lunes, 7 de marzo de 2011

FAMILIA, SOCIALIZACIÓN Y NUEVA PATERNIDAD. E. A. (Nora) Cebotarev. Colombia.

Introducción:
Durante mediados del siglo XX la forma de familia que dominaba los continentes de países industrialmente desarrollados, que era considerada como “modelo y culminación de la familia Moderna” (Parsons, 1956), fue cada vez más cuestionada por las incongruencias encontradas entre el modelo conceptual y la realidad social de esos países. La familia nuclear clásica, con su división de trabajo por género, funciones y estructura jerárquica de poder, representa hoy día solo una pequeña minoría de familias en países industrializados.
Las mujeres ya no se limitan a ser esposas y madres y a dedicarse exclusivamente al hogar. La mayoría se ven forzadas a asumir responsabilidades económicas, que las lleva a trabajar fuera del hogar. Los hombres se ven obligados a apoyar a sus esposas, a aprender destrezas nuevas y a disfrutar de nuevas satisfacciones, expandiendo sus roles más allá del hecho de ser proveedores y disciplinadores. Todo esto tiene implicaciones para la socialización de las nuevas generaciones al crear demandas e identidades nuevas.

En la sociedad se observa el surgir de una gran variedad de formas y estructuras familiares en las que las funciones “tradicionales”i de hombres y mujeres cambian, se funden y modifican. Con esta variedad de formas, la familia demuestra ser una de las instituciones socialmente ‘construidas’ (no ‘naturales’ como se nos hacía creer), más flexible y resiliente, contrario a lo que generalmente se pensaba. La familia, que representa el espacio en donde se relaciona lo biológico con lo social, puede tomar una variedad de formas sin perder la capacidad de ofrecer a los seres humanos un microambiente relativamente ‘privado’ de convivencia social, económica, afectiva (de emociones intensas, tanto positivas como negativas) y reproductiva.ii La tendencia hacia la variabilidad de formas se da no sólo en los países industrializados, sino también en los países de Latinoamérica.


Por supuesto, al hablar de cambios en la familia es necesario también examinar las consecuentes transformaciones en las relaciones y papeles de sus integrantes. En esta ponencia discutiré algunos de esos cambios en varios niveles de análisis, a nivel de familia como grupo y unidad, a nivel de parejas (esposo/esposa, padres/madres con hijos-hijas, y las consecuencias que esas transformaciones parecen tener para los papeles e identidades de los integrantes de la familia, como individuos.

Específicamente examinaré los siguientes puntos, que merecen ser discutidos ya que tienen implicaciones para las generaciones futuras:
* - El dinamismo inherente y la plasticidad de la familia a través de su curso de vida (como grupo) y sus transformaciones históricas.
* - La transformación de roles familiares de integrantes de familias y los cambios en relaciones e identidades de sus miembros a través del ciclo de vida familiar.
* - Los avances en conceptualizaciones en las ciencias sociales con respecto a familia:
La “nueva masculinidad” y el nuevo padre
El concepto de “parentalidad” [Parenting]
Prácticas (tareas) y estilos ‘parentales’ (en lugar de roles)
Implicaciones para los adolescentes y la democracia

1 - La familia, su complejidad, dinamismo y plasticidad.

Hasta ahora no hay una definición de familia que satisfaga todos los requisitos teóricos, ideológicos y políticos. Sin embargo, todos sabemos que la familia es una institución importante en la sociedad y cada uno la entendemos a nuestra manera. Esto se debe a que en la mayoría de los casos, la familia no es solo una descripción de la familia, sino también una explicación, una idea y una prescripción (Coontz, 1988: 4-6).

1.1- Concepciones diversas de familia. Esto se debe a múltiples razones: por un lado está el hecho de que la familia es una institución multifacética y compleja que tiene aspectos biológicos, económicos, políticos y sicosociales; por otro lado están las valoraciones culturales de esa institución. Los diferentes abordajes científicos resaltan uno u otro de estos varios aspectos, ignorando los demás. En realidad, existen contados estudios holísticos de la familia. Una definición reciente, que intenta integrar lo biológico con lo social, se plantea de la siguiente forma: “La familia es una relación socialmente sancionada entre la producción y la reproducción social” (Coontz, 1988:11-16).
Otro abordaje reciente, llamado ‘minimalista’ es una especie de etnometodología, que hace supuestos ‘mínimos’ teóricos de lo que es familia, trata de descubrir cómo los miembros de la misma la ‘construyen’ y como mantienen esa construcción a través del tiempo. La teorización, en este caso, se hace sobre las ‘teorías’ que sobre su familia tienen sus integrantes y los procesos que emplean para darle continuidad (Holstein &cter dinámico: la familia cambia constantemente a medida que avanza en su ciclo vital, sus miembros crecen, maduran, la abandonan y envejecen. Con ello cambian las necesidades, intereses, tipos de apoyo y cuidado que requieren. Los papeles se modifican continuamente, dejando de ser ‘proveedores’ de sustento y servicios familiares a los niños, niñas y jóvenes, para convertirse finalmente en ancianos y enfermos que requieren apoyos y cuidado.
La familia, como mediadora entre los individuos y la sociedad, tiene que ajustarse continuamente a las nuevas demandas emergentes en la sociedad. Esto implica transformación en las relaciones intrafamiliares y extrafamiliares de género y edad. A medida que los potenciales y las contribuciones de los miembros de familia se van modificando, la estructura y funcionamiento internos se ajustan. A medida que la familia avanza en su ciclo vital, surgen nuevas contribuciones a la sociedad, como también nuevas expectativas familiares. Éstas se agudizan en la época de la pubertad y la adolescencia, cuando hijos e hijas comienzan a independizarse y a reclamar su autonomía.
Es por esto que algunos estudiosos sugieren conceptualizar el término familia como un ‘proceso’ dinámico que provee el sostén necesario para las ‘vivencias humanas’ (human livelihood), para que los procesos de reproducción humana y social (nacimiento, crecimiento, socialización, maduración, envejecimiento, etc) se desarrollen normalmente, y para que las actividades que se dan en el grupo familiar sean vistas como ‘prácticas’ de sus diferentes integrantes (Coontz, 1987; Cebotarev, 2001).
Todo esto ocurre dentro del contexto de transformaciones históricas (socioculturales, políticas, económicas) que toman lugar en la sociedad. La familia se ve forzada a responder a estos cambios, pero las respuestas que puede dar no están enteramente predeterminadas: dependen de la solidaridad familiar, del grado de conciencia que sobre su protagonismo tienen los miembros de familia y de si reconocen el poder que ejercen sobre su destino.iii
Para dar un ejemplo breve, presentaré una síntesis de los principales cambios que ocurrieron en la familia norteamericana en los últimos tres siglos, cuando la sociedad americana pasaba de ser una sociedad netamente agrícola a ser una sociedad industrialiv. Ustedes pueden observar que algunas transformaciones similares se están dando ahora en países de América Latina, por lo que podremos aprender algo de este ejemplo.

1.2- Transformaciones de la familia

Hace aproximadamente tres siglos, Norteamérica era una sociedad agraria, de familias grandes y extendidas y bastante autosuficientes. Los miembros de la familia se valoraban por sus contribuciones económicas y laborales al éxito de la empresa agrícola familiar. La mujer y los hijos eran considerados parte del ‘capital humano’ con que contaba la empresa agraria para sobrevivir.
El Estado distribuía lotes de tierra cultivable, pero sólo a agricultores casados. Con eso aseguraban que la tierra sería labrada y los asentamientos formados. Además, con esto también se afianzaba el control del Estado sobre los territorios recientemente ocupados. (La familia siempre, consciente o inconscientemente, ha asistido al Estado en el ordenamiento y control de la población).
Aún no existían instituciones sociales (escuelas, hospitales, iglesias) en las comunidades rurales: muchos de esos servicios se iniciaron en la familia, generalmente por las mujeres. Las familias eran extensas e integradas por parientes y servidumbre. La época procreativa de la mujer era más larga que ahora, aunque muchas mujeres morían en el parto por falta de seguridad e higiene en los cuidados. El padre era la autoridad máxima moral y educativa en la familia (para hijos de ambos sexos). Tenía estrechas relaciones con los hijos, estaba involucrado en la vida cotidiana de la familia y si por algún motivo se disolvía la familia tenía derecho a la custodia de los hijos, (Pleck , 1988). Los trabajos eran duros, las jornadas largas y todos los miembros de la familia participaban en el trabajo sin excepción.

En el siglo XIX, el padre seguía siendo la autoridad moral en la familia. Era el único responsable por la conducta de su mujer y de los hijos, pero la influencia de la mujer comienza a aumentar. Los hijos le siguen debiendo trabajo y obediencia al padre. La familia rural sigue todavía bastante autosuficiente, pero comienza a integrarse más al mercado y a la sociedad. Si un hijo adolescente deja la familia antes de llegar a la madurez (21 años) debe compensar al padre por las labores que no ha realizado y por su manutención anterior (Hareven, 1985). Además, los padres (y no las madres) siguen siendo responsables de la educación de sus hijos. Hasta aproximadamente la mitad del siglo XIX, la mayoría de la literatura que ofrecía consejos sobre los cuidados, la socialización y la educación temprana de los niños, estaba dirigida a los padres y no a las madres de familia (Rotundo, 1989).
A mediados del siglo XIXesto comienza a cambiar. Ocurren muchas transformaciones sociales y económicas en la sociedad con la creación de instituciones educativas y de salud, y con la extensión del mercado, el comercio y las industrias. Los hijos, en lugar de quedarse a trabajar en la empresa familiar, deben asistir a la escuela o salir del hogar como aprendices u obreros a trabajar en las incipientes industrias del Norte (Coontz, 1988). Los hijos entonces, en lugar de ser considerados una fuerza de trabajo familiar y ventaja para la familia, comienzan a ser vistos como una carga económica (Zelizer, 1985; Rotundo, 1989). En esa época también surge el énfasis en el papel familiar femenino, basado en la concepción nueva de género en la que la mujer es considerada más pura, sensitiva, gentil, compasiva y moral que los varones, indispensable para el cuidado y formación humana de los hijos y sostén del hogar como espacio puro, sin la contaminación que domina la esfera pública.
A medida que las actividades económicas se van alejando del hogar, los papeles del padre se van reduciendo a los de proveedor y disciplinador, temido y distante, y los de la madre se afianzan y asumen mayor trascendencia moral, socializante y afectiva en la familia. Esa tendencia culmina con el “culto a la domesticidad” de la mujer casada, limitando su actuación al hogar. También se ‘feminiza’ la educación con el reemplazo de maestros varones por maestras mujeres en las escuelas públicas (Mintz &blicas, servicios de salud y bienestar social y pasan a depender del Estado, la familia se vuelve menos multifuncional y más dependiente de esos servicios (Coontz. 1995; Mintz &o, se vuelve más nuclear, móvil y relativamente aislada de su familia extendida, ajustándose a una sociedad industrializada y de mercado.
Con la entrada del siglo XX, los roles de padres y madres de familia continúan modificándose. El papel del padre se vuelve más reducido y alejado de la vida cotidiana familiar. Al hombre ahora le basta con mantener y controlar la familia y actuar en la esfera pública para cumplir con su responsabilidad. La influencia “excesiva” que la madre ejerce sobre los hijos (y las maestras en la escuela) se comienza a cuestionar, se considera nociva y se llega a dudar de que la mujer y madre sea la persona más calificada para cuidar a los hijos y ancianos y para velar por la pureza y la moral del hogar (Pleck, 1988). A pesar de esto, el rol de la esposa y madre sigue dominando en el interior de la familia mientras que las mujeres solteras siguen entrando a la vida laboral con sueldos bajos.

La idea de la esfera ‘privada’ y de la ‘privacidad’ en general se difunde cada vez más y va tomando mayor fuerza. Al mismo tiempo la familia se ve penetrada por todo tipo de intrusiones por parte del Estado a través de leyes y por los muchos profesionales que fungen en las instituciones recientemente creadas para “asistir” a la familia, fortalecerla y mejorar la vida social.

La idea de la familia como “compañerismo de la pareja” (companionate marriage), aunque tuvo su origen a comienzos del siglo XX, sólo va tomando auge a mediados de ese siglo. Este modelo de familia pretende disminuir la jerarquía familiar y crear relaciones más igualitarias entre los cónyuges y también entre padres e hijos. Al mismo tiempo, ocurre uno de los mayores cambios ideológicos en la población norteamericana: la noción de ‘responsabilidad social’ se ve desplazada por el valor del ‘propio interés’ (self-interest) con serias consecuencias para la estabilidad de la vida familiar y de la comunidad (Kimmel, 1987).vi En su expresión extrema esto toma la forma de `autoposesión` o de ser dueño de uno mismo, hacer su voluntad y buscar su felicidad, sin considerar a otros (Coontz. 1988: 149).vii Esta tendencia surge ya en el siglo XIX, y facilita el crecimiento económico capitalista norteamericano, pero sólo se difunde y toma fuerza desde la primera mitad del siglo XX, cuando el ‘interes propio’ logra imponerse masivamente y ejercer un fuerte impacto en la familia, arraigándose en la sociedad.
La nueva ideología es, en cierta forma ‘liberadora’: facilita la expresión de demandas individuales de miembros de la familia (que antes eran reprimidos por la autoridad paterna y la noción de ‘responsabilidad social’), contribuye a la fragilidad de la familia ‘tradicional’ y justifica la disolución de la familia por el divorcio.

En las últimas décadas del siglo XX muchos hombres, mujeres y jóvenes de ambos sexos ya no están dispuestos a aceptar el control familiar o las restricciones que impone la familia. Los consideran ‘oprimentes’, ‘explotadores’, ‘injustos’ y ‘limitantes’, que atentan contra sus ‘derechos de autonomía y felicidad’; y optan por abandonar el hogar paterno o la familia para establecerse independientemente, sintiéndose plenamente justificados en sus acciones. Tampoco sienten la obligación de asumir la responsabilidad por el cuidado de los ancianos, enfermos o minusválidos de la familia. Estos ahora tienen que organizar esos cuidados por su propia cuenta, o buscar asistencia pública o privada.
El tipo de socialización que estas familias proveen a sus descendientes enfatiza la educación para la independencia, el individualismo, la autonomía, la competitividad, el éxito material y la responsabilidad por su propio destino, dando prioridad a su ‘propio interés’.viii Esta socialización enfatiza el tipo de valores e identidades necesarios para tener éxito individual material para quienes viven en un tipo de sociedad como la existente en los EEUU en el siglo XX. Es una socialización con aspectos positivos en cierto modo, pero al mismo tiempo es atomizante, con énfasis en relaciones instrumentales y de corto plazo, limitada en cuanto a la sociabilidad familiar y comunitaria.

Todo esto tiene implicaciones para las identidades de las generaciones jóvenes, creando la necesidad de subjetividades nuevas que les ayudan a avanzar individualmente y que requieren transformaciones de la organización familiar heredada.

¿A qué conclusiones podemos llegar con base en esta síntesis de la historia familiar americana?

- Que no existe un modelo ‘único’ de familia válido históricamente, o específico de alguna sociedad en particular, sino que hay una multiplicidad de estructuras familiares que pueden satisfacer las demandas individuales y sociales de una sociedad. Cuando hablamos de La Familia, nos referimos a una abstracción.
-Que la organización y los valores familiares se transforman con cambios en las estructuras socioeconómica, política e ideológica en toda sociedad.
-Que los roles y relaciones internas y externas de la familia no son enteramente predeterminados, sino que se ajustan a las circunstancias y a los deseos de los integrantes del grupo familiar.
- Que los miembros de familia, ‘conscientes de su protagonismo’, pueden influir sobre la estructura familiar y la socialización, y ejercer cierto control sobre la formación de futuras generaciones.

2 - La reciente transformación de roles familiares y de identidades de género.

Aunque la historia nos indique que los roles familiares están en una evolución y cambio constantes, creo que la transformación consciente e intencional’ix de los roles familiares de las mujeres comienza hace más o menos unas tres décadas. Fue cuando la ideología democrática de igualdad de derechos comenzó a extenderse y los estudios realizados por investigadores feministas (mujeres y hombres) hicieron visible la amplitud de los roles de la mujer.x
Al comienzo, para lograr ‘igualdad’, las mujeres no hacen más que agregar nuevas actividades a su trabajo, sin dejar de cumplir con sus responsabilidades ‘tradicionales’. Aunque esto implica más trabajo para ellas, es fácil: las nuevas labores les dan prestigio y reconocimiento, ya que son actividades masculinas, más reconocidas y valoradas que las de la mujer. Con la posibilidad de mantenerse independientemente, las mujeres dentro y fuera del hogar se vuelven más seguras de sí y más autónomas, ya no esperan ser ‘protegidas’ de experiencias ‘difíciles’ de la vida, demuestran habilidad para asumir igual responsabilidad que los varones y esperan ser tratadas como iguales, y respetadas.
No es así para los varones: en la mentalidad popular, hacer ‘trabajo de mujer’ y asumir responsabilidad doméstica, se considera denigrante. Al mismo tiempo los cambios en la estructura laboral y en la economía obligan a ambos padres de familia (hombres y mujeres) a buscar empleos remunerados fuera del hogar, si quieren mantener un nivel de vida aceptable y ofrecer a los hijos educación y beneficios sociales, considerados ‘normales’.
Son muchas las influencias que tienen efectos en los cambios de los roles masculinos en la actualidad. Entre estos se pueden mencionar los valores de la “igualdad de derechos” (que recientemente incluyen, hasta cierto punto, a mujeres), las presiones económicas que exigen dos proveedores en la familia, las imágenes nuevas de padres de familia en los medios masivos y los nuevos “estudios del hombre”. Estos tienen la intención de formular una ’nueva masculinidad’, más amplia y humana, liberada de las limitaciones que impone el machismo. Todo esto contribuye al surgimiento de la “Nueva Paternidad”.xi
El ‘nuevo padre’ asiste al nacimiento de sus hijos. Desde el comienzo participa activamente, al igual que la madre, en los cuidados físicos y sicosociales de los hijos. Está involucrado en las actividades cotidianas en el hogar: alimenta a sus hijos, los baña y viste, los consuela cuando lloran y los cuida cuando están enfermos. El ‘nuevo padre’ trata de compartir todas las actividades ‘maternas’ y dedica igual tiempo a los hijos varones como a las niñas, mientras que la mujer asume la responsabilidad económica parcial (a veces total) del sustento de la familia (Pleck, 1987:92-94; Coltrane, 1996).
Estudios recientes sugieren que familias con dos proveedores económicos y de servicios, son beneficiosas para todos los miembros de la familia. A las mujeres les ofrece posibilidades de avanzar en su carrera, lograr mayor desarrollo personal y fortalecer los vínculos y la comprensión entre la pareja, al compartir los problemas del cuidado de los hijos. Los hombres involucrados en ese tipo de familia hallan experiencias genuinamente humanas en la interacción con sus hijos, que raramente se dan en la vida pública, y encuentran ese estilo de vida satisfactorio pero exigente en cuanto al manejo del tiempo libre. Algunos padres objetan tener que asumir responsabilidades domésticas, pero el cuidado de niños no parece crear problemas (Jump&n activa en responsabilidades de familia enriquece y amplía las experiencias de vida del varón y le ofrece nuevas satisfacciones.
Hasta mediados de los años 90 se le prestaba escasa atención a la participación del padre en el cuidado y educación de los hijos pequeños. Esto se consideraba tarea ‘natural’ materna, y la mayoría de los estudios de socialización y cuidado físico de los hijos se enfocaban a la diada madre-hijo o a los roles maternos en la familia.
Esto ha cambiado y ahora existen muchos estudios que documentan la participación de padres en el cuidado de infantes y que demuestran que estos pueden desarrollar prácticas de cuidado tan tiernas y buenas como las de las madres.
Además ofrece a los hijos una gama más amplia de relaciones y conductas, ya que los padres interactúan con los hijos en forma diferente a las madres. Los hijos que tuvieron la oportunidad de ser cuidados también por los padres demuestran comportamientos positivos: los varones tienden a ser más responsables y considerados, y las niñas crecen más independientes, seguras de sí mismas y sociables, que las que fueron criadas sólo por la madre.
No cabe duda de que la experiencia de la ‘nueva paternidad’ influyó fuertemente en el surgimiento en las ciencias sociales del enfoque de la “Parentalidad” (Parenting).

3- La parentalidad

El enfoque de la “Parentalidad” es relativamente nuevo; surgió en la última década del siglo pasado. Se refiere a las actividades desarrolladas tanto por la madre como por el padre en el proceso de cuidar, socializar, atender y educar a los hijos e hijas. Es un proceso biológico y sicosocial (Bornstein, 1995). Este abordaje privilegia la visión del desarrollo del niño y de la niña desde una perspectiva contextual ecológica, y las tareas parentales durante la niñez y la adolescencia son las de facilitar a los hijos e hijas la transición por las fases del desarrollo humano, y que se independicen gradualmente de la familia de origen.
Las fases del desarrollo de adolescentes consideradas en la ‘parentalidad’ tienen aspectos biológicos, cognitivos, socio-cognitivos, emocionales y autodefinicionales, dentro de un contexto cambiante que tiene impactos sobre los niños y las niñas como también sobre la actuación parental (Bornstein, 1995: 91-93).
Las tareas de la ‘Parentalidad’ se caracterizan por tener que responder tanto a los cambios en el desarrollo de los hijos y las hijas, como también a las demandas cambiantes del ciclo vital de las familias y del contexto social. Se considera que es crucial que los padres (madre y padre) sean firmes en la supervisión de los adolescentes y las adolescentes, pero con flexibilidad y comprensión, con alta
capacidad de respuesta frente a los problemas y necesidades de desarrollo de los hijos y sin actuar en
forma arbitraria e inconsistente (Holmbeck, et al. 1995).
Lo que los estudiosos enfatizan es la socialización bilateral y recíproca entre los hijos y los padres, en la
que la influencia es igualmente fuerte en ambas direcciones: de padres a hijos y de hijos a padres.

3.1- Tareas de la ‘parentalidad’ durante la adolescencia.

La adolescencia se caracteriza por ser una de las épocas de mayor transformación en los hijos e hijas,
que implica gran crecimiento y maduración corporal, cambios de autodefinición y subjetividad y
frecuentes conflictos entre padres e hijos.
Existe evidencia que indica que es benéfico para el desarrollo de los adolescentes el que ambos padres
sean sensitivos a los problemas que los hijos y las hijas enfrentan en esa edad, y que las discrepancias conflictos de opinión y criterios entre padres e hijos sean reconocidos y discutidos abiertamente. Las
respuestas de los adultos deben ser “adaptables” (negociadas) a las posiciones de ambos, hijos y padres.
La fase biológica es tal vez la mas básica. Los cambios en la adolescencia son quizá sólo igualados con
los del primer año de vida. El desarrollo biológico parece subyacer a todas las otras fases del desarrollo
‘normal’ de adolescentes en su transición de la niñez a la adultez.
Los educadores en el Norte dividen la adolescencia en las siguientes fases: adolescencia temprana de 11
a 14 años, adolescencia media de 15 a 18 años y adolescencia tardía de 18 a 21 años aproximadamente
(Steinberg, 1993; Bornstein, 1995). La fase del desarrollo biológico y fisiológico tiene implicaciones en
el desarrollo sicológico y social, que discutiré a continuación.xii El desarrollo biológico resulta en
cambios visibles en la apariencia físico-corporal, mientras que los cambios hormonales y sicosociales
son más difíciles de observar.
Surge el despertar de la sexualidad y de fuertes emociones tanto positivas como negativas,
acompañadas de trastornos en la disposición de ánimo que afectan las relaciones interpersonales en la
familia. El proceso de transformación en el autoconcepto de los adolescentes está colmado de
incertidumbres e interrogantes.
Los adolescentes tienden a tener dificultad de discutirlos con los mayores en la familia y lo hacen más
con los pares en la calle. Otras dificultades son producidas por adultos insensibles al comentar sobre
cambios en la apariencia y voz de los adolescentes. Estos cambios individuales frecuentemente tienen
impactos sobre las relaciones entre hijos y padres, sobre todo si los padres son autoritarios (Eccles et
al.,1990; Steinberg, 1993).
Las etapas de la adolescencia no se dividen claramente, son fluidas y no afectan a todos los adolescentes por igual: algunos las superan más fácil y rápidamente, mientras que en otros son más difíciles y toman más tiempo. Lo importante es reconocer que en la pubertad, los adolescentes sufren un verdadero cambio en su autodefinición e identidad: de niños pasan a jóvenes y de jóvenes a adultos, y esa transición difiere para varones y niñas.xiii
Algunos padres de hijos que maduran físicamente a temprana edad tienden a esperar un comportamiento correspondiente en ‘madurez’ sicosocial, pero al mismo tiempo desean controlar la conducta de los adolescentes, sobre todo de las niñas y en relaciones con el sexo opuesto (Eccles, 1990). Las expectativas parentales también tienen impacto sobre el desarrollo de los adolescentes. Los cambios que los adolescentes sufren en la pubertad también afectan sus relaciones afectivas con los padres y otros familiares (Steinberg, 1993; Bornstein, 1995).
Tal vez la tarea parental más dificil es incorporar los cambios físicos y mentales de los adolescentes en la imagen que los padres y las madres tienen de los hijos e hijas, y reconocer que se están convirtiendo en personas adultas con expectativas de ser tratadas como tales (Holmbeck, 1995).

3.2- El desarrollo cognitivo y cognitivo social.

Aún no hay consenso en el Norte sobre si existen etapas progresivas, cualitativas en el desarrollo cognitivo de los adolescentes. El consenso parece indicar que hay una evolución incremental hacia una mayor complejidad de pensamiento y habilidad para resolver problemas. Esas habilidades son promovidas por la participación en discusiones y evaluaciones críticas que se dan en la escuela y el hogar (Brooks-Gun & dirigido a reflexionar sobre su autodefinición y la definición de otras personas.
El desarrollo cognitivo social se refiere a la habilidad de discernir y reconocer diferencias y matices sociales en el medio ambiente de los adolescentes. Inicialmente las diferencias reconocidas son externas, y las definiciones sociales de otras personas se basan en su apariencia y rasgos físicos, mientras que más tarde tienden a basarse más en rasgos sicológicos y de personalidad. La evolución del pensamiento del adolescente permite integrar relaciones positivas y negativas y reevaluar la legitimidad del control parental. También promueve la de-idealización (reconocer la falibilidad y flaquezas humanas) de los padres. Todo este proceso contribuye a agudizar las confrontaciones y conflictos intergeneracionales que parecen ser la distinción de esa fase del desarrollo humano (Collins, 1990).

3.3- La emotividad y los cambios en autoconcepto

Los cambios cognitivos de la pubertad están relacionados con el autoconcepto o autodefinición que los adolescentes tienen de sí y con la percepción que tienen de otras personas. Los cambios en emotividad y en las expresiones afectivas están estrechamente relacionadas con el significado de sus percepciones positivas y negativas de autovaloración y de protagonismo. Estas percepciones tienen implicaciones para las relaciones de padres e hijos y para la ‘práctica parental’.
La mayoría de los estudios que se han hecho sobre la inestabilidad emocional en la adolescencia temprana son predominantemente de ‘emotividad negativa’ o de depresión (Petersen, Siragian y Kennedy, 1991). Sin embargo, a pesar de la frecuencia de depresión en esa etapa, la mayoría de adolescentes tiene una autodefinición relativamente estable y no se vuelven extremadamente deprimidos. Sólo un 20% requiere tratamiento clínico (Brooks-Gun &n de dialogar, obstaculizan la comunicación familiar y los alejan emocionalmente de los padres. Estas dificultades también son sentidas por los padres, que se sienten rechazados o distanciados de los hijos.
Aún no se sabe si el tipo de personalidad del niño o de la niña influye en la depresión adolescente. Esto sigue siendo tema de mucha discusión. Un factor importante es que la sintomatología siquiátrica parental parece estar relacionada con la depresión en adolescentes. Algunas fuentes proponen que la depresión materna es un buen indicador de futuras discontinuidades en las relaciones entre padres e hijos (Holmbeck, 1995).
Las dificultades de relaciones parentales con los hijos tienden a agudizarse en la adolescencia temprana, particularmente si los padres también padecen de problemas siquiátricos. A pesar de esto, parece que muchos síntomas de depresión pasan desapercibidos o subestimados por los padres. Por lo tanto, una tarea parental importante es mantener abiertas las líneas de comunicación con adolescentes y prestar oído a las expresiones de ‘afecto negativo’ de los mismos.

3.4 - El manejo de conflictos

La armonía de la familia y el desarrollo de los adolescentes dependen mucho de la forma y estilo con que los padres manejan los conflictos creados por las nuevas demandas de los hijos. Las investigaciones en el Norte sugieren que las causas de la mayoría de los conflictos se deben a desacuerdos sobre privilegios y comportamientos de los adolescentes, pero no sobre valores básicos de la familia, valores que los hijos generalmente tienden a compartir con los padres.
Algunos argumentan que los conflictos en esa fase son fenómenos que surgen ‘naturalmente’ como resultado de los cambios producidos por el crecimiento y maduración de los hijos, y que alertan a los padres sobre la necesidad de hacer ajustes en las relaciones con sus hijos e hijas, apropiadas al nivel de desarrollo de los adolescentes (Lauren &lo si existe un clima cálido, cariñoso y abierto en la familia y si hay disposición y habilidad de los padres para hacer los ajustes en las formas de supervisión y control sobre los hijos.

Desde hace varias décadas existen estudios de las varias formas en las que los padres manejan esta difícil etapa en la formación de los hijos, y existen varias clasificaciones de las mismas.xiv Los aspectos cualitativos de las ‘prácticas’ parentales residen en los ‘estilos’ de las mismas. Una clasificación útil parece ser la desarrollada por Maccoby y Martin (1983), que las dividen en cuatro estilos, a saber: el ’autoritario-autocrático”, el ‘indulgente-permisivo”, el ‘autocrático-recíproco” y el ‘indiferentedesprendido’.
El primer estilo se caracteriza por una fuerte imposición del poder parental; los adolescentes en esos hogares tienden a no tener la oportunidad de expresar sus deseos u opiniones y no pueden cuestionar las órdenes de los padres. El castigo físico tiende a practicarse en esas familias.
En el estilo ‘indulgente-permisivo’ los padres evitan imponer muchas reglas a los adolescentes y son responsivos a sus demandas y deseos; practican poco el castigo para controlar sus conductas. En el estilo ‘autocrático-recíproco’ los padres son exigentes pero al mismo tiempo abiertos y responsivos a las demandas y deseos de los hijos, y esperan que los hijos también respondan a sus demandas. El estilo ‘indiferente-desprendido’ se caracteriza por una ‘no-interferencia’ de los padres en la conducta de los hijos; es un ‘laissez-faire’ general en la familia.
De estos cuatro estilos, el que tiende a tener resultados más favorables para el desarrollo de la independencia y la responsabilidad de adolescentes y que también influye en el desarrollo de un autoconcepto sano y seguro, es el ‘autocrático-recíproco’(Holmbeck, et al., 1995:99-101).

4. – Importancia de los estilos parentales.

Holmbeck y colegas (1995) discuten las mayores investigaciones que se han hecho sobre la influencia de las diferentes facetas de los estilos y prácticas educativas parentales.xv A continuación las resumiré brevemente.

4.1- El control rígido, autoritario, impositivo y punitivo (particularmente en el uso del castigo físico) tiende a estar asociado con comportamientos antisociales y problemáticos entre los adolescentes. El castigo físico parece tener efectos positivos en adolescentes con pocos problemas de conducta, pero tiene el efecto inverso en los de conducta antisocial. Aquí más bien se acentúa la ansiedad, los problemas afectivos, la falta de madurez y las conductas antisociales en esos adolescentes.

4.2 - El control estricto, consistente y firme tiene efectos positivos si está acompañado por un intercambio cálido y abierto que da explicaciones y razones para las reglas de la familia. Esto tiende a legitimar las demandas parentales e indica que las reglas no son arbitrarias. Si no va acompañado por estas condiciones, este tipo de control puede tener los mismos efectos que el control coercitivo.

4.3 - Inducción y democracia son estilos de prácticas positivas de la ‘parentalidad’. La inducción se refiere al intento de los padres de legitimar su autoridad, justificándola con referencia a las necesidades de otras personas y explicando las razones para la restricción. Esto tiende a crear una conciencia social, solidaridad y responsabilidad social en niños y adolescentes. Este proceso es particularmente importante en adolescentes cuyo desarrollo cognitivo se va volviendo más complejo e incisivo.
Las prácticas democráticas, que deben discutirse en ambientes abiertos y cálidos, son las que permiten a los hijos opinar y expresar sus ideas, las que son tomadas en serio y respetadas, inclusive las que cuestionan las posiciones y autoridad parentales . Estas prácticas ayudan a los adolescentes a desarrollar confianza en sí mismos, madurez , tolerancia y respeto a las opiniones opuestas.

4.4 – El monitoreo, la supervisión continua pero no intrusiva y la participación parental no restrictiva, son prácticas que indican el compromiso de los padres con el desarrollo de los hijos. Esto tiene efectos positivos sobre la autoestima, la madurez y el comportamiento positivo de pre-adolescentes y adolescentes. En cambio, la supervisión y el monitoreo ineptos y la participación controladora parental, son buenos indicadores de la incidencia de futuras conductas problemáticas y antisociales en adolescentes.

4.5 - La calidez, la responsividad yla aceptación parental, son dimensiones indispensables y positivas en las prácticas de los padres que asisten a los adolescentes en el proceso difícil y dinámico de transición de la niñez a la adultez. La certeza del apoyo parental da seguridad a los adolescentes y promueve su autoestima, la formación del autoconcepto y el ajuste social. Esta es una de las dimensiones que, a diferencia de las prácticas de control y supervisión, necesita poca modificación durante la adolescencia.
Algunos estudios sugieren que, debido a la falta de ajuste en los procesos de control y supervisión parental, las relaciones entre padres e hijos tienden a distanciarse y a deteriorarse en esta fase. La tarea parental es tratar de mantener la calidez y la aceptación de los hijos en esas relaciones.

4.6 - La entrega de información y el desarrollo de destrezas sociales son otros aspectos que son parte de las responsabilidades parentales. Sin embargo, no existe mucha investigación sobre estos temas, sobre todo en el área de las relaciones interpersonales y de la sexualidad. En muchos casos son los valores culturales (o la ignorancia) los que impiden una comunicación abierta de estos temas entre padres (o maestros) y adolescentes. Esto se está volviendo particularmente importante ahora con el tema del SIDA. El problema son las informaciones erróneas que los jóvenes reciben en la calle, de sus pares o de otras fuentes no confiables.

4.7 - Las conductas limitantes y capacitadoras por parte de padres se han estudiado en el contexto de la interacción intrafamiliar. Generalmente, estas investigaciones han sido enfocadas en los factores ‘limitantes’ que impiden el desarrollo óptimo de adolescentes. Esto tiende a ocurrir en familias con un control vertical y rígido, en las que los padres no llegan a modificar sus relaciones con los hijos a medida que éstos van madurando y desarrollando su independencia. Las relaciones que son capacitadoras y promueven el desarrollo de los adolescentes, son las de la aceptación, la simpatía, la disposición a explicar posiciones e interrogantes de los hijos y las que promueven el apoyo y la aceptación a los mismos.

4.8 - La conectividad e individualidad han sido estudiadas como resultado de interacciones de familia. La evidencia parece indicar que el desarrollo de la individualidad se promueve a través de la comunicación abierta en la familia y la aceptación de opiniones opuestas. El desarrollo de la individualidad se mide a través de la habilidad del adolescente para formular y expresar opiniones independientes y sentirse persona íntegra y separada de padres y hermanos. Parece que la individualidad y la conectividad no son características opuestas, sino que pueden coexistir y formar parte de personalidades normales.
La conectividad se mide por medio de indicadores de apertura a las ideas de otros y la solidaridad con la familia.

5 - Cambios contextuales

Los cambios contextuales son de suma importancia en la transición de la niñez a la adultez. Es aquí donde comienzan a predominar las relaciones ‘horizontales’ que los adolescentes desarrollan en interacciones con sus pares, en contraste con las interacciones ‘verticales’ que tienden a dominar las interacciones en el hogar durante la niñez. Las interacciones ‘horizontales’ son importantes en el desarrollo de la independencia de pensamiento y acción, en la confianza en juicios y opiniones propias, y en la interpretación de los cambios físicos, cognitivos y emocionales que ocurren en la pubertad. Algunas investigaciones indican que los adolescentes tienden a compartir sus experiencias físicas y emocionales más fácilmente con sus pares que con sus padres u otros adultos. Las interacciones ‘horizontales’ se relacionan con el desarrollo emocional de los adolescentes y por eso tienden a ocupar un lugar central en esa fase de vida (Brown, 1990).
Simultáneamente, con la expansión de las relaciones ‘horizontales’ ocurre un aparente distanciamiento en las relaciones con los padres. Muchos padres temen que los hijos se involucren demasiado con sus amistades de la misma edad y lo interpretan como una amenaza a la influencia parental. Los medios masivos también representan esa tendencia. Sin embargo, las investigaciones no confirman la creencia del alejamiento de los hijos del hogar. Al contrario, afirman que en la mayoría de los casos los adolescentes siguen recurriendo a la perspectiva parental en cuestiones fundamentales de sus vidas, tales como los valores, las metas, las aspiraciones y las decisiones sobre el futuro (Holmbeck, 1995). Además, se ha comprobado que los adolescentes generalmente tienden a elegir amistades con historias de vida comparables a las suyas, de manera que los pares buscan compartir los valores y actitudes de sus familias (Brown, 1990). La fase de socialización entre pares produce grandes cambios en los adolescentes. Es una fase en la que los jóvenes comienzan a experimentar con conductas riesgosas y problemáticas.
El ambiente escolar ofrece otro tipo de cambio de contexto al que los adolescentes se deben ajustar. En el Norte, las escuelas secundarias ofrecen a los alumnos un sistema de enseñanza diseñado para promover la creación de responsabilidad y de autonomía individual. Esto consiste en pasar de la escuelita primaria a una escuela media o superior más grande y más impersonal, donde los días se vuelven más fragmentados. Los programas requieren frecuentes cambios de aula, clase y maestro, y las interacciones formales y no formales son más organizadas y estructuradas. Las investigaciones sugieren que este sistema de fragmentación no logra siempre sus objetivos educativos porque ocurre demasiado temprano en el desarrollo de algunos adolescentes (Eccles, 1993; Eccles &n de la reflexión crítica promovida en la escuela media en el diálogo parental puede aumentar y agudizar los conflictos familiares, pero permite a los padres descubrir las diferencias individuales de sus hijos y asistirles en la resolución de problemas creados en el contexto escolar. Existen estudios que indican que la interacción temprana en el preescolar, tiene influencia sobre las relaciones de padres e hijos y afecta las diferencias individuales de los hijos. No se han hecho estudios similares sobre la influencia de la interacción escolar en las relaciones familiares (Sroufe, Egeland &s de la historia, la familia ha demostrado una gran variedad de formas y de significados. También ha requerido flexibilidad y evolución en roles parentales a través de su paso por el ciclo vital y el crecimiento y maduración de los hijos.
Lo que sabemos de familia sugiere que tanto los roles de los padres como de las madres son construidos culturalmente y que pueden facilitar o limitar el crecimiento y formación integral de los hijos.
Independientemente de su forma o estructura, la familia cumple un papel indispensable tanto en el sobrevivir individual como en la continuidad de la sociedad. La evidencia indica que tal vez las características más importantes en la socialización de las nuevas generaciones, son los estilos que los miembros de la familia adoptan en el cumplimiento de las tareas socializantes, sobre todo en la transición de la niñez a la adolescencia y de ésta a la adultez.

Las transformaciones de los adolescentes se reflejan en el frecuente surgimiento de problemas entre adultos y jóvenes. Por parte de los jóvenes, la adolescencia es una época de ajustes y redefiniciones del autoconcepto y de relaciones con pares y con personas mayores. En este período, los efectos acumulativos de eventos nuevos y desconocidos tienden a contribuir a la incidencia de incertidumbres que los jóvenes tienen que superar. Ambos padres tienen la responsabilidad de ayudar a los hijos a superarla con éxito. Lo hacen modificando sus propias conductas y su interacción familiar, entregándoles mayor poder de decisión y ofreciéndoles un trato más igualitario.
Aunque las tareas parentales asociadas con el cuidado y la socialización de los hijos y las hijas son hasta cierto grado predeterminadas por las necesidades físicas y sicosociales de los hijos y por las normas culturales, es el estilo con que esas tareas se desarrollan el que está en las manos parentales. Es aquí donde los padres tienen mayor libertad de introducir conscientemente prácticas parentales con estilos que faciliten y promuevan el desarrollo integral de las nuevas generaciones, y contribuyan conscientemente a la construcción de una sociedad mejor.

Bibliografía

Bornstein, Marc H. (Ed) (1995) Handbook of Parenting (4 Volúmenes) New Jersey:Lawrence Erlbaum Asso. Publ.
Brod, Harry (1987) The Making of Masculinities (The New Men’s Studies), Boston: Allen &ticas de Familia en América Latina”. Ponencia presentada en el Congreso Nacional de ABED, Viçosa, Minas Gerais, Brasil
Chess, Stella (1989)“Defying the Voice of Doom”. In: Dugan y Cole. The Child in Our Times, New York: Brunner/Mazel: 178-199
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Coltrane, Scott (1996). Family Man (Fatherhood, Housework and Gender Equity), New York: Oxford University Press
Coontz, Stephanie (1997). The Way we Really Are: Coming to Terms with America’s Changing Families¨. New York: Basic Books
Coontz, Stephanie (1988) The Social Origins of Private Life (A History of American Families: 1600-1900), London: Verso
Demos, Virginia (1989) “Resilience in Infancy” In Dugan &Family Time and Historical Time" in DAEDALUS (Journal of the American Academy of Arts and Sciences), Vol 106, # 2 (Spring): 57-70.
Hauser S. T.,. A. B. Vieyra, A. M. Jacobson &ricos y aplicados en Estudios de Familia. En realidad, lo que ahora consideramos la estructura y división de responsabilidades de género en la familia y el trabajo ‘productivo’ tienen una existencia muy corta: surgieron solo con la revolución industrial, hace unos pocos siglos.
ii La división social de las esferas ‘pública’ y ‘privada’ también surgió en los Estados Unidos aproximadamente hace unos dos siglos. En sociedades predominantemente agrícolas, muchísimas actividades que ahora consideramos ‘privadas’eran responsabilidad comunitaria.
iii Hoy en día se reconoce cada vez más la acción recíproca entre familia y sociedad y sus influencias mutuas (Ver en Bornstein, 1995, Vol 2, Lerner et al. “Developmental Contextual Perspective on Parenting”: pp 285-309).
iv En esa época ya había una variedad de formas de familia: la familia africana, descendiente de los esclavos, la de los indígenas americanos y las de inmigrantes europeos y asiaticos (no anglosajones) a las que los historiadores prestaron poca atención.. La familia que estamos discutiendo aquí es la hegemónica y mayoritaria, descendiente de pobladores británicos.
v Esto dio base a lo que se llegó a difundir como roles “tradicionales” de género en la familia.
vi Esta fue la época en la que se comenzó en estudios sociológicos la ‘búsqueda de la comunidad’ (y su definición), y que continuó en el Norte hasta 1970. Al mismo tiempo se iniciaron también los.trabajos aplicados en ‘desarrollo de la comunidad’.
vii Coontz también afirma que con el avance de la producción en masa, la expansión de la idea de la ‘vida privada’ y de los derechos individuales basados en la noción de ‘ser dueño de sí’, que reemplazó el valor de ‘responsabilidad social’, fomentaron el consumismo moderno (1988:147-49).
viii La socialización enfatizaba lo que los antropólogos llaman ‘controles internalizados‘ o sea, la condicion en la que el individuo se responde a sí mismo por su conducta y no a las opiniones de otros o externas. Esta forma de control social predomina en las culturas del Norte europeo, también llamadas sociedades dominadas por “culpa” en contraste con las de países circum-mediterráneos, en las que los controles se conciben externos al individuo y los mecanismos de control son de “honor” y “verguenza”. En esas sociedades los individuos adhieren a conductas ‘apropiadas’ por temor de perder el ‘honor’ (que tienen que defender) y por no querer pasar ‘verguenza’.
ix Consciente e intencional, porque sólo desde hace unos 30 años se cuestiona y critica el estereotipo del rol femenino de ‘ama de casa’ y la labor doméstica como actividad exclusiva de la mujer sin valor económico. Existen estudios que demuestran la gran variedad de actividades adicionales y ‘productivas’ pero desapercibidas, que realizaban las mujeres en toda época , que ahora comienzan a ser reconocidas.
x En el comienzo, las ciencias sociales estaban dominadas por los estereotipos de género que predominaban en la época: a las mujeres se las consideraba sólo con respecto a sus papeles familiares de esposa, madre o ama de casa; sus otras actividades quedaban ignoradas. En el caso de los hombres, los estudios se limitaron a documentar sus actividades en la esfera pública e ignoraban sus actividades familiares. Recién en las últimas dos décadas del siglo pasado se comenzó a investigar esa realidad masculina.
xi La “Nueva Paternidad” está relacionada con el movimiento masculino que examina la vida del varón desde una perspectiva de género, y está conceptualizando “La Nueva Masculinidad”.(ver entre otros, Kimmel, 1987).
xii Aquí me limitaré a discutir los aspectos relacionados con el desarrollo sicológico y sociocultural que generalmente se considera parte de la responsabilidad de la socialización parental.
xiii Por ejemplo, Maccoby y Martin hicieron una revisión de la literatura existente en esa época y describieron las características de las formas de supervisión por dicotomías como ‘cálidas-hostiles’, ‘permisivas-restrictivas’, autoritarias- autoritativas- permisivas’. Por su lado Baumrind (1980, 1991) las ha descrito como ‘exigentes-responsivas’entre otras. Lo importante en estos estilos de supervisión y orientación es el grado de apertura en la comunicación familiar con que se realizan, y el grado de respeto individual y atención que prestan a los argumentos, opiniones y deseos de los niños y los adolescentes.
xiv ¿?
xv Las prácticas son las diferentes acciones que deben realizarse en la ‘parentalidad’ (por ejemplo: alimentar, cuidar, atender, aconsejar, orientar, supervisar, controlar, castigar, etc.) en el cuidado y la socialización de los hijos. El estilo es la forma en la que se realizan esas actividades: en forma seria, seca, amenazante, impositiva y amable, comprensiva , explicativa, considerada, respetuosa, etc.

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