viernes, 7 de diciembre de 2012

Sentimiento anómico y conductas antisociales y delictivas: verificación de un modelo causal en jóvenes brasileños. Nilton S. Formiga 1*


Resumen
La anomia conduce el individuo para una sociedad carente en el consenso del contenido de las normas sociales haciendo con que las personas vivan sin adherir o cumplir las reglas sociales causando daño a una buena interacción  individuo-sociedad; en este sentido, el sentimiento anómico refiérese a un estado mental de desespero y de abandono que acompaña el sujeto, debido a la falta de acceso a los medios socialmente prescritos para la realización de los fines sociales. Las conductas desviantes refiérense a los comportamientos que no están de acuerdo con los códigos y los preceptos morales socialmente establecidos, infringiendo simultáneamente reglas de conducta y causando prejuício a la sociedad  y al individuo. En este estudio se pretende verificar la asociación del sentimiento anómico con las conductas desviantes en jóvenes. Doscientos treinta y cinco hombres y mujeres con edad entre 13 y 20 años, de la red de educación pública y particular de la ciudad de João Pessoa PB, han respondido a la escala de sentimiento de estar a la margen de la sociedad, a la escala de conductas antisociales y delictivas y cuestiones sociodemográficos. A partir del programa AMOS GRAFICS 16.0, se observaron indicadores psicométricos que comprobaron la asociación, positiva, entre sentimientos anómicos y las conductas desviantes.
Palabras Claves: Sentimientos anómicos, conductas antisociales y delictivas, jóvenes. Abstract
The anomie leads the individual to a society lacking the consensus of the content of social norms so that people can live without adhering or fulfill the social rules hurting a good individualsociety interaction. That been said, the feeling anomic refers to a mental state of hopelessness and helplessness that accompanies the subject, due to lack of access to socially prescribed ways to the achievement of social goals. The deviant behaviors refer to behaviors that are not in accordance with codes and socially established moral precepts, while violating rules of conduct and causing harm to society and the individual. This study aims to verify the association of feeling with the anomic deviant behavior in young people. 235 men and women aged 13 to 20 years, the network of public and private education  in the city of João Pessoa, the scale of respondents feeling of being on the fringes of society, the scale of antisocial and criminal behavior and socio-demographic. From the program AMOS 16.0 grafics, it was observed psychometric indicators that demonstrated the positive correlation, between anomic feeling and deviant behavior.
Keywords: Feeling anomic, pipelines antisocial and criminal behaviors, young

Introducción
Las explicaciones sobre las causas de la violencia entre jóvenes han sido buscadas por las ciencias humanas, sociales y de la salud. Ese problema, también, ha preocupado la población brasileña en general y las instituciones de control y formación social (por ejemplo, escuela, familia, etc.) sobre las razones que llevan  jóvenes a manifestaren comportamientos violentos. La violencia entre jóvenes brasileños ha sido destacada, principalmente cuando sus autores no son sólo aquellos que corresponderían a  las características socioeconómicas y culturales atribuidas a jóvenes considerados violentos cuando se refiere a  los indicadores estándar de pobreza-riqueza, ruptura de la personalidad, exclusión social, disfunción familiar y de falta de oportunidades para gozar de bienestar  material de sus autores (Adorno, 2002; Beato, Peixoto & Andrade, 2004; Formiga & Gouveia, 2002; Paixão, 1983; Pino, 2007; Olmo, 1999).

No bastase el perjuicio de la violencia entre jóvenes, sobre el daño humano y social, también ha sido discutido bajo a la perspectiva de  un perjuicio material que ella causa. Conforme Santos e Kassouf (2008), los gastos públicos y particulares en la prevención, combate y control de la violencia a cada década, exceden el total de 5% del PIB brasileño, además, de las pérdidas aún no contabilizadas, con respecto del  capital humano, calidad de vida, reducción en el turismo, etc. A pesar de esa inversión, la violencia ha aumentado, haciendo ascender a la tasa de mortalidad de jóvenes de 15 a 19 años, haciendo que Brasil sea el 3er lugar en el mundo en muertes de jóvenes asociados a la conducta delictiva (Coffey, Veit, Wolfe, Cini & Patton, 2005; Kahn, 1999; Laub &Vaillant, 2000; Waiselfisz, 2008).

Sin embargo, ese es un fenómeno que tiene formas distintas, alcanzando un alto porcentaje de actos desviantes y causando fuertes daños a la población. Para abordadlas, es necesario tener claro las distintas modalidades en  que la violencia se presenta, así como, sus diferentes causas (Sanmartín, 2006). Según Formiga, Estevam, Camino, Anderson e Santos (2010), las modalidades de la violencia entre jóvenes, generalmente, ha sido atribuido al constructo del comportamiento agresivo, conducta desviante y uso potencial de drogas. Para eses autores, en un estudio con jóvenes de Paraíba, estado brasileño, fue observada una relación positiva entre eses constructos. Pero, a título de parsimonia científica, se pretende contemplar en el presente estudio, solamente una de las facetas de la violencia: las conductas desviantes.

 Las conductas desviantes no solamente estuvieron condicionadas a las incontables elaboraciones cuanto a su concepto, pero también, las controversias  en la forma de análisis del problema y en la forma de tratar con las personas responsables por la conducta. De manera general, este tipo de conducta se refiere a un conjunto de transgresiones, solo aceptas como es, cuando considera un determinado contexto sociocultural (Neto, 2004).

 En la actualidad, sin embargo,  en estas conductas no ha sido identificadas autor y rótulo específico, son conductas muy variadas, a pesar de evidentes, llevada a cabo por personas que ni siempre son identificadas, pudiendo presentarse como una conducta antisocial y/o delictiva. Estas conductas se refiere a los comportamientos que no están de acuerdo con los códigos establecidos por las autoridades de determinado espacio geográfico y con los preceptos morales socialmente establecidos, violando, simultáneamente códigos de conducta moral (Carvalho, 2010; Formiga & Gouveia, 2003).

 Según Formiga y Gouveia (2003) y Formiga (2005), la conducta antisocial se refiere a falta de conciencia de las normas que deben ser respetadas – desde a la norma de limpieza de las calles al respeto con los colegas en el que se  refiere a ciertos juegos – no practicadas por algunos jóvenes. En esa dirección, este tipo de conducta se caracteriza por el echo de causaren incómodo, pero sin que causen necesario daños físicos a otras personas; solo dicen a respeto a las bromas de los jóvenes o simplemente a la búsqueda por la ruptura de algunas leyes sociales.

 Sobre a conducta delictiva, eses autores a conciben como merecedoras de punición jurídica, capaces de causar daños graves, morales y/o físicos. Así que, tales conductas pueden ser consideradas más severas que las anteriores, representando una amenaza eminente a la orden social vigente. Estas conductas tienen en común es que las dos interfieren en los derechos y deberes de las personas, amenazando su bienestar, así como diferenciándolas en su función de gravedad de las consecuencias oriundas (Formiga & Gouveia, 2003; Molina & Gómez, 1997).

Posiblemente, todo joven practica o ha practicado algún tipo de conducta antisocial, que es del repertorio de ellos, resaltando como un desafío en  la ruptura de las normas sociales y reglas tradicionales de la sociedad, evidenciando las normas de la generación de sus padres, como exceden y que impiden eses jóvenes de realizaren su propia voluntad.

 Se considera que un fenómeno con esta fuerza entre los jóvenes es típico de una sociedad que tiene sus valores debilitados y las acciones institucionales de control del comportamiento, fracasadas cuanto al establecimiento de la norma social (Beato, Peixoto & Andrade, 2004; Feijó, 2001; Minayo et. all., 1999; Moreira  Rosário & Costa, 2008; Mulvey & Cauffman, 2001; Paixão, 1983).

 El aumento de la conducta antisocial y delictiva entre jóvenes, principalmente, aquellos sin historia de delincuencia en la época actual, debe a un cambio cultural que tiene perfil de los países occidentales, en otras palabras, el aumento del individualismo (Formiga & Diniz, 2010).Conforme Reykowski (1994), esta perspectiva individualista destaca el bienestar do self como principal orientación a la adaptación, por otro lado, la perspectiva colectivista tiene como enfoque el bienestar para el grupo. Todas las diferencias cognitivas, actitudinales y de comportamiento entre colectivismo y individualismo  son oriundas de esta diferencia en suposiciones implícitas sobre el mundo social.

 El individualismo tiene como presupuesto fundamental la racionalidad, basándose en los principios de regulaciones, reglas y leyes, de  modo a favorecer a individualización, autonomía, autorrealización y la libertad de elección. Por otro lado, el colectivismo tiene como presupuesto fundamental las relaciones, basándose en los principios del bienestar colectivo, papeles, deberes y obligaciones, favoreciendo a la convivencia en grupo.

 Es en este sentido que “... el impulso para la individualización estimuló mayor libertad en las relaciones entre trabajadores y empleadores, hombres y mujeres, padres y hijos. Las formas tradicionales de deferencia cedieran lugar a una nueva afirmación de derechos individuales,reforzadas, si necesario, por apelación a las cortes de justicia” (Kumar,1997, p. 179). De acuerdo con Giddens (1998), esta condición ya  había sido vislumbrada por Emile Durkheim, el cual defendía la necesidad de que las  personas precisasen ser ‘individualistas’, pero sin que eso favoreciese la justicia social y el fortalecimiento y consistencia de la autoridad moral en la sociedad.

 Pero, para Sorj e Martuccelli (2008), la perspectiva defendida por Dukheim en el que se refiere a la necesidad de una mayor individualidad  de los sujetos, debería implicar en el aumento de la autonomía y iniciativa individual, pero, no fue eso que pasó. Al contrario, las personas con una acción individualista, no la realizaban con base en la negociación de las relaciones interpersonales y del respeto a las normas y reglas sociales, tornando, con eso, opaca la relación del mundo subjetivo del individuo y la  sociedad. Esto ha causado una perdida del reconocimiento y comprensión  de los espacios de la sociabilidad destinados a la cohesión social y no un estado de desorganización. 

 El hecho es que este cambio cultural ha llevado el sujeto a la priorización de necesidades personales en que la meta sería la obtención de prestigio. Así que, en la falta de recursos o mismo de apoyo social para alcanzar tal prestigio,  el individuo se utilizaría de conductas desviantes, el que revelaría no solo la delincuencia juvenil, pero, una falta de estructura y descrédito del poder disciplinario de las instituciones normativas y formadoras de la conducta juvenil y la disolución del poder socializador de estas instituciones cuanto a la transmisión moral y ética para los jóvenes, indicando así, un tiempo de anomia (Idhac, 2009; De Giorgi, 2005; Formiga & Diniz, 2010; Lipovetsky, 1986).

 Tal estado de anomia sigue un camino de caos social, en la que, romper la norma o manifestar alguna conducta desviante entre los jóvenes puede ser un acto ennoblecedor para la construcción de la imagen juvenil y la busca de las aspiraciones del consumo para propia realización del sujeto. Un desvío excesivo de la norma transpone los espacios de la vida particular de las personas, afectando los espacios  públicos y colectivos y un sentimiento de inseguridad y exclusión social (Arendt, 2009; Neto, 2006; Sorj & Martuccelli, 2008).


 A pesar de Durkheim (1893/1995; 1925/2002) considerar que la acción delictiva (leer, criminal) podría ser entendida como algo normal en la dinámica de cualquier sociedad, mismo que en niveles soportables, esa acción debería ser punida y inhibida, porque es reprobada por la sociedad. Esto ocurriría tanto por causar perjuicio a la orden y armonía de la sociedad cuanto por la indicación de que el sujeto no fue capaz de interiorizar las normas y los valores sociales exigidos por la sociedad. Para aquellos que buscan  la armonía y el bienestar social, una condición delictiva hace surgir sentimientos y conductas de rechazo a esta situación. La intensidad y la facilidad del delito revelan una debilidad en la integración entre individuo, sociedad y las leys para la orden social, originando la anomia.

 El estudio sobre la anomia ganó fuerza conceptual  y de análisis de los problemas sociales con Emile Durkheim en sus libros  División del Trabajo Social  y  Suicidio.  Para Durkheim (1894/2004; 1897/2000), la anomia se refiere a una condición que la sociedadpasa, una dinámica de sus relaciones interpersonales, cuanto al reconocimiento de la ausencia de referencia de las normas y reglas sociales que orientan y regulan el comportamiento social deseable del individuo y instituciones. La existencia de la anomia en la sociedad queda ineficaz el poder regulador, que las normas sociales y instituciones de control tiene sobre los comportamientos sociales, siendo incapaz de la cohesión de la sociedad.
 Conforme Agnew (1997), Durkheim concebía que el estado anómico es una condición peculiar de la sociedad moderna y consecuente  del desarrollo económico de ella, en la cual los valores, la moral y la ética es determinada por el  enriquecimiento material de las personas, haciendo con que se entreguen a sus pasiones y vivan solamente para si mismo, no existiendo solidaridad y cooperación entre los miembros de la sociedad, por consiguiente, una consciencia que pueda priorizar el colectivo y el social. De acuerdo con McClosky (1976; 1978), la anomia conduce el individuo-sociedad.

 Mismo que la concepción de Durkheim sobre la anomia ha sido significativa para el establecimiento del tema en la Sociología y Criminología, otro estudioso de gran influencia en el estudio de la anomia fue Robert Merton. Él desarrolló de forma sistemática la perspectiva teórica propuesta por Durkheim, así como la asociación de este tema con la conducta desviante desviante (Caliman, 2006; Giddens, 2005; Huertas, 200; Reyes, 2008).
 Distinto de Durkheim, el concepto de la anomia elaborado por Merton (1938/2002) fue cambiado, refiriéndose a la presión que la sociedad impone a las personas para que se comporten, de forma desviante, cuando las normas y la realidad social entran en conflicto. La fisura señalada por Durkheim entre la sociedad y las normas sociales, hasta puede ser reconocido por Merton (1938/2002), pero, de acuerdo con este autor, la anomia ocurre entreel subsistema de los fines y de los medios institucionalmente aceptos para que el desvío social se realice.

 Merton (1938/2002), en su libro  Teoría social y Estructura social,  con base en la concepción de la anomia y con el objetivo de avanzar en el concepto y explicación del problema del desvío social en la sociedad moderna, además de ampliar el concepto, aclara la función de la anomia cuando se tratar de explicar los conflictos y la orden social. Para este autor, la anomia es un problema estructural y no cíclica, además de se  causar del poder impuesto de las normas sociales necesarias por la clase social favorecida, se trata de la imposibilidad de que el sujeto acepte y actúe normativamente, pues, esto se debe a las desigualdades sociales determinadas por la clase social mayor para la realización de los objetivos de los más desfavorecidos. La ruptura de la estructura cultural da lugar a una división entre las normas y los objetivos establecidos por la cultura y las condiciones estructura de las personas de la sociedad y del grupo seguir de acuerdo con el que se requiere. En otras palabras, para Merton la anomia tenía como origen la constatación por parte de los individuos y grupos de una incongruencia en la sociedad, haciendo con que los medios socialmente disponibles sean insuficientes para el alcance de metas socialmente valoradas.

 A partir de los estudios de Durkheim y Merton, varias pesquisas fueron desarrolladas con el objetivo de operacionalizar, psicológica y sociológicamente, el concepto y la mensurabilidad de la anomia (Caliman, 2006; Rodriguéz, 2006). De esta forma, Srole (1956) ha establecido, en termos psicológicos, un concepto y una mensurabilidad sobre esta variable. Este autor concebía la anomia como un estado mental, es decir, un sentimiento de desespero y de abandono que acompaña el sujeto, debido a la falta  de acceso a los medios socialmente prescritos para la realización de los fines sociales.

 De acuerdo con Rodríguez (2006), a pesar de encontrar otros autores que también atribuyó a la anomia un estado mental en termos de  la falta de sentido y pertenencia en la dinámica individuo-sociedad – por ejemplo, Mathieu Deflem (1989) Harold Laswell (1952) – en termos pragmáticos, cuanto al constructoanomia, Srole (1956) merece ser destacado porque él ha desarrollado un instrumento para la mensurabilidad del constructo. Se trata de una escala del tipo likert, compuesta por cinco elementos para medir el grado de anomia (teniendo como un sentimiento) de las personas.
 Con base en la concepción de Srole, Travis (1993)  elabora una escala alternativa para evaluar la anomia en termos psicológicos, una vez que considera la propuesta de Srole (1956) muy amplia en termos conceptuales y, principalmente, cuando se pretende medir la anomia con muestras más diversificadas y compararlas a subculturas. Travis (1993), toma como referencia la teoría de la alienación (específicamente, del aislamiento social) y de la anomia, pasando a elaborar un instrumento con siete elementos, que debería ser respondido una escala del tipo likert. Esta escala tenía como objetivo medir cuanto el sujeto siente que estar a la margen de la sociedad en relación a la realización de sus objetivos, o sea, cuanto se siente socialmente excluido.
 Así, a partir de estas perspectivas teóricas, se cree que habiendo por parte de un individuo una mayor percepción de su exclusión en la sociedad, sintiéndose impotente para realizar sus objetivos, probablemente, este será capaz de manifestar una conducta antisocial y delictiva. El presente estudio tiene como hipótesis la verificación de un modelo teórico en que el sentimiento de estar a la margen de la sociedad a unirse, positivamente, con las conductas antisociales y delictivas.

Método
Participantes
 Ha participado del estudio doscientos treinta y cinco jóvenes de 13 a 20 años, con una distribución equitativa de jóvenes del sexo masculino (49%) y del sexo femenino (51%), de la red de educación pública y particular de la ciudad de João Pessoa – Paraíba, que de manera voluntaria ha aceptado participar del estudio.

Instrumentos
 Los participantes respondieron los cuestionarios siguientes:
 Escala de sentimiento de estar a la margen de la sociedad (MOS - Margins of Society Scale). La MOS fue desarrollada por Travis (1993) y adaptada por Sousa y cols. (2003) para la realidad brasileña, presentando alfas seguros.

 La presente escala es compuesta por siete elementos que buscaban evaluar cuanto las personas sienten sufrir una exclusión social (por ejemplo, Yo me siento mucho solo hoy; No importa cuanto la persona luche en la vida, no hay  diferencia; yo me siento discriminada socialmente; Siento como si mi mundo estuviera cayendo; Yo quería ser alguien importante; Es difícil para mí decir lo que es cierto y errado hoy; No me gusta vivir de acuerdo con las reglas de la sociedad). Para responder, la persona debe leer cada cuestión y indicar cuanto ellas están de acuerdo con cada una de las siete cuestiones y indicar (marcando con una X o círculo) una escala del tipo Likert, que van de 1 - Desacuerdo totalmente, 2 - Desacuerdo en parte, 3 - Ni de acuerdo ni en desacuerdo, 4 - De acuerdo en parte y 5 - De acuerdo totalmente.

 En este estudio, fuera que la escala ha revelado indicadores de consistencia interna aceptables para la realidad brasileña. Ella presentó indicadores de cualidad de ajuste para su  modelo estructural próximos a los recomendados en la literatura: χ2/gl (7,11/11) = 0,64; RMR = 0,04; GFI = 0,99; AGFI = 0,98; CFI = 1,00; RMSEA = 0,00 (0,00-0,04).  El valor de ECVI y CAIC no fueron necesarios por no haber modelo para ser comparado (Byrne, 1989;Tabachnick & Fidell, 1996; Van de Vijver & Leung, 1997).

 Escala de Conductas Antisociales y Delictivas. Este instrumento, propuesto por Seisdedos (1988) y validado por Formiga y Gouveia (2003) para la realidad brasileña, comprende en una medida de comportamiento en relación a las Conductas Antisociales y Delictivas. Tal medida es compuesta por cuarenta elementos, distribuidos en dos factores, como sigue: conductas antisociales. Sus elementos no expresan delitos, pero comportamientos que desafían la orden social y infligen normas sociales (por ejemplo, tirar basura sobre el piso mismo cuando tiene un basurero; tocar la campana en la casa de alguien y salir corriendo); y las conductas delictivas, estas incorporan comportamientos delictivos que están fuera de la ley, caracterizando una infracción o una conducta incumplidora y perjudicial a alguien o mismo la sociedad como un todo (por ejemplo, robar objetos de los coches; obtener dinero amenazando personas más débiles). Para cada elemento, los participantes deberían indicar cuanto tenían el comportamiento señalado en su cotidiano. Para eso,  ha utilizado una escala de respuesta con diez puntos, teniendo los siguientes extremos: 0 = Nunca y 9 = Siempre.

 La presente escala reveló indicadores psicométricos consistentes identificando los factores destacados anteriormente; para la Conducta Antisocial fue encontrado un Alpha de Crobach de 0,86 y la Conducta Delictiva o Delincuente, 0,92. Considerando la Análisis Factorial Confirmatoria, realizada con el Lisrel 8.0, se ha demostrado esas dimensiones anteriormente encontradas (χ²/gl = 1,35; AGFI = 0,89; PHI (Φ) = 0,79, p > 0,05) en la análisis de los principales componentes (Formiga, 2003; Formiga & Gouveia, 2003).

 Caracterización sociodemográfica. Los participantes respondieron un conjunto de preguntas sobre características personales (sexo, edad, etc.) con el objetivo de caracterizar los entrevistados de la pesquisa.

Procedimiento y análisis de los datos
 Todos los procedimientos adoptados en esta pesquisa han seguidos directrices previstas en la Resolución 196/96 del CNS y en la Resolución 016/2000 del Consejo Federal de Psicología (Cns, 1996; Anpepp, 2000).
 Para la aplicación del instrumento, el responsable por la coleta de los datos visito a coordinación o dirección de las instituciones de educación, hablando directamente con los directores y/o coordinadores para después intentar el permiso de los profesores responsables de cada disciplina, buscando obtener su autorización para ocupar una clase y aplicar los cuestionarios. Después del permiso, se estableció contacto con los estudiantes, exponiendo brevemente los objetivos de la pesquisa, solicitando su participación voluntaria.

 Fue declarado a los entrevistados que no habría respuesta correcta o equivocada y que mismo que se necesite una respuesta individual, estos no deberían verse obligados en contestarlo, pudiendo abandonar a cualquier momento, sea cuanto estuviera con el instrumento en sus manos o al empezar su lectura, o otra eventual condición. En cualquier un de estos eventos no hubiera problema de su abandono.
 A todos era previsto el anonimato de sus respuestas, destacando que ellas serían tratadas en su conjunto estadísticamente; a pesar del cuestionario ser auto-administrado, con instrucciones necesarias para que puedan ser respondidos, los colaboradores ha estado presentes durante toda aplicación para eliminar cualquier duda o realizar aclarar lo que ha hecho indispensable, no interfiriendo en la lógica  y comprensión de las respuestas de los entrevistados. Un único aplicador, anteriormente entrenado, ha estado presente en clase, presentando los instrumentos, resolviendo dudas y dando la cualidad general de las respuestas emitidas por los entrevistados.
 En el que se refiere a la análisis de los datos de esta pesquisa, fue utilizado la versión 18.0 del paquete estadístico SPSS para Windows. Fueron calculadas estadísticas descriptivas (tendencia central y dispersión). Los siguientes indicadores estadísticos para o Model de Ecuaciones Estructurales (SEM) fueran considerados  según una bondad de ajuste subjetiva.
Este programa estadístico tiene la función de presentar, de forma más sólida, indicadores psicométricos dirigido a una mejor construcción de  la adaptación y precisión de la escala desarrollada, así como, permita diseñar un modelo teórico pretendido en el estudio.

 Con el programa AMOS, versión 16.0, ha pretendido probar la adecuación del modelo unidimensional, considerando como entrada la matriz de covarianzas, teniendo que adoptar el  estimador  ML (Maximum Likelihood). Este tipo de análisis estadística es más cuidadosa y rigurosa de que aquella que a la del primer estudio en el presente estudio. Esto permite probar directamente una estructura teórica, como es el caso de la que se proponen en el presente estudio. Esta análisis presenta algunos índices que permiten evaluar la cualidad de ajuste del modelo propuesto (Byrne, 1989; Hair, Anderson, Tatham & Black, 2005; Kelloway,1998; Tabachnick & Fidell, 1996; Van de Vijver & Leung, 1997), por ejemplo:

• El χ² proba La probabilidad del modelo teórico se ajustar a los datos; cuanto mayor este valor, peor el ajustamiento. Este ha sido poco empleado en la literatura, siendo más común considerar su razón en relación a los grados de libertad (χ²/g.l.). En este caso, valores hasta cinco indican  un ajustamiento adecuado.
• Root Mean Square Residual (RMR), que indica el ajustamiento del modelo teórico a los datos, en la medida en que la diferencia entre los dos se acerca de cero. Para el modelo ser  considerado bien ajustado, el valor debe ser menor que 0,05.
• El Goodness-of-Fit Index (GFI) y el Adjusted Goodness-of-Fit Index (AGFI) son análogos al R² en regresión múltiple. Sin embargo, indican la proporción de varianza-covarianza en los datos explicada por el modelo. Estos varían de 0 a 1, con valores en la casa de los 0,80 y 0,90, superior, indicando un ajustamiento satisfactorio.
• El Comparative Fit Index (CFI) compara, de forma general, el modelo estimado y el modelo nulo, considerando valores más cerca de un como indicadores de ajustamiento satisfactorio (Hair, Anderson, Tatham & Black, 2005).
• La Root-Mean-Square Error of Approximation (RMSEA), con su intervalo de confianza de 90% (IC90%), es considerada de un indicador de “maldad” de ajuste, así como, valores altos indican  un modelo no ajustado. Se supone como ideal que o RMSEA  se encuentra entre 0,05 y 0,08,  aceptando valores hasta 0,10 (Garson, 2003; Kelloway, 1998).
• El  Expected Cross-Validation Index  (ECVI) y el  Consistent Akaike Information Criterion  (CAIC) son indicadores empleados para evaluar la adecuación de un modelo determinado en  relación a otro. Valores bajos do  ECVI  y  CAIC expresan el modelo con mejor ajuste (Hair,  Anderson, Tatham & Black, 2005; Bilich, Silva & Ramos, 2006).

Resultados y discusión
Considerando el objetivo central de este estudio –  la explicación de la conducta desviante a partir del sentimiento de estar a la margen de la sociedad – compone, a partir de la  análisis y modelización de ecuación estructural, en el programa AMOS 16.0, la verificación empírica cuanto a sus criterios predictivos de esta variable, garantizando, con eso, una fuerza y consistencia explicativa entre ellas.
 Para eso, ha considerado un modelo no recursivo de ecuaciones estructurales.  Después, los debidos cambios en los ajustes de error, he encontrado un modelo  adecuado, presentándose la siguiente razón:  χ2/gl = 1,97; RMR = 0,05; GFI = 0,98; AGFI = 0,96; CFI = 1,00, RMSEA = 0,02 (0,00-0,05). Se observó que el peso de la variable considerada sobre el sentimiento de estar a la margen de la sociedad presentó una puntuación asociativa  positiva ( = 0,36) con las conductas desviantes .

Considerando que el modelo propuesto fue comprobado, se eligió en realizar un análisis de varianza a fin de evaluar la puntuación media de las respuestas de los sujetos en las conductas antisociales y delictivas en relación al  sentimiento anómico. De esta forma, hubiera un resultado significativo cuanto a una puntuación  media superior, solamente, para alta conducta antisocial (M = 2,67, DP = 0,05) [F (1,234) = 7,54, p < 0,01] en el que se refiere al sentimiento anómico de los sujetos. Para ça conducta delictiva, los resultados no fueron significativos, condición esta que ES comprensible, pues, la muestra no ha contemplado,específicamente, jóvenes con historia de delincuencia o aquellos que estaban en instituciones coercitivas.

 Así como, probablemente, el sujeto con un sentimiento de exclusión, no observa al cumplimiento de las normas sociales, manifestando mayor conducta antisocial. Objetivamente, se refiere al estado mental de este sujeto cuanto a la debilidad de la cohesión social y apoyo afectivo de las personas en su entorno en termos de la aceptación y adhesión de las normas sociales, impidiendo con eso la falta de acción desviante, mismo que los otros puedan transgredir (Aceituno, Asún, Ruiz, Reinoso, Venegas & Corbalán, 2009).

 Sin embargo, estando estos sujetos, con una autopercepción de abandono social, esta,  por su vez, distorsionaría la realidad, haciendo con que el sujeto no comprenda la organización y la funcionamiento de la sociedad cuanto a la condición de alcanzar los fines sociales a partir de los medios socialmente aceptos (McClosky & Schaar,  1965; Srole, 1956) sin romper la norma social vigente.
 De forma general, de acuerdo con López (2009), este sentimiento anómico objetiva un análisis del individuo, el cual, como parte de la sociedad es quien, a partir de sus características personales nota el sistema social desorganizado, llevando el sujeto al desvío de conducta. Este desvío, por su vez, es justificado, no solamente porque la sociedad ha fracasado con sus promesas sociales y económicas, destinadas a su ascensión personal, pero también, que ese fracaso social ha influenciado la baja identidad y ambigüedad sentimental de la persona con la sociedad vigente y el establecimiento de las reglas de control de la conducta, tanto de la exterioridad cuanto de la internalidad de las reglas y normas sociales (Laswell, 1952; Deflem, 1989; MacIver, 1950).

Un estudio desarrollado por Aillet, Le Queau e Olm (2000), mismo que no se utilice la escala de Travis (1993), pero, abordando semejante  perspectiva teórica sobre la anomia psicológica, se observó que ese tipo de anomia, no solamente ha influenciado las conductas de riscos y la criminalidad (mayor hedonismo, mayor inestabilidad psíquica, etc.), pero, también, una tendencia suicida. A pesar del concepto de anomia psicológica necesitar de algún ajuste, pues, existe una cuantidad significativa de teóricos que buscan proponer una mensurabilidad de este constructo en termos psicológicos (Nikos & Agnew, 1997; Atteslander & Gransow; Western, 1999), tal constructo, cada un a su modelo de evaluación, tiene el objetivo tanto de verificar la negatividad social del sujeto a fin de que si pueda establecer no solo compensaciones sociales, cuanto a las intervenciones psicológicas cuando fuera el caso del sujeto presentar un alto sentimiento anómico.

 Silgemann (1981), en un estudio con brasileños, utilizando la escala de Srole se observó  una relación positiva con la Alienación. O sea, cuanto mayor el sentimiento anómico, el cual, para Srole (1956) se refiere a la sensación de abandono, mayor el sentimiento de impotencia social, mayor la pasividad y acomodamiento con la situación vivida por la persona, ya que ella no era capaz de cambiar en nada, pues en el sistema, la persona no tiene poder de soberanía, predominando una especie de vacío interior y impotencia.
 Considerando la perspectiva de la anomia psicológica atribuida por Travis (1993), de acuerdo con la prueba del modelo teórico verificado en este estudio, una autopercepción del sujeto ante su papel en la sociedad, y, principalmente, en la valoración de él cuanto su función para el cambio social y realización de los objetivos necesarios por la sociedad para que todos sus miembros lleguen a lo que deseen con base en las normas prescritas, probablemente, podría inhibir la conducta desviante entre los jóvenes; de otra manera, el desvío podrá ocurrir, pues, con una auto sentimiento anómico, el sujeto no solo manifestará una experiencia de vacío social, pero también, de que él necesita asimilar y reconocer los valores de los otros, a fin de que su dignidad se afirme, colocando la margen de su desarrollo social y psicológico su condición de ser creativo y espontáneo.

 El instrumento propuesto por Travis (1993) para evaluar la anomia psicológica ha probado un modelo causal en termos de la intensidad de la conducta desviante (la conducta antisocial y la delictiva) asociada al sentimiento anómico, específicamente, en el que se refiere a las personas que sienten sufrir una exclusión social. Tal resultado permite reflexionar sobre la debilidad del estado mental de los individuos en termos de su valoración, como ser social, en la sociedad, y la estructura y organización psicológica cuanto a la pertenencia y identidad social.
 El sentimiento anómico podría, así, corresponder una traza psicológica de vacuidad, atracción por el nuevo y el efímero, los cuales, cuando identificados, serían capaces de predecir las conductas humanas, especialmente, aquellas destinadas a la ruptura de la norma y regla social. Esta sensación de vacuidad y aislamiento reflexiona la declinación del poder de  instituciones tradicionales, como el Estado y la familia y su apoyo social y emocional a los sujetos que forman estas instituciones, imperando con esto el individualismo, la incertidumbre del futuro y una acción que experiencia el aquí-y-ahora, causando una crisis no solo en la cohesión social, pero también en la cualidad de vida y en el estado psicológico ante a lasn creencias y actitudes sociales socialmente deseables, causando una excesiva dedicación en conductas individualistas (Aceituno, Asún, Ruiz, Reinoso, Venegas & Corbalán, 2006; Formiga & Diniz, 2011; Gadea, 2006; Magalhães, 1998; McCloskey, 1976).

 Esta dinámica invidualista, establecida en la estructura y organización del trabajo concebido por Durkheim, así como, del conflicto medio-fin social señalado por Merton, probablemente, puede predecir las conductas desviantes. Esto, porque el sujeto busca cada vez más satisfacer su necesidad y interese particular, ya que el Estado no ha cumplido su promesa y,por no cumplir, no merece confianza, haciendo con que el sujeto se sienta rechazado y marginado diante del avanzo social y económico de la sociedad (Formiga & Diniz, 2011; Silgemann, 1981; Reyes, 2004).
 Se señala, con esto, en dirección de la insatisfacción con las normas legales y/o sociales, en la cual, ellas son insuficientes para orientación del comportamiento individual, de acuerdo ha conformado a los medios y fines establecidos culturalmente llevando a las conductas desviantes. Este individualismo, tal como discutido anteriormente, favorece una mayor valoración de las normas individuales, las cuales se superponen a las normas sociales, principalmente, porque el individuo no se siente integrado al sistema, pero, también, porque el respeto, la consideración y civilidad para con él mismo y para con otro ya no son dedicados, así, la incredulidad en si mismo y en la sociedad es una condición inevitable, construyendo en él una sensación de falta de interese con él mismo y con todo que pueda hacer la sociedad mejorar. Esto es, nada más importa, ya que el próprio sujeto no es importante.

 De acuerdo con Garcia (2006), cerca al que considera Durkheim y Merton, se cree que debido a la evolución de la sociedad industrial, los individuos están desorientados y inadecuados, pues el éxito económico es provocador de la falta de control sobre los deseos del hombre por una sociedad y normas socialmente aceptas, causando perjuicios en el grado de control social y fuerza de los vínculos sociedad-individuo para el comportamiento social; al enfatizar los resultados encontrados en este estudio, se va más allá, el proceso evolutivo de la
sociedad y su fuerza capitalista es influyente, también, de experiencias psicológicas subjetivas del sentimiento de inferioridad, causando un desacoplamiento ante a los derechos u deberes establecidos y  exigidos por el Estado y sus autoridades.
 El problema anomia y conducta desviante no debería ser exclusividad de carencias sociales y económicas, pero, también, de la percepción del sujeto cuanto un ser que no siente como parte de la sociedad, un ser que no valorado y incluso en los planes del avanzo y éxito  de la sociedad vigente, se torna un sujeto incapaz de  interiorizar, con eso, un sentimiento de ciudadanía. Así, la falta de la internalización de  un sentimiento de orden, reflexiona una limitación de la racionalidad de la identificación  de los lazos sociales responsables por la sostenibilidad de la armonía social y resolución de los conflictos causadores de las conductas criminales (Pegoraro, 2006).

 Este sentimiento anómico señala en dirección de una conducta de subversión, la cual es responsable por la desintegración y ruptura de las relaciones sociales, pero, también, por la no sumisión a las relaciones sociales de orden interior y social. El deseo de estar y permanecer unido es lo que impide la disolución de la estructura social y psicológica, capaz de regular la reciprocidad, el reconocimiento y aceptación de las diferencias de las funciones sociales de cada sujeto establecida jerárquicamente y un enfoque mayor con la solidaridad social; si no es así, el desvío social aparecerá.
 Mismo que ha sido el objetivo principal del presente estudio, esto es, evaluará estructura factorial de la escala MOS, es importante señalar que la escala propuesta por Travis (1993) es próxima de la perspectiva psicológica de la escala de la anomia resaltada por McCloky y Schaar (1965) y de Srole (1956) las cuales fueron validadas por Rodríguez (2006) con una muestra en Costa Rica. Específicamente, la escala de McCloky y Schaar (1965) presentó indicadores de ajuste aceptables por la literatura vigente (por ejemplo,  χ2 = 33,74; gl = 25; p= 0,11, RMR = 0,45, RMSEA = 0,04, CFI = 0,96, GFI = 0,96 e AGFI = 0,93).

 Considerando el constructo psicológico para se evaluar la anomia, la escala de Travis
(1993) ha revelado, en este estudio, mejores indicadores de lo que fue encontrado por Rodríguez (2006). Se nota que, a pesar de la diferencia cualitativa entre estos indicadores, esto no puede ser considerado una condición de eliminación y inviabilidad de la escala evaluada por Rodriguez (2006), pero, se debe señalar que la escala de Travis (1993) se tratade más una pieza del rompecabezas del estudio de la anomia psicológica. Sin embargo, se exige que futuros estudios sean realizados con esa escala con fin de evaluar la precisión del constructo.
La prueba de este modelo teórico cuanto a la perspectiva psicológica de la anomia y su explicación para la conducta antisocial y delictiva se reflexiona sobre la necesidad de se rescatar no solamente de la autoestima, pero también, una consciencia colectiva en las personas en relación al sentimiento de que ellas son parte de la construcción y integración de la sociedad.
Este hecho corresponde al establecimiento, en el sujeto, del sentimiento de inclusión social no solo ante las promesas del Estado, pero también, del cumplimiento de ellas por parte del propio Estado y de las personas que allí viven. Estas por su vez, probablemente, influyen  en inhibición de la manifestación de la conducta desviante (antisocial o delictiva).
 Fuera los gastos con la violencia ya señalados anteriormente, otros pueden ser previstos, ya que con el aumento de la violencia y la ineficiencia de las leyes y normas sociales, mayor la necesidad de invertir en la vigilancia y otras estrategias destinadas a frenar comportamientos desviantes (relato constante ante a la situación del tránsito o mismo de la criminalidad en las ciudades brasileñas – por ejemplo, Rio de Janeiro, São Paulo, etc.), así como, aumentar con el establecimiento de estas estrategias de vigilancia, el sentimiento de inclusión y de una autopercepción de que la persona, el grupo, la comunidad, etc,. son importantes para la sociedad, por eso, son organizados factores de protección social.

 Estudios futuros podrían buscar nuevas variables asociadas a la anomia, con objetivo de orientar profesionales en áreas distintas, sobretodo en la educación, así como orientar el desarrollo de políticas públicas con el objetivo de disminuir la percepción de la ruptura de las normas sociales. Por ejemplo, el ambiente educacional ofrece un campo rico para las investigaciones de la relación entre anomia y otras variables relacionadas al tema, no solo por el histórico de violencia en nuestras escuelas, pero también, debido al hecho de que laeducación ha sido desafiada en la función de permitir una mayor igualdad social.
 Se espera que los objetivos de este estudio se hayan completado y que agregue más una variable en el estudio sobre las conductas desviantes en jóvenes brasileños. Cree que contribuyen, en lo que se refiere al estudio de la anomia en el espacio de la ciencia psicológica, reflexiones sobre la participación de las instituciones de protección psicosocial (por ejemplo, familia, escuela, ONG’s, etc.) ante a la organización y administración de la conducta socialmente deseable y mantenimiento de las relaciones interpersonales, mirando la armonía social y psicológica.
 Aunque considere probada la hipótesis levantada en el presente estudio, en estos
resultados es necesario considerar algunas limitaciones: sería interesante un estudio en que se aborde las variables sociodemográficas como influencia de la anomia y de las conductas desviantes; podría ser útil un estudio intercultural y transcultural con el objetivo de evaluar tanto la variación de la anomia cuanto de la conducta desviante asumidas por los jóvenes de diferentes contextos sociales y culturales; por fin, podría contestar un estudio con las mismas variables, contemplando grupos juveniles considerando la dinámica parental de socialización cuanto a la participación de los padres e de la escuela, comparándolos a los jóvenes sin participación de estas instituciones.

 Con todo, se debe destacar que cuando se considera los resultados de este estudio es necesario tener en cuenta los aspectos específicos o universales de cada contexto cultural en la evaluación de estas variables cuando se pretender abordarlas para otros espacios sociales. Por un lado, es importante considerar las dimensiones locales, especificas o exclusivas (emics) de la orientación d cada cultura, así como, y no menos importante, evaluar las dimensiones universales (etics) de la Cultura, con el objetivo  de comparar los constructos estudiados aquí para otro espacio geopolítico y social (Muenjohn &  Armstrong, 2007; Triandis, McCusker, Betancourt, Iwao, Leung, Salazar; Setiadi, Sinha, Touzard & Zaleski, 1993; Triandis, 1995; Van de Vijver & Leung, 1997).

*Correspondencia: nsformiga@yahoo.com.
1 Doctor en Psicología Social por la Universidade Federal da Paraíba. Profesor en el curso de Psicología en la Faculdade Mauricio de Nassau.


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