Haber trabajado con Françoise Dolto ha sido un maravilloso privilegio en mi vida de psicoanalista. Fue testimonio de una ética. No le interesaban los sabios sino que le interesaba la vida.
Decía, “el psicoanálisis debería estar al alcance de todos; en esta sociedad que hoy más que nunca necesita de palabras de aliento y de fuerza vital para seguir renovándose y creando nuevos caminos.
Considero que Françoise Dolto nos ha marcado un nuevo tiempo histórico del psicoanálisis dándonos a los que lo ejercemos la responsabilidad de devolver los beneficios implícitos que ha aportado y aporta el psicoanálisis reconociendo que el lado curativo es sólo una de las facetas de nuestro accionar profesional. Le interesaba la sociedad iluminada por los procesos psicoanalíticos.
Desde pequeña decía que iba a ser médica de educación; una medicina, una psicología, un psicoanálisis destinado a corregir las patologías que muchas veces produce la educación colocándola desde una perspectiva social, tanto como comprender los malos entendidos entre el niño y sus progenitores que producen angustias y sufrimientos. En su concepto de prevención decía: "Dejad a los niños producir sus gestos y sobre estos gestos poned palabras".
Lo más interesante del psicoanálisis es que comprende en profundidad al ser humano y que será entonces a través de su comprensión que en el futuro se podrá llegar entre otras cosas a la prevención de la violencia que es una erotización perversa de las relaciones arcaicas de los seres humanos entre sí y que se van repitiendo.
Estaba abierta a la cultura y atenta a todas aquellas dificultades que surgieron cotidianamente entre el niño y sus padres tratando de escuchar al niño como el lugar convergente de las quejas de los padres, a veces de los maestros y se interrogaba por toda la dinámica familiar diciendo que el analista debe estar a la escucha de lo que transmiten como prohibiciones de vivir generándose la maraña de lo no dicho o del discurso familiar frente a reacciones nocivas inconscientes de los adultos.
Elizabeth Roudinesco en el libro sobre Lacan dice: “utilizó su poder de sugestión no para reinar sobre un mundo de esclavos sino para servir a la causa de los oprimidos; en la historia de su destino esos oprimidos fueron primero los niños y más bien el pueblo soñado de esa infancia imaginaria de la que ella había sido desposeída en la tontería de su educación, después en el interior de ese pueblo fueron los oprimidos de los oprimidos, es decir, los niños pobres, pobres por su origen social, pobres por su miseria psíquica, pobres por su desgracia corporal; se ocupó así de todos los niños sufrientes, neuróticos, psicóticos, paralíticos, ciegos, inválidos, débiles mentales o sordos; lo sabemos hoy, hizo milagros”.
Maison Verte es un lugar creado por Françoise Dolto en 1979 para prevenir los trastornos relacionales en la infancia. Es una forma más en la que consiguió salir de su gabinete psicoanalítico para insertarse en la cultura, en la sociedad.
