Es
tiempo de excesos. El mundo empieza a ser suyo y el vértigo les lleva a
descubrir los paraísos artificiales, sea Internet y las redes sociales o ese
cigarrillo medio clandestino apurado en la esquina del colegio. Un cigarrillo
que tal vez se convierta pronto en una rutina y, quizás, una carga. Todo a la
vez, y a edades más tempranas. Sea por inexperiencia o impulsividad, el consumo
y abuso temprano del alcohol (responsable de frecuentes ingresos de urgencia
hospitalaria) y el sexo precoz e inseguro son algunos de los riesgos más obvios
que acechan al adolescente. Oliva, sin embargo, matiza: es cierto que cada vez
son más precoces, lo que incrementa su vulnerabilidad ante el alcohol y otras
drogas. Pero adelantarse no siempre significa engancharse. Empezar a beber más
tarde no garantiza tampoco una posterior moderación. E, incluso, “algunos
llegan a beber más y a desajustarse durante más tiempo”, indica.
La
psicóloga del centro infanto-juvenil SINEWS Macarena Pi Davanzo antepone otros
riesgos: “Uno de los problemas de salud más graves a los que se enfrentan hoy
los adolescentes son los trastornos alimentarios. En la anorexia, las tasas de
suicidio se elevan al 30%. No en vano se trata del trastorno mental que más
adolescentes mata”, asegura.
Los
trastornos alimenticios van más allá de la moda de estar delgado. “Les llega
una insistente publicidad por diversos medios que les empuja a seguir unos
estándares de apariencia física bastante más inalcanzables que los exigidos a
generaciones anteriores, lo que les provoca una inseguridad profunda”, continúa
Pi Davanzo. “A una edad en la que la identificación con el grupo es importante,
esa mezcla de inseguridad y exigencia les lleva a tener conductas de riesgo en
una sociedad en que parece que todo está permitido. Y en la que los padres han
perdido autoridad no de forma consciente, sino porque no saben ejercerla”,
agrega.
