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domingo, 6 de mayo de 2012

TRASTORNOS DE CONDUCTA: ETIOLOGÍA (1): FACTORES GENÉTICOS. Joaquín Díaz Atienza

En los trastornos de conducta  como en cualquier patología multifactorial, el “determinismo” genético se enmarca en la noción de “vulnerabilidad genética”. Los factores genéticos se limitan a incrementar el riesgo de la ex presión fenotípica modificando la expresión clínica del trastorno. Hay que contemplarlos en interacción con otros factores etiológicos y no como una relación exclusiva de causa-efecto. Por tanto, conocer la etiología de los trastornos de conducta no es una tarea sencilla ni simple y hay que entroncarla con los factores ligados al desarrollo  – temperamentales –, ambientales y genéticos. Los estudios epidemiológicos nos han permitido conocer el peso que los factores genéticos y ambientales tienen en la presentación tanto del TDAH como de los trastornos de conducta (disociales ) y el trastorno negativista desafiante.
La investigación genética ha abierto grandes posibilidades en el conocimiento de los diferentes trastornos paidopsiquiátricos, construyendo un modelo de aproximación transcategorial que persigue conocer la naturaleza de la interacción medio – ambiente en la presentación de la psicopatología. Aún más, la genética molecular nos posibilita el conocimiento de las enzimas implicadas en la vulnerabilidad biológica. En este trabajo expondremos los resultados más recientes en el conocimiento de la vulnerabilidad genética siguiendo los estudios publicados sobre agregación familiar, de adopción, de gemelos y de genética molecular.

ESTUDIOS DE AGREGACIÓN FAMILIAR.

No existe ningún estudio que haya investigado los trastornos de conducta (TC) y/o el negativista  – desafiante (TND) de forma separada del TDAH. Por ello, estos estudios, por el contrario, son muy útiles para estudiar la co-agregación familiar de estos trastornos. Es decir ver si no hay ninguna relación etológica entre ellos (ninguna coagregación familiar), la existencia de factores etiológicos más o menos comunes (coagregación familiar aleatoria) o la existencia de factores etiológicos diferentes para cada trastorno (co-agregación familiar específica).
La frecuencia de  TC en familias con TDAH presenta un ligero aumento con relación a controles y, de hecho, este aumento se encuentra relacionado con la comorbilidad TCTDAH. Los familiares de primer grado de un niño con un TC-TDAH presentan un 25% más de TC que en los controles sanos (5%). Sin embargo es importante resaltar que los TC no se agregan al TDAH sino a la comorbilidad TC-TDAH. Biederman y cols. (1992) ya pusieron en evidencia el hecho de que los familiares aparentados a un niño con TCTDAH presentarán ellos mismo en un 39-56% un TC-TDAH frente al  7-12% que presentarán un TC no comórbido. Por tanto podríamos afirmar que es la forma comórbida la que se co-agrega a nivel familiar (Faraone y cols., 2000).
También se ha realzado algunos estudios sobre la comorbilidad TND-TDAH evidenciándose una mayor co-ocurrencia entre ambos trastornos. Sin embargo estoas investigaciones muestran una co-segregación entre ambos lo que viene a demostrar, como   en otras investigaciones, la existencia de un subtipo  familiar con una etiología diferente. Este hallazgo abre las puertas a la investigación de genes de vulnerabilidad, a pesar de que los estudios de agregación familiar, debido al diseño, son incapaces de diferenciar los factores familiares ligados al ambiente de los factores genéticos.

ESTUDIOS DE ADOPCIÓN.

Contrariamente a los estudios de agregación familiar, los estudios de adopción sí permiten diferenciar los factores ambientales de los genéticos. Se trata de estudios  correlacionales sobre medidas dimensionales entre niños adoptados con sus padres biológicos y adoptivos y entre hermanos biológicos y adoptados.
En lo que respecta al TDAH estos estudios indican una alta implicación genética en la varianza fenotípica. Los scores de heredabilidad genética están entre un 39 a un 74% (Sprich y cols., 2000).
En cuanto a los resultados sobre los trastornos de conducta son más heterogéneos. Esto se debe a problemas de tipo metodológico. Muchos de ellos utilizan el modelo padre-niño en donde la presencia de antecedentes de problemas de conducta en el padre biológico se recogen a través de los registros judiciales. Por tanto, se requiere la comisión de actos delictivos de suficiente envergadura como para haber sido penalizados.  Siguiendo este modelo de investigación se ha encontrado una vulnerabilidad genética del 59% frente al 19% de influencia puramente ambiental y del 22% a la interacción genética-ambiente (Cloninger y cols, 1982). Un modelo más adaptado consiste en comparar hermanos biológicos y adoptados. Quizás el estudio que menor sesgo produce es el realzado por Van der Valk y cols (1998) que compara a hermanos adoptados no emparentados biológicamente a hermanos viviendo en el núcleo familiar biológico. Esta investigación estima una heredabilidad del 55%.