolescentes de hoy en día como más problemáticos, menos respetuosos, más egocéntricos, más asertivos y más aventureros de lo que fueron ellos en su juventud. 

Sin embargo, en lo que se refiere a gustos y modos de comportarse, los jóvenes de cada generación siempre han parecido radicales, desconcertantes y diferentes a los adultos —en lo que se refiere al aspecto, el comportamiento, los gustos musicales, el corte de pelo y el vestuario. Es un error garrafal confundir el entusiasmo propio de los adolescentes por probar nuevas identidades y disfrutar de dosis moderadas de comportamientos escandalosos con la hostilidad contra los estándares paternos y de la sociedad en general. El hecho de revelarse y de poner a prueba los límites son formas consagradas de avanzar hacia la aceptación, en vez de hacia el rechazo, de los valores paternos. Hasta este punto hemos examinado muchas ideas sobre la perspectiva histórica de la adolescencia. El siguiente repaso le ayudará a alcanzar los objetivos de aprendizaje relacionados con este tema.

Para tu revisión 
Objetivo de aprendizaje 1 
Explicar la perspectiva histórica sobre la adolescencia. 
Platón dijo que el razonamiento se empieza a desarrollar durante la adolescencia y Aristóteles sostuvo que la autodeterminación es el sello distintivo de la adolecencia. En la Edad Media el conocimiento sobre la adolescencia dio un paso hacia atrás: los niños se consideraban como adultos en miniatura, ignorándose las transforma ciones evolutivas propias de la adolescencia. Rousseau planteó una visión más esperanzadora de la adolescencia, incluyendo el énfasis en las fases del desarrollo. 

Entre 1890 y 1920, una serie de psicólogos, reformadores urbanos y otros profesionales empezaron a dar forma al concepto de adolescencia. 
G. Stanley Hall se considera el padre del estudio científico de la adolescencia. En 1904 propuso el enfoque de la tempestad y el estrés, que enfatizaba las bases biológicas. 
Contrastando con la propuesta de Hall, Margaret Mead defendió una interpretación sociocultural de la adolescencia. Según la construcción social de la adolescencia, ésta es una invención sociohistórica. A principios del siglo xx se promulgaron leyes que aseguraban la dependencia de los adolescentes y retrasaban su entrada en el mundo laboral. 
Entre 1900 y 1930 creció en un 600 por ciento la cantidad de estudiantes norteamericanos que completaron la enseñanza secundaria. Entre 1920 y 1950 los adolescentes adquirieron un lugar más prominente en la sociedad. Las barreras sociales determinaron que el ámbito de estudio del desarrollo adolescente estuviera vetado para muchas personas pertenecientes a minorías étnicas y para muchas mujeres a principios y mediados del siglo xx. Leta Hollingworth fue una mujer pionera, y Kenneth y Mamie Clark y George Sánchez fueron miembros de minorías étnicas pioneros en el estudio de los adolescentes.

Objetivo de aprendizaje 2 
Comentar la tendencia a estereotipar a los adolescentes y presentar una visión positiva de la adolescencia. 
• En todas las épocas históricas se ha tendido a estereotipar negativamente a los adolescentes. 
• Joseph Adelson introdujo el concepto de «brecha de la generalización sobre la adolescencia», que sostiene que las generalizaciones ampliamente extendidas sobre los adolescentes suelen estar basadas en un conjunto limitado y muy visible de adolescentes. 
• Los adolescentes se han percibido de forma negativa durante demasiado tiempo. Las investigaciones muestran que un considerable número de adolescentes de distintas partes del mundo tienen una autoestima positiva. La mayoría de los adolescentes no son muy conflictivos sino que están buscando su identidad.

LOS ADOLESCENTES DE HOY EN DÍA 
Después de explorar la perspectiva histórica sobre la adolescencia y la tendencia a estereotipar a los adolescentes, analizaremos ahora su estatus actual.

El estatus actual de los adolescentes 
En muchos sentidos, éste es el mejor y el peor momento para los adolescentes. Su mundo les ofrece posibilidades y perspectivas que eran inconcebibles hace un siglo: ordenadores; mayor esperanza de vida; accesibilidad a todo el planeta a través de la televisión, los satélites y los viajes. Después de estudiar la forma en que se ha concebido la adolescencia a lo largo de la historia, nos centraremos en los adolescentes de hoy en día.
Nuestra exposición se focalizará específicamente en cómo se caracterizan los adolescentes en lo que se refiere a la heterogeneidad y a la diversidad. Sin embargo, hoy en día, las tentaciones y peligros del mundo adulto llegan a los niños y a los adolescentes tan pronto que con frecuencia no están preparados cognitiva y emocionalmente para asimilarlas de forma eficaz.

Por ejemplo, el crack es mucho más adictivo que la marihuana, la droga de la generación anterior. Extraños fragmentos de violencia y sexo emergen de los televisores y se instalan en las mentes de los jóvenes. Los mensajes son impactantes y contradictorios. Los vídeos de rock sugieren sexo orgiástico, mientras que los funcionarios de la salud pública aconsejan el sexo seguro. 

Los presentadores de programas sensacionalistas difunden reportajes sobre drogas exóticas y asesinos en serie. La televisión proyecta una versión distorsionada de la realidad en la imaginación de muchos adolescentes. Todas las sociedades estables transmiten valores entre generaciones consecutivas. Ésa es la función de la civilización. En el mundo actual una de las principales preocupaciones es el tipo de valores que estamos transmitiendo a los adolescentes. Hace sólo medio siglo, dos de cada tres familias estaban integradas por un padre, que era el que traía el pan a casa, una madre y sus hijos, niños y/o adolescentes.

En la actualidad, menos de una de cada cinco familias encaja en esta descripción. La ausencia es una constante en la vida de muchos adolescentes actuales —ausencia de autoridad, ausencia de límites, ausencia de implicación y de apoyo emocional (Morrow, 1988). En muchos sentidos, los adolescentes de hoy en día se encuentran con un entorno mucho menos estable que los adolescentes de hace varias décadas (Weissberg y Greenberg, 1998). Los elevados índices de divorcio y de embarazo adolescente y la mayor movilidad geográfica de las familias contribuyen a esta falta de estabilidad. 

Los índices de consumo de drogas entre los adolescentes han crecido en los países industrializados, con los Estados Unidos a la cabeza. De todos modos, crecer nunca ha sido fácil. En muchos sentidos, las tareas evolutivas de los adolescentes de hoy en día no difieren de las de los adolescentes de los años cincuenta. La adolescencia no es una etapa de rebelión, crisis, patología y desviación para la gran mayoría de jóvenes.

Una visión mucho más acertada de la adolescencia es la que la describe como un período de evaluación, toma de decisiones, asunción de compromisos y búsqueda de un lugar en el mundo. En nuestra exposición, hemos pasado por alto un aspecto muy importante de los adolescentes. No son un grupo homogéneo. La mayoría de adolescentes recorren eficazmente el largo camino hacia la madurez propia de la etapa adulta, pero una minoría nada despreciable no lo consigue. Las diferencias socioeconómicas, étnicas, culturales, de género, de edad y de estilo de vida influyen sobre la trayectoria evolutiva de los adolescentes.

Un área de especial interés en el estudio de los adolescentes es cómo los contextos influyen sobre su desarrollo (Bronfenbrenner, 2000; Eccles, 2001; Lerner, 2000). Los contextos son los entornos donde tiene lugar el desarrollo; estos entornos están influidos por factores históricos, económicos, sociales y culturales. Para comprobar lo importantes que son los contextos para entender el desarrollo adolescente, supongamos que un investigador quiere dilucidar si los adolescentes actuales son racialmente más tolerantes que los adolescentes de hace una o dos décadas.
Sin tener en cuenta los aspectos históricos, económicos, sociales y culturales de las relaciones raciales, la tolerancia racial de los adolescentes no se podrá entender en su totalidad. El desarrollo de todo adolescente ocurre sobre un telón de fondo cultural en el que están implicados múltiples contextos (McLoyd, 1998, 2000). Estos contextos o entornos incluyen a las familias, otros chicos de su edad, los centros de enseñanza, las iglesias, los vecindarios, los municipios, los laboratorios universitarios, los Estados Unidos, China, México, Egipto y muchos otros, cada uno de los cuales posee un legado histórico, económico, social y cultural lleno de significado. En este libro, los contextos recibirán una atención especial
La tercera parte está dedicada íntegramente a los contextos, con capítulos separados sobre las familias, los compañeros, los centros educativos y la cultura. Como veremos a continuación, algunos expertos argumentan que la política social de los países occidentales debería poner mayor énfasis en mejorar los contextos donde se desarrollan los adolescentes. 

Política social y desarrollo adolescente 
La política social incluye el conjunto de decisiones de un gobierno diseñadas para influir sobre el bienestar de los ciudadanos. Una tendencia actual consiste en realizar investigaciones sobre desarrollo adolescente que permitan tomar decisiones acertadas en el ámbito de la política social (Bogenschneider, 2002; Carlson y McLanahan, 2002; Edelman, 1977; Ferber, 2002; Lerner, Fisher y Weinberg, 2000; Shonkoff, 2000). Debido a que en los Estados Unidos más del 20 por 100 de los adolescentes actuales tienen hijos, el uso y el abuso de las drogas está a la orden del día entre los adolescentes y el fantasma del sida se está extendiendo, este país necesita revisar la política social relacionada con los adolescentes. Marian Wright Edelman, presidenta del Children Defense Fund, ha sido una incansable defensora de los derechos de los niños. 

El punto de vista de los adolescentes
La tierra donde se desvanecen los sueños 
Estamos en el año 2054 El mundo está maldito La gente ya no pasea por las calles Las mujeres ya no llevan bolsos El nombre del juego es sobrevivir ahora La seguridad es un recuerdo del pasado Las familias son enormes, con muchos hijos Con la esperanza de que alguno llegue a mayor Las drogas ya no están mal vistas Son una forma de vida Nos ayudan a huir del insoportable estrés De este mundo en incesante lucha Me despierto —sólo era un sueño Pero el mensaje era terriblemente claro Mejor pensamos detenidamente en el futuro Antes de que nuestras metas y nuestros sueños se desvanezcan Jessica Inglis , 16 años.

A Edelman (1997) le parecen especialmente preocupantes los indicadores de falta de protección social que colocan a los Estados Unidos en, o cerca de, la cola de los países industrializados en el tratamiento que reciben los niños y los adolescentes. Edelman afirma que educar y cuidar a la próxima generación de niños y adolescentes es la función más importante de una sociedad y que nos tenemos que tomar esta tarea más en serio que en el pasado. Apunta que actualmente oímos muchas cosas en boca de los políticos sobre «valores familiares», pero, cuando examinamos las políticas familiares de nuestros gobiernos, comprobamos que no reflejan las palabras de los políticos.
Edelman sostiene que necesitamos un mejor sistema de asistencia sanitaria para las familias, más centros de enseñanza y vecindarios más seguros, una mejor educación para los padres y mejores programas de apoyo a la familia. ¿Quién debería beneficiarse de los recursos del gobierno para mejorar el bienestar social? ¿Los niños? ¿Los adolescentes? ¿Sus padres? ¿Los ancianos? La injusticia generacional es el tratamiento injusto de los miembros más jóvenes de una sociedad envejecida en la que las personas mayores tienen muchas ventajas, recibiendo cantidades desproporcionadamente elevadas de recursos, como la seguridad social y la asistencia médica.

La injusticia generacional nos lleva a formulamos preguntas como si los jóvenes deberían pagar por las personas mayores y si una población anciana «privilegiada» está utilizando recursos que deberían revertir sobre los niños y adolescentes con desventajas. 
La idea es que en muchos países industrializados las personas mayores son privilegiadas porque tienen pensiones que paga el gobierno, asistencia sanitaria, bonos para adquirir alimentos, subsidios para pagar la vivienda, ventajas fiscales y otros beneficios de los que carecen los grupos más jóvenes.
Mientras van aumentando los servicios para las personas mayores, el porcentaje de niños y adolescentes que viven en la pobreza también va en aumento. Los adolescentes han sido especialmente desatendidos por muchos gobiernos. Bernice Neugarten (1988) afirma que el problema no se debería considerar como un caso de injusticia generacional, sino más bien como una importante deficiencia de nuestras políticas económicas y sociales globales. Ella cree que deberíamos desarrollar un espíritu de apoyo para ampliar el abanico de oportunidades disponibles para todos los miembros de la sociedad. 

También es importante tener en cuenta que los niños de hoy serán los adultos del mañana y que también se beneficiarán de los esfuerzos de sus hijos. Si no existiera un sistema de Seguridad Social, en muchas ocasiones los adultos tendrían que hacerse cargo de sus padres ancianos, lo que reduciría su capacidad para invertir recursos en educar a sus propios hijos (Schaie, 2000). En el siglo XXI, el bienestar de los adolescentes debería ser una de las principales preocupaciones en todos los países industrializados.

El futuro de nuestra juventud es el futuro de nuestra sociedad. 
Los adolescentes que no desarrollen plenamente su potencial, que hagan menos contribuciones a la sociedad de las necesarias y que no ocupen el lugar que deberían ocupar como adultos productivos ensombrecen el futuro de nuestra sociedad. En un esfuerzo reciente por aprehender lo que se necesita para fomentar un desarrollo adolescente más positivo, Redd Larson (2000) señaló que los adolescentes necesitan más oportunidades para desarrollar la capacidad de iniciativa.
Esto implica ser capaz de automotivarse y esforzarse para alcanzar metas desafiantes. A menudo los adolescentes se encuentran aburridos de la vida. Larson considera que las actividades estructuradas de carácter voluntario, como el deporte, el arte y la participación en organizaciones son contextos importantes para contrarrestar este aburrimiento y ayudar a los adolescentes a desarrollar más su iniciativa. Hasta este punto, hemos analizado muchas ideas sobre los adolescentes de hoy en día. El siguiente repaso le ayudará a alcanzar los objetivos de aprendizaje relacionados con este tema.

Objetivo de aprendizaje 3
 Evaluar a los adolescentes de hoy en día. 
• Los adolescentes son un grupo heterogéneo. Aunque la gran mayoría de ellos realiza eficazmente la Iranskion de la infancia a la etapa adulta, un porcentaje nada despreciable no lo consigue y no tiene el apoyo ni las oportunidades adecuadas. Podemos caracterizar a los adolescentes de muchas formas distintas, dependiendo del grupo particular de adolescentes que describamos. 
• Los contextos, los ambientes donde tiene lugar el desarrollo, desempeñan un papel importante en el desarrollo adolescente. Estos contextos incluyen las familias, los compañeros, los centros de enseñanza y la cultura. 
• La política social incluye el conjunto de decisiones adoptadas por un gobierno para influir sobre el bienestar de los ciudadanos. La política social relacionada con los adolescentes de muchos países industrializados debería revisarse para mejorar los ser vicios destinados a los jóvenes. 
• Algunos expertos consideran que los adolescentes son un grupo de edad que ha sido desatendido por los gobiernos y que hemos llegado a una situación de injusticia generacional, en la que un porcentaje desproporcionadamente elevado del apoyo gubernamental va dirigido a las personas mayores. 

Hasta este punto del capítulo hemos explorado la forma en que se ha percibido la adolescencia a lo largo de la historia y los adolescentes de hoy en día. A continuación, estudiaremos la naturaleza del desarrollo.

LA NATURALEZA DEL DESARROLLO 
En cierto modo, cada uno de nosotros nos desarrollamos como cualquier individuo, como algunos individuos, y como ningún otro individuo. La mayor parte del tiempo centramos nuestra atención en nuestra exclusividad individual, pero los investigadores que estudian el desarrollo se interesan tanto por nuestras características únicas como por las que compartimos con otros individuos. Como seres humanos, todos y cada uno de nosotros recorremos un trayecto común. Cada uno de nosotros —Leonardo Da Vinci, Juana de Arco, George Washington, Martin Luther King, usted y yo— empezamos a andar aproximadamente cuando teníamos un año, hablamos a los dos años, nos implicamos en juegos simbólicos durante la primera infancia y adquirimos mayor independencia durante la juventud. ¿A qué nos referimos cuando hablamos sobre el desarrollo de un individuo? El desarrollo es el patrón de cambios que se inicia con la concepción y continúa a lo largo de todo el ciclo vital. La mayor parte del desarrollo implica crecimiento, pero también decadencia (como en la muerte y el envejecimiento). Se trata de un patrón complejo porque es el producto de varios procesos.

Procesos y períodos 
El desarrollo adolescente está determinado por procesos biológicos, cognitivos y socioemocionales. El desarrollo se suele describir por períodos. 

Procesos biológicos, cognitivos y socioemocionales 
Los procesos biológicos implican cambios físicos en el cuerpo de un individuo. Los genes heredados de los padres, el desarrollo del cerebro, el aumento de peso y de estatura, las habilidades motoras y los cambios hormonales de la pubertad, todos ellos reflejan el papel que desempeñan los procesos biológicos en el desarrollo adolescente. Los procesos biológicos y el desarrollo físico se exponen extensamente en el Capítulo 3.
Los procesos cognitivos implican cambios en el pensamiento y la inteligencia de un individuo. Memorizar un poema, resolver un problema de matemáticas e imaginarse cómo sería convertirse en una estrella de cine reflejan el papel que desempeñan los procesos cognitivos en el desarrollo adolescente. En los Capítulos 4 y 5 analizaremos detalladamente los procesos cognitivos. 

Los procesos socioemocionales implican cambios en las relaciones de un individuo con otras personas, las emociones, la personalidad y el papel que desempeñan los contextos sociales en el desarrollo. Contestar a los padres, agredir a otro adolescente, el desarrollo de la asertividad, la alegría de los adolescentes en una fiesta del instituto y la orientación de los roles sexuales de la sociedad, todos ellos reflejan el papel que desempeñan los procesos socioemocionales en el desarrollo adolescente. La tercera y la cuarta parte de este libro se centran en este tipo de procesos. 

Los procesos biológicos, cognitivos y socioemocionales están entrelazados de forma compleja. Los procesos socioemocionales moldean los procesos cognitivos, los procesos cognitivos estimulan o restringen los procesos socioemocionales, y los procesos biológicos influyen sobre los procesos cognitivos y socioemocionales. Aun­que los distintos tipos de procesos implicados en el desarrollo adolescente se comentan en distintas partes del libro, no hemos de olvidar que estamos estudiando el desarrollo de un ser humano unitario que posee una sola mente y un solo cuerpo interdependientes. 

Períodos evolutivos 
El desarrollo se suele describir por períodos. Seguidamente expondremos los períodos evolutivos en que se dividen la infancia, la adolescencia y la edad adulta. Se facilitan intervalos de edad aproximados de cada período para proporcionar una idea general de cuándo empieza y cuándo acaba cada uno. Infancia. 

La infancia comprende el período prenatal, la primera infancia, la etapa preescolar y la etapa escolar. 
El período prenatal es el intervalo de tiempo comprendido entre la concepción y el nacimiento. Es un período de gran crecimiento, ya que se pasa de una sola cé­lula a un organismo completo dotado de cerebro y capacidades conductuales, aproximadamente en 9 meses. 

La primera infancia es el período evolutivo que se extiende entre el nacimiento y los 18 o 24 meses. Es una etapa de extrema dependencia con respecto a los adultos. Muchas capacidades y actividades psicológicas —por ejemplo, el lenguaje, el pensamiento simbólico, la coordinación sensoriomotora, el aprendizaje social y las relaciones entre padres e hijos— se empiezan a desarrollar en este período.

La etapa preescolar es el período evolutivo que se extiende desde el final de la lactancia hasta los 5 o 6 años: a veces se denomina primera infancia. Durante este período los niños aprenden a ser más autosuficientes y a cuidar más de sí mismos, adquieren las habilidades necesarias para ir al colegio (seguir instrucciones, identificar letras), y pasan muchas horas jugando con otros niños de sus edad. El primer curso de primaria suele marcar el final de este período.

La etapa escolar es el período evolutivo que se extiende aproximadamente desde los 6 años hasta los 10 u 11 años; en algunos países denominada de la educación primaria. Los niños dominan las habilidades básicas de lectura, la escritura y la aritmética y son expuestos formalmente al mundo y a la cultura. En este período, la motivación de logro se convierte en el tema más central del universo infantil y aumenta el autocontrol.

Adolescencia. 
El principal foco de interés de este libro es el desarrollo de los adolescentes. Sin embargo, como sugiere nuestro calendario, cuando un individuo llega a la adolescencia, ya se ha producido en él un desarrollo considerable y ha acumulado muchas experiencias. 

Ningún adolescente llega a la adolescencia como una tabula rasa, sólo con un anteproyecto genético que determinará sus pensamientos, sentimientos y comportamientos. Contrariamente, la combinación de un anteproyecto genético, las experiencias acumuladas durante la infancia y las experiencias adolescentes son las que determinan el curso del desarrollo adolescente. Por eso es importante tener en cuenta esta continuidad del desarrollo entre la infancia y la adolescencia. En breve, profundizaremos más en la cuestión de la continuidad y la discontinuidad en el desarrollo.

Una definición de adolescencia requiere la consideración de la edad y también de las influencias sociohistóricas. Recuérdese la construcción social de la adolescencia. Teniendo en cuenta estas limitaciones, podemos definir la adolescencia como el período evolutivo de transición entre la infancia y la etapa adulta; que implica cambios biológicos, cognitivos y socioemocionales. A pesar de que las circunstancias culturales e históricas limitan nuestra capacidad de establecer intervalos de edad con exactitud, en la mayoría de las culturas actuales la adolescencia se inicia aproximadamente entre los 10 y los 13 años y finaliza entre los 18 y los 22 en la mayoría de los individuos. Los cambios biológicos, cognitivos y socioemocionales de la adolescencia van desde el desarrollo de las funciones sexuales hasta el pensamiento abstracto y la conquista de la independencia.

Cada vez más los especialistas en desarrollo distinguen entre la adolescencia temprana y la adolescencia tardía. La adolescencia temprana corresponde grossomodo con los años de enseñanza secundaria obligatoria e incluye la mayoría de cambios asociados a la pubertad. La adolescencia tardía se refiere aproximadamente a la segunda mitad de la segunda década de la vida. Los intereses profesionales, las citas románticas y la exploración de la identidad suelen predominar más en la adolescencia tardía que en la temprana. Los investigadores que estudian la adolescencia cada vez especifican más si sus resultados son generalizables a toda la adolescencia o son específicos de la adolescencia temprana o la tardía.

La antigua visión de la adolescencia postulaba que era un período de transición singular y uniforme que finalizaba con la entrada en el mundo adulto. Sin embargo, los enfoques actuales sobre el estudio de la adolescencia examinan los precursores y los resultados de diversas transiciones, la constelación de acontecimientos que define el período de transisición, o la distribución temporal o la secuencia de acontecimientos que tiene lugar durante este período de transición (Graber, Brooks-Gunn y Peterson, 1996; Lerner et al., 1996; Sarigiani y Petersen, 2000). Por ejemplo, la pubertad y el inicio de la etapa de la educación secundaria se suelen estudiar como transiciones fundamentales que señalan la entrada en la adolescencia, y completar los estudios o conseguir el primer trabajo a tiempo completo se evalúan como acontecimientos transicionales que determinan la salida de la adolescencia y la entrada en la etapa adulta.

Hoy en día, los especialistas en desarrollo no consideran que el cambio acabe con la adolescencia (Baltes, 2000; Baltes, Lindenberg y Staudinger, 1998; Lerner, 1998; Santrock, 2002). Recordemos que el desarrollo se define como un proceso que dura toda la vida. La adolescencia forma parte del ciclo vital y, como tal, no debe considerarse como un período de desarrollo aislado. Aunque es cierto que la adolescencia posee algunas características únicas, lo que ocurre durante la adolescencia está interconectado con el desarrollo y las experiencias de la infancia y de la etapa adulta. 

Imagine cómo habría sido su desarrollo como adolescente en otros contextos culturales Intente imaginar cómo habría sido su desarrollo adolescente en una cultura que le ofreciera muy pocas opciones en comparación con el mundo occidental —por ejemplo, la China comunista durante la Revolución Cultural—. En la China rural los jóvenes no podían elegir profesión ni pareja. Tampoco se les permitía emigrar a la ciudad. Imaginémonos también otro contexto cultural, en esta ocasión en los Estados Unidos. Algunas áreas de las ciudades del interior pueden ser contextos adecuados para educar a los jóvenes, pero otras no lo son tanto. ¿Cómo habría sido su adolescencia si hubiera crecido en un área de una ciudad del interior donde la mayoría de los servicios se habían trasladado a otros lugares, los centros de enseñanza eran de baja calidad, la pobreza extrema y el crimen generalizado? Lamentablemente, algunos de los lectores de este libro habrán crecido es esas circunstancias. 

Desarrollo adulto. 
Al igual que la infancia y la adolescencia, la etapa adulta no es un período de desarrollo homogéneo. Los especialistas en desarrollo suelen distinguir entre tres subperíodos de desarrollo adulto: adultez inicial, adultez media y adultez tardía. La adultez temprana suele iniciarse afínales de la segunda década de la vida o principios de la tercera y se prolonga durante la cuarta década. Es un período de establecimiento de la independencia personal y económica. El desarrollo de una carrera profesional se convierte en un tema más central que en la adolescencia.
Nuestra exposición de los períodos evolutivos del ciclo vital humano continúa con la adultez media, el período evolutivo que se inicia aproximadamente entre los 35 y los 45 años de edad y  finaliza aproximadamente entre los 55 y los 65. 

Este período es especialmente importante en la vida de los adolescentes porque sus padres o están a punto de entrar en él o ya lo han iniciado. La adultez media es un período en que crece el interés por transmitir valores a la próxima generación, aumenta la preocupación por el propio cuerpo y se reflexiona más sobre el sentido de la vida. En el Capítulo 5 analizaremos cómo la maduración tanto de los adolescentes como de sus padres contribuye a una mayor comprensión de las relaciones entre padres y adolescentes.
Por último, el ritmo y el significado del ciclo vital humano finaliza con la adultez tardía, el período evolutivo que se inicia entre los 60 y 70 años de edad y  finaliza con la muerte. Es un período de adaptación a la pérdida de fuerza y salud, la jubilación y la reducción de los ingresos económicos. Revisar la propia vida y adaptarse a los roles sociales cambiantes también caracterizan a la adultez tardía, así como la reducción de las responsabilidades, la mayor libertad y el hecho de convertirse en abuelo. 

Transiciones evolutivas 
Las transiciones evolutivas suelen ser coyunturas importantes en la vida de una persona. Estas transiciones incluyen dejar de ser un feto para convertirse en un bebé, dejar de ser un bebé para convertirse en un niño pequeño y dejar de ser un niño pequeño para convertirse en un niño en edad escolar. Desde el foco de atención de este libro, dos transiciones importantes en la vida de una persona son la comprendida entre de la infancia y la adolescencia y la comprendida entre la adolescencia y la etapa adulta. Seguidamente exploraremos estas transiciones. 

De la infancia a la adolescencia 
La transición de la infancia a la adolescencia implica una serie de cambios biológicos, cognitivos y socioemocionales. Entre los cambios biológicos, podemos señalar la pubertad con su estirón, los cambios hormonales y la maduración sexual. Además, durante la adolescencia temprana se producen una serie de cambios en el cerebro que permiten pensar de forma más compleja. También en este período se producen cambios en las pautas de sueño, y los adolescentes prefieren acostarse y levantarse más tarde que los niños.
Entre los cambios cognitivos que se asocian a esta transición cabe mencionar el incremento del pensamiento abstracto, idealista y lógico. Asimismo, cuando los niños se convierten en adolescentes empiezan a pensar de una forma más egocéntrica, es decir, se sienten los protagonistas de la escena, únicos e invulnerables. También adquieren mayores responsabilidades en la toma de decisiones que durante la infancia. 

Entre los cambios socioemocionales que acompañan a esta transición cabe mencionar un mayor deseo de independencia, el incremento de los conflictos con los padres y una mayor motivación por pasar tiempo con otros chicos y chicas de la misma edad. Las conversaciones con los amigos se vuelven más íntimas y se caracterizan por una mayor implicación personal. La entrada en la adolescencia se suele asociar a la asistencia a centros de enseñanza más grandes e impersonales. El rendimiento escolar se convierte en algo más serio y aumentan los problemas académicos. Los cambios en la maduración sexual se asocian a un mayor interés por las citas y las relaciones de pareja. Los adolescentes también presentan más cambios anímicos que los niños. 

Como acabamos de ver, la transición de la infancia a la adolescencia es compleja y multidimensional, implicando cambios en muchos aspectos distintos de la vida del individuo. 
Para completar eficazmente esta transición se requiere capacidad de adaptación y el apoyo atento y sensible de los padres.

De la adolescencia a la etapa adulta 
Otra transición importante es la que tiene lugar cuando un individuo deja de ser un adolescente para convertirse en un adulto (Gutman, 2002; Jozefowicz, 2002; Raymore, Baber y Eccles, 2001). Se ha dicho que la adolescencia empieza con la biología y acaba con la cultura. Esto significa que el marcador de la transición de la infancia a la adolescencia es la maduración asociada a la pubertad, mientras que el marcador de la transición de la adolescencia a la etapa adulta está determinado por estándares y experiencias culturales. De todos modos, como acabamos de ver, la transición de la infancia a la adolescencia no implica sólo cambios biológicos, sino también cambios cognitivos y socioemocionales.

¿Se entra abruptamente en la etapa adulta? Es poco probable. El sociólogo Kenneth Kenniston (1970) propuso que entre la adolescencia y la adultez tiene lugar una transición que puede durar de dos a ocho años o incluso más tiempo. Juventud es el término que utiliza Kenniston para referirse al período de transición comprendido entre la adolescencia y la etapa adulta, que es un período de inestabilidad económica y personal. Ante un mundo laboral complejo que exige una preparación profesional altamente especializada, muchas personas invierten un período de tiempo extenso en asistir a escuelas técnicas superiores, escuelas universitarias y facultades. Durante este período de transición sus ingresos suelen ser bajos y esporádicos. Pueden cambiar frecuentemente de residencia, posponiendo a menudo el matrimonio y la formación de una familia.

Recientemente, la transición entre la adolescencia y la etapa adulta se ha denominado adultez emergente (Arnett, 2000). El intervalo de edad aproximado de esta etapa de transición está comprendido entre los 18 y los 25 años. 
La adultez emergente se caracteriza por la experimentación y la exploración. En este punto del desarrollo, muchas personas todavía están decidiendo qué trayectoria profesional quieren seguir, cómo quieren construir su identidad y qué estilo de vida quieren adoptar (por ejemplo, soltero, vivir en pareja, casado). Es difícil determinar cuándo una persona se convierte en adulto.

El marcador más ampliamente reconocido de la entrada en la etapa adulta es la consecución de un puesto de trabajo a tiempo completo. Esto suele ocurrir cuando se completan los estudios —el bachillerato en algunos casos, la formación profesional técnica o superior en otros, y la formación universitaria superior o de grado medio en otros (Graber y Brooks-Gunn, en prensa). De todos modos, los criterios para determinar cuándo una persona deja atrás la adolescencia y entra en el mundo de los adultos distan mucho de estar claros. La independencia económica se suele considerar un marcador del estatus adulto, pero desarrollar esta independencia suele ser un proceso largo y dificultoso. Cada vez hay más licenciados que viven con sus padres mientras intentan independizarse económicamente. 

Aproximadamente el 40 por 100 de las personas que se encuentran a finales de la segunda década de su vida o a principios de la tercera vuelven a vivir con sus padres por lo menos en una ocasión (Goldscheider y Goldscheider, 1999). La asunción de responsabilidades y la toma independiente de decisiones son otros marcadores de la adultez. De hecho, en un estudio los adolescentes citaron estos dos aspectos como los que marcan la entrada en la etapa adulta (Scherr y Unger, 1994).
En otra investigación, más del 70 por 100 de los estudiantes universitarios consultados afirmaron que ser un adulto significa asumir la responsabilidad de las consecuencias de las propias acciones, decidir en base a las propias creencias y valores y establecer una relación de igual a igual con los padres (Arnett, 1995). ¿Existe una edad específica a partir de la cual podemos afirmar que un individuo se convierte en adulto? En un estudio, personas de 21 años dijeron que habían alcanzado el estatus adulto cuando tenían entre 18 y 19 años (Scheer, 1996). En este estudio, los sujetos consultados mencionaron tanto factores de estatus social (ingresos económicos y estudios) como factores cognitivos (ser responsable y tomar decisiones independientes) como marcadores del inicio de la etapa adulta. No hay ninguna duda de que hacerse adulto significa mucho más que alcanzar una determinada edad.

Resumiendo, la cuestión es que en algún punto comprendido entre finales de la segunda década y principios de la tercera el ser humano entra en la etapa adulta. Al hacerse adulto, asume la responsabilidad de su propia vida, desarrolla la capacidad de tomar decisiones independientes y obtiene la independencia económica (Arnett, 2000). Lo que hemos expuesto hasta ahora sobre los determinantes del estatus adulto es aplicable mayoritariamente a las personas que viven en países industrializados y especialmente a los norteamericanos. ¿Coinciden los criterios de la adultez en los países en vías de desarrollo con los de los países industrializados? En los países en vías de desarrollo, el matrimonio suele ser un marcador más significativo de la entrada en la etapa adulta y suele ocurrir mucho antes (Arnett, 2000; Davis y Davis, 1989). Hasta este punto, nuestra exposición sobre la naturaleza del desarrollo se ha centrado en los procesos y períodos evolutivos, así como en las transiciones evolutivas. A continuación, analizaremos algunas cuestiones importantes sobre el desarrollo.

Cuestiones sobre el desarrollo 
En el estudio del desarrollo adolescente se plantean diversas cuestiones. Entre las principales, se incluyen las siguientes: ¿el desarrollo depende más de la naturaleza (herencia) o de la crianza (ambiente)? ¿El desarrollo es un proceso gradual y continuo o más bien un proceso discontinuo y por etapas? ¿El desarrollo depende más de las experiencias tempranas o de las tardías?

La importancia de plantearse preguntas
 —explorar nuestro propio desarrollo como adolescentes El hecho de plantearse preguntas refleja nuestra curiosidad. Los niños —especialmente los niños pequeños— se caracterizan por su marcada tendencia a hacer preguntas. Cuando mi nieta tenía 4 años, una de sus preguntas favoritas era «¿por qué?». Por muy fuerte que sea nuestra tendencia a formular preguntas en las primeras etapas de la vida, muchas personas se plantean muchas menos peguntas cuando se hacen adultas. El hecho de hacer y hacernos preguntas puede ayudarnos a pensar críticamente sobre el desarrollo adolescente, incluyendo nuestro propio desarrollo como adolescentes. Conforme vaya avanzando en la lectura de este libro, puede ser un sano ejercicio que se vaya formulando preguntas sobre cómo experimentó determinados aspectos del desarrollo. Por ejemplo, considere las experiencias que tuvo en el seno de su familia conforme iba madurando. Entre las preguntas que se puede hacer a sí mismo se pueden incluir: «¿cómo me educaron mis padres? ¿En qué medida la forma en que me educaron influyó en cómo soy ahora? ¿Cómo repercutió sobre mi desarrollo mi relación con mis hermanos o hermanas?». Plantéese también preguntas sobre sus experiencias escolares y sus relaciones con sus compañeros de clase. «¿Tenía muchos amigos íntimos?¿ Cuánto tiempo pasé con otros chicos de mi edad en distintos momentos de la infancia y la adolescencia en comparación con el tiempo que pasé con mis padres? ¿Cómo fueron los centros educativos a los qué asistí? ¿Tuve buenos profesores? ¿Cómo repercutieron los centros de enseñanza y los profesores sobre mi orientación hacia el logro actual?» Sea curioso. Formúlese preguntas. Pregunte a sus amigos o compañeros de clase sobre sus experiencias durante la adolescencia y compárelas con las suyas.


Naturaleza versus crianza
La cuestión naturaleza-crianza se refiere al debate sobre si el desarrollo está influido prioritariamente por la naturaleza o por la crianza. Por naturaleza entendemos la herencia biológica del organismo y por crianza las experiencias ambientales. Los defensores de la «naturaleza» sostienen que la influencia más importante sobre el desarrollo es la herencia biológica. Los defensores de la «crianza» sostienen que las experiencias ambientales son el influjo más importante.

Según los partidarios de la «naturaleza», del mismo modo que un girasol crece de una forma ordenada —a menos que se le exponga a un entorno hostil— el ser humano también crece en una determinada dirección. El abanico de ambientes puede ser muy amplio, pero los partidarios de este enfoque sostienen que el anteproyecto genético produce una pauta de crecimiento y desarrollo común. Todos andamos antes de hablar, decimos una palabra antes que dos, crecemos muy deprisa durante la primera infancia y más lentamente durante la etapa escolar, sufrimos el asalto de las hormonas en la pubertad, alcanzamos la plenitud física a finales de la adolescencia y principios de la etapa adulta, y después iniciamos el declive físico.

Los defensores de la naturaleza reconocen que los ambientes extremos —físicamente pobres u hostiles— pueden comprometer el desarrollo, pero consideran que las tendencias básicas del crecimiento están genéticamente determinadas. Contrariamente, otros psicólogos enfatizan la importancia de las experiencias ambientales en el desarrollo. Estas experiencias engloban desde el ambiente biológico del individuo —nutrición, atención médica, fármacos y accidentes— hasta el ambiente social —familia, compañeros, vecindario, medios de comunicación y cultura. Algunos especialistas en desarrollo adolescente consideran que históricamente se ha puesto demasiado énfasis en los cambios biológicos asociados a la pubertad como determinantes del desarrollo psicológico adolescente (Montemayor y Flannery, 1991).

Reconocen que estos cambios biológicos son una importante dimensión de la transición de la infancia a la adolescencia que está presente en todas las especies de primates y en todas las culturas del mundo. Sin embargo, creen que los contextos sociales (crianza) también desempeñan un papel importante en el desarrollo psicológico, un papel que hasta hace poco no había recibido la atención que merece.

Continuidad y discontinuidad 
Detengámonos un momento para pensar en nuestro desarrollo. Para convertimos en la persona que somos ¿crecimos de forma gradual, como el crecimiento progresivo y acumulativo de una bellota que se acaba convirtiendo en un roble gigantesco?, ¿o experimentamos cambios claros y repentinos en el crecimiento, similares a la metamorfosis de un gusano que se convierte en mariposa? Generalmente, los psicólogos del desarrollo que enfatizan en el papel de la experiencia describen el desarrollo como un proceso gradual y continuo; los que enfatizan en la importancia de la naturaleza lo describen como una secuencia de etapas claramente diferenciadas. 

La cuestión continuidad-discontinuidad se centra en la medida en que el desarrollo implica cambios graduales y acumulativos (continuidad) o etapas claramente diferenciadas (discontinuidad). Según la visión continuista, la primera palabra de un bebé, aunque aparentemente sea un acontecimiento abrupto y discontinuo, de hecho, es el resultado de semanas y meses de crecimiento y práctica. La pubertad, aunque también parezca algo repentino, en el fondo es un proceso gradual que se prolonga durante varios años. 

Según la visión no continuista del desarrollo, cada persona pasa por una secuencia de etapas en las que el cambio es cualitativo, en vez de cuantitativo. Conforme un roble va creciendo desde una semilla hasta convertirse en un árbol gigantesco, se va haciendo más roble —su desarrollo es continuo— . Pero, cuando un gusano se transforma en mariposa, no se vuelve más gusano; se convierte en un tipo distinto de organismo —su desarrollo es discontinuo— . Por ejemplo, hay un punto a partir del cual un niño pasa de ser incapaz de pensar de forma abstracta sobre el mundo a ser capaz de hacerlo. Se trata de un cambio cualitativo o discontinuo en el desarrollo, no de uno cuantitativo o continuo.

Experiencias tempranas y tardías 
Otro debate importante sobre el desarrollo es la cuestión experiencias tempranas-tardías, que se centra en la medida en que las experiencias tempranas (sobre todo las de las primeras etapas de la infancia) o las tardías son los principales determinantes del desarrollo. Es decir, si un lactante o un niño pequeño experimenta circunstancias negativas y estresantes, ¿podrá superar esas experiencias si tiene experiencias posteriores más positivas durante la adolescencia? ¿O son las experiencias tempranas tan crí­ ticas, posiblemente porque se trata de las primeras experiencias prototípicas de un individuo, que no se pueden contrarrestar con un ambiente posterior más rico durante la infancia y la adolescencia? .

La cuestión experiencias tempranas-tardías tiene una larga historia y sigue debatiéndose acaloradamente entre los especialistas del desarrollo. Algunos consideran que, si un bebé no recibe consuelo y cuidados afectuosos durante aproximadamente el primer año de vida, su desarrollo nunca será óptimo (Bowlby, 1989; Main, 2000; Sroufe, 1996). Platón estaba convencido de que los bebés que se mecían más frecuentemente se acababan convirtiendo en mejores atletas. Los sacerdotes decimonónicos de Nueva Inglaterra decían a los padres en los sermones dominicales que la forma en que trataran a sus bebés determinaría el futuro carácter de sus hijos.

El énfasis en la importancia de las experiencias tempranas descansa sobre la creencia de que cada vida es una trayectoria sin solución de continuidad en la cual las cualidades psicológicas se pueden rastrear hasta sus orígenes. La doctrina que enfatiza la importancia de las experiencias tempranas contrasta con la que enfatiza la de las experiencias tardías, la cual, en vez de postular la consecución de una permanencia estatutaria después de un cambio durante la primera infancia, sostiene que nuestro desarrollo continúa, como el flujo y el reflujo de un río.

Los defensores de esta perspectiva argumentan que los niños y los adolescentes son maleables a lo largo del desarrollo y que una atención tardía sensible y adecuada es tan importante como una atención temprana de las mismas características. Algunos especialistas en desarrollo cuyo interés es todo el ciclo vital, en vez de centrarse exclusivamente en el desarrollo infantil, consideran que se ha prestado una atención insuficiente al papel que desempeñan las experiencias tardías en el desarrollo (Baltes, 1989, 2000).

Estos autores aceptan que las experiencias tempranas son importantes en el desarrollo, aunque no más que las experiencias tardías. Jerome Kagan (1992) señala que incluso los niños que presentan un temperamento inhibido por motivos hereditarios poseen la capacidad de cambiar su comportamiento. Kagan constató que casi un tercio de un grupo de niños que tenían temperamento inhibido a los dos años de edad no solían mostrarse tímidos ni miedosos cuando cumplieron 4 años (Kagan, Snidmar y Arcus, 1995). En las culturas occidentales, muchas personas, especialmente las que compartían la creencia freudiana de que las experiencias fundamentales en el desarrollo de una persona son las relaciones que mantiene con sus padres durante los -primeros cinco años de vida, han tendido a defender la idea de que las experiencias tempranas son más importantes que las tardías (Chan, 1963). Sin embargo, la mayoría de la gente del resto del mundo no comparte esta creencia. Por ejemplo, los habitantes de muchos países asiáticos creen que las experiencias que ocurren después de los 6 o 7 años de edad son más importantes en el desarrollo que las experiencias tempranas. 

Esta asunción emana de la creencia milenaria que impera, desde hace mucho tiempo en las culturas orientales, de que las habilidades de razonamiento de los niños se empiezan a desarrollar de forma importante durante la etapa escolar. 

Evaluar las cuestiones sobre el desarrollo 
Al considerar detenidamente las tres cuestiones fundamentales sobre el desarrollo —naturaleza versus crianza, continuidad versus discontinuidad, y experiencias tempranas versus experiencias tardías— es importante saber que la mayoría de los expertos en desarrollo reconocen que no es sensato adoptar una posición extrema. El desarrollo no es todo naturaleza ni todo crianza, no es todo continuidad ni todo discontinuidad, ni todo experiencias tempranas o experiencias tardías. 

La naturaleza y la crianza, la continuidad y la discontinuidad, y las experiencias tempranas y tardías, todo ello afecta al desarrollo a lo largo del ciclo vital. Por ejemplo, en la cuestión naturalezacrianza, la clave del desarrollo está en la interacción entre ambas en vez del efecto aislado de cada una de ellas (Loehlin, 1995, 2000).
El desarrollo cognitivo de un individuo es el resultado de la interacción entre su herencia y su ambiente, no de la herencia o del ambiente exclusivamente. En el Capítulo 3 profundizaremos más en el papel de la interacción entre herencia y ambiente. Consideremos por ejemplo, el comportamiento de los adolescentes y de las adolescentes (Feldman y Eliot, 1990). 

Los factores hereditarios influirán sobre las diferencias entre chicos y chicas en lo que se refiere al peso, la estatura y la edad dé inicio de la pubertad. Como promedio, las chicas son más bajas y pesan menos que los chicos y entran antes en la pubertad. Sin embargo, algunas diferencias entre sexos que antiguamente parecían estar claramente establecidas se están empezando a cuestionar, lo que sugiere que la crianza también desempeña un papel importante. Por ejemplo, las mujeres de hoy en día eligen carreras de matemáticas y ciencias en mucha mayor medida y buscan la autonomía con mucha más determinación que en el pasado. Lamentablemente, las adolescentes actuales también consumen muchas más drogas y tabaco que en épocas anteriores. Las modificaciones que están experimentando las diferencias y similitudes entre géneros confieren mayor credibilidad a la idea de que las explicaciones simplistas basadas solamente en factores biológicos o ambientales son inadecuadas.

A pesar de que la mayoría de los especialistas en desarrollo no adoptan posturas extremas en las cuestiones sobre el desarrollo que acabamos de exponer, este consenso no implica que no haya debates acalorados sobre en qué medida el desarrollo está determinado por cada uno de los factores mencionados. Siguiendo con el ejemplo de las diferencias entre géneros, ¿las chicas suelen rendir menos en matemáticas a causa de su naturaleza «femenina» o debido al sesgo masculino de la sociedad? Consideremos también aquellos adolescentes que tuvieron una infancia caracterizada por la pobreza, la falta de atención paterna y una escolarización deficiente. ¿El hecho de que tengan experiencias enriquecedoras durante la adolescencia les permitirá superar los déficits que tuvieron durante las primeras etapas del desarrollo? Las respuestas que los expertos en desarrollo dan a este tipo de preguntas reflejan sus puntos de vista sobre las cuestiones naturalezacrianza, continuidad-discontinuidad y experiencias tempranas-tardías. Las respuestas también influyen sobre la política social relacionada con los adolescentes y sobre nuestra vida a lo largo del ciclo vital. 
Hasta este punto, hemos analizado muchas ideas sobre la naturaleza del desarrollo. El siguiente repaso le ayudará a alcanzar los objetivos de aprendizaje relacionados con este tema.


Objetivo de aprendizaje 4 
Definir el concepto de desarrollo y describir los procesos y períodos evolutivos. 
• El desarrollo es el patrón de cambios que tienen lugar a lo largo de todo el ciclo vital. 
• Los procesos biológicos implican cambios físicos en el cuerpo del individuo. Los procesos cognitivos consisten en cambios en el pensamiento y la inteligencia. Los cambios socioemocionales son los que afectan a las relaciones con la gente, la emoción, la personalidad y los contextos sociales. 
• El desarrollo se suele dividir en una serie de períodos: período prenatal, primera infancia, etapa preescolar, etapa escolar, adolescencia, adultez temprana, adultez media y adultez tardía. La adolescencia es el período de transición de la infancia a la adultez e implica cambios biológicos, cognitivos y socioemocionales. En la mayoría de culturas la adolescencia empieza aproximadamente entre los 10 y los 13 años de edad y finaliza entre los 18 y los 22. Los expertos en desarrollo cada vez distinguen más entre adolescencia temprana y tardía. Objetivo de aprendizaje 5 Exponer las transiciones evolutivas y las principales cuestiones sobre el desarrollo. 
• Dos transiciones evolutivas importantes son el paso de la infancia a la adolescencia y el paso de la adolescencia a la etapa adulta. En la transición de la infancia a la adolescencia los cambios asociados a la pubertad son prominentes, aunque también tienen lugar cambios cognitivos y socioemocionales. A veces se ha dicho que la adolescencia empieza con la biología y acaba con la cultura. Para describir la transición de la adolescencia a la etapa adulta se han propuesto los conceptos de juventud y adultez emergente. Entre los criterios que se suelen citar para determinar la entrada en la adultez figuran la responsabilidad, la toma independiente de decisiones y la independencia económica. 
• Tres cuestiones importantes relacionadas con el desarrollo son: (1) la cuestión naturaleza-crianza (¿el desarrollo está determinado por la herencia [naturaleza] o por el ambiente [crianza]?) (2) La cuestión continuidad-discontinuidad (¿el desarrollo es gradual y acumulativo [continuidad] o abrupto y por etapas [discontinuidad]?) (3) La cuestión experiencias tempranas-tardías (¿el desarrollo está determinado por las experiencias tempranas, especialmente las de la primera infancia, o por las experiencias tardías [más recientes o actuales]?) La mayoría de los expertos en desarrollo no adoptan posiciones extremas en estas cuestiones, aunque éstas siguen siendo objeto de largos debates 

Hasta este punto del capítulo, hemos analizado la forma en que se ha percibido la adolescencia a lo largo de la historia, los adolescentes de hoy en día y la naturaleza del desarrollo. A continuación, estudiaremos qué es lo que importa en la adolescencia, proporcionando un marco de referencia sobre los principales temas que se tratarán en el resto del libro. 

ENTENDER LA ADOLESCENCIA: ¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA? 
En la adolescencia, ¿qué es lo que importa? ¿Qué hemos de tener en cuenta para entender la adolescencia? ¿Qué es lo que contribuye a que un adolescente recorra de forma saludable el camino que va desde la infancia hasta la etapa adulta? ¿Qué es lo que ocurre cuando se sale del camino y no logra desarrollar todo su potencial? Al analizar lo que importa realmente en la adolescencia, examinaremos algunos de los temas principales de este libro al tiempo que estudiaremos la posición actual sobre estos temas. Para entender la adolescencia, hay que tener en cuenta: los procesos biológicos, los procesos cognitivos, los contextos, el desarrollo social y de la personalidad, los problemas y trastornos, la ciencia y el pensamiento crítico. Estudiar estos aspectos de la adolescencia científicamente y pensar críticamente sobre ellos puede mejorar considerablemente nuestra comprensión sobre su desarrollo.

Importancia de los procesos biológicos 
Previamente, en este mismo capítulo, hemos estudiado la cuestión naturaleza-crianza. Recordemos que esta cuestión plantea la medida en que la constitución biológica de los adolescentes (naturaleza) influye sobre su comportamiento y desarrollo. Hay bastante controversia sobre esta cuestión. Según el enfoque de Hall y de Freud, la biología era lo que dominaba.

En la actualidad, seguimos pensando que la biología desempeña un papel fundamental en el desarrollo adolescente, pero los teóricos actuales intentan determinar cómo interactúan la herencia y el ambiente para explicar el desarrollo adolescente. Una tendencia actual consiste en examinar qué papel ha podido desempeñar la evolución en la determinación de la naturaleza del desarrollo adolescente (Buss, 1998, 2000; Buss et al, 2001; Csikszentmihalyi y Schmidt, 1998). La psicología evolutiva, el enfoque teórico más reciente dentro del ámbito de estudio de la psicología, intenta dilucidar cómo la adaptación, la reproducción y «la supervivencia del más apto» pueden ayudar a explicar el comportamiento y el desarrollo.

En el Capítulo 3: «Pubertad, salud y fundamentos biológicos» y en el Capítulo 10: «Género» examinaremos más detenidamente el papel de la evolución. Actualmente también existe un gran interés por estudiar cómo influye la herencia sobre el comportamiento y el desarrollo (Lewis, 2002; Wahlsten, 2000). Los científicos están haciendo grandes progresos en la determinación del papel que desempeñan los genes en distintas enfermedades y trastornos. En el Capítulo 3 revisaremos el papel de la herencia más detenidamente. 

El interés por la salud de los adolescentes de hoy en día es una cuestión de central importancia. Una cantidad demasiado elevada de adolescentes se implican en comportamientos que ponen en peligro la salud, como fumar, abusar del alcohol y participar en actividades de alto riesgo. Examinaremos la salud de los adolescentes a lo largo de todo el libro, especialmente en el Capítulo 3.

Importancia de los procesos cognitivos 
¿En qué medida importa la mente en el comportamiento y el desarrollo de un adolescente? Los adolescentes no sólo son seres biológicos, también son seres mentales. Durante la adolescencia se producen cambios importantes en la cognición (Byrnes, 2001; Kuhn, 2000). Aunque existen variaciones considerables entre adolescentes, éstos poseen habilidades cognitivas más sofisticadas que los niños.

Los cambios que tienen lugar en el pensamiento de los adolescentes no sólo les permiten resolver problemas difíciles en áreas académicas como las matemáticas, sino también modificar la forma en que analizan su vida social. Los expertos en desarrollo se están interesando cada vez más en entender el proceso de toma de decisiones de los adolescentes y cómo se podría mejorar para ayudarles a adaptarse de forma más eficaz. 
También intentan descubrir la forma de ayudar a los adolescentes a pensar de forma más crítica y profundamente sobre los problemas y cuestiones. Otro foco de interés contemporáneo consiste en determinar cuáles son los componentes de la inteligencia y crear programas educativos que los tengan en cuenta (Torff, 1999). Estudiaremos más detalladamente los procesos cognitivos en el Capítulo 4: «El desarrollo del pensamiento en los adolescentes». 

Importancia de los contextos 
Antes, hemos comentado la creciente tendencia a estudiar los contextos o ambientes para entender mejor el desarrollo adolescente. Contextos especialmente importantes en la vida de un adolescente son la familia, los compañeros, el centro de enseñanza y la cultura (Eccles, 2002; Harkness y Super, 2002). 

La familia influye considerablemente sobre el desarrollo de los adolescentes, y en la actualidad una gran cantidad de investigadores están analizando muchos aspectos de la vida familiar, como el conflicto, el apego y el divorcio, para determinar cómo repercuten sobre el desarrollo adolescente (Buchanan, 2000; Dunn et al, 2001; Hetherington y Stanley-Hagan, 2002; Rutter, 2002). En el Capítulo 5 estudiaremos éstos y otros aspectos de la importancia de la familia. Al igual que la familia, los compañeros también desempeñan un papel importante en la vida de un adolescente. Los investigadores están estudiando cómo influyen sobre el desarrollo adolescente el estatus dentro del grupo (por ejemplo, estar asilado, ser rechazado o ser popular), los amigos, las bandas, las citas y las relaciones de pareja (Brown, 2002).

En el Capítulo 6 analizaremos éstos y otros aspectos de las relaciones entre adolescentes. Los centros de enseñanza son otro contexto importante en la vida de un adolescente (Eccles y Wigfield, 2000; Pierce y Kurtz-Costes, 2001; Sadker y Sadker, 2003). Actualmente existe una gran preocupación por la calidad de la educación secundaria. También hay bastante controversia sobre cuál es la mejor forma de enseñar a los adolescentes (Ferrari, 2002). Una tendencia actual consiste en que los profesores actúen como guías, proporcionando a los adolescentes oportunidades de aprendizaje que les permitan construir su comprensión de un determinado tema o cuestión (Cobb, 2000; Santrock, 2001). Revisaremos estas preocupaciones en el Capítulo 7: «La escuela». La cultura en la que vive inmerso un adolescente es otro contexto importante en su desarrollo (Greenfield, 2000, 2002; Triandis, 2000). En muchas investigaciones se está analizando en qué se parecen y en qué se diferencian los adolescentes de distintos países.

Y existe una preocupación especial por el hecho de que en muchos países, como en Estados Unidos, muchos adolescentes están creciendo en la pobreza (Fuligni y Yoshikawa, 2003; Magnuson y Duncan, 2002; McLoyd, 2000). En los últimos años también ha crecido considerablemente el interés por comprender el papel que desempeña el hecho de pertenecer a una u otra etnia en el desarrollo adolescente (Cushner, McClelland y Safford, 2003; Wong y Rowley, 2001). Otro aspecto importante de muchas culturas actuales es la tecnología (Calvert, 1999; Murray, 2000).

Examinaremos éstos y otros aspectos de la cultura en el Capítulo 8: «Cultura». Importancia del desarrollo social y de la personalidad 
Otros aspectos importantes en la vida de un adolescente son los relacionados con el desarrollo social y de la personalidad, cuestiones como la construcción de su yo y su identidad, el género, la sexualidad, el desarrollo moral y la motivación de logro. Un aspecto fundamental del desarrollo adolescente, sobre todo durante la adolescencia tardía, es la construcción de la identidad (Adams, Abraham y Markstrom, 2000, Comas-Díaz, 2001).
Los investigadores están interesados en determinar los factores contextúales y evolutivos que promueven un desarrollo de la identidad saludable (Rodríguez y Quinlan, 2002). Examinaremos éstos y otros aspectos de la construcción del yo y la identidad en el Capítulo 9. El género es un aspecto omnipresente en el desarrollo adolescente. Los investigadores están interesados en averiguar cómo influyen los contextos en el desarrollo de los roles de género, el papel que desempeña la sexualidad en este proceso durante la adolescencia, por qué la adolescencia puede ser una coyuntura crítica en el desarrollo del género (especialmente para las chicas), las similitudes y las diferencias existentes entre géneros, y las cuestiones adolescentes masculinas y femeninas (Bumpas, Crouder y McHale, 2001; Eagly, 2000). 

Revisaremos éstos y otros muchos aspectos relacionados con el género en el Capítulo 10. La sexualidad se ha descrito siempre como una dimensión fundamental del desarrollo adolescente. Durante la adolescencia los niños y las niñas inician el camino para acabar convirtiéndose en hombres y mujeres. Se trata de un camino complejo, lleno de misterios y curiosidades. Un tema importante es que la sexualidad es un aspecto normal del desarrollo adolescente.

Los expertos en desarrollo están interesados en averiguar cuáles son las actitudes y comportamientos heterosexuales y homosexuales de los adolescentes norteamericanos; por qué Estados Unidos tiene los índices más altos de embarazo adolescente de todos los países industrializados y qué se puede hacer al respecto, y qué estrategias pueden ayudar a reducir las enfermedades de transmisión sexual (BasenEnquist et al., 2001; Ford, Sohn y Lepkowski, 2001; Kelly, 2000; Leadbetter y Way, 2000). Trataremos éstos y otros muchos temas relacionados con la sexualidad en el Capítulo 11. 

El desarrollo moral es otro aspecto importante en la vida de un adolescente. Los investigadores intentan dilucidar el papel que desempeñan los pensamientos, los sentimientos y los contextos en el desarrollo moral de los adolescentes (Bandura et al., 2001; Damon, 2000). Les interesa determinar la importancia de los compañeros y los padres en el desarrollo moral adolescente. También existe un considerable interés por descubrir la mejor forma de educar moralmente a los adolescentes y por identificar los valores de los adolescentes y lo que piensan sobre la religión. Estudiaremos éstos y otros muchos aspectos del desarrollo moral en el Capítulo 12.

En la adolescencia, la motivación de logro se convierte en algo mucho más serio. Los investigadores están interesados en determinar en qué medida factores como estar internamente motivado, planificar, fijarse metas, autocontrolarse y tener capacidad de superarse a sí mismo están implicados en la motivación de logro de los adolescentes (Elliot y McGregor, 2001; Weimer, 2000; Stipek, 2002). También quieren entender mejor el papel que desempeña el trabajo en el desarrollo adolescente y qué es lo que piensan los adolescentes sobre las carreras profesionales (Spokane, 2000). 

Desarrollaremos éstos y otros aspectos relacionados con el logro en el Capítulo 13. Importancia de los problemas y trastornos Hay demasiados adolescentes que tienen problemas y trastornos que restringen su posibilidades de alcanzar la etapa adulta de forma óptima (Miller et al., 2000). Los investigadores estudian problemas y trastornos como el uso y abuso de las drogas, la delincuencia, la depresión, el suicidio y los trastornos alimentarios (Mont, Colby y O'Leary, 2001). Quieren saber qué es lo que determina que los adolescentes desarrollen estos problemas y cuá­ les son las mejores formas de prevenirlos y de intervenir cuando aparecen (Alquzzine y Kay, 2002). 

Una tendencia actual consiste en reconocer que muchos adolescentes de riesgo presentan más de un problema y que los programas de intervención deben tener esto en cuenta. Expondremos éstos y otros aspectos de los problemas y trastornos adolescentes en el Capítulo 14. 

Importancia de la ciencia 
¿Importa la ciencia para comprender el desarrollo adolescente? Casi todos hemos oído en alguna ocasión que la experiencia es el mejor maestro. De todos modos, gran parte de los conocimientos que adquirimos a partir de experiencias personales se basan en nuestras observaciones e interpretaciones individuales. ¿Cómo podemos saber si son precisas? A veces cometemos errores de visión, audición e interpretación. Los estudios científicos nos ayudan a corregir las interpretaciones personales (Best y Kahn, 2003; McMillan y Wering, 2002). Durante las últimas décadas, la cantidad de investigadores interesados en el estudio de los adolescentes ha ido en aumento, y ello ha revertido en una comprensión mucho mayor de su desarrollo. 

Aunque todavía queda mucho por descubrir y sigue habiendo muchas controversias sobre el desarrollo adolescente, los científicos están haciendo muchos progresos en este campo. A lo largo de todo el libro, remarcaremos la importancia de la investigación y en el Capí­tulo 2 exploraremos en mayor detalle los aspectos científicos del estudio del desarrollo adolescente.

Importancia del pensamiento crítico 
¿Es usted un pensador crítico? ¿Qué significa ser un pensador crítico? Los pensadores críticos piensan reflexiva y productivamente y evalúan las pruebas empíricas.
Pensar críticamente significa ser capaz de plantearse preguntas sobre cómo se ha adquirido determinado conocimiento. Con frecuencia, tendemos a recitar, definir, describir, afirmar y enunciar, más que a analizar, inferir, conectar, sintetizar, criticar, crear, evaluar, pensar y repensar (Brooks y Brooks, 1993). 

Los pensadores críticos tienen la mente abierta, buscan determinantes múltiples del comportamiento y a menudo piensan como los científicos (Halpern, 1996). Pensar críticamente implica tener presente que las experiencias e interpretaciones personales están abocadas al error y que es importante examinar las pruebas sobre los distintos temas o cuestiones relacionados con el desarrollo adolescente. Le recomendamos que, conforme vaya avanzando en la lectura de este libro, adopte siempre una actitud crítica.

Para fomentar el pensamiento crítico, a lo largo del texto aparecen muchas preguntas bajo el encabezamiento de «Pensamiento crítico» y, al final de cada capítulo, los ejercicios de «Adolescencia en internet» también fomentan la reflexión crítica sobre problemas y cuestiones que se pueden consultar en Internet. Asimismo, también se incluyen citas periódicamente para estimular el pensamiento crítico. Hasta este punto, hemos examinado muchas ideas sobre lo que importa en la adolescencia. El siguiente repaso le ayudará a alcanzar los objetivos de aprendizaje relacionados con este tema. En este capítulo hemos presentado una introducción sobre el desarrollo adolescente. Al estudiar qué es lo que importa en el desarrollo adolescente, señalamos que la ciencia importa. En el próximo capítulo profundizaremos más en este tema.

 Objetivo de aprendizaje 6 
Saber qué es lo que importa para entender el desarrollo adolescente. 
• En lo que se refiere a los procesos biológicos, hay un gran interés por estudiar el papel que desempeñan la herencia y el ambiente, la evolución y la salud en el desarrollo adolescente. 
• En lo que se refiere a los procesos cognitivos, necesitamos entender los cambios que. se producen en las habilidades de pensamiento y toma de decisiones. También es importante analizar la naturaleza de la inteligencia en la adolescencia. 
• En lo que se refiere a los contextos, los entornos clave o ambientes donde se produce el desarrollo adolescente son la familia, los compañeros, los centros de enseñanza y la cultura. 
• En lo que se refiere al desarrollo social y de la personalidad, hay un gran interés por estudiar la construcción del yo y de la identidad, el género, la sexualidad, el desarrollo moral y la motivación de logro. 
• En lo que se refiere a la ciencia, los estudios científicos nos ayudan a corregir las observaciones individuales e interpretaciones personales sobre la adolescencia. 
• En lo que se refiere al pensamiento crítico, para entender mejor la adolescencia, es importante reflexionar profunda y sistemáticamente sobre este tema.

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