domingo, 1 de marzo de 2015

Conductas antisociales y delictivas en adolescentes infractores y no infractores. Ana María Sanabria y Ana Fernanda Uribe Rodríguez. Pontificia Universidad Javeriana – Cali (Colombia)


Resumen 
Se estudian las manifestaciones de la conducta antisocial y delictiva en dos grupos de adolescentes hombres y mujeres, entre los 12 y los 18 años de edad. La muestra estuvo conformada por 179 adolescentes, 72 infractores de ley y 107 no infractores. La edad promedio de la muestra fue de 15.0 años, con una desviación estándar de 1.828. Los resultados muestran que existen diferencias en la frecuencia de comportamientos antisociales y delictivos entre los dos grupos de adolescentes. Los adolescentes no infractores informaron una mayor frecuencia de conductas antisociales y delictivas en comparación con los infractores. En cuanto a la edad, se observa que existen diferencias significativas entre los adolescentes de 12 a 13 años y los de 16 a 17 años y 18 años, siendo los últimos quienes más presentaron estos comportamientos; datos que muestran el inicio temprano y progresivo del comportamiento. Los varones adolescentes presentan una media mayor en la conducta antisocial y en la conducta delictiva comparada con las mujeres, diferencias estadísticamente significativas. Se sugiere tener en cuenta, en estudios similares, las diferencias biológicas y evolutivas que puedan estar influyendo en la manifestación de estos tipos de comportamientos, y en consecuencia, la generación de programas que puedan prevenir su manifestación, teniendo en cuenta su carácter progresivo y, en algunos grupos, persistente en el tiempo. 
Palabras clave: conducta delictiva, conducta antisocial, adolescencia, infractor y no infractor. 

Abstract Expressions of anti-social and criminal conduct with two groups of adolescent males and females between 12 and 18 years of age are studied. The sample was made up of 179 adolescents, 72 of whom were law-breakers and 107 who were not. The average age of the sample was 15, with a standard deviation of 1.828. The results showed that that there were differences in the frequency of antisocial and criminal behavior between the two adolescent groups. The non-law-breaking adolescents reported a higher frequency of antisocial and criminal conduct in comparison with the law-breakers. With reference to age, there were significant differences between the 12-13 year-old adolescents, and those of 16, 17 and 18, the latter being the group with the highest incidence of this type of behavior. These results showed the early commencement and progressive nature of this behavior. Adolescent males showed a higher average of antisocial conduct and criminal behavior compared with females, which are statistically significant differences. We suggest that similar future studies take account of biological and evolutionary differences which could be affecting the expression of this type of behavior and therefore the preparation of prevention programs, bearing in mind its progressive nature and some groups which are persistent over time. 
Key words: criminal conduct, antisocial conduct, adolescence, offender and non-offender.

Resumo Se estudam as manifestações da conduta anti-social e delitiva em dois grupos de adolescentes homens e mulheres entre os 12 e os 18 anos de idade. A mostra esteve conformada por 179 adolescentes, 72 infratores de lei e 107 não infratores. A idade média da amostra foi de 15.0 anos, com um desvio standard de 1.828. Os resultados mostram que existem diferenças na freqüência de comportamentos anti-sociais e comportamentos delitivos entre os dois grupos de adolescentes. Os adolescentes não infratores informaram uma maior freqüência de condutas anti-sociais e delitivas em comparação com os infratores. Quanto à idade se observa que existem diferenças significativas entre os adolescentes de 12 a 13 anos e os adolescentes de 16 a 17 anos e 18 anos, sendo os últimos que mais apresentaram estes comportamentos; dados que mostram o início cedo e progressivo do comportamento. Os varões adolescentes apresentam uma meia maior na conduta anti-social e na conduta delitiva comparada com as mulheres, com diferenças estatisticamente significativas. Se sugere levar em conta em estudos similares diferenças biológicas e evolutivas que possam estar influindo na manifestação destes tipos de comportamentos e em conseqüência a geração de programas que possam prevenir sua manifestação, levando em conta seu caráter progressivo e em alguns grupos persistente no tempo. 
Palavras chave: conduta delitiva, conduta anti-social, adolescência, infrator e não infrator.

Introducción 

Tradicionalmente, la adolescencia ha representado un periodo crítico en el inicio y/o incremento de problemas del comportamiento, específicamente en el antisocial y delictivo, temas que atraen el interés de los científicos. Este interés se extiende si se cuentan los últimos datos de prevalencia de la población adolescente colombiana. En ésta se observa, por ejemplo, que en la última década se han duplicado los casos de conductas delictivas emitidas por jóvenes menores de 18 años (cada hora, cinco menores son detenidos en el país, 2007, marzo 08). En Colombia, la Procuraduría General de la Nación (2007) reportó, en el año 1998, 18.784 actos delictivos emitidos por menores de 18 años. En el año 2008, según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar [ICBF] se cometieron más de 29.000 actos delictivos, entre ellos homicidios y hurtos por parte de menores de edad (2009). En Santiago de Cali, en el año 2003, hubo 3.677 jóvenes que presentaron conductas delictivas, siendo el hurto el acto delictivo más prevalente en ambos sexos (Sanabria y Uribe, 2007). 

En el año 2005, en esta misma ciudad, 4.066 jóvenes menores de edad fueron detenidos por emitir diferentes actos delictivos (Procuraduría General de la Nación, 2007)). La alta participación de jóvenes en actos antisociales y delictivos es una amenaza potencial para el desarrollo individual, social y económico de un país (Morales, 2008; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2003). Un costo individual por el aislamiento y el rechazo social al que se ven expuestos los jóvenes delincuentes. Adicionalmente, los jóvenes con estas características atraviesan sin éxito por los procesos de educación formal, debido a ello se involucran en actividades marginales y de alto riesgo psicosocial (Moffitt y Caspi, 2001). 

El costo de la delincuencia implica familias desintegradas y relaciones y valores, en el núcleo familiar, deteriorados; jóvenes muertos prematuramente, y con ello, pérdida del capital humano y de vidas humanas productivas, y un precio económico debido a la alta y costosa atención de las emergencias derivadas de la delincuencia, como por ejemplo, los costos para la atención de la salud y de programas educativos y de rehabilitación. Al respecto, el ICBF, entre los años 2003 y 2007, pagó 114.102 millones de pesos para cubrir ésta atención, ejecutada por diferentes centros para menores infractores (ICBF, citado por El Tiempo, 2007). 

La significancia del comportamiento antisocial y delictivo en los adolescentes y/o menores de edad, es que mientras algunos comportamientos antisociales son considerados normales en ciertas edades del desarrollo del menor, son estos comportamientos en conjunto y durante un periodo de la adolescencia que sirven como altos predictores de problemáticas de ajuste psicológico individual y social, incluyendo el comportamiento delincuencial durante la edad adulta (Kohlberg, Ricks, y Snarey, 1984). Del 40% al 75% de jóvenes que son detenidos por actos delincuenciales y/o en quienes se encuentran criterios psiquiátricos para el trastorno de conducta son detenidos en la edad adulta (Harrington, Fudge, Rutter, Pickles, y Hill, 1991; McCord, 1991). 

Los adolescentes, quienes presentan comportamientos antisociales y delictivos en edades tempranas y por tiempo prolongado (niños pequeños y/o preadolescentes), entran a ser parte de un grupo en alto riesgo para continuar con las mismas conductas y de mayor gravedad durante la edad adulta (Gendreau, Little, y Goggin, 1996). Estos mismos jóvenes también estarían en alto riesgo para otros problemas, como dificultades académicas, consumo de sustancias psicoactivas y comportamientos sexuales de riesgo.

Actualmente, existe una multiplicidad de términos para hacer referencia a la conducta antisocial, como las conductas agresivas e impulsivas y los trastornos o problemas de la conducta, entre otros. Para este estudio, el término conducta antisocial hace referencia a “diferentes comportamientos que reflejan trasgresión de las reglas sociales y/o sea una acción contra los demás”, en este caso por parte de adolescentes y jóvenes (Kazdin y Buela-Casal, 1996, p.19). En concreto, se exploran hechos que incluyen trasgresión de normas sociales en relación con la edad, tales como romper objetos de otras personas en lugares públicos o la calle, el cine, autobuses; golpear, agredir a otras personas; falsificar notas, no asistir al colegio o llegar tarde intencionalmente, copiar en un examen; ensuciar las calles y las aceras rompiendo botellas o vertiendo las basuras; tirar piedras a la gente, casas o autos; hasta conductas delictivas como robar y agredir a otras personas, entre otras (Garaigordobil, 2004; 2005; Garaigordobil, Álvarez y Carralero, 2004). 

Por su lado, la conducta delictiva se define como la “designación legal, basada generalmente en el contacto con las leyes de justicia del país en que se encuentra el niño o adolescente” (Kazdin y Buela-Casal, 1996, p. 31). En este punto, es importante mencionar que “la conducta o acto delictivo no es un constructo psicológico, sino una categoría jurídico-legal, bajo la cual no es posible agrupar a todos los delincuentes existentes, pues éstos son muy diferentes entre sí, y el único elemento común a todos ellos es la conducta o el acto mismo de delinquir”. “Esta conducta o acto reúne un conjunto de variables psicológicas organizadas consistentemente, configurando un patrón de conducta, al cual los psicólogos denominan comportamiento antisocial” (Morales, 2008, p.134), estudiado desde variables como la edad y el género (Farrington, 1983; Iza, 2002). El comportamiento antisocial tiene un inicio temprano en los jóvenes. Rechea (2008) realizó un estudio con metodología criminológica, con el objetivo de conocer mejor los comportamientos antisociales y delictivos de 4.152 jóvenes españoles escolarizados entre los 12 y los 17 años. 

Se encontró, entre otros datos, que era a partir de los 13 años cuando los jóvenes comenzaban a presentar estos comportamientos, la mayoría de los participantes, manifestaron haber cometido alguna vez en su vida un comportamiento antisocial y delictivo; de éstos el 72% lo había hecho en el último año. Por otro lado, en Colombia, en el año 2005, Uribe realizó un estudio con 2.206 jóvenes entre los 13 y los 18 años; entre los objetivos, se encontraban evaluar el comportamiento antisocial y delictivo, encontrando diferencias significativas en el comportamiento antisocial, pero no en el comportamiento delictivo. Además, los jóvenes de 13 a 14 años fueron los que menores puntuaciones presentaron para el comportamiento antisocial, y los jóvenes entre 15 y 16 años los que mayor puntuaron, reduciendo su manifestación a la edad de 17 y 18 años. Lo anterior sugiere la presencia de comportamientos problemáticos a edades tempranas. Si bien, diferentes conductas antisociales se reducen con la edad en la mayoría de los chicos y chicas normales, algunas de esas conductas también son relativamente estables (Klevens, 2000). Investigaciones longitudinales de conducta antisocial con jóvenes de 12 a 18 años han observado una estabilidad de la conducta antisocial hasta los 21 años (Kazdin, 1995; Olweus, 1979). 

La estabilidad en este contexto se refiere a la correlación entre la conducta del niño evaluada en dos o más ocasiones durante su desarrollo y con pocos años de diferencia. La correlación refleja el grado en que los niños siguen presentando conductas antisociales en diversas situaciones en relación con su grupo de compañeros. Una correlación elevada sugiere que las personas identificadas como antisociales en la infancia lo son a una edad posterior en igual o diferentes situaciones (Moffit, 1993; Rutter, Giller y Hagell, 2000). En este sentido, Moffitt (1993) propuso la existencia de dos grupos de adolescentes antisociales: (1) limitados a la adolescencia (adolescencelimited) y (2) persistentes a través de la vida (life-coursepersistent). El primer grupo, corresponde a la minoría dentro de la población de delincuentes, se caracterizan por la aparición temprana (incluso desde la edad preescolar) y persistente de un conjunto de problemas de comportamiento que irían escalando en frecuencia y severidad. Si bien cambian en sus manifestaciones según la edad, correspondía al mismo tipo de problema (continuidad heterotípica). 

Por ejemplo, la agresión en la edad preescolar podría manifestarse como rabietas, en la edad escolar como destructividad y como agresión hacia otros en la adolescencia. Por el contrario, Moffitt (1993) postula que los autolimitados a la adolescencia corresponden a la gran mayoría de jóvenes que alguna vez se han involucrado en actividades delincuenciales y se distinguen porque carecen de problemas de conducta notorios durante su niñez. La confluencia de estos dos grupos explicaría por qué se observan tasas de participación en delincuencia y violencia especialmente altas durante la adolescencia. La desaparición del grupo de autolimitados explicaría el descenso que se observa en estas tasas luego de la adolescencia. Por otro lado, investigaciones han mostrado que existen diferencias en la manifestación de la conducta antisocial en función del género. Algunas plantean que es el sexo masculino el que más presenta este comportamiento. Estadísticas de diferentes países muestran la participación de adolescentes hombres en diferentes hechos antisociales y delictivos en muchas más ocasiones que las mujeres (Sanabria y Uribe, 2007; Serrano, 1983; Smith, 1995; Uribe, 2005). Otras plantean que en general la prevalencia de conducta antisocial de las mujeres es muy similar a la de los hombres, aunque ligeramente inferior. 

No obstante, cuando el análisis se centra en las conductas más graves, el número de chicas involucradas en las mismas es siempre menor (Herrero, Ordóñez, Salas y Colóm, 2002; Rechea, 2008). En este sentido, es importante valorar la participación que cada vez más tienen las adolescentes mujeres en hechos antisociales y delictivos, sugiriendo un mayor nivel de participación de las chicas y también un aumento en sus conductas antisociales y delictivas (Scandroglio et al. 2002). Sin embargo, pese a los cambios evidenciados, aún siguen existiendo diferencias entre los dos sexos. Finalmente, se encuentran los indicadores de la manifestación de la conducta antisocial y delictiva. En apariencia, los datos no muestran la realidad de la situación ya que el número de capturas no necesariamente da cuenta del nivel existente de delitos. Por ejemplo, la Oficina de Gestión de Paz del Municipio de Cali estima que cerca de dos mil jóvenes, menores de edad, viven del sicariato y del robo, y que en la ciudad hay identificadas más de 150 pandillas armadas que han cometido algún delito “aunque la cifra se puede quedar corta” (Gobernación del Valle del Cauca, 2007, parr. 3); ello no indica necesariamente que los menores hayan sido detenidos alguna vez. 

Lo anterior, muestra el incremento en los últimos años del comportamiento delictivo de la población juvenil y que un gran porcentaje de jóvenes se involucra en actividades criminales o ha participado alguna vez en su vida en un acto antisocial y delictivo. En este sentido y con el fin de contribuir a la detección, conocimiento y prevención de dificultades interpersonales en la adolescencia, se ha buscado abordar el comportamiento antisocial y delictivo manifestado por adolescentes infractores y no infractores, así como establecer la correlación de estos comportamientos teniendo en cuenta la variable género y edad. Método Participantes La muestra fue seleccionada con un diseño de muestreo aleatorio simple y estuvo conformada por 179 adolescentes entre 12 y 18 años. Participaron 107 adolescentes no infractores (59,8%), estudiantes de una institución educativa pública, y 72 adolescentes infractores (40,2%), quienes se encontraban con medida de internamiento y privados de la libertad en dos centros especializados y privados para menores infractores de Cali, Colombia. 

Los adolescentes presentaron una edad media de 15.0 años, con una desviación típica de 1,8. El 28,5 % de los adolescentes se encontraba entre los 14 y 15 años; el 27,9% tenía 18 años; el 26,3%, entre los 12 y 13 años, y el 17,3%, entre los 16 y 17 años. El 56,4 % correspondió a adolescentes del sexo masculino y el 43,6%, del sexo femenino. En el grupo de 72 adolescentes infractores, El 72% correspondió al sexo masculino y el 27,8, % al sexo femenino. En este grupo, la mitad (50%) se encontraba en un nivel de escolaridad entre sexto y séptimo, el 33,4% entre octavo y noveno y el porcentaje restante en el décimo grado. En el grupo de 109 adolescentes no infractores, el 45,8% correspondió a los hombres y el 54,2 %, a las mujeres adolescentes. El 40,2% se encontraba en un nivel de escolaridad entre octavo y noveno, el 34,6% entre sexto y séptimo, y, el porcentaje (25,2%) restante en décimo grado. Diseño Es un estudio no experimental, descriptivo y correlacional (Montero y León, 2005 y 2007). Instrumentos Cuestionario de Conductas Antisociales y Delictivas [A-D] de Seisdedos (1995). Este cuestionario contiene dos subescalas: la Conducta Antisocial (20 ítems) y la Conducta Delictiva (20 ítems). La tarea consiste en leer las frases e informar si se han realizado las conductas que describen las frases. Utiliza un formato de respuesta “sí” o “no. Del citado cuestionario se realizó la adaptación colombiana por Uribe, Bermúdez y Buela-Casal (2005). Adicionalmente, los autores realizaron un análisis factorial que confirmó la estructura de la escala y un análisis de confiabilidad con un alfa de Cronbach 0,90 para el instrumento en general. Cuestionario de Variables Demográficas (Uribe y Sanabria, 2007). 

Construido ad-hoc, que indaga sobre la edad, el sexo y la frecuencia de detención del adolescente. Procedimiento Previamente se obtuvieron las autorizaciones legales para el ingreso y aplicación en las dos instituciones privadas para menores infractores y los consentimientos informados de los padres de los dos grupos de adolescentes de la institución pública. Los adolescentes tuvieron conocimiento previamente sobre la confidencialidad y anonimato de la información que se obtuviera. Además, se les informó que su participación era totalmente voluntaria y que podrían dejar de contestar el cuestionario en cualquier momento. Los adolescentes contestaron el cuestionario en el aula de clase de cada institución. Dos psicólogas estuvieron aclarando dudas y dando las instrucciones a los menores dentro de las aulas. Análisis de datos Se realizó un análisis estadístico descriptivo para la edad, el sexo y la frecuencia de detención y un análisis de varianza (Anova) de un factor para comparar los grupos respecto a la variable dependiente, conducta antisocial y conducta delictiva. Los resultados fueron analizados en el paquete estadístico SPSS versión 15.0. Resultados Inicialmente se presentan los resultados de la conducta antisocial y la delictiva en adolescentes infractores y los adolescentes no infractores. Posteriormente, los resultados de la conducta antisocial y delictiva en función del sexo y la edad. 

Finalmente, la frecuencia de detención de la muestra estudiada. Conducta antisocial y delictiva en adolescentes infractores y no infractores. Para la presentación de los resultados de la conducta antisocial y delictiva se realizan dos tipos de análisis, uno descriptivo y otro univariado (Anova), en adolescentes infractores y no infractores. Previamente se efectuó la prueba de homogeneidad de la muestra con las pruebas robustas de igualdad de las medias Brown-Forsythe, siendo significativas. Se realiza una descripción de cada una de las escalas del Cuestionario de Conductas Antisociales y Delictivas AD (Seisdedos, 1995). Se calcularon las puntuaciones mínima y máxima de cada una de las escalas, su media y su desviación típica.

El análisis realizado indica diferencias significativas en infractores y no infractores en la conducta antisocial F (1,179)=84.596; p<0 .000="" 12.5="" 16="" 18="" 4.0="" 5.2="" 5.4="" 5.7="" 50.712="" 8="" adolescentes="" antisocial="" comparaci="" con="" conducta="" de:="" de="" del="" delictiva.="" delictiva="" diferencia="" edia="" en="" font="" grupo="" infractores="" j="" la="" los="" mayor="" n="" no="" p="" presentaron="" promedio="" quienes="" significativamente="" un="" venes="" y="">

En los adolescentes que asisten a las instituciones privadas o infractores, se observa mayor frecuencia en la Escala Antisocial, las conductas relacionadas con romper o tirar al suelo cosas que son de otra persona (60,0 %); alborotar o silbar en una reunión, lugar público o de trabajo (58,3 %); ensuciar las calles / aceras rompiendo botellas o volcando cubos de basura (54,2 %), y arrancar o pisotear flores o plantas en un parque o jardín (52,8 %).  Y con relación a las conductas de la Escala Delictiva, robar ropa de un tendero o cosas de los bolsillos de ropa colgada en un gancho (81,4 %); entrar en una tienda que está cerrada, robando o sin robar algo (80,0 %); forzar la entrada de un almacén, garaje, guardamuebles o quiosco (75,7 %); robar cosas de los carros (73,9 %), y coger el carro o la moto de un desconocido para dar un paseo, con la única intención de divertirse (71,4%).

Los indicadores más frecuentes de la conducta antisocial en los adolescentes no infractores en la Escala Antisocial fueron molestar a personas desconocidas o hacer daños en lugares públicos (87,7%); entrar en un sitio prohibido (jardín privado, casa vacía) (83,0%); ensuciar las calles/aceras rompiendo botellas o volcando cubos de basura (82,2); alborotar o silbar en una reunión, lugar público o de trabajo (82,2%); romper o tirar al suelo cosas que son de otra persona (82,1%); arrancar o pisotear flores o plantas en un parque o jardín (81,7%), y contestar mal a un superior o autoridad (trabajo o calle) (81,1%). (Véase Tabla 2). Y en la conducta delictiva, las principales conductas fueron relacionadas con el hurto y el daño público, emitidas por los adolescentes no infractores, coger la bicicleta de un desconocido y quedarse con ella (92,5%); robar cosas de grandes almacenes, supermercados, etc., estando abiertos (92,4%); planear de antemano entrar en un casa/chalet/etc. para robar cosas de valor (y hacerlo si se puede) (91,4%); entrar en una tienda que está cerrada, robando o sin robar algo (90,7%), y destrozar o dañar cosas en lugares públicos (90,5 %).

Resultados de la conducta antisocial y delictiva en función del sexo. Las medias y las desviaciones típicas de las variables dependientes conducta antisocial y delictiva se recogen en la Tabla 4. El análisis realizado indica diferencias significativas en función del sexo en la conducta delictiva F (1,156)=12,842; MSE=358.65; p<0 adolescentes="" antisocial.="" antisocial="" comparada="" con="" conducta="" delictiva="" en="" font="" la="" las="" los="" mayor="" media="" mujeres.="" presentan="" una="" varones="" y="">

Resultados de la conducta antisocial y delictiva en función de la edad El análisis realizado indica diferencias significativas en función de la edad en la conducta antisocial F (3,157)=9,233; MSE=353,81; p<0 12="" 13="" 14="" 15="" 16="" 17="" 18="" a="" adolescentes="" an="" antisocial="" con="" conducta="" de="" delictiva="" diferencias="" dsm="" el="" en="" encontraron="" entre="" f="" font="" la="" lisis="" los="" ltimos="" m="" mayor="" mayores="" mediante="" mse="150,55;" n.="" n="" nbsp="" nimas="" os.="" os="" p="" post-hoc="" prueba="" puntuaci="" respecto="" se="" significativas="" stos="" y="">

Resultados de la frecuencia de detención en adolescentes infractores y no infractores La frecuencia de detención es más alta en los adolescentes infractores en contraste con el grupo de adolescentes que asisten a instituciones públicas. Siendo detenidos desde una vez hasta más de cinco veces (30,8%) en el primer grupo, y en el segundo grupo han sido detenido desde 1 vez (53,3%) hasta 4 veces (13,3%).

Discusión Los resultados evidencian la existencia de diferencias significativas entre adolescentes infractores y no infractores de la ley, en la escala de conducta antisocial y de la delictiva. Los adolescentes no infractores informaron haber realizado más conductas antisociales y conductas delictivas que los adolescentes infractores que se encuentran en el centro de formación. Estos datos apoyan lo propuesto por Moffit (1993), quien plantea que actualmente una gran cantidad de adolescentes alguna vez se ha involucrado en actividades violentas, participando activamente en manifestaciones relacionadas con actos antisociales y delincuenciales. 

Lo preocupante de la problemática es que de los adolescentes que informan haber presentado conductas antisociales y/o conductas delictivas, algunos se limitarán a presentarlos en la adolescencia, disminuyendo éstos en la edad adulta (adolescencelimited), pero otros, por el contrario y de manera preocupante, seguirán manifestando dichas conductas hasta edades adultas de manera persistente (life-coursepersistent). En este sentido, es objetivo de las investigaciones aunar esfuerzos para identificar la existencia de un patrón de comportamiento antisocial persistente y no persistente en los jóvenes, como evidencia  para implementar un sistema de atención y prevención de este comportamiento. Los datos muestran la urgencia de identificar el patrón de persistencia de tales conductas. Sobre todo, si se tiene en cuenta el costo económico (Morales, 2008; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2003), el costo social (ICBF, 2006 citado por El Tiempo, 2007) y, especialmente, el impacto negativo que sobre el desarrollo del joven tiene su manifestación, el rechazo social, familiar, escolar y las dificultades que para sus procesos educativos y de aprendizaje pueda tener (Moffitt y Caspi, 2001). 

En los adolescentes infractores y no infractores, la presencia de conductas antisociales es igual casi para la totalidad de las conductas que presentan. Sin embargo, el asistir a un sitio prohibido, hacer daños en lugares públicos, molestar a personas desconocidas y contestar mal a un superior o autoridad son las variables que presentan los adolescentes no infractores, en comparación con los adolescentes infractores. En conductas delictivas, los dos grupos de adolescentes presentan similitud en el tipo y número. Por otra parte, se observan diferencias significativas en función de la edad en las escalas Antisocial y Delictiva. En este punto conviene señalar que es en el grupo de 16 a 17 y 18 años, donde aparecen las puntuaciones más altas respecto a la presencia de conductas antisociales y delictivas. Sin embargo, aunque en edades tempranas, 12 a 13 años y 14 a 15 años, se observa una baja puntuación de este tipo de comportamiento respecto a los adolescentes más grandes, es relevante reconocer la participación temprana en hechos antisociales y delictivos por parte de los jóvenes; teniendo en cuenta que la mayoría de los jóvenes participantes manifestaron haber cometido alguna vez en su vida un acto antisocial y/o delictivo. 

Lo anterior, coincide con diferentes estudios, como los realizados por Rechea (2008), Sanabria y Uribe (2007), con jóvenes españoles y colombianos, respectivamente, cuyas conclusiones sugieren que los jóvenes comienzan a presentar las conductas antisociales y delictivas a edades tempranas y que éstas aumentan con la edad, alcanzando un nivel máximo a la edad de 16- 17 años, lo que sugiere el carácter gradual en la manifestación de estos comportamientos (Kazdin, 1995; Klevens, 2000; Moffit, 1993; Moffitt y Caspi, 2001; Olweus, 1979). Los datos obtenidos en este estudio señalan una mayor participación de los adolescentes del sexo masculino en conductas antisociales y en conductas delictivas en relación con el sexo femenino. Respecto a la conducta delictiva, estos resultados concuerdan con investigaciones que señalan las diferencias en la manifestación de estos comportamientos entre hombres y mujeres; siendo los primeros, los que más participaron en hechos delictivos (Sanabria y Uribe, 2007; Serrano, 1983; Smith, 1995; Uribe, 2005); sin embargo, aunque las mujeres presentan menor puntuación en la presentación de estos comportamientos, la evidencia sugiere la participación activa de las mujeres en estos hechos (Scandroglio et al. 2002). 

Respecto a la conducta antisocial, los resultados muestran diferencias significativas en este tipo de comportamiento, siendo los varones quienes presentan una media mayor en esta conducta en comparación con las mujeres, datos que no coinciden con investigaciones que plantean que tanto hombres como mujeres adolescentes manifiestan comportamientos antisociales en iguales proporciones (Herrero, et al. 2008, Rechea, 2008). Los anteriores datos muestran la manifestación de la conducta antisocial y delictiva entre adolescentes infractores y no infractores en función de la edad y el sexo. Dejan la puerta abierta a la discusión sobre las diferencias biológicas y evolutivas, entre hombres y mujeres, que puedan estar influyendo en la manifestación de estos tipos de comportamientos, así como la manifestación persistente y no de las conductas. 

Se sugiere la necesidad de estudiar a profundidad esta población con relación a estos comportamientos que se han duplicado en los últimos diez años (Cada hora, cinco menores son detenidos en el país, 2007, marzo 08; Procuraduría General de la Nación, 2007), observados desde diferentes perspectivas que permitan su conocimiento y, en consecuencia, la generación de acciones para su prevención. Adicionalmente, se sugiere abrir la discusión sobre la participación que alguna vez han tenido los adolescentes en hechos delictivos, y que no necesariamente se refleja en el número de capturas que se realizan en esta población (Gobernación del Valle del Cauca, 2007). Los dos grupos manifestaron haber sido detenidos alguna vez. 

Sin embargo, es relevante el aumento en el número de detenciones en el grupo de infractores, lo que sugiere la persistencia del acto delictivo, en comparación con los no infractores, quienes informaron haber sido detenidos en menor frecuencia. Por ello, los responsables de políticas escolares e institucionales relacionadas con jóvenes deben tomar conciencia de la importancia que como recurso preventivo tiene la identificación temprana de este comportamiento. Ya que es la persistencia de este comportamiento en conjunto y durante un periodo de la adolescencia que sirven como altos predictores de problemáticas de ajuste psicológico individual y social, incluyendo el comportamiento delincuencial durante la edad adulta (Kohlberg, Ricks, y Snarey, 1984). Con programas educativos y preventivos se aumenta la probabilidad de que jóvenes que son detenidos por actos delincuenciales disminuyan el riesgo de continuar con las mismas conductas y de mayor gravedad en una edad adulta (Harrington et al. 1991; McCord, 1991). 

Finalmente, el aporte de este estudio es el análisis del comportamiento antisocial y delictivo en dos grupos de adolescentes escolarizados no infractores y adolescentes infractores que asisten a centros de formación, así como las diferencias por sexo y por grupos de edad en la manifestación de estos comportamientos. Sin embargo, teniendo en cuenta que el tamaño de la muestra no permite hacer generalizaciones a la población de Santiago de Cali, sería necesario replicar este estudio teniendo en cuenta una muestra representativa de la población en cuestión, con el fin de generalizar los resultados a toda la población e incrementar la validez y la confianza en los resultados obtenidos. No obstante, la muestra fue seleccionada aleatoriamente y los resultados de este estudio son interesantes desde el punto de vista de la exploración del comportamiento antisocial y el delictivo y su relación con variables evolutivas y demográficas, en los adolescentes y jóvenes. 

Como conclusiones finales, se señala que: a) existen diferencias en la presencia de comportamientos antisociales y comportamientos delictivos entre los adolescentes infractores y no infractores. Los adolescentes no infractores es el grupo que más informa presentar comportamientos antisociales y delictivos en comparación con los adolescentes infractores. b) Un gran porcentaje de jóvenes se involucra en actividades antisociales o ha participado alguna vez en su vida en un acto delictivo. Esta situación constituye una preocupación que requiere la comprensión de este tipo de comportamiento. c) En cuanto a la edad se observa que existen diferencias significativas entre los grupos de adolescentes de 12 a 13 años y los de 16 a 17 y 18 años, siendo los últimos quienes más presentaron estos comportamientos. Sin embargo, los primeros ya han presentado alguna conducta antisocial y/o delictiva lo que sugiere el inicio temprano del comportamiento así como su carácter progresivo. d) Según los resultados obtenidos cabe pensar que los hombres son quienes más participan en actos delictivos y en actos antisociales en comparación con las mujeres. 

Referencias 

Cada hora, cinco menores son detenidos en el país (2007, Marzo 08). El Tiempo, pp. 1-2. Farrington D.P. (1983). Epidemiology. En H. Quay (Ed.), Handbook of juvenile delinquency (pp. 111-121). New York: John Wiley & Sons. 
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