Este
artículo delinea algunas de las principales contribuciones biológicas
y psicológicas que buscan explicar el fenómeno de la
violencia juvenil. Se analizan los factores genéticos bajo los diferentes
estudios de adopción, gemelos y familiares, así como los
genes relacionados con la violencia. Se analiza el tópico de los
neurotransmisores, especialmente los hallazgos relacionados con
la serotonina. Al considerar los factores extrínsecos se subrayan los elementos
relacionados con la violencia y el abuso físico y
sexual además de la asociación con el consumo de alcohol y drogas.
Se analiza de forma resumida lo concerniente a los medios de comunicación y la
violencia. El artículo finaliza con una descripción
de los tratamientos de la violencia desde una perspectiva farmacológica y
psicoterapéutica. [Díaz JL, de la Peña F, Suárez
JA, Palacios L. Perspectiva actual de la violencia juvenil.
Palabras
clave: violencia jóvenes, causas biológicas y sociales.
Introducción
La
violencia juvenil está circunscrita a los periodos de la
infancia y la adolescencia. Recientemente se ha hecho notorio
el aumento de la prevalencia y severidad de los crímenes juveniles. Existe una necesidad imperante de conocer
ampliamente este fenómeno para mejorar la efectividad de los programas de
prevención y rehabilitación, principalmente
porque es elevada la tasa de recidivas en delincuentes
juveniles. De acuerdo al Departamento de Justicia
de Estados Unidos, citado por Steiner y cols,(1) se ha
encontrado que el 69 por ciento de convictos en libertad provisional
en ese país son arrestados nuevamente dentro de
los primeros seis años posteriores a su liberación.
Las
propuestas tradicionales de la criminología y de la sociología
ven a la delincuencia juvenil como una consecuencia del ambiente disfuncional y
postulan que si los delincuentes
son removidos de esos ambientes, serían capaces
de abstenerse de aquellas actividades criminales, pero esto no parece ser
suficiente. Los actos violentos y
crímenes perpetrados por los adolescentes afectan en varios
ámbitos, lo que ha generado el desarrollo de diversas tentativas de
tratamiento. En el ámbito personal se
presentan: deterioro emocional y físico e importantes consecuencias
económicas que se extienden desde la víctima,
hasta el victimario y los familiares de ambos.
En
el ámbito social, los actos delictivos también afectan a
la comunidad en general. Un tratamiento efectivo no sólo
debe beneficiar a esos jóvenes y sus familias, sino también
debe mantener a salvo a personas de ser posibles víctimas.
Según Borduin,(2) en un estudio epidemiológico de
la Oficina de Investigaciones Federales (FBI por sus siglas
en inglés) reportó que en 1996 el 30 por ciento de los
arrestos fueron hechos a jóvenes menores de 18 años, incluyendo
el 19 por ciento de crímenes violentos y el 35 por
ciento de los delitos a la propiedad. Además, se encontró que la cuarta parte
de los adolescentes detenidos eran delincuentes
caracterizados como crónicos o reincidentes, mismos
que eran responsables de más de la mitad de los delitos
cometidos por el total de los adolescentes.
Uno
de los propósitos del tratamiento de los delincuentes juveniles
es disminuir el número de crímenes, por lo que el principal
objetivo de la intervención es atender a los delincuentes juveniles reincidentes
o crónicos. Para la sociedad, los
delincuentes juveniles significan un gran gasto ya que en
especial aquellos que son violentos consumen muchos recursos
tanto de salud mental, de justicia, en educación especial
y en general se mantienen dentro de los sistemas de
salud mental y justicia hasta la adultez.
El
costo de la violencia suele ser una carga económica para cualquier
nación. En Estados Unidos el costo por tratamiento médico de daños causados por
armas es de US$4 billones, el
de la violencia doméstica es de US$44 billones. En 1991 el
costo promedio de heridas por armas de fuego fue de US$14.343.
El costo indirecto por pérdidas de propiedades, deterioro
urbano, cuidados médicos, protección privada y justicia
criminal fue de más de US$255 billones.(3). Colombia
ha sido catalogado como uno de los países más violentos
del mundo. En esta nación se concentra una particular
relación entre la violencia y la salud, particularmente entre la población más joven.
La tasa de homicidios es
una de las más altas del mundo, siendo el principal grupo
de afectados los hombres entre los 15 y los 24 años, además
ocupa el primer lugar en términos de mortalidad por
todo el conjunto de causas de violencia, ya que por cada
cuatro colombianos muertos, uno es por causa de la violencia
o por accidente.(4) Es
por esta razón que el tema de la violencia juvenil cobra especial
importancia para los médicos generales, psiquiatras y en general todos los
profesionales que atienden jóvenes
en Colombia.










