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jueves, 21 de junio de 2012

Estudio confirmatorio del cuestionario de conducta antisocial (CCA) y su relación con variables de personalidad y conducta antisocial. Carmen Martorell(1), Remedios González(2), Ana Ordóñez(3) Y Olatz Gómez(4).


RESUMEN
La conducta antisocial comprende todo comportamiento que quebranta normas e intereses sociales, siendo una acción dañina para los demás. La adolescencia constituye una etapa en la que el individuo resulta más vulnerable a participar en este tipo de conductas desadaptativas. El objetivo planteado, es la confirmación factorial de la estructura del Cuestionario de Conducta Antisocial (CCA) y su relación con variables criteriales (IVE-J, Martorell y Silva, 1993; LCA, Martorell, González y Aloy, 1992). Los participantes (N=510) tenían entre 10 y 17 años. La estructura se confirmó con el Análisis Factorial Confirmatorio.  El Alfa de Cronbach permitió identificar la buena consistencia interna y el Coeficiente de Correlación de Pearson la estabilidad temporal. La convergencia con variables de personalidad y socialización fue buena. El CCA está compuesto por tres factores: Agresividad, Aislamiento, Ansiedad/Retraimiento.
Palabras Clave. Conducta antisocial, adolescencia, evaluación, personalidad, socialización.

ABSTRACT
Antisocial behavior includes any behavior that violates social norms and interests, being an action which is disruptive or harmful to others. Adolescence is a stage where the individual is more likely to participate in this kind of maladaptive behavior. The aim of this piece of work is to confirme the factorial structure of the Antisocial Behavior Questionnaire (CCA) and its relationships with criterial variables (IVE-J, Martorell y Silva, 1993; LCA, Martorell, González y Aloy, 1992). The participants (n=510) are between 10 and 17 years old. The structure was confirmed by the Confirmatory Factor Analysis. The Cronbach Alpha, permitted the identification of a good internal consistency and the Pearson Correlation Coefficient was used to identify temporal stability. The convergence with personality and socialization variables was good. The CCA is made up of three factors: Aggression, Isolation, Anxiety/Withdrawal.
Keywords. Antisocial behavior, adolescence, assessment, personality, socialization.

 INTRODUCCIÓN.
El denominador común de todas las definiciones del concepto “Conducta Antisocial” es la falta de respeto por las normas sociales básicas (Martínez y Gras, 2007). Entendiéndose por conducta antisocial aquel comportamiento que infringe las normas e intereses sociales, además de ser una acción perjudicial o dañina contra los demás, tanto personas como animales o propiedades, siendo su factor principal la agresión (Calvo, 1999; Garaigordobil, 2005; Bringas, Herrero, Cuesta y Rodríguez, 2006).
La conducta social es fruto de la interacción compleja tanto de factores biológicos, psicológicos y sociales (Sobral, Romero, Luengo y Marzoa, 2000; Boxer, Goldstein, Musher-Eizenman, Dubow, Heretick, 2005; Bringas et al., 2006), como de variables personales como edad, género, valores motivacionales o personalidad (Muñoz, 2004; Musitu, Moreno, y Murgui, 2007).
Las investigaciones que intentan relacionar la conducta antisocial con el género indican que es más elevada en varones: los chicos puntúan más alto en agresividad (Calvo, González y Martorell, 2001), se involucran en mayor medida en actividades delictivas (Rodríguez y Torrente, 2003). También en conceptos relacionados, como búsqueda de emociones, desinhibición y susceptibilidad al aburrimiento (Navas, Muñoz y Graña, 2005; Garaigordobil, 2005; y López y Lobo, 2008, Inglés et al., 2008).
Manifiesta su mayor intensidad en la adolescencia, cuando aparecen o se incrementan la mayoría de problemas (Inglés et al., 2009). Hacia el final de la adolescencia se desarrolla cierta madurez psicosocial que aumenta el control de impulsos, la supresión de la agresión, la responsabilidad personal, y la resistencia a la influencia del grupo de iguales (Monahan, Steinberg y Cauffman, 2009a). Así el individuo retorna a patrones de conducta más adaptativos, disminuyendo la conducta antisocial (Rodríguez y Torrente, 2003; Martínez y Gras, 2007; Monahan, Steinberg, Cauffman y Mulvey, 2009b).
Los valores y motivaciones de los adolescentes se guían en general por metas emancipativas y educativas. Sin embargo, los adolescentes antisociales lo hacen por metas antisociales, el reconocimiento social y el físico (LópezRomero y Romero, 2010).
En adolescentes antisociales se observa un patrón desinhibido e inestable emocionalmente (Sobral et al., 2000 y Luengo, Sobral, Romero y Gómez, 2002), caracterizado por impulsividad, búsqueda de sensaciones, baja autoestima, falta de empatía y locus de control externo. Así como por, inconsistencia ante las normas y bajo autocontrol, además de ansiedad, extraversión e independencia (López y López, 2003).


Las variables más predictivas son la agresividad, la impulsividad y falta de autocontrol en las emociones (Mestre, Samper y Frías, 2004); la búsqueda de sensaciones, la susceptibilidad al aburrimiento, el afán de aventura y la depresión (Muñoz, Navas y Graña, 2005); y también la baja competencia social al principio de la adolescencia (Sørlie, Amlund y Ogden, 2008) y el egoísmo (Velden, Brugman, Boom y Koops, 2010).
Muchas de estas variables se toman como indicadores de riesgo. Sin embargo, los factores de riesgo no son exclusivamente personales, sino que abarcan áreas diferentes, como la familia, la escuela, el grupo de iguales, las relaciones interpersonales o el ambiente en que se desenvuelven (Calvo, 1999; Mestre et al., 2004; Bringas et al., 2006; Trentacosta, Hyde y Shaw, 2009; Neumann, Barker, Koot y Maughan, 2010). Sobral et al. (2000) observaron que los factores psicosociales que actúan como prevención espontánea son la familia (aspectos estructurales de la unidad familiar, ambiente afectivo, pautas de crianza, estatus socioeconómico), el contexto escolar, y el grupo de iguales; y por otro lado factores individuales, como características de temperamento y variables sociocognitivas. En este sentido, Mestre et al. (2004) observaron como factores de protección la emocionalidad controlada y los sentimientos orientados al otro; y Muñoz et al. (2005) señalaron la empatía, la práctica religiosa y un autoconcepto positivo.