viernes, 8 de febrero de 2013

Agresión y comportamiento en la adolescencia. J. L. Pedreira Massa. Paidopsiquiatra. Hospital Universitario Príncipe de Asturias.

«Cree a aquellos que buscan la verdad,duda de los que la han encontrado» ANDRÉ GIDE.


Introducción
En los últimos años estamos observando un incremento gradual en la investigación acerca de los trastornos del comportamiento en la infancia y la adolescencia. Tema controvertido cuando la infancia se presenta como una dulce etapa del desarrollo humano, donde la idealización somete a la razón y oculta la evidencia. El sujeto infantil emerge como un sujeto capaz de agredir. Esta afirmación hace que grupos de investigadores hayan decidido profundizar en las características del niño y adolescente que agreden, cómo se llega a tener este tipo de comportamientos agresivos y a profundizar en las diferentes formas y maneras de presentarse la agresión en estas etapas de la vida.

El niñ@ como agresor

En el año 1999 la Academia de Ciencias Médicas de Asturias organizó bajo mi dirección el primer curso socio-sanitario sobre «Violencia familiar», siendo de las primeras acreditaciones realizadas por la Comisión de Formación de Postgrado del Ministerio de Sanidad y Consumo con 3,5 créditos. En dicho curso el Fiscal Jefe de Menores de la Audiencia Provincial de Oviedo, el Sr. Valero, expuso con rigor los datos de su propia Memoria anual donde constaba, por primera vez de forma oficial, los malos tratos inflingidos por menores y que habían sido denunciados por sus figuras parentales. Eran pocos, apenas una veintena durante cinco años, pero aportaban una información inicial: solamente en un caso se refería a lo que denominamos como bullying, dos casos más por agresiones físicas a pares, otros dos casos por posibles abusos sexuales dirigidos a chicas de su entorno escolar, el resto era de violencia dirigida hacia las figuras parentales o tutores en forma de amenazas reiteradas, agresiones físicas, hurtos importantes.

En el informe del CGPJ sobre violencia familiar publicado en el mes de septiembre de 2003, la violencia de los  chic@s hacia sus tutores representaba el 14% de los delitos de violencia familiar, ésta se realiza por menores de 18 años y la violencia se dirige de forma prioritaria a la figura materna en el 85,7% de los casos.
Aunque la forma de presentar la agresión los chic@s es diversa existen unas líneas básicas en la forma de presentación y los sujetos hacia los que va dirigida dicha agresividad que especificamos, a modo de resumen, en la tabla I.

1.  Aproximación cuantitativa:  Sensu strictum no existen datos epidemiológicos, más allá de los aportados como casos registrados en las dependencias judiciales, que han sido expresados con anterioridad. No obstante sí que existen datos que cualifican la agresividad y su expresión en la infancia y la adolescencia.

En un reciente estudio realizado por el Departamento de Antropología de la Universidad de Valencia, dirigido por la Profra. Pérez, se constata que los jóvenes que pasan más tiempo ante la pequeña pantalla tienen una mayor predisposición a presentar ellos mismos comportamientos violentos, así como en sus actitudes y creencias, pero de forma simultánea son chic@s que se sienten menos felices.
En ese estudio se constata que al menos uno de cada cinco chic@s les atraen las escenas violentas, definidas como «aparecen personas a las que se hace daño», el porcentaje se eleva 
   
Tabla I  El niñ@ como agresor
• 1. Hacia los pares:
– 1.1. Acoso o bullying
– 1.2. Abuso sexual
– 1.3. Actos criminales
• 2. Hacia las figuras parentales:
– 2.1. Amenazas e intimidación
– 2.2. Violencia física
– 2.3. Actos criminales
• 3. Hacia otras figuras de autoridad (profesores, profesionales de la salud):
– 3.1. Amenazas e intimidación
– 3.2. Violencia física
– 3.3. Actos criminales


hasta el 44,8% en la aceptación de la pelea entre rivales para conseguir un fin. Frente a estas imágenes violentas son las chicas (88,5%) y los menores de 11 años ( 84%) quienes muestran un mayor rechazo, pese a que no disfrutan con la violencia el 77% de esos 2000 chic@s entrevistados. Cuanto más ven la TV más les agrada la violencia, 28% de los que rondan las 2 horas de TV en días escolares, frente al 16% de los que la ven menos de una hora. También son los chic@s del primer grupo los que prefieren que los personajes de las series «no sean blandos» y «sepan imponerse a los demás», abogando por esta opción uno de cada dos chic@s, queriendo ser tan fuertes como los protagonistas o poseer sus mismas habilidades para pelear. En uno de cada cuatro les gustaría tener sus armas y en uno de cada tres «poseer la fortaleza de sus puños».

En oposición a estos datos los chic@s que ven menos TV valoran que los personajes muestren buenos sentimientos y que los protagonistas se preocupen por los demás. En otro trabajo encargado por el Consejo de RTVE el 38,7% de los chic@s que ven poco la TV les resulta «desagradable» las escenas violentas, mientras que desciende al 20% cuando son chic@s que ven más de 2 horas la TV.
Con estos datos no es de extrañar que, según la media de los trabajos descriptivos por encuesta a escolares tanto nacionales como internacionales, entre el 3-8% de los chic@s son objeto de abuso de poder por parte de sus compañeros de clase casi cada día, siendo el 2-15% el de los chic@s que admiten llevar a cabo este tipo de conductas hacia sus compañer@s. Si el abuso de poder es con una frecuencia menor o por temporadas, las cifras podrían elevarse, según estos mismos estudios, hasta casi el 30%.

2. Factores psicosociales favorecedores de comportamientos violentos en la infancia y la adolescencia: Se sabe que el comportamiento es una resultante final de factores genéticos, de factores del desarrollo individual, de factores familiares, de factores de aprendizaje y de factores sociales, también de la interacción entre los factores de vulnerabilidad y riesgo con la presencia y acción de los factores protectores. No obstante vamos a sistematizar en este apartado algunos elementos comprensivos desarrollados desde la perspectiva de la adquisición y consolidación de comportamientos y actitudes agresivas.
El clima de violencia social y educativa actual tiene un impacto mayor que en otras épocas posiblemente porque se extienda con más facilidad, entre otros factores por la incidencia de los medios de comunicación sobre el problema, tanto en la divulgación de actos violentos como en la generación de violencia. Otro factor estudiado es la presión de la sociedad de consumo, donde las necesidades económicas para la adquisición de bienes de consumo son crecientes, lo que estimula un incremento de la delegación cada vez mayor en la transmisión de valores educativos por parte de las figuras parentales en otras figuras sustitutas.
En este contexto es preciso señalar la extensión de la violencia por parte de la infancia y la adolescencia como un hecho constatable y que debe ser considerado. Pero también los límites y el proceso educativo, a distintos niveles, ha sufrido un movimiento pendular, pasando de forma brusca de métodos represivos y autoritarios a métodos permisivos y con límites poco precisos, cuando no contradictorios e inconsistentes.

viernes, 1 de febrero de 2013

PREVALENCIA DE LOS TRASTORNOS DE CONDUCTA. JOAQUÍN DÍAZ ATIENZA

INTRODUCCIÓN.

Existe una amplia bibliografía epidemiológica sobre los trastornos de conducta en al infancia y la adolescencia realizados  en población general que nos proporcionan una información interesantísima sobre los índices de prevalencia así como de los factores que confluyen en su presentación y evolución, sobre los diferentes subtipos, las características diferenciales según la edad de presentación y las diferencias entre ambos sexos.
Metodológicamente la  mayoría de ellos responden a las exigencias del estudio: muestras representativas, pocos abandonos en los estudios longitudinales e instrumentos de diagnóstico fiables.

PREVALENCIA

Al final del capítulo presentamos varias tablas que resumen algunas de las investigaciones realizadas.
1. Trastorno oposicionista-desafiante.
La prevalencia durante la infancia sería de un 3-4%, siendo más frecuente entre los niños que entre las niñas (4-5% frente al 2-3%, respectivamente). La prevalencia presenta un pico a la edad aproximada de los 8-10 años, tanto en niños como en niñas.
En la adolescencia también es mayor en niños que en niñas adolescentes:  2-4% frente al 1- 2%, respectivamente, presentado un índice global del 1 – 3%.
2. Trastorno disocial (trastorno de conducta).
Contrariamente a lo que sucede en la infancia, en la adolescencia los trastornos de conducta son más frecuentes. Igualmente, en esta etapa del desarrollo también son más frecuentes en el género masculino que en el femenino. Así tenemos que la prevalencia en la adolescencia es de un 3-9% frente a un 2% en la infancia. Respecto a las diferencias por sexos y edad tenemos que en los adolescentes masculinos sería de un 5-9% frente a un 1-2% en la infancia. En las niñas  preadolescentes sería de un 0-3% frente a un 2-5% en las adolescentes.

viernes, 25 de enero de 2013

Abordaje del Vinculo Fraterno en una Institucion Carcelaria. (1) Alicia Beatriz Lacuzzi.

La realidad laboral carcelaria compele a actualizar nuestros sustratos teóricos y empíricos. Nuestras praxis se dirigen a problemáticas que dentro de la institución se van diagnosticando. Tenemos el compromiso de no claudicar en el develamiento y atención de psicodinámicas que se ponen de manifiesto dentro de las “encrucijadas de la libertad” (excediendo la connotación de ‘detenido’).
La realidad penitenciaria transita por un empobrecimiento que no nos ubica a la altura de las circunstancias, interpelándonos científica y éticamente en nuestro quehacer. Trabajar en un contexto carcelario no resulta neutro. El ‘aggiornamiento’ profesional  no puede estar a expensas de incorporación de conocimientos que provee  lo académico. De allí el presente Proyecto multidisciplinario como herramienta clínica y de investigación.

FUNDAMENTACIÓN  EMPÍRICA.

La escucha de la singularidad mas allá del síntoma se constituye en la ‘vía reggia’ para el devenir de la subjetividad dentro de parámetros mas saludables al servicio de la pulsión de vida.
Atentas a las realidades humano-familiares que presentan los internos registramos que:
a) hay internos con hermanos detenidos (en la misma o en otra UP).
b) hermanos acompañan con su visita la privación de libertad.
c) internos tienen hermanos muertos o tienen que  duelar alguno fallecido (por enfermedades, situaciones delictivas, etc.) estando detenidos.
d) fratrías numerosas (en ocasiones hijos de diferentes padres) provenientes de contextos familiares con violencias múltiples quedando en estado de desamparo, compelidos a  vagabundeo, transgresiones y desafíos a la ley desde temprana edad.
e) hermanos compañeros de causa.
f) abuelos y tíos que se han hecho cargo de la crianza de  nietos y sobrinos en subrogantes funciones por abdicación y/o déficits de funciones parentales.  
Situaciones con potencialidad patógena pueden constituirse en oportunidades de intervenciones en pro de la organización de un universo libidinal mas saludable y el mejoramiento de las funciones yoicas. Así, se decidió enfrentar el ABORDAJE DEL VÍNCULO FRATERNO dentro de la ‘clínica de lo abyecto’: 

FUNDAMENTACIÓN CONCEPTUAL: ACERCA  DEL  VÍNCULO  FRATERNO.

Se toman como  encuadre interno profesional las conceptualizaciones del Dr. Kancyper.
Partimos de la importancia de las funciones parentales en la migración libidinal yo-objeto dentro de las dinámicas de la descendencia para construírse la fratría. De ellas emanan ideales, mandatos y servidumbres a través del proyecto identificatorio. Surgen así los ‘lugares adscriptos’ que como ‘sentencia’ inconciente condenan a la profecía de la repetición y a pactos perversos y sadomasoquistas.
En particular, la función paterna se insinúa con fuerza de ley y salvaguarda de interdicción, delimitando las dinámicas generacionales, con-figurando diversas homeostasis dentro del sistema familiar.

La presencia de un hermano  es garante fundante, estructurante de la horizontalidad con funciones de reconocimiento, modelo, auxilio, complementación. También como enemigo dentro de la dinámica de rivalidad intra-generacional del doble (‘asunto entre hermanos’).
La ineficacia de la función paterna es frecuente dentro de la población institucionalizada, debiendo los coetáneos colaborar en el ordenamiento libidinal al resultar también deficitarias la funciones transgeneracionales y materna.
El concepto vínculo fraterno aludiría a las representaciones concientes, preconcientes e inconcientes respecto a los efectos psicológicos de los hermanos (vivos y muertos) como doble consanguíneo que puede trans-formarse en ominoso. El hermano como semejante extraño e intruso, vicariante parental muchas veces. El poder de estos sentires generan entramados libidinales factibles inclusive de reeditarse en el plano de otras relaciones interpersonales, deseos inconcientes que se actualizan en quebrantos y taliónicos desenlaces.

viernes, 11 de enero de 2013

LA PATOLOGIA NARCISISTA HOY* Otto Kernberg**. Incluye Coloquio.

Ha sido difícil decidir si les voy a seleccionar un tema específico o un panorama general sobre narcisismo, tal como veo el tema en la actualidad. He decidido dar un panorama general, eso significa tocar una multitud de temas. El peligro está en quedarse en la superficie y ser dogmático por no tener tiempo de desarrollar el tema en profundidad; pero, por otro lado por lo menos les da una visión a vuelo de pájaro de lo que pienso. En la discusión podrían hacer preguntas, confrontadas con críticas, lo que permitiría profundidad en el tema.
Para empezar por la base:
Definiciones
Hay dos definiciones de narcisismo. Una, a nivel metapsicológico, psicoanalítico: el narcisismo es el investimiento del Yo (o del Self) con líbido. Una definición breve y elegante, que oculta todo tipo de problemas. En primer lugar, el hecho de que lo que llamamos el Yo, incluye lo que ahora modernamente se considera el Self, es decir, el Yo, no como una estructura abstracta, metapsicológica, (Yo, Ello y Super Yo), sino Yo también como estructura subjetiva, Yo como integración del concepto de sí mismo, o sea el Self. Es importante tener en cuenta que Freud siempre utilizó el concepto “ich” desde que desarrolló lo que se llama en Europa, la segunda tópica, (en Estados Unidos, la teoría estructural). Es decir, narcisismo, desde un plano metapsicológico, es la investidura, no simplemente del Yo como aparato, sino del Self como estructura subjetiva.
En el plano clínico: narcisismo se refiere a la regulación normal o patológica de la autoestima. Desde este punto de vista, puede haber una regulación de la autoestima normal o patológica, que a su vez depende de una serie de estructuras psicológicas complejas. Y es ahí donde lo clínico práctico se enlaza con la metapsicología.
No hay una concepción única sobre narcisismo en el psicoanálisis. Existe lo que yo llamaría la escuela francesa, (cuando hablo de la escuela francesa me refiero a la corriente no lacaniana: Grumberger y André Green), está la escuela Kleiniana, especialmente las contribuciones de Herbert Rosenfeld que me han influido enormemente, está la escuela de la psicología del Self de Kohut, frente a la cual, como ustedes saben, tengo actitudes muy críticas y, también mi posición.

Mi posición deriva de la escuela de la psicología del Yo americana, pero de un subgrupo de esa escuela que incluye una teoría de relaciones de objeto, especialmente la que comenzó con Erikson, siguió con Edith Jacobson y Margaret Mahler, que me han influido mayormente y que corresponden por otro lado y en muchos sentidos, a la teoría de relaciones de objeto desarrollada tanto por la escuela Kleiniana, como por la escuela Independent group (especialmente Fairbairn) en Inglaterra. Ustedes ya habrán reconocido en mis puntos de vista la influencia tanto de Edith Jacobson como de Fairbairn.
Creo que las definiciones son comunes a todas las escuelas, en tanto que las formulaciones teóricas y las implicaciones clínicas, muy diferentes,. Desde este punto de vista tengo que limitarme de momento a hablar de mi propia posición y lo voy a hacer de ahora en adelante, pero estoy dispuesto a discutir los puntos de vista alternativos, si ustedes lo desean, en la discusión que sigue.
Para empezar desde un punto de vista clínico, yo creo que hay que diferenciar el narcisismo normal adulto de la patología narcisista que, a su vez, es o infantil, o una patología de inversión de la relación objetal dominante, y, por último, la patología de la personalidad narcisista.
Debo decir en este sentido que Freud en su trabajo inicial sobre el narcisismo, describió las entonces llamadas neurosis narcisistas (que son las psicosis). Ya no utilizamos el término narcisismo para eso, desde un punto de vista descriptivo-estructural, y en cuanto a que hay problemática narcisista en toda patología, ya el concepto deja de tener un aspecto específico, y yo trataré de hablar de la patología específica narcisista.

Narcisismo normal adulto
La regulación de la autoestima normal está dada por la integración del concepto de sí mismo que, a su vez, depende de la capacidad de desarrollar lo que, en teoría Kleiniana, se llaman relaciones totales de objeto, e integrar representaciones buenas e idealizadas de sí mismo con representaciones malas y persecutorias de sí mismo. De esta integración viene el concepto del Yo normal, y este Yo (o Self) normal es investido libidinalmente y asegura tanto una sensación de continuidad de la experiencia subjetiva, como de valoración de sí mismo. El narcisismo normal, entonces, está basado en la integración de libido y agresión en las representaciones parciales de sí mismo, que están integradas en el concepto del Self.
El Self está protegido secundariamente por la integración a la vez de representaciones significativas de otros; tenemos un mundo interno de representación de las personas que queremos y que nos quieren a nosotros, un mundo interno en nuestro corazón que nos protege libidinalmente hasta cuando externamente estamos solos; en cambio, como veremos, en las estructuras narcisistas tenemos un mundo interno destruido. El narcisismo normal también está protegido por un superYo normal, una moralidad inconsciente y consciente que nos aprueba en cuanto que vivimos a la altura de las demandas del Ideal del Yo y de las prohibiciones (de los aspectos prohibitivos) del SuperYo. Esto también asegura la autoestima y hace, por ejemplo, que cuando nos critican y sentimos que la crítica es objetiva, nos sentimos mal, pero no nos provoca una melancolía. El SuperYo normal nos protege de reacciones excesivas autoagresivas.
El narcisismo normal también está protegido por la gratificación de nuestros instintos: la gratificación de nuestros impulsos instintivos, la gratificación sublimatoria de impulsos agresivos y la gratificación de impulsos sexuales, favorece el narcisismo normal.

Narcisismo infantil
El primer grado de narcisismo patológico como les dije, es el narcisismo infantil, que existe en toda la patología de carácter, en todas las neurosis, por cuanto todos los conflictos neuróticos se basan en una fijación de conflictos infantiles, entre impulsos infantiles y el SuperYo infantil. Puesto que el SuperYo infantil mantiene demandas y prohibiciones infantiles, la autoestima infantil depende de valores infantiles y por tanto el narcisismo infantil no es el mismo que el del adulto, y toda patología neurótica contiene también una patología narcisista en el sentido de una fijación a ese narcisismo infantil. Ejemplo: una niñita de cuatro años se siente muy bien porque está limpia y no tiene ninguna conducta mala sexual y no se masturba. Eso está bien para una niñita de cuatro años, una mujer de 30 años que se rige según estos principios, tiene muy mala situación en la vida real. En este sentido, el narcisismo infantil es una problemática envuelta en el mantenimiento inconsciente de los valores infantiles del SuperYo, en contraste con los valores adultos. Pero esto es una patología no específicamente narcisista.
Más específico, pero a un nivel intermedio de gravedad: la inversión de roles entre sí mismo y objeto, que Freud describió como patología narcisista en su famoso trabajo de 1914, en aquellos homosexuales masculinos que quieren a otra persona como si fuera ellos mismos, mientras ellos se identifican con un madre y quieren a su pareja homosexual como quisieran que la madre los hubiera querido a ellos. Existe ahí una patología narcisista, un amor narcisista, se quiere a la otra persona que se representa a sí misma, pero al mismo tiempo, en cuanto a que uno se identifica con el objeto de este Yo proyectado, actúa una relación de objeto, si bien con roles inversos, el Yo en el rol de objeto, el objeto en el rol del Self.

jueves, 3 de enero de 2013

Recursos de Salud Mental para Jóvenes Infractores - Proyecto MHYO


Introducción
El fenómeno de los jóvenes infractores con problemas de salud mental se ha convertido en un problema a nivel europeo que es necesario tratarlo. Diferentes estudios y experiencias en la investigación se han centrado en las tendencias de los menores y de los jóvenes que tienen un comportamiento delictivo y los que también sufren una enfermedad o una alteración de la salud mental, asociados la mayoría de ellos con un consumo y abuso de sustancias. Existen menores y jóvenes con trastornos mentales, ya sea aisladamente o en combinación con la adicción a sustancias tóxicas, que han causado o contribuido al desarrollo de ciertos comportamientos antisociales.

Cuando en 2006 fue pronunciada una estrategia en la Unión Europea sobre la salud mental, el Parlamento Europeo señaló que teniendo en cuenta a los delincuentes en edad adulta “aproximadamente el 40% de los presos sufren algún tipo de enfermedad mental, y la probabilidad de suicidarse es siete veces mayor en comparación con la gente que se integra en la sociedad. Las condiciones inadecuadas en las cárceles pueden agraviar la enfermedad e impedir la rehabilitación”. En el caso de los jóvenes en situación de privación de la libertad, tienen una mayor tendencia a desarrollar enfermedades mentales que los adultos. Las cifras muestran que el 95% de los jóvenes sufren al menos un problema de salud mental y el 80% más de uno. De acuerdo con la organización Prison Reform Trust, la probabilidad de que los menores en situación de detención cometan suicidio es dieciocho veces mayor que la gente que vive en la comunidad.

Según los investigadores científicos y los profesionales en justicia juvenil, existen evidencias cada vez mayores de que la mayoría de los jóvenes infractores en los sistemas de justicia juvenil a nivel mundial tienen síntomas de problemas mentales y otros más serios con el consumo de drogas. Reconocidos investigadores a nivel mundial han descubierto que la mitad o un tercio de los jóvenes que ingresan en los centros de detención preventiva cumplen los criterios necesarios para sufrir para uno a más problemas mentales. Además, esto se convierte en un problema significativo tanto a nivel de salud física y mental como de su bienestar, y se agrava si estas necesidades no son identificadas ya que repercute a largo plazo en un futuro en sus vidas.

El problema central sobre las enfermedades mentales de los jóvenes es la cuestión sobre su responsabilidad penal. En teoría, cuando se declara a los acusados mentalmente inestables, no pueden ser condenados por un delito debido a que su capacidad está reducida/disminuida. Sin embargo, los profesionales en justicia juvenil tienden a pasar por alto las señales y los síntomas propios de los problemas de salud mental en los jóvenes infractores y, por consiguiente, son impuestas sentencias de naturaleza más bien restrictiva que terapéutica. Dichas sentencias solo pueden exacerbar los problemas mentales.

Además, se hace evidente la carencia de un tratamiento adecuado así como de estrategias y políticas adecuadas para tratar a los jóvenes con problemas mentales. Tampoco existe una formación adecuada en el ámbito judicial de los profesionales y existe una carencia de colaboración con el sector sanitario, con lo que a menudo se complica la eficacia en respuestas efectivas a jóvenes con problemas de salud mental.

Cuando políticas y estrategias en los ámbitos de justicia, salud y del derecho del menor, son planteadas, la tarea más crítica para la UE así como para las entidades nacionales es el reconocimiento de las necesidades de los jóvenes infractores con problemas de salud mental. En lugar de institucionalizar los problemas de salud mental en las prisiones, en las organizaciones para la justicia juvenil o en las sanitarias, la tarea preponderante para los países europeos tendría que ser la de facilitar la disposición de recursos individuales adaptados a las necesidades particulares de niños y de jóvenes infractores con problemas de salud mental a través, por ejemplo, de la creación de unidades específicas o de terapia comunitaria. Teniendo en cuenta que ante la gran variedad de instrumentos internacionales y normas que garanticen los derechos y el bienestar de los niños, en los que se incluyen a los jóvenes, esta situación que afecta a los menores es inaceptable.

En este contexto, y dentro del Programa DAPHNE III, la Comisión Europea apoyó al Observatorio Internacional de Justicia Juvenil (OIJJ) en el desarrollo y la coordinación de un proyecto de estudio comparativo sobre la situación actual de los jóvenes infractores con problemas de salud mental en Europa. Por consiguiente, el innovador proyecto titulado Análisis Comparativo Europeo y la Transferencia de Conocimientos sobre Recursos de Salud Mental para Jóvenes Infractores (MHYO) ha sido finalizado y llevado a cabo entre Diciembre 2009 - Diciembre 2011.

Proyecto MHYO

Descripción
El Análisis Comparativo Europeo y la Transferencia de Conocimientos sobre Recursos de Salud Mental para Jóvenes Infractores (MHYO) es un proyecto innovador y sostenible basado en la puesta en común de conocimientos y expertos en la materia en relación con los jóvenes infractores con trastornos mentales. De esta forma, desde finales de 2009 la Dirección General de Justicia, Libertad y Seguridad de la Comisión Europea ha apoyado al Observatorio Internacional de Justicia Juvenil (OIJJ) en el desarrollo, seguimiento y coordinación del presente proyecto de análisis y comparación entre las organizaciones europeas que comparten un interés común en la situación actual de los jóvenes infractores con problemas de salud mental en Europa.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Entrevistas OIJJ - Sra. Marianne Moore. Experta en Justicia Juvenil. Reino Unido



Con la siguiente entrevista la Sra. Marianne Moore, experta en justicia juvenil del Reino Unido, presenta uno de los principales resultados del Proyecto MHYO: Análisis Comparativo Europeo y la Transferencia de Conocimientos sobre Recursos de Salud Mental para Jóvenes Infractores (MHYO), Volumen II: 'Manual para la mejora de los conocimientos y habilidades profesionales y el desarrollo de programas de promoción' coordinado por el OIJJ y apoyado por la Comisión Europea.
En este contexto, es analizada la formación adecuada para los profesionales que trabajan con menores infractores con problemas mentales para mejorar el conocimiento y habilidades profesionales. También añade algunas recomendaciones relevantes que los estados deberían llevar a cabo para mejorar la situación de estos jóvenes que sufren problemas de salud mental.

Marianne Moore es especialista en justicia juvenil reconocida internacionalmente. Como directora del Estudio de Justicia Ltd entre sus clientes se incluyen: OIJJ, UNICEF en Afganistán y Turquía; y Reforma Penal Internacional. Recientemente, ha diseñado una política de prevención de la delincuencia para niños en Afganistán y ha proporcionado asistencia estratégica a dos organizaciones benéficas que trabajan con infractores en Uganda: el Proyecto de Prisiones de África y apoyo para la Vida.

Antes de crear el Estudio de Justicia Ltd, Marianne era una consultora en Cordis Bright Ltd donde dirigió tres exámenes de gran escala en centros de detención en Reino Unido para la Junta de Justicia de Menores de Inglaterra y Gales. Éstos se centraban en jóvenes infractores con necesidades de tratamientos específicos y aquellos que debían cumplir largas sentencias. Estando allí, también entrenó a profesionales de la justicia juvenil mejorando el cumplimiento de los Servicios de Jóvenes infractores con los Estándares Nacionales de la Justicia Juvenil en Reino Unido. Antes de trabajar en Cordis Bright, Marianne era una consultora en Tribal Consulting y Capita Consulting. Ha publicado trabajos sobre justicia juvenil y género, protección de menores y sobre estándares internacionales de detención de jóvenes. Tiene un master en Justicia Juvenil y Criminología aplicada de la Universidad de Middlesex y un graduado de la Universidad de Oxford.

La Comisión Europea apoyó al Observatorio Internacional de Justicia Juvenil (OIJJ) en el desarrollo y la coordinación del Proyecto MHYO – El análisis comparativo europeo y la transferencia de conocimientos sobre recursos de salud mental para jóvenes infractores. Como usted ha sido encargada del seguimiento del Proyecto MHYO- Volumen II, ¿cuál es su objetivo y qué es lo que define usted como innovador en los resultados obtenidos?

El tema de los jóvenes infractores con problemas de salud mental tiene poco reconocimiento y no se ha investigado lo suficiente. Hay un escaso compromiso nacional, incluso menor que en la cooperación internacional, y se centró en la búsqueda de soluciones para el asunto en cuestión que ahora está muy extendido. Estar en conflicto con la ley es un tema tabú, y el tener problemas de salud mental otro. La gente, por lo general, no sabe cuál es la mejor manera de enfrentarse a esa situación, por lo que finge que no es real. Por eso, el Programa MHYO tiene por objetivo poner este tema en la agenda internacional, y eso es innovador. Su objetivo es proporcionar una nueva investigación, destacando las mejores prácticas, y dar medios prácticos para mejorar la situación de los jóvenes infractores con problemas de salud mental. Además, intenta captar la atención a todos los niveles sobre la toma de decisiones e, incluso, ofrecer formas y soluciones prácticas para la mejora en la práctica in situ. Así pues, es una campaña global para mejorar la vida de los jóvenes infractores con problemas de salud mental, lo cual era necesario desde hace bastante tiempo.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Dilemas e imprecisiones en el diagnóstico en salud mental del adolescente: el paradigma del TDAH Cornellà i Canals, Josep 1*


Revisión teórica
Resumen
Desde hace más de un siglo, se ha prestado especial atención hacia aquellas personas que, con inteligencia normal, tienen dificultades en mantener su atención y concentración. Se han propuesto múltiples denominaciones. El DSM-IV (Manual Estadístico de Diagnóstico de la Academia Americana de Psiquiatría, 4ª edición) acepta el término “Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad” (TDAH), mientras que la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS) habla de “Trastorno Hipercinético”. ¿Está de “moda” el TDAH? Tendemos a “medicalizar” muchos de los conflictos del día a día. La triada sintomática del TDAH (hiperactividad, inatención e impulsividad) puede aparecer en niños normales y en distintos trastornos psiquiátricos. El diagnóstico debe ser clínico, hay que apurar un diagnostico diferencial, hay que ser cauto con la comorbilidad  y debe considerarse  la globalidad de la persona y de su entorno, incluyendo el posible fracaso del sistema educativo actual. Reflexión sobre los límites del diagnóstico, en un momento en que abundan los diagnósticos en pacientes en pleno proceso de desarrollo.

Introducción
Desde hace más de un siglo, se ha prestado especial atención hacia aquellas personas que, con inteligencia normal, tienen dificultades en mantener su atención y concentración. Se han propuesto múltiples denominaciones. El DSM-IV (Manual Estadístico de Diagnóstico de la Academia Americana de Psiquiatría, 4ª edición) acepta el término “Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad” (TDAH), mientras que la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS) habla de “Trastorno Hipercinético”.
¿Está de “moda” el TDAH? Tendemos a “medicalizar” muchos de los conflictos del día a día. La triada sintomática del TDAH (hiperactividad, inatención e impulsividad) puede aparecer en niños normales y en distintos trastornos psiquiátricos. El diagnóstico debe ser clínico, hay que apurar un diagnostico diferencial, hay que ser cauto con la comorbilidad y debe considerarse  la globalidad de la persona y de su entorno, incluyendo el posible fracaso del sistema educativo actual.

Datos para la reflexión
- Existe una enorme disparidad en las tasas de prevalencia, oscilando entre el 1 y el 18 %. Con criterios DSM-IV las cifras pueden ser hasta cuatro veces más elevadas que con los criterios más estrictos de la CIE-10. Ha habido un interés en la utilización del modelo estadounidense por encima del de la OMS, mucho más restrictivo.
- Las tasas de prevalencia varían incluso con los mismos criterios DSM. Con encuestas cumplimentadas por profesores de primaria (1), se pasó de una tasa del 9,6 % (cuestionarios basados en criterios DSM-III) al 10,9 % (criterios DSM-III-R) y al 17,8 % (criterios DSMIV). ¿Se trata únicamente de criterios científicos, o existen intereses económicos y políticos en la definición del trastorno?
- Un metaanálisis (2) que conjuga los criterios DSM con los CIE proporciona una prevalencia del 5,29 %. Nos queda la duda sobre la validez de la metodología de screening seguido.
- Los estudios de screening basados en la cumplimentación de un cuestionario dan tasas muy elevadas de TDAH. En muchos, falta la correspondiente entrevista y exploración psiquiátrica para confirmar o no la existencia del  trastorno. En otros estudios, desde equipos de neuropediatría, falta el diagnóstico diferencial psiquiátrico.
- Sin negar la existencia de un grupo de niños y adolescentes que presentan dificultades en mantener la atención y la concentración, debemos reconocer también la presión existente sobre los profesionales de la salud (pediatras de atención primaria, paidopsiquiatras, psicólogos, etc.) para el diagnóstico del TDAH.
- Los síntomas del TDAH pueden aparecer en muchos otros trastornos psiquiátricos infantiles, así como en niños normales con deficiencias educativas o en adolescentes que, simplemente, muestran su rebeldía (3). Julio Bobes  (4) advierte sobre los peligros de “psiquiatrizar” los problemas de la vida diaria.
- Existen algunas revisiones críticas. En un estudio  retrospectivo, P. Hill (5) concluye que solamente la mitad de los pacientes previamente diagnosticados de TDAH podían ser considerados dentro de esta categoría diagnóstica.  Datos semejantes encontramos en una revisión crítica que hicimos sobre 158 pacientes (6).

Las edades de mayor riesgo: preescolares y adolescentes.

Con excesiva frecuencia se diagnostica un TDAH en niños menores de 6 años. La agenda para el DSM-V se plantea si es posible establecer un diagnóstico correcto de TDAH antes de los doce años. En el preescolar, muy a menudo, los síntomas de inatención obedecen mayormente a una evolución madurativa más lenta que el ritmo de aprendizajes que imponen los planes de estudio.
La atención es una función cognitiva que va madurando a lo largo de estos años. La normalidad no debe confundirse con la media.
Los síntomas diana del cuadro pueden aparecer en niños normales, con falta de límites educativos, o con otras alteraciones. Es imprescindible la evaluación exhaustiva de todas las áreas psicopatológicas. Siempre hay que considerar el síntoma por encima del trastorno.
En la adolescencia pueden aparecer otros trastornos emocionales o conductuales que dificultan el diagnóstico y pueden crear confusiones diagnósticas. Por lo tanto, no nos queda más remedio que volver a los principios, a los elementos básicos del ejercicio de la medicina.

El diagnóstico, el diagnóstico diferencial y la comorbilidad.

El diagnóstico del TDAH es un acto médico, y como tal, requiere obtener todos los datos posibles para hacer una aproximación diagnóstica, teniendo en cuenta todos los factores posibles, y libres de influencias y prejuicios externos. Todo diagnóstico en psiquiatría es un acto médico, al igual que ocurre en las demás especialidades médicas. Nunca puede obedecer un diagnóstico al cumplimiento de unos cuestionarios.  Los psiquiatras, como médicos, debemos repasar los conceptos básicos ligados al diagnóstico.
1.- El diagnóstico
Diagnosticar supone entender con la máxima precisión científica la dinámica del proceso morboso, y nombrarle nosográfica e individualmente con expresividad y concisión. Diagnosticar supone “conocer, aparte del cuadro sintomático y el curso del proceso morboso en cuestión, los factores patogenéticos o causales “strictu sensu” y los factores patoplásticos o configuradores de tal proceso.”(K Birnbaum, 1923).

jueves, 13 de diciembre de 2012

¿TDAH en la adolescencia? 50 preguntas orientativas para reconocer y tratar el TDAH. NÉSTOR SZERMAN


1.¿Qué es el TDAH? 

Durante muchos años, el Trastorno por Déficit de Atención-Hiperactividad, conocido entre los clínicos por sus siglas TDAH, resultó ser especialmente conocido y diagnosticado por pediatras, cuando los padres o  educadores derivaban a un niño con conductas disruptivas, muy impulsivo e hiperactivo. Este trastorno, tratado o no, se esperaba que continuara  hasta la pubertad, período de la vida en el que se suponía remitía espontáneamente. Durante la última década, la investigación neurobiológica y  la experiencia clínica han cambiado radicalmente nuestra comprensión  de este trastorno. Ahora sabemos que el trastorno afecta no sólo a niños  varones hiperactivos, sino a un sustancial porcentaje de niños, adolescentes y adultos de ambos géneros, probablemente al menos al 5% de la  población, muchos de los cuales no son hiperactivos. Surgen ahora las dificultades cognitivas como centrales en el trastorno, dentro de las cuales  la falta de atención es la más llamativa, pero abarca una amplia variedad 
de funciones cognitivas, incluyendo habilidad para activar y organizar un  trabajo, habilidad para sostenerse alerta, capacidad para utilizar a corto plazo y de forma efectiva la “memoria de trabajo”(1), etc. Algunas de  estas dificultades de atención están recogidas en los criterios diagnósticos usuales como el DSM-IV, aunque va emergiendo el conocimiento  de que particularmente adolescentes y adultos presentan un gama más  amplia de dificultades cognitivas que se solapan con alteraciones en las   “funciones ejecutivas” que cumplen un rol crítico en integrar y regular el  conjunto de la actividad mental.(2) En resumen, se ha cambiado el criterio  simplista del TDAH como niños hiperactivos, hacia una comprensión del  trastorno que incluye alteraciones crónicas en funciones críticas para la  activación, integración y organización de la actividad mental, determinantes para una eficaz adaptación a las exigencias académicas, laborales y de las relaciones sociales.  


2. ¿Qué no es el TDAH?  
No es un problema emocional ni tampoco un problema de aprendizaje.  Es esencial distinguir entre problemas emocionales, sociales y familiares  que originan dificultades académicas y los problemas emocionales, sociales y familiares que surgen como consecuencia de un TDAH. El TDAH  es “poco comprendido”, porque los afectados parecen, en ocasiones,  normales y es difícil comprender que su comportamiento es “natural”  y se relaciona con la neurobiología que regula su actitud. Así, es común  que los niños de 2 y 3 años sean inquietos e impulsivos y no mantengan  su atención más de unos pocos minutos. De hecho, la mayoría de los  niños de esta edad presentan estas características debido a que es una  etapa en la que están descubriendo e investigando su entorno, aunque  sólo un 5%, aproximadamente, seguirá presentándolas después de los 4  años. De hecho, muchos padres de hijos con TDAH describen que esta  conducta hiperactiva e impulsiva de sus hijos no sólo no disminuye sino  que, por el contrario, aumenta a partir de los 4 años. Es bastante común  que a estos niños se los considere vagos o maleducados, como si la culpa  fuera de los padres o como si dependiera de la voluntad de los niños  cambiar el estado de la situación.
Es habitual que se compare a estos niños con los hermanos, los  amigos u otros compañeros de clase, sin tener en cuenta que para ellos  lograr un nivel de atención o control de la conducta, que exhiben otros  niños, les exige un esfuerzo extraordinario, y en algunos casos de una  magnitud tal que resulta imposible de lograr.(3)

3. ¿Cuáles son los síntomas nucleares del TDAH? 
Según los criterios diagnósticos usuales, como el DSM-IV, son: déficit de  atención (dificultades para mantener la atención y la concentración), así  como para seguir instrucciones, impulsividad (dificultad para controlar  los impulsos) e hiperactividad (agitación e hipercinesia).


4. ¿Es el TDAH un diagnóstico nuevo? 
¿Por qué no existía antes? 
Antes de 1940, los niños con dificultades de atención/aprendizaje fueron considerados retrasados mentales, o con alteraciones emocionales  o con desventajas culturales. El primer reconocimiento del diagnóstico  sindrómico y del aspecto fundamental de la inatención inapropiada,  como dimensión central del TDAH, llegó con la publicación del DSM III  en 1980. Los primeros estudios sobre las bases orgánicas se sitúan a  mediados del pasado siglo con el concepto de “disfunción cerebral mínima”, hoy sólo referencia histórica. A continuación se puso el acento en el  llamado “síndrome hiperquinético”, donde la atención se focalizaba en la  hiperactividad motora. En 1972, Douglas(4) propone un cambio trascendental al plantear que el síntoma principal es el déficit de atención. En la  actualidad se mantiene la falta de atención como síntoma fundamental,  pero la neuropsicología comienza a aportar nuevos insights que conducen a “una tendencia creciente a fijarse en las funciones ejecutivas y la  inhibición de respuesta como planteamientos de futuro”.(5)

 
5. TDAH ¿cada vez son más? 
El incremento del diagnóstico de niños y adolescentes con TDAH ha creado preocupación social en la comunidad por el uso de estimulantes en  su tratamiento. Esta preocupación de carácter moral, ya que estamos  usando “drogas” en nuestros jóvenes, ha traído como consecuencia el  infradiagnóstico y peor tratamiento de los sujetos afectados. No hay  motivos para esta sospecha de sobrediagnóstico(6) , que por otra parte no  existe en España, aunque sí preocupación por los casos que no se pueden  beneficiar de un diagnóstico y tratamiento adecuados.


6. ¿Es el TDAH una condición americana  de los EE UU? 
El TDAH afecta a uno de cada veinte niños en los EE UU. El predominio  de la investigación en este país en el último medio siglo ha dado la impresión de que es un “problema americano”, donde sería más prevalente  que en el resto del mundo, impresión reforzada por la percepción de que  los factores culturales y sociales que lo favorecen serían una característica de la sociedad americana. Los datos de la investigación no parecen  demostrar esta peculiaridad aparente de “los americanos”, ya que en  rigurosos metaanálisis(7) se comprueba en más de 50 artículos estudiados  la prevalencia mundial del TDAH. Sí se puede afirmar que la posibilidad de diagnóstico ha sido más temprana en ese país.

7.¿Es el TDAH un trastorno de base genética? 
La investigación genética en psiquiatría puede contribuir a la clínica de  varias formas distintas: identificando causas en el entorno, especificando  mecanismos de vulnerabilidad y ayudando a que los diagnósticos posean  una mayor fiabilidad. El TDAH es un síndrome cuyas manifestaciones  principales tienen una clara relación con factores de índole genética. 
Los familiares de primer grado de pacientes con TDAH tienen un riesgo  de padecer otros trastornos psiquiátricos como adicciones a sustancias,  conductas antisociales, trastornos por somatización y el propio TDAH superior al que explica el azar. En estudios en gemelos, la concordancia del  trastorno entre gemelos monocigóticos (que comparten al 100% la dotación genética) es de 50-80%, frente a gemelos dicigóticos (comparten la  dotación genética al 50%) que es del 30-40%(8). Los estudios de adopción  que permiten analizar el peso de factores genéticos-ambientales en la  aparición del TDAH demuestran que la frecuencia en que se presenta el  TDAH o trastornos relacionados en familiares biológicos de probandos  es significativamente superior (9) . La genética molecular ha dado lugar a  multitud de trabajos sobre el sistema dopaminérgico, fundamentalmente  sobre el receptor D3 y D4, el transportador de dopamina DAT, la enzima  catecol-o-metil-transferasa, que cataliza la degradación de catecolaminas, regulando la disponibilidad de dopamina y noradrenalina en la  sinapsis de circuitos cerebrales implicados en el TDAH, receptores de  noradrenalina y otros. En ellos se confirma la importancia del sistema  catecolaminérgico en el TDAH, al menos en sus manifestaciones clínicas y en la respuesta a los tratamientos farmacológicos disponibles. En definitiva, los datos actuales disponibles sitúan la heredabilidad del trastorno, aunque con matices, en torno al 60-70%, constituyendo uno de los  trastornos psiquiátricos con mayor preponderancia genética(10).


8. ¿Cuáles son las bases neurobiológicas del TDAH? 
Desde hace cuatro décadas, la investigación neurobiológica ha implicado a los sistemas de neurotrasmisión catecolaminérgicos en la fisiopatología del TDAH y a las estructuras frontales, ganglios basales y vías  frontoestriatales, como sustrato patogénico del mismo. Estas estructuras  forman parte esencial de los circuitos integrados en el llamado sistema  biológico de recompensa. Se ha propuesto la existencia de una disfunción  frontoestriatal de origen diverso como responsable de la existencia del  TDAH. Fundamentalmente se ha implicado al sistema dopaminérgico en  el cuál existiría una disfunción global. La utilización de psicoestimulantes como las anfetaminas y el metilfenidato, que modulan los sistemas   dopaminérgicos y noradrenérgicos en el tratamiento del TDAH, mejora  las manifestaciones clínicas nucleares del trastorno y son ampliamente  utilizadas. Básicamente se ha relacionado la dimensión déficit de atención con una disfunción dopaminérgica y noradrenérgica en áreas del  córtex cerebral que controlan la cognición. La dimensión hiperactividad  motora con disfunción dopaminérgica nigro-estriada. A modo pedagógico  podríamos establecer esta relación: 
• noradrenalina y atención;
• dopamina e impulsividad
• dopamina-noradrenalina con hiperactividad

viernes, 7 de diciembre de 2012

Sentimiento anómico y conductas antisociales y delictivas: verificación de un modelo causal en jóvenes brasileños. Nilton S. Formiga 1*


Resumen
La anomia conduce el individuo para una sociedad carente en el consenso del contenido de las normas sociales haciendo con que las personas vivan sin adherir o cumplir las reglas sociales causando daño a una buena interacción  individuo-sociedad; en este sentido, el sentimiento anómico refiérese a un estado mental de desespero y de abandono que acompaña el sujeto, debido a la falta de acceso a los medios socialmente prescritos para la realización de los fines sociales. Las conductas desviantes refiérense a los comportamientos que no están de acuerdo con los códigos y los preceptos morales socialmente establecidos, infringiendo simultáneamente reglas de conducta y causando prejuício a la sociedad  y al individuo. En este estudio se pretende verificar la asociación del sentimiento anómico con las conductas desviantes en jóvenes. Doscientos treinta y cinco hombres y mujeres con edad entre 13 y 20 años, de la red de educación pública y particular de la ciudad de João Pessoa PB, han respondido a la escala de sentimiento de estar a la margen de la sociedad, a la escala de conductas antisociales y delictivas y cuestiones sociodemográficos. A partir del programa AMOS GRAFICS 16.0, se observaron indicadores psicométricos que comprobaron la asociación, positiva, entre sentimientos anómicos y las conductas desviantes.
Palabras Claves: Sentimientos anómicos, conductas antisociales y delictivas, jóvenes. Abstract
The anomie leads the individual to a society lacking the consensus of the content of social norms so that people can live without adhering or fulfill the social rules hurting a good individualsociety interaction. That been said, the feeling anomic refers to a mental state of hopelessness and helplessness that accompanies the subject, due to lack of access to socially prescribed ways to the achievement of social goals. The deviant behaviors refer to behaviors that are not in accordance with codes and socially established moral precepts, while violating rules of conduct and causing harm to society and the individual. This study aims to verify the association of feeling with the anomic deviant behavior in young people. 235 men and women aged 13 to 20 years, the network of public and private education  in the city of João Pessoa, the scale of respondents feeling of being on the fringes of society, the scale of antisocial and criminal behavior and socio-demographic. From the program AMOS 16.0 grafics, it was observed psychometric indicators that demonstrated the positive correlation, between anomic feeling and deviant behavior.
Keywords: Feeling anomic, pipelines antisocial and criminal behaviors, young

Introducción
Las explicaciones sobre las causas de la violencia entre jóvenes han sido buscadas por las ciencias humanas, sociales y de la salud. Ese problema, también, ha preocupado la población brasileña en general y las instituciones de control y formación social (por ejemplo, escuela, familia, etc.) sobre las razones que llevan  jóvenes a manifestaren comportamientos violentos. La violencia entre jóvenes brasileños ha sido destacada, principalmente cuando sus autores no son sólo aquellos que corresponderían a  las características socioeconómicas y culturales atribuidas a jóvenes considerados violentos cuando se refiere a  los indicadores estándar de pobreza-riqueza, ruptura de la personalidad, exclusión social, disfunción familiar y de falta de oportunidades para gozar de bienestar  material de sus autores (Adorno, 2002; Beato, Peixoto & Andrade, 2004; Formiga & Gouveia, 2002; Paixão, 1983; Pino, 2007; Olmo, 1999).

No bastase el perjuicio de la violencia entre jóvenes, sobre el daño humano y social, también ha sido discutido bajo a la perspectiva de  un perjuicio material que ella causa. Conforme Santos e Kassouf (2008), los gastos públicos y particulares en la prevención, combate y control de la violencia a cada década, exceden el total de 5% del PIB brasileño, además, de las pérdidas aún no contabilizadas, con respecto del  capital humano, calidad de vida, reducción en el turismo, etc. A pesar de esa inversión, la violencia ha aumentado, haciendo ascender a la tasa de mortalidad de jóvenes de 15 a 19 años, haciendo que Brasil sea el 3er lugar en el mundo en muertes de jóvenes asociados a la conducta delictiva (Coffey, Veit, Wolfe, Cini & Patton, 2005; Kahn, 1999; Laub &Vaillant, 2000; Waiselfisz, 2008).

Sin embargo, ese es un fenómeno que tiene formas distintas, alcanzando un alto porcentaje de actos desviantes y causando fuertes daños a la población. Para abordadlas, es necesario tener claro las distintas modalidades en  que la violencia se presenta, así como, sus diferentes causas (Sanmartín, 2006). Según Formiga, Estevam, Camino, Anderson e Santos (2010), las modalidades de la violencia entre jóvenes, generalmente, ha sido atribuido al constructo del comportamiento agresivo, conducta desviante y uso potencial de drogas. Para eses autores, en un estudio con jóvenes de Paraíba, estado brasileño, fue observada una relación positiva entre eses constructos. Pero, a título de parsimonia científica, se pretende contemplar en el presente estudio, solamente una de las facetas de la violencia: las conductas desviantes.

 Las conductas desviantes no solamente estuvieron condicionadas a las incontables elaboraciones cuanto a su concepto, pero también, las controversias  en la forma de análisis del problema y en la forma de tratar con las personas responsables por la conducta. De manera general, este tipo de conducta se refiere a un conjunto de transgresiones, solo aceptas como es, cuando considera un determinado contexto sociocultural (Neto, 2004).

 En la actualidad, sin embargo,  en estas conductas no ha sido identificadas autor y rótulo específico, son conductas muy variadas, a pesar de evidentes, llevada a cabo por personas que ni siempre son identificadas, pudiendo presentarse como una conducta antisocial y/o delictiva. Estas conductas se refiere a los comportamientos que no están de acuerdo con los códigos establecidos por las autoridades de determinado espacio geográfico y con los preceptos morales socialmente establecidos, violando, simultáneamente códigos de conducta moral (Carvalho, 2010; Formiga & Gouveia, 2003).

 Según Formiga y Gouveia (2003) y Formiga (2005), la conducta antisocial se refiere a falta de conciencia de las normas que deben ser respetadas – desde a la norma de limpieza de las calles al respeto con los colegas en el que se  refiere a ciertos juegos – no practicadas por algunos jóvenes. En esa dirección, este tipo de conducta se caracteriza por el echo de causaren incómodo, pero sin que causen necesario daños físicos a otras personas; solo dicen a respeto a las bromas de los jóvenes o simplemente a la búsqueda por la ruptura de algunas leyes sociales.

 Sobre a conducta delictiva, eses autores a conciben como merecedoras de punición jurídica, capaces de causar daños graves, morales y/o físicos. Así que, tales conductas pueden ser consideradas más severas que las anteriores, representando una amenaza eminente a la orden social vigente. Estas conductas tienen en común es que las dos interfieren en los derechos y deberes de las personas, amenazando su bienestar, así como diferenciándolas en su función de gravedad de las consecuencias oriundas (Formiga & Gouveia, 2003; Molina & Gómez, 1997).

Posiblemente, todo joven practica o ha practicado algún tipo de conducta antisocial, que es del repertorio de ellos, resaltando como un desafío en  la ruptura de las normas sociales y reglas tradicionales de la sociedad, evidenciando las normas de la generación de sus padres, como exceden y que impiden eses jóvenes de realizaren su propia voluntad.

 Se considera que un fenómeno con esta fuerza entre los jóvenes es típico de una sociedad que tiene sus valores debilitados y las acciones institucionales de control del comportamiento, fracasadas cuanto al establecimiento de la norma social (Beato, Peixoto & Andrade, 2004; Feijó, 2001; Minayo et. all., 1999; Moreira  Rosário & Costa, 2008; Mulvey & Cauffman, 2001; Paixão, 1983).

 El aumento de la conducta antisocial y delictiva entre jóvenes, principalmente, aquellos sin historia de delincuencia en la época actual, debe a un cambio cultural que tiene perfil de los países occidentales, en otras palabras, el aumento del individualismo (Formiga & Diniz, 2010).Conforme Reykowski (1994), esta perspectiva individualista destaca el bienestar do self como principal orientación a la adaptación, por otro lado, la perspectiva colectivista tiene como enfoque el bienestar para el grupo. Todas las diferencias cognitivas, actitudinales y de comportamiento entre colectivismo y individualismo  son oriundas de esta diferencia en suposiciones implícitas sobre el mundo social.

 El individualismo tiene como presupuesto fundamental la racionalidad, basándose en los principios de regulaciones, reglas y leyes, de  modo a favorecer a individualización, autonomía, autorrealización y la libertad de elección. Por otro lado, el colectivismo tiene como presupuesto fundamental las relaciones, basándose en los principios del bienestar colectivo, papeles, deberes y obligaciones, favoreciendo a la convivencia en grupo.

 Es en este sentido que “... el impulso para la individualización estimuló mayor libertad en las relaciones entre trabajadores y empleadores, hombres y mujeres, padres y hijos. Las formas tradicionales de deferencia cedieran lugar a una nueva afirmación de derechos individuales,reforzadas, si necesario, por apelación a las cortes de justicia” (Kumar,1997, p. 179). De acuerdo con Giddens (1998), esta condición ya  había sido vislumbrada por Emile Durkheim, el cual defendía la necesidad de que las  personas precisasen ser ‘individualistas’, pero sin que eso favoreciese la justicia social y el fortalecimiento y consistencia de la autoridad moral en la sociedad.

 Pero, para Sorj e Martuccelli (2008), la perspectiva defendida por Dukheim en el que se refiere a la necesidad de una mayor individualidad  de los sujetos, debería implicar en el aumento de la autonomía y iniciativa individual, pero, no fue eso que pasó. Al contrario, las personas con una acción individualista, no la realizaban con base en la negociación de las relaciones interpersonales y del respeto a las normas y reglas sociales, tornando, con eso, opaca la relación del mundo subjetivo del individuo y la  sociedad. Esto ha causado una perdida del reconocimiento y comprensión  de los espacios de la sociabilidad destinados a la cohesión social y no un estado de desorganización. 

 El hecho es que este cambio cultural ha llevado el sujeto a la priorización de necesidades personales en que la meta sería la obtención de prestigio. Así que, en la falta de recursos o mismo de apoyo social para alcanzar tal prestigio,  el individuo se utilizaría de conductas desviantes, el que revelaría no solo la delincuencia juvenil, pero, una falta de estructura y descrédito del poder disciplinario de las instituciones normativas y formadoras de la conducta juvenil y la disolución del poder socializador de estas instituciones cuanto a la transmisión moral y ética para los jóvenes, indicando así, un tiempo de anomia (Idhac, 2009; De Giorgi, 2005; Formiga & Diniz, 2010; Lipovetsky, 1986).

 Tal estado de anomia sigue un camino de caos social, en la que, romper la norma o manifestar alguna conducta desviante entre los jóvenes puede ser un acto ennoblecedor para la construcción de la imagen juvenil y la busca de las aspiraciones del consumo para propia realización del sujeto. Un desvío excesivo de la norma transpone los espacios de la vida particular de las personas, afectando los espacios  públicos y colectivos y un sentimiento de inseguridad y exclusión social (Arendt, 2009; Neto, 2006; Sorj & Martuccelli, 2008).