lunes, 11 de abril de 2011

MENOR INFRACTOR Y JUSTICIA PENAL JUVENIL. Nelly Luz Cardenas Davila. Peru

1. LA EXPRESION DELINCUENCIA JUVENIL

La expresión delincuencia juvenil comenzó a usarse hacia 1815, cuando un tribunal de Old Baley, Inglaterra, condenó a cinco niños de 8 a 12 años, a los que consideró merecedores de la pena de muerte. Ahora bien, dar una definición de “delincuencia juvenil que sea aceptada por todos los operadores del Derecho, cualquiera sea el país, es una misión difícil, casi imposible, desde que las conductas deben ser ubicadas en un contexto sociocultural muy variado. Cualquiera sea su extensión, la voz “delincuencia juvenil” tiene mala fama, y los autores prefieren no usarla; algunos por ejemplo, la sustituyen por “infractor juvenil”.
En algunos países (por ej., los escandinavos) la expresión “delincuencia juvenil” es desconocida pues la edad del autor no implica ni status especial, ni existencia de tribunales específicos para juzgar los hechos delictivos; de los menores infractores se ocupan organismos de tipo de la seguridad social. La omisión de la voz delincuencia no quiere decir, pues, que las autoridades suecas no reaccionan si un joven se emborracha, se va de la casa, o comete actos que son peligrosos para su desarrollo; por el contrario, hay respuesta, pero el actuar de la autoridad tiene el carácter de “medida social” y está regulada por la legislación social, no por la legislación penal .
Si nos remontamos a años atrás en el año 1977, Fermín Chunga Lamonja, al hablar de los fundamentos del proyecto del Código de Menores de 1962 se refería a que en el Seminario Latinoamericano reunido en Río de Janeiro en el año 1953 se estableció que es técnicamente inadecuada la expresión delincuencia juvenil por no reunir los elementos esenciales del concepto doctrinal del delito, sin embargo mas adelante menciona “aunque el término delincuencia es inadecuado no hay otro con que sustituirlo y que sea tan preciso como él, por lo que debe continuarse utilizando” .

De muchas maneras las comunidades han denominado los grupos de jóvenes y adolescentes calificados en "riesgo social" por sus actitudes, costumbres, situación de vida. Esos nombres varían: pandillas, barras, huelgas, maras, chapulines, gamberros, hooligan, etc.; pero tienen en común dos cosas: por un lado la preocupación y la alarma social que provocan, y por otro la falta de distinción entre lo que constituye una actividad delictiva propiamente dicha y un comportamiento simplemente desviado de las costumbres y tradiciones, o lo que es peor, "desviado" por los condicionamientos socio-económicos en que se encuentran y la ausencia de una familia .
El término delincuencia juvenil, involucra a los niños y adolescentes que con su conducta han infringido la ley penal. Sin embargo en la doctrina, en autores como Chunga Lamonja nos dice que el termino delincuencia juvenil involucra a los menores responsables (de 12 a los 18 años) y a los jóvenes también responsables (de 18 años cumplidos hasta los 25) . Es decir no considera a los niños.

2. CAUSAS DE TRANSGRESIÓN A LA LEY POR EL MENOR
Sin lugar a dudas, la delincuencia juvenil es un fenómeno muy representativo desde el siglo pasado, la delincuencia juvenil es uno de los problemas criminológicos que crece cada día más, no solo en nuestro país, sino también en el mundo entero; es una de las acciones socialmente negativas que va a lo contrario fijado por la ley y a las buenas costumbres creadas y aceptadas por la sociedad, poniendo en riesgo la seguridad pública de la sociedad.

La delincuencia juvenil es un fenómeno de ámbito mundial, pues se extiende desde los rincones más alejados de la ciudad industrializada hasta los suburbios de las grandes ciudades, desde las familias ricas o acomodadas hasta las más pobres, es un problema que se da en todas las capas sociales y en cualquier rincón de nuestra civilización.


Determinar sus causas, resulta importante a efectos de encontrar posibles soluciones a través de medidas preventivas, que deberá ejercitar el estado, como parte del control social. Los estudios criminológicos sobre la delincuencia juvenil señalan el carácter multicausal del fenómeno, pero a pesar de ello, se pueden señalar algunos factores que parecen decisivos en el aumento de la delincuencia juvenil.
a) La Violencia: La violencia es un elemento que se encuentra comúnmente en la delincuencia juvenil y es uno de los factores que influyen a los jóvenes a cometer actos ilícitos. Las causas de la violencia pueden ser:
• Biológicas: se habla de niños hiperquinéticos y trastornos hormonales producto de la menstruación en mujeres,
• Psicológicas: trastornos de la conducta, comportamientos desviados, el individuo actúa bajo el impulso del momento y no muestra arrepentimiento por sus actos. Inicialmente esta violación persistente de las reglas se manifiesta como vandalismo; crueldad con los animales; inicio precoz de una vida sexual promiscua, sin cuidado respecto al bienestar de la pareja; incorregibilidad; abuso de sustancias; falta de dirección e incapacidad de conservar trabajos; etc. Salvo que tengan una gran inteligencia o que presenten formas menos graves del trastorno, fracasan en todo tipo de actividades, incluyendo las criminales, ya que carecen de disciplina, lealtad para con sus cómplices, proyección a futuro, y siempre están actuando en respuesta a sus necesidades del momento presente.
b) Causas Sociales: La desigualdad económica es causa de que el individuo desarrolle desesperanza. La gran diferencia entre ricos y pobres y sobre todo la imposibilidad de progresar socialmente sí causa violencia, la frustración se suma a la evidencia de que no hay otra alternativa para cambiar el destino personal.
c) Entorno Familiar: En la familia, los dos factores que con más frecuencia se asocian al desarrollo de violencia es tener familiares directos que también sean violentos y/o que abusen de sustancias. Un entorno familiar disruptivo potencia las predisposiciones congénitas que algunos individuos tienen frente a la violencia y por sí mismo produce individuos que perciben a la violencia como un recurso para hacer valer derechos dentro de la familia.

La irregularidad constitucional o funcional de la familia, que se traduce en abandono, descuido, omisión, negligencia o abuso de las obligaciones derivadas de la generación y en positiva anormalidad en el hogar: alcoholismo, vicio, taras hereditarias, con su secuela ineludible de degeneraciones y deficiencias individuales, ignorancia, promiscuidad, pobreza, industrialismo, urbanismo, trabajo de la madre, trabajo del menor en la calle o en medios peligrosos; licencia y pornografía, diversiones ilícitas y juegos; y todas las complicaciones de la rápida, libre y urgente vida moderna, que va disolviendo la familia, son causas u ocasión más o menos directa, de la antisocialidad infantil, en la proporción que la estadista universal asigna a cada uno de esos factores. Sería exagerado pretender que el niño, inerme, no resultase víctima de la funesta conjuración de tan poderosas fuerzas sociales creadoras del mal.

Su caída fácil solo confirma su debilidad. Los temibles delincuentes fueron también un tiempo niños de corazón sencillo, cuya candor solo invitaba a la caricia, y no hubieran perdido ese estado original si la sociedad dispusiese y usará los recursos de cuidados eficaces y propios a su conservación. Hasta la predisposición hereditaria negativa es posible anular o siquiera atenuar, mediante acción educadora y preventiva. Ninguno de nosotros podría responder sin vacilar, si no habríamos llegado también al precipicio, al carecer de padre o hubiésemos crecido sin el amor de nuestras madres, sin calor de nuestro hogar, tarados, ineducados, descuidados, en abandono moral y material, o en un ambiente corruptor. 


Tiene razón el ilustre profesor Albo y Marti, al decir que de cualquier niño podría preguntarse “si ha robado” y solo podría contestarse “aun no”; dejando con ello suspendida la mas terrible y pavorosa incertidumbre. Urgía pues, evitar que la marca ponzoñosa del mal llegará al alma de los niños. Según el anhelo expresado por el penalista Juan P. Ramos. Un político sueco dice “gastamos en los niños, porque somos los bastante ricos para gastar en criminales” . Es decir si el Estado invirtiera mas en los niños su gasto seria menor al dedicado a sostener los penales para adultos, los cuales se encuentran abarrotados y en lugar de lograr los fines de la pena, no hacen más que producir una inmersión del que cumple la pena en mundo de la delincuencia.

En el preámbulo de la Declaración de los Derechos del Niño se establece que considerando que, el niño por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento y considerando que la necesidad de esa protección especial ha sido enunciada en la Declaración de Ginebra de 1924 sobre los derechos del niño reconocida en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los convenios constitutivos de los organismos especializados y de las organizaciones internacionales que se interesen en el bienestar del niño. 


Al estudiar las trasgresiones en que incurren los menores, se presentan de bulto varios hechos de innecesaria demostración. Es el primero que todos los niños al nacer no sólo representan, sino que personifican la inocencia y la pureza propia de las cosas acabadas de salir de las manos de Dios, según la hermosa frase de un sabio americano; y luego, que, sustancialmente buenos, con facultades y aptitudes potenciales bastantes y adecuadas para los altos fines propios del ser humano, nada les impediría conseguirlos, si el péndulo preciosos de la libertad – regulador esencial de su naturaleza y de su vida superior y atributo exclusivo, que abre abismo insalvable entre el hombre y las demás especies animales – no sufriera mayormente en el menor perturbadora influencia proveniente de causas accidentales, originarias o adventicias; y así la sociedad por sus defectos y miserias, es la causa directa y eficiente de su desviación .

Chunga Lamonja nos dice que en lo que se refiere a las causas de la delincuencia de los menores, los estudios al respecto hechos hasta hoy, esto en el año 1977, llegan a la conclusión de que en realidad no existen factores determinantes específicos de la delincuencia de menores, por mas que en general se ha considerado que esos factores están en situaciones familiares, en la miseria, en condiciones hereditarias, o en características de anormalidad o subnormalidad psicológica; ya que todo acto delictuosos es una forma del comportamiento humano y como tal viene determinado por una pluralidad de factores en los que están estrechamente ligados las causas y los motivos, nociones éstas distintas de los factores, siendo la causa la condición necesaria y el motivo o móvil el propio elemento psicológico, muy difícil de apreciar, tanto mas si se ha de tener en cuenta, por un lado la dinámica del inconciente, y por el otro la motivación estimativa de toda conducta humana, que no excluye a los niños, los que siempre tiene un sentido del bien y el mal como hubo de reconocerse, para los efectos de su tratamiento reeducativo, en el XII Congreso penal y penitenciario realizado en la Haya el año 1950 .

Esto se refería a que el acto criminal es un acto humano y como cualquier otro acto humano nace de una concatenación de causas, de la concurrencia de distintos factores sean biológicos, psicológicos o sociológicos, por ésta no puede entenderse como una mera concurrencia de factores sino que debe estudiarse en aplicación al caso individual, concreto, desde un punto de vista dinámico, atendiendo a la evolución de la personalidad dentro de su ambiente o circunstancias sociales determinantes. Surgiendo la dificultad de establecer exactamente las causas de la delincuencia juvenil, para los efectos de la prevención.

Así, si bien el denominar común en la etiología de la delincuencia del menor es el que atañe a un medio desfavorable para el desarrollo de su personalidad y el centro de ese medio se encuentra, indiscutiblemente en la familia, en la organización social de nuestra cultura; aquella situación desfavorable puede deberse a un retardado desarrollo económico y a una incipiente política de bienestar social, como ocurre en nuestro país, o puede deberse a un avanzado proceso industrial y técnico, como en los Estados Unidos de Norte América, que también desquicia las bases de la familia y promueve otros factores criminógenos.

Por eso es que entre nosotros la política de bienestar social bien puede considerarse como directamente preventiva de la delincuencia juvenil, ya que esta se engendra, indudablemente, en la vivienda mísera: callejón, casa de vecindad o barriada en lo al medio urbano se refiere. La condición económica inferior determina una circunstancia de vida, una educación, unas distracciones, que predisponen a la delincuencia. El menor de día no cabe en los míseros cuartuchos, que sus padres, cuando los tienen, suelen abandonar por el trabajo, y como no va a la escuela sino en horas de la mañana o de la tarde, merodea por el barrio asociado a las pandillas que encuentran compensación al sentimiento de inferioridad, inherente a la condición de sus componentes, con la rebeldía a toda norma establecida.

De noche, la pomiscuidad en la estrechez de todo orden de la casa, le despierta los instintos hostiles y sexuales. No obstante, se la que fuere la importancia que tiene el mejoramiento de las condiciones económicas, no se puede deducir que ese mejoramiento sea de automática prevención de la delincuencia, como lo demuestran los países de altas condiciones de vida donde se da también un alto porcentaje de delincuencia juvenil. De partirse, pues de una política de bienestar social para finalmente atender los casos concretos con medidas directas, llamadas de acción psicosocial preventiva, para el diagnóstico y orientación de los menores que ofrecen problemas de inconducta, educación especial de subnormales, tratamiento de anormales , etc.

3. LA DELINCUENCIA JUVENIL Y EL ENTORNO SOCIAL
El estudio de la criminalidad juvenil constituye un tema de actualidad, no sólo del derecho penal, sino también de la criminología y de las ciencias conexas. El constante aumento de los conflictos sociales, y con ellos el de la delincuencia, ha incrementado el interés por el tema, tanto en los países industrializados o centrales, como también en los llamados países periféricos, como son los de América Latina, dentro de los cuales se encuentra nuestro país.

Para comprender el interés por el análisis y la búsqueda de soluciones para la delincuencia juvenil, es necesario ubicar este fenómeno dentro de la problemática de la sociedad actual y la heterogéneidada de zonas, costa, sierra y selva, donde la madurez de cada menor varia. La estructura social en que les ha tocado vivir a los niños y jóvenes de hoy, está caracterizada por una complejidad cada vez mayor, donde la búsqueda de soluciones no depende ni de fórmulas tradicionales, ni de líderes carismáticos.
La delincuencia juvenil se ubica, dentro de un contexto social caracterizado por grupos de niños y adolescentes ubicados dentro de niveles de miseria o pobreza, desempleo, narcotráfico, concentración urbana, baja escolaridad o analfabetismo, agresiones sexuales, violencia y desintegración familiar. A estos grupos sociales se les ha negado todos los derechos humanos, esto es el derecho al desarrollo.

Sumado a este contexto, hay que agregar que la sociedad actual se caracteriza por un debilitamiento de los sistemas tradicionales de apoyo para el desarrollo de la niñez y de la adolescencia. Así tenemos La Familia: Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, han suprimido la jerarquía y hegemonía que la familia tenía como formadora de costumbres sociales. Además, la incorporación de la mujer al sistema laboral, por necesidad u oportunidades de desarrollo, y otros cambios en la estructura familiar, como la ausencia generalizada del padre, replantean las relaciones del niño y del joven. La Escuela, se caracteriza por un marcado énfasis academicista y por la competitividad feroz, borrando el sentido comunitario y la promoción del desarrollo integral de los jóvenes. Los Sistemas de Asistencia y Recreación, como apoyos alternativos, son mínimos y siempre insuficientes para la satisfacción de las necesidades de la población juvenil.

La delincuencia juvenil es el resultado de la combinación de diversos factores de riesgo y respuesta social. Se presenta en toda sociedad, en donde los antivalores de violencia, agresividad, competencia salvaje, consumo, se imponen a los valores supremos de la sociedad, como la tolerancia, la solidaridad y la justicia. En nuestro país los niveles de delincuencia juvenil han aumentado debido a múltiples factores de riesgo, como el consumo de drogas, la deserción escolar, el abandono familiar, etcétera; motivos por los cuales, cada vez es mayor el número de adolescentes que deben ser sometidos a un sistema especializado de justicia. Según la Defensoría del Pueblo en su Informe Nº 153, a febrero del 2007, existían 1347 adolescentes atendidos por el Servicio de Reinserción Social de Adolescentes Infractores, observando que la edad promedio de estos adolescentes es 17 años; y que el robo agravado, es el delito que registra mayor comisión.

A manera de conclusión, se puede decir que pueden ser varias las causas por la cuales el menor puede infringir la ley penal, y los contrastes pueden ser de un extremo a otro, pues puede delinquir aquel menor acomodado económicamente como aquel que sufrió la pobreza, pues un caso la falta de amor y atención de la familia lo llevaron a sumergirse en un mundo inhóspito donde el alcoholismo, las drogas y la violencia se apoderaron de él y son muestro de su protesta; y el otro debido al hambre y miseria no tuvo mas remedio que involucrarse en ese mundo a efectos de poder satisfacer sus necesidades y la de su familia. 


El Estado juega un rol importante en este medio, pues el Estado es quién tiene como política primordial la protección del niño y adolescente, y así lo señala nuestra Constitución Política, sin embargo en la realidad y de acuerdo a los índices de pobreza de nuestro país, hay lugares en que la protección de Estado no llega, sea en educación, alimentación, etc, y por lo tanto la formación y desarrollo de los menores en nuestro no es homogénea, mas aún si consideramos, a parte de los estratos sociales- que el desarrollo de los menores es heterogénea debido a las zonas – costa, sierra, selva- en que se encuentren, donde influyen las costumbres y modos de crianza.

1 comentario:

  1. en nuestro pais, desde hace varias decadas atraz, se viene haciendo analices sobre la problematica de los menores de conducta o antisociales, pero estos analices no han tenido ninguna apertura para solucionar estos graves problemas, venidos de menos a mas, ¿que hacer? ¿porque el estado no imvierte en los niños y adolescentes desvalidos de nuestro pais? esto es la SOLUCION que nos aqueja., y no hay otro.

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