RESUMEN
La
conducta antisocial comprende todo comportamiento que quebranta normas e
intereses sociales, siendo una acción dañina para los demás. La adolescencia
constituye una etapa en la que el individuo resulta más vulnerable a participar
en este tipo de conductas desadaptativas. El objetivo planteado, es la
confirmación factorial de la estructura del Cuestionario de Conducta Antisocial
(CCA) y su relación con variables criteriales (IVE-J, Martorell y Silva, 1993;
LCA, Martorell, González y Aloy, 1992). Los participantes (N=510) tenían entre
10 y 17 años. La estructura se confirmó con el Análisis Factorial
Confirmatorio. El Alfa de Cronbach
permitió identificar la buena consistencia interna y el Coeficiente de
Correlación de Pearson la estabilidad temporal. La convergencia con variables
de personalidad y socialización fue buena. El CCA está compuesto por tres
factores: Agresividad, Aislamiento, Ansiedad/Retraimiento.
Palabras
Clave. Conducta antisocial, adolescencia, evaluación, personalidad,
socialización.
ABSTRACT
Antisocial
behavior includes any behavior that violates social norms and interests, being
an action which is disruptive or harmful to others. Adolescence is a stage
where the individual is more likely to participate in this kind of maladaptive
behavior. The aim of this piece of work is to confirme the factorial structure
of the Antisocial Behavior Questionnaire (CCA) and its relationships with
criterial variables (IVE-J, Martorell y Silva, 1993; LCA, Martorell, González y
Aloy, 1992). The participants (n=510) are between 10 and 17 years old. The
structure was confirmed by the Confirmatory Factor Analysis. The Cronbach
Alpha, permitted the identification of a good internal consistency and the
Pearson Correlation Coefficient was used to identify temporal stability. The
convergence with personality and socialization variables was good. The CCA is
made up of three factors: Aggression, Isolation, Anxiety/Withdrawal.
Keywords.
Antisocial behavior, adolescence, assessment, personality, socialization.
INTRODUCCIÓN.
El
denominador común de todas las definiciones del concepto “Conducta Antisocial”
es la falta de respeto por las normas sociales básicas (Martínez y Gras, 2007).
Entendiéndose por conducta antisocial aquel comportamiento que infringe las
normas e intereses sociales, además de ser una acción perjudicial o dañina
contra los demás, tanto personas como animales o propiedades, siendo su factor
principal la agresión (Calvo, 1999; Garaigordobil, 2005; Bringas, Herrero,
Cuesta y Rodríguez, 2006).
La
conducta social es fruto de la interacción compleja tanto de factores
biológicos, psicológicos y sociales (Sobral, Romero, Luengo y Marzoa, 2000;
Boxer, Goldstein, Musher-Eizenman, Dubow, Heretick, 2005; Bringas et al.,
2006), como de variables personales como edad, género, valores motivacionales o
personalidad (Muñoz, 2004; Musitu, Moreno, y Murgui, 2007).
Las
investigaciones que intentan relacionar la conducta antisocial con el género
indican que es más elevada en varones: los chicos puntúan más alto en
agresividad (Calvo, González y Martorell, 2001), se involucran en mayor medida
en actividades delictivas (Rodríguez y Torrente, 2003). También en conceptos
relacionados, como búsqueda de emociones, desinhibición y susceptibilidad al
aburrimiento (Navas, Muñoz y Graña, 2005; Garaigordobil, 2005; y López y Lobo,
2008, Inglés et al., 2008).
Manifiesta
su mayor intensidad en la adolescencia, cuando aparecen o se incrementan la
mayoría de problemas (Inglés et al., 2009). Hacia el final de la adolescencia
se desarrolla cierta madurez psicosocial que aumenta el control de impulsos, la
supresión de la agresión, la responsabilidad personal, y la resistencia a la
influencia del grupo de iguales (Monahan, Steinberg y Cauffman, 2009a). Así el
individuo retorna a patrones de conducta más adaptativos, disminuyendo la
conducta antisocial (Rodríguez y Torrente, 2003; Martínez y Gras, 2007;
Monahan, Steinberg, Cauffman y Mulvey, 2009b).
Los
valores y motivaciones de los adolescentes se guían en general por metas
emancipativas y educativas. Sin embargo, los adolescentes antisociales lo hacen
por metas antisociales, el reconocimiento social y el físico (LópezRomero y
Romero, 2010).
En
adolescentes antisociales se observa un patrón desinhibido e inestable
emocionalmente (Sobral et al., 2000 y Luengo, Sobral, Romero y Gómez, 2002),
caracterizado por impulsividad, búsqueda de sensaciones, baja autoestima, falta
de empatía y locus de control externo. Así como por, inconsistencia ante las
normas y bajo autocontrol, además de ansiedad, extraversión e independencia
(López y López, 2003).
Las
variables más predictivas son la agresividad, la impulsividad y falta de
autocontrol en las emociones (Mestre, Samper y Frías, 2004); la búsqueda de
sensaciones, la susceptibilidad al aburrimiento, el afán de aventura y la
depresión (Muñoz, Navas y Graña, 2005); y también la baja competencia social al
principio de la adolescencia (Sørlie, Amlund y Ogden, 2008) y el egoísmo
(Velden, Brugman, Boom y Koops, 2010).
Muchas
de estas variables se toman como indicadores de riesgo. Sin embargo, los
factores de riesgo no son exclusivamente personales, sino que abarcan áreas
diferentes, como la familia, la escuela, el grupo de iguales, las relaciones
interpersonales o el ambiente en que se desenvuelven (Calvo, 1999; Mestre et
al., 2004; Bringas et al., 2006; Trentacosta, Hyde y Shaw, 2009; Neumann,
Barker, Koot y Maughan, 2010). Sobral et al. (2000) observaron que los factores
psicosociales que actúan como prevención espontánea son la familia (aspectos
estructurales de la unidad familiar, ambiente afectivo, pautas de crianza,
estatus socioeconómico), el contexto escolar, y el grupo de iguales; y por otro
lado factores individuales, como características de temperamento y variables
sociocognitivas. En este sentido, Mestre et al. (2004) observaron como factores
de protección la emocionalidad controlada y los sentimientos orientados al
otro; y Muñoz et al. (2005) señalaron la empatía, la práctica religiosa y un
autoconcepto positivo.
