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viernes, 5 de octubre de 2012

Aportaciones psicológicas a la predicción de la conducta violenta: reflexiones y estado de la cuestión A. Andrés Pueyo y S. Redondo Illescas. Departamento de Personalidad - Universidad de Barcelona. Grupo de Estudios Avanzados en Violencia-(GEAV)



1.- La violencia: simplemente un comportamiento o algo más complejo.

El siglo XX se recordará como un siglo marcado por la violencia nos dice Nelson Mandela en la presentación del documento “Violencia y salud en el siglo XX” dirigido por la OMS (Krug, 2002). A continuación afirma que “las dimensiones de la violencia ejercida en el siglo XX alcanzan desde la intimidad de la familia a las relaciones internacionales” lo que hace de este fenómeno algo más que un problema de naturaleza ética o jurídica y debemos contemplarlo con otra mentalidad para que su tratamiento en el siglo XXI sea más exitoso. Uno de los cambios más interesantes, especialmente en clave profesional para los psicólogos, es el enfoque de la salud para la consideración de la violencia. El cambio del planteamiento de la consideración jurídico/penal a la consideración de la salud/bienestar implica un nuevo enfoque de la violencia, pasar de la política del castigo/corrección al de la prevención/predicción. Ya en 1996 la OMS consideró que la violencia, por su extensión y consecuencias en la salud y el bienestar de las personas, debe entenderse como un problema de salud pública. Según este planteamiento podemos afirmar que la violencia es: “Previsible”  y  “Predecible”. El camino para la actuación profesional está abierto.

Gro Harlem Burtland (directora general OMS en 2002) afirma que la violencia está presente en la vida de numerosas personas en todo el mundo y nos afecta a todos en algún sentido y concluye que: “Cuando la violencia es persistente la salud está siempre muy afectada”. En 1996, con motivo de la 49 Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud, reunida en Bruselas, se adoptó la resolución  WHA49.25 donde se afirmaba que la violencia “es el mayor y más creciente problema de salud pública en el mundo moderno”. En esta resolución se consideraba la importancia que han adquirido los diferentes tipos de violencia, por sus consecuencias, en la salud publica en todos los países, tanto desarrollados como no desarrollados. Además en aquella resolución se  recogía, explícitamente,  las recomendaciones de la Conferencia Internacional sobre el Desarrollo y la Población (El Cairo, 1994) y de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Pekín, 1995) que reclamaban una atención urgente sobre el tema de la violencia en aspectos variados como la violencia de género, contra los niños, las minorías, etc...

Este interés de la OMS por la violencia refleja la importancia que este fenómeno ha adquirido en las sociedades modernas y converge con el tradicional interés que la criminología y el derecho han tenido por el mismo.  La violencia no es patrimonio exclusivo de las sociedades en las que predomina el bienestar social y la libertad individual ya que en la mayoría de sociedades humanas aparecen comportamientos violentos de mayor o menor gravedad y duración. Pero es bien cierto que muchos pensadores habían pronosticado una desaparición gradual de la violencia en la medida en que las sociedades avanzan en la distribución más equitativa de los recursos y el acceso mayoritario a un estado de bienestar y libertad individual. Una paradoja de este hecho es, por ejemplo, la sociedad  norteamericana que siendo como es una de las mas avanzadas en cuanto a los derechos y libertades individuales, es a su vez  una de las más violentas a nivel mundial.

La violencia hoy ya no es solamente un problema moral o ético, que lo es, ni tan siquiera penal o jurídico, si no que se está convirtiendo en un problema de salud pública, en un elemento de consecuencias comparables a las epidemias de naturaleza infecciosa o a los sucesos naturales devastadores. En este contexto parece que las medidas de  control de la violencia, de castigo de los agresores, de reparación de las víctimas se han de complementar con las de prevención, educación y como no de predicción. Muchos de los términos que ya se emplean en los estudios de violencia provienen de campos adyacentes cómo la epidemiología y  la salud pública. En este contexto situaremos el problema de la predicción del comportamiento violento y el rol profesional que los psicólogos deben tener en esta tarea.
Hay numerosos términos que se consideran sinónimos de la violencia y que se utilizan de forma habitual y en cierto modo confusa. Así por ejemplo hablamos de agresión, fanatismo, delincuencia, daño, abuso, etc.... al referirnos a la violencia y especialmente esta afirmación es cierta en el campo de la psicología.

La violencia no es una conducta, ni una emoción, ni una respuesta simple, ni tan siquiera una forma de actuar, de pensar o de sentir. La violencia es más que una conducta. Según la OMS la violencia consiste en el  uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones (Krug, 2002).

Contrasta esta definición con la de Webster, Douglas, Eaves y Hart, 1997, autores del HCR-20 (como veremos uno de los instrumentos más utilizados en la predicción de la conducta violenta), la violencia es: “comportamiento que puede causar daño a los demás, un comportamiento que puede generar miedo a otras personas”. El acto violento no se define solamente por las consecuencias que genera sino que los actos violentos lo son en sí mismos; así, disparar una pistola en el medio de un numeroso grupo de personas, aunque no haya víctimas, es un acto violento.

Una consecuencia que refleja la complejidad del fenómeno de la violencia es el hecho de que no hay un único indicador que podamos utilizar como medida de la violencia. De hecho los estudiosos y expertos del tema que quieren analizarlo de forma cuantitativa utilizan índices tales como: número de detenciones, años de condena, número y variedad de los delitos y agresiones, tipos de agresión, etc... un efecto de esta situación es que los parámetros estadísticos de la violencia son siempre imprecisos y discutidos.

Naturalmente a los psicólogos nos interesa en primer lugar la conducta o comportamiento violento pero también las llamadas actitudes violentas, las emociones violentas, los trastornos mentales que se asocian a la violencia, las consecuencias sobre las personas víctimas de la violencia, etc... Es decir no nos interesan todos los aspectos del fenómeno de la violencia, sino aquellos aspectos de ésta que implican a los individuos, también a grupos humanos, en tanto que agentes del comportamiento violento o víctimas de la violencia.