miércoles, 5 de enero de 2011

EMPATÍA EN NIÑOS DE 10 A 12 AÑOS.Maite Garaigordobil y Patricia García de Galdeano. Unviersidad del País Vasco



El estudio tuvo 3 objetivos: 1) explorar la existencia de diferencias de género empatía; 2) analizar las relaciones entre la empatía y la conducta social, el autoconcepto, la estabilidad emocional, las estrategias de interacción social, la capacidad de analizar emociones, la inteligencia y la creatividad; así como 3) identificar variables predictoras de empatía. La muestra fue de 139 participantes de 10 a 12 años. Los ANOVAs muestran diferencias de género en empatía con puntuaciones significativamente superiores en las mujeres. Los coeficientes de Pearson sugieren que los participantes con alta empatía tenían muchas conductas sociales positivas (prosociales, asertivas, consideración, autocontrol, liderazgo), pocas conductas sociales negativas (pasivas, agresivas, antisociales, retraimiento), muchas estrategias de interacción asertivas, fueron nominados como compañeros prosociales, tenían alto autoconcepto, alta capacidad para analizar emociones negativas, alta estabilidad emocional, así como muchas conductas y rasgos de personalidad creadora. La regresión múltiple identificó como variables predictoras: alto nivel de conducta prosocial, bajo nivel de conducta agresiva y alto autoconcepto.
 

 Empathy in children aged 10 to 12 years. The objectives of this research were: 1) to determine whether there were differences in empathy according to gender; 2) to analyze the relationships between empathy and social behaviour, self-concept, emotional stability, social interaction strategies, capacity to analyze emotions, intelligence, and creativity; and 3) to identify predicting variables of empathy. The sample consisted of 139 participants aged 10 to 12 years. ANOVA results showed gender differences in empathy, with significantly higher scores in females. Pearson coefficients suggest that participants with high empathy showed many positive social behaviours (prosocial, assertive, consideration, self-control, leadership), few negative social behaviors (passive, aggressive, antisocial, withdrawal) and many assertive strategies of social interaction; that they were named as prosocial classmates; and that they had high self-concept, high capacity to analyze negative emotions, high emotional stability and many behaviors and traits of creative personality. Multiple regression analyses permitted identification of the following predicting variables of empathy: high level of prosocial behaviour, low level of aggressive behaviour and high     self-concept.
Definición de empatía y diferencias de género
Actualmente, se define la empatía desde un enfoque multidimensional, haciendo énfasis en la capacidad de la persona para dar respuesta a los demás teniendo en cuenta tanto los aspectos cognitivos como afectivos, y destacando la importancia de la capacidad de la persona para discriminar entre el propio yo y el de los demás. La empatía incluye tanto respuestas emocionales como experiencias vicarias o, lo que es lo mismo, capacidad para diferenciar entre los estados afectivos de los demás y la habilidad para tomar una perspectiva tanto cognitiva como afectiva respecto a los demás. Sobre las diferencias de género en la empatía, varios estudios han encontrado puntuaciones significativamente superiores en las mujeres (Litvack, Mcdougall y Romney, 1997; Mestre, Frías y Samper, 2004; Mirón, Otero y Luengo, 1989).

Relaciones de la empatía con variables sociales, emocionales e intelectuales
En las últimas décadas se ha desarrollado un creciente interés por demostrar empíricamente las relaciones de la empatía con un amplio abanico de variables de la personalidad infantil tales como conducta prosocial, antisocial, agresiva, aceptación de los iguales, estabilidad emocional, autoconcepto, inteligencia y creatividad.
La empatía disposicional ha motivado numerosas investigaciones como variable crucial delcomportamiento prosocial, y varios estudios correlacionales han encontrado relaciones significativas positivas entre empatía y comportamiento prosocial en niños y adolescentes (Calvo, González y Martorell, 2001; Eisenberg, Miller, Shell y McNalley, 1991; Greener, 1999; Guozhen, Li y Shengnan, 2004; Guyton, 1997; Mestre et al, 2004; Strayer y Roberts, 2004; Thompson, 1995). Complementariamente, estudios experimentales confirman que altos niveles de empatía se dirigen a una mayor conducta cooperativa (Rumble, 2004), y que las intervenciones que potencian la empatía incrementan la conducta prosocial altruista (Etxeberría, Apodaka, Eceiza, Ortiz, Fuentes y López, 1994). En general, los estudios encuentran relaciones significativas entre empatía y conducta prosocial, sin embargo, la revisión de estudios llevada a cabo por Underwood y Moore (1982) puso de relieve la ausencia de relaciones entre empatía y altruismo en la infancia, confirmando relaciones significativas durante la adolescencia y la edad adulta. Estos resultados les llevaron a concluir que es probable que la empatía se desarrolle con la edad, por lo que las relaciones entre ésta y otras variables serán más estables a medida que avanza la edad.
Por otro lado, se han encontrado correlaciones negativas significativas de la empatía con laconducta antisocial en niños (Garaigordobil, Álvarez y Carralero, 2004), con todo tipo de agresión (Kaukiainen et al, 1999), así como con agresividad física y verbal en adolescentes (Mestre et al, 2004). Algunos investigadores han encontrado estas relaciones en ambos sexos (Calvo et al, 2001; Mestre et al, 2004; Miller y Eisenberg, 1988), sin embargo, Mirón et al (1989) pusieron de manifiesto la existencia de una correlación significativa negativa entre empatía y conducta antisocial, presentando los varones adolescentes antisociales niveles de empatía afectiva y cognitiva significativamente más bajos, mientras que para las mujeres estas diferencias fueron significativas únicamente para el componente afectivo de la empatía y para las conductas antisociales violentas. De las conexiones entre empatía y violencia cabe resaltar la aportación de Dosh (1998), que observó que la empatía funcionaba como un factor protector de la violencia, junto a inteligencia y confianza, siempre que los sujetos no hubieran sufrido maltrato en los primeros años de vida.
Los estudios que analizan la relación entre empatía y aceptación en el grupo de iguales muestran que los niños con alto nivel de aceptación por parte de sus iguales son más empáticos. Los niños aceptados muestran una orientación más positiva a otros, una fuerte sensibilidad por la angustia de otros (Dekovic y Gerris, 1994), y los niños prosociales tienen un mayor conocimiento empático que los acosadores o los que son víctimas de estos últimos (Warden y Mackinnon, 2003). Otra línea de investigación ha comprobado que niños y adolescentes empáticos tienen mayor estabilidad emocional. Durante la infancia los componentes emocionales de felicidad y enfado han correlacionado con empatía (Schultz, Izard y Bear, 2004). Algunos estudios con adolescentes sugieren que la estabilidad emocional constituye un factor fundamental para establecer relaciones de empatía (Tur, Mestre y Del Barrio, 2004), mientras que otros no encuentran correlaciones significativas durante la adolescencia (Del Barrio, Aluja y García, 2004). Por otro lado, los estudios muestran que las personas empáticas tienen buenautoconcepto-autoestima (Czerniawska, 2002; Garaigordobil, Cruz y Pérez, 2003; Kukiyama, 2002).
No existen investigaciones que hayan correlacionado empatía e inteligencia en niños, y los escasos trabajos que han analizado las relaciones entre empatía y creatividad presentan resultados positivos. En concreto, Niec (1998) encontró que los niños que usaban más la imaginación, teniendo más elaboradas y organizadas las fantasías en su juego eran más empáticos. En general, los estudios predictivos sugieren que la empatía es un fuerte predictor de la conducta social positiva en niños de distintas edades (Litvack et al, 1997; López, Apodaca, Etxeberría, Fuentes y Ortiz, 1998; Ortiz, Apodaka, Etxeberría, Eceiza, Fuentes y López, 1993; Sezov, 2002). Además, se ha confirmado que la expresividad emocional es un fuerte predictor de empatía latente (Roberts y Strayer, 1996).

Objetivos e hipótesis de la investigación

Este estudio tiene 3 objetivos: 1) explorar la existencia de diferencias de género en la empatía; 2) analizar las relaciones de la empatía con diversas conductas sociales positivas (prosociales, de consideración por los demás, de autocontrol, de liderazgo y asertivas), con diversas conductas sociales negativas (pasivas, agresivas, antisociales, de retraimiento y de ansiedad), con estrategias cognitivas de interacción social (asertivas, agresivas y pasivas), con aceptación en el grupo de iguales, con autoconcepto, con estabilidad emocional, con capacidad para analizar emociones negativas, con inteligencia y con creatividad; así como 3) identificar variables predictoras de empatía.
El trabajo plantea 11 hipótesis: 1) las mujeres obtendrán puntuaciones significativamente superiores en empatía; 2) la empatía tendrá una asociación positiva con conducta prosocial; 3) se encontrarán relaciones positivas entre empatía y diversas conductas sociales facilitadoras de la socialización (conductas de consideración, de autocontrol, de liderazgo, asertivas) y relaciones negativas con conductas sociales perturbadoras (de retraimiento, de ansiedad, pasivas, agresivas); 4) la empatía tendrá una asociación negativa con la conducta antisocial-delictiva; 5) se encontrarán relaciones positivas entre empatía y estrategias cognitivas de interacción social asertivas, y relaciones negativas con estrategias agresivas y pasivas; 6) la empatía se asociará de forma positiva con nominación como compañero prosocial por parte de los iguales; 7) se hallarán relaciones positivas entre empatía y autoconcepto; 8) la empatía se asociará positivamente con estabilidad emocional; 9) se obtendrán relaciones positivas de la empatía con la capacidad para analizar emociones negativas; 10) se encontrarán relaciones positivas de la empatía con inteligencia y con creatividad; y 11) alto nivel de conducta prosocial, bajo nivel de conducta agresiva con los iguales y alto autoconcepto serán variables predictoras de la empatía.

Método
Participantes
La muestra está constituida por 139 participantes de 10 a 12 años, distribuidos en 6 grupos o aulas pertenecientes a 2 centros escolares seleccionados aleatoriamente de los centros de la ciudad de San Sebastián. En concreto, 86 sujetos de 10 a 11 años y 53 sujetos de 11 a 12 años (M= 10.91, DT= .54), de los cuales 64 son varones y 75 mujeres. El nivel socioeconómico cultural de la muestra del estudio es medio-alto. El 30% de los padres tienen un nivel de educación universitario, un 45% estudios superiores y un 25% estudios primarios.

Diseño y procedimiento

El estudio utilizó una metodología correlacional buscando establecer relaciones de concomitancia de la empatía con: conductas sociales, estrategias cognitivas de interacción social, autoconcepto, estabilidad emocional, capacidad para analizar emociones, inteligencia y creatividad. Con esta finalidad se administraron 13 instrumentos, en 6 sesiones de evaluación llevadas a cabo durante las primeras semanas del curso escolar. La aplicación fue realizada por el psicólogo escolar con la colaboración de estudiantes de Psicología. Profesores y padres dispusieron de 3 semanas para observar y responder a los cuestionarios que debían cumplimentar. Para homogeneizar la administra- ción de las pruebas, el equipo de evaluadores recibió formación en seminarios de grupo.

Instrumentos

Se administró el cuestionario de evaluación de la empatía de Merhabian y Epstein (1972) (CE), junto a 12 instrumentos de evaluación con adecuadas garantías psicométricas. El CE (originariamente denominado cuestionario de empatía emocional QMEE) consta de 22 frases que hacen referencia a sentimientos empáticos con los que se mide la capacidad de empatía cognitiva y emocional. La tarea consiste en informar si habitualmente hace, piensa o siente lo que afirma la frase, por ejemplo, ver a alguien llorar me provoca ganas de llorar, cuando veo que una persona está enferma me siento triste… La consistencia interna y la fiabilidad son adecuadas (alpha de Cronbach= .74; Spearman-Brown= .75). Los análisis mediacionales confirman que la conducta de ayuda es una función de la tendencia empática (β= .31), y la agresión mantiene una relación negativa con empatía (β= -.21). Los estudios de validez evidencian relaciones positivas con empatía del IVE-J de Eysenck (r= .65). Las variables dependientes exploradas por los 12 instrumentos, sus dimensiones, el número de ítems, la sesión de evaluación en la que se administró cada prueba, así como la persona que informó (A= autoinforme o ejecución de tarea por parte de los niños; Pa= evaluación padres; Pr= evaluación profesores; I= valoración iguales) pueden observarse en el cuadro 1.

Resultados
Diferencias de género en la empatía
Los resultados del ANOVA pusieron de relieve diferencias significativas entre varones y mujeres,F (1, 137)= 16.53, p<.001, observándose superiores puntuaciones en las mujeres (M= 16.77,DT= 3.71), frente a los varones (M= 14.02, DT= 4.28).

Relaciones de la empatía con variables sociales, emocionales e intelectuales

Con las puntuaciones de los instrumentos aplicados, y tras la comprobación de los supuestos básicos, se obtuvieron los coeficientes de correlación de Pearson.
Las relaciones existentes entre empatía y el resto de las variables difieren en función del género de forma evidente. Así, las mujeres con alta empatía muestran significativamente muchas conductas prosociales (autoevaluación, padres, profesores); muchas conductas asertivas, pocas conductas agresivas y pasivas; muchas conductas de consideración, de autocontrol, de liderazgo y pocas de retraimiento-aislamiento social. Además, las mujeres con alta capacidad de empatía son consideradas por sus compañeros como personas prosociales, tienen alto autoconcepto positivo, global y creativo, aportan alta cantidad de causas que generan emociones negativas y manifiestan alta capacidad para analizar emociones en general. Mientras que los varones empáticos tienen significativamente muchas conductas prosociales (autoevaluación); muchas conductas asertivas, pocas conductas agresivas y pasivas con los iguales; pocas conductas antisociales y antisociales-delictivas, así como muchas conductas de consideración y de autocontrol. Además, los varones con alta empatía disponen de muchas estrategias cognitivas de interacción asertivas, tienen alto autoconcepto positivo, global y creativo.
Los resultados de la muestra en su conjunto confirman que los participantes con alta empatía tienen muchas conductas sociales positivas (prosociales, asertivas, de consideración con los demás, de autocontrol, de liderazgo) y pocas conductas sociales negativas (de retraimiento, agresivas, pasivas, antisociales, delictivas), disponen de muchas estrategias cognitivas de interacción asertivas, son considerados personas prosociales por parte de sus compañeros, son estables emocionalmente, tienen alto autoconcepto positivo, global, creativo, bajo autoconcepto negativo, y aportan muchas causas que generan emociones negativas, así como formas de resolución de estas emociones.
Las correlaciones existentes entre empatía e inteligencia son escasas, únicamente se evidencian relaciones significativas positivas con la inteligencia no-verbal y la inteligencia global en mujeres. Por consiguiente, las mujeres que tenían alta empatía también disponían de alto nivel de inteligencia no-verbal y global, sin embargo, estas relaciones no se confirman en los varones, ni para la muestra total. Las relaciones de la empatía con la creatividad verbal y gráfica son prácticamente nulas, ya que únicamente se confirman relaciones negativas entre empatía y capacidad de elaboración en una tarea de creatividad gráfica en varones. No obstante, para la muestra en su conjunto se han encontrado correlaciones significativas positivas de la empatía con conductas y rasgos de personalidad creadora (autoevaluación, profesores), pero estas relaciones únicamente se ratifican en las mujeres evaluadas por sus profesores. En conjunto, los participantes con alta empatía, especialmente las mujeres, disponían de muchas conductas y rasgos propios de personalidades creadoras.
Finalmente, se ha calculado la potencia de las pruebas de correlación realizadas, en     las 25 variables en las que se han evidenciado correlaciones significativas (p<.05) mediante el GPOWER (2.0 Faul y Erdfelder, 1992). Las correlaciones expresadas muestran elevados niveles de potencia por encima de .84 en todas las variables, excepto en autoconcepto negativo (.64) y resolución de sentimientos negativos (.60) cuyos resultados muestran un nivel de potencia algo inferior. Por consiguiente, la asunción de que las variables tienen las relaciones encontradas puede afirmarse.

Variables predictoras de empatía

Se llevó a cabo un análisis de regresión lineal múltiple, paso a paso.
Del conjunto de las variables predictoras de la empatía (véase tabla 2), siete resultaron estadísticamente significativas: las conductas asertivas con los iguales (Beta= .180), la conducta prosocial (Beta= .246), el autoconcepto positivo (Beta= .272), la conducta agresiva con los iguales (Beta= -.176), la conducta y rasgos de personalidad creadora (Beta= .180), las estrategias cognitivas de interacción social asertivas (Beta= .149) y las conductas sociales de ansiedad-timidez (Beta= -.127). Los coeficientes de regresión estandarizados Beta indican que todas las variables tienen cierto peso sobre la variable criterio. De acuerdo con esta afirmación, los porcentajes de varianza explicada (coeficientes de determinación ajustados) por cada una de tales variables predictoras fueron de magnitud media para las 7 variables, respectivamente: 28.9%, 40.2%, 44.4%, 46.5%, 48.5%, 50.1% y 51.2%. Muchas conductas sociales asertivas, muchas conductas prosociales, alto autoconcepto positivo, pocas conductas sociales agresivas, muchas conductas y rasgos de personalidad creadora, muchas estrategias cognitivas de interacción social asertivas, y pocas conductas de ansiedad-timidez resultaron variables predictoras de la empatía, siendo su poder explicativo medio, ya que explican el 51.2% de la varianza. Al analizar las variables predictoras en función del género se encuentran algunas diferencias. Altas puntuaciones en conducta prosocial, en conducta asertiva, en la capacidad de elaboración en una tarea de creatividad gráfica y en la capacidad para analizar emociones negativas han resultado variables predictoras de la empatía en varones, explicando el 51.6% de la varianza. Mientras que alto autoconcepto global, pocas conductas agresivas, muchas conductas y rasgos de personalidad creadora, y alta capacidad para analizar causas que generan emociones negativas fueron las variables predictoras en mujeres, las cuales     explican el 45.5% de la varianza.

Discusión
Los resultados del estudio, en la misma dirección que otros trabajos (Litvack et al, 1997; Mestre et al, 2004; Mirón et al, 1989), ponen de relieve puntuaciones significativamente superiores en empatía en las mujeres, y confirman la hipótesis 1. Como subrayan Mirón et al (1989), estas diferencias pueden ser atribuidas a las divergencias en las pautas de crianza de hombres y mujeres. Así, se puede asumir que las mujeres han sido socializadas de un modo que favorece el desarrollo de las habilidades orientadas hacia las relaciones interpersonales cálidas en mayor medida que los hombres. Es decir, que la capacidad para comprender y compartir los sentimientos y emociones de los otros sería una característica ligada al rol femenino antes que al estereotipo del rol masculino.
Los resultados muestran relaciones positivas significativas entre empatía y conducta prosocial, que ratifican la hipótesis 2, y son coherentes con otras investigaciones (Calvo et al, 2001; Eisenberg et al, 1991; Guozhen et al, 2004; Guyton, 1997; Greener, 1999; Mestre et al, 2004; Strayer y Roberts, 2004; Thompson, 1995), aunque contradicen los hallazgos de Underwood y Moore (1982), que no encontraron relaciones entre empatía y altruismo en muestras infantiles. Esta discrepancia puede deberse a los distintos instrumentos de evaluación de la empatía utilizados en los estudios, ya que, como señalaron Einsenberg y Miller (1987), los distintos métodos de evaluación pueden influir en la fuerza de las relaciones entre ambos constructos, o también a la edad de los participantes de este estudio, muy próxima a la adolescencia.
Además, el estudio muestra que los participantes con alta empatía tienen muchas conductas sociales positivas, de consideración, de autocontrol, asertivas, de liderazgo (en mujeres), y pocas conductas sociales pasivas, agresivas y de retraimiento (en mujeres). Estos datos prácticamente ratifican la hipótesis 3, aunque no se han encontrado relaciones entre empatía y conductas de ansiedad-timidez. Complementariamente, los varones con alta empatía tienen pocas conductas antisociales y delictivas, lo que ratifica parcialmente la hipótesis 4, aunque en la submuestra de mujeres no se encuentran relaciones significativas entre ambas variables. Estos datos confirman los obtenidos por otros estudios que han constatado relaciones negativas de la empatía con la conducta agresiva (Mestre et al, 2004; Miller y Eisenberg, 1988; Kaukiainen et al, 1999) y con la conducta antisocial (Calvo et al, 2001; Garaigordobil et al, 2004; Mirón et al, 1989).
La empatía también se ha relacionado de forma positiva significativa con estrategias cognitivas asertivas de interacción social cuando se analiza la muestra en su conjunto, aunque no se confirma esta relación en ambos sexos, ya que los datos únicamente sugieren que los varones empáticos tienen muchas estrategias cognitivas asertivas. Tampoco se han obtenido relaciones de la empatía con estrategias pasivas y agresivas, por lo que se confirma parcialmente la hipótesis 5. El trabajo pone de relieve que las mujeres con alta empatía son consideradas prosociales por parte de sus compañeros, lo que ratifica los resultados de estudios que han evidenciado relaciones entre aceptación de los iguales y empatía (Dekovic y Gerris, 1994; Warden y Mackinnon, 2003), pero se confirma parcialmente la hipótesis 6, ya que no se encuentran estas relaciones en varones.
Al analizar la muestra en su conjunto, los resultados sugieren que los participantes con alta empatía tienen alto autoconcepto positivo, global y creativo, así como bajo autoconcepto negativo. Estos datos apuntan en la misma dirección que otros estudios (Czerniawska, 2002; Garaigordobil et al, 2003; Kukiyama, 2002) y confirman la hipótesis 7. Además, los resultados del estudio indican que la empatía tiene una relación positiva significativa con estabilidad emocional cuando se analiza la muestra globalmente. Sin embargo, no se encuentran correlaciones significativas cuando se realizan los análisis por sexos, por lo que se ratifica parcialmente la hipótesis 8. Estos datos confirman los obtenidos en algunos estudios (Schultz et al, 2004; Tur et al, 2004), pero difieren del resultado encontrado en otra investigación que no halló estas relaciones en adolescentes (Del Barrio et al, 2004). Tal vez esta discrepancia pueda explicarse por los instrumentos de evaluación utilizados, ya que en su estudio Del Barrio et al (2004) utilizaron un autoinforme para evaluar la estabilidad emocional y en este período evolutivo la capacidad de reconocer sus propios estados emocionales mediante autoinformes puede tener limitaciones. Por consiguiente, se sugiere llevar a cabo otros estudios que permitan clarificar las relaciones entre ambos constructos.
Por otro lado, los resultados obtenidos evidencian relaciones positivas significativas de la capacidad para analizar causas y formas de resolución de emociones negativas cuando se estudia la muestra globalmente, sin embargo, estas relaciones no son estadísticamente significativas en los varones. Por consiguiente, la hipótesis 9 se cumple parcialmente. En último lugar, al analizar la muestra en su conjunto no se confirman correlaciones de la empatía con la inteligencia, ni con la creatividad verbal ni gráfica, aunque sí se encuentran relaciones con conductas y rasgos de personalidad creadora. No obstante, la hipótesis 10 se rechaza casi en su totalidad, ya que únicamente las mujeres con alta empatía tenían alta inteligencia general además de muchas conductas y rasgos propios de personas creadoras desde la evaluación de sus profesores.
Finalmente, el estudio ha puesto de relieve algunas variables predictoras de la empatía, tales como: muchas conductas sociales asertivas, muchas conductas prosociales, alto autoconcepto positivo, pocas conductas sociales agresivas, muchas conductas y rasgos de personalidad creadora, muchas estrategias cognitivas de interacción social asertivas, y pocas conductas de ansiedad-timidez. Por consiguiente, se ratifica la hipótesis 11, que proponía como variables predictoras: alto nivel de conducta prosocial, bajo nivel de conducta agresiva y alto autoconcepto. Estos datos confirman los resultados de los estudios que han sugerido que las conductas prosociales (Litvack et al, 1997; López et al, 1998; Ortiz et al, 1993) y las conductas sociales armoniosas (Sezov, 2002) son predictores de empatía. De los resultados de las variables predictoras en función del género llama la atención que las conductas prosociales predicen positivamente la empatía en los chicos y las conductas agresivas predicen negativamente la empatía en las chicas. Habiendo encontrado que las chicas tienen puntuaciones significativamente superiores en conducta prosocial e inferiores en conducta agresiva, se puede interpretar que en los chicos es más expresivo de la capacidad empática lo prosocial, mientras que en las chicas la baja agresividad es más indicativa de empatía. Esta información tiene implicaciones instruccionales y sugiere incorporar matices diferenciales para la intervención en función del género.
Esta investigación pone de manifiesto que la empatía es un factor importante en el proceso mediante el cual el individuo desarrolla pautas de pensamiento y comportamiento acordes con las normas sociales, así como sus conexiones con un constructo estructural de la personalidad de gran relevancia como es el autoconcepto. La empatía parece estar estrechamente relacionada con la conducta antisocial en los varones y con la conducta prosocial en ambos sexos, siendo una variable imprescindible para la comprensión de la conducta social. En la misma línea de reflexión que la señalada por Mestre, Samper y Frías (2002), los datos obtenidos permiten sugerir que la inhibición de la agresividad podría potenciarse con el desarrollo de la prosocialidad que incluye la empatía como un significativo determinante. Por consiguiente, el trabajo tiene implicaciones desde el punto de vista de la intervención psicológica en contextos educativos, y evidencia la importancia de las intervenciones dirigidas a fomentar la empatía como un instrumento de desarrollo de la personalidad infantil. Así, sería importante fomentar la empatía del niño en su proceso de socialización, estimulando su progresivo descentramiento egocéntrico, a través de: a) la presentación de las perspectivas de los sentimientos ajenos; b) la utilización del razonamiento como técnica educativa; c) la explicación de las consecuencias que la propia conducta tendrá para los demás; d) la exposición a modelos empáticos… Como limitación del estudio cabe destacar que siendo los datos de naturaleza correlacional, poco aportan sobre la relación causal que puede existir entre dichas variables, por lo que se sugiere el análisis de este constructo mediante estudios longitudinales.

Agradecimientos
El estudio ha sido realizado con el apoyo del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad del País Vasco (1/UPV 00006.231-H-13945/2001) y forma parte de una investigación más amplia que ha obtenido el Primer Premio Nacional de Investigación Educativa 2003 otorgado por el Ministerio de Educación y Ciencia.

Calvo, A.J., González, R. y Martorell, M.C. (2001). Variables relacionadas con la conducta prosocial en la infancia y adolescencia: personalidad, autoconcepto y género. Infancia y Aprendizaje24 (1), 95-111.
Czerniawska, M. (2002). The empathy and value system. Przeglad Psychologiczny, 45 (1), 7-18.
Del Barrio, V., Aluja, A. y García, L.F. (2004). Relationship between empathy and the Big Five personality traits in a sample of Spanish adolescents. Social Behavior and Personality, 32 (7), 677-682.
Dekovic, M. y Gerris, J.R.M. (1994). Developmental analysis of social cognitive and behavioral differences between popular and rejected children. Journal of Applied Developmental Psychology,15 (3), 367-386.
Dosh, M.A. (1998). Ghosts from the nursery: tracing the roots of violence. Journal of Prenatal and Perinatal Psychology and Health, 12 (3-4), 235-237.
Eisenberg, N. y Miller, P.A. (1987). The relation of empathy to prosocial and related behaviors.Psychological Bulletin, 101 (1), 91-119.
Eisenberg, N., Miller, P.A., Shell, R. y McNalley, S. (1991). Prosocial development in adolescence: a longitudinal study. Developmental Psychology, 27 (5), 849-857.
Etxeberría, I., Apodaka, P., Eceiza, A., Ortiz, M.J., Fuentes, M.J. y López, F. (1994). Design and evaluation of programme to promote prosocial-altruistic behaviour in the school. Journal of Moral Education, 23 (4), 409-425.
Garaigordobil, M. (2000). Intervención psicológica con adolescentes: un programa para el desarrollo de la personalidad y la educación en derechos humanos. Madrid: Pirámide.
Garaigordobil, M., Cruz, S. y Pérez, J.I. (2003). Análisis correlacional y predictivo del     autoconcepto con otros factores conductuales, cognitivos y emocionales de la personalidad durante la adolescencia. Estudios de Psicología, 24 (1), 113-134.
Garaigordobil, M., Álvarez, Z. y Carralero, V. (2004). Conducta antisocial en niños de 10 a 12 anos: factores de personalidad asociados y variables predictoras. Análisis y Modificación de Conducta, 30 (130), 241-271.
Garaigordobil, M. (2005). Diseño y evaluación de un programa de intervención socioemocional para promover la conducta prosocial y prevenir la violencia. Madrid: Centro de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia. Colección Investigación Nº 160 (Primer Premio Nacional de Investigación Educativa 2003).
Greener, S.H. (1999). The relationship between emotional predispositions, emotional     decoding and regulation skills and children’s prosocial behavior. Dissertation Abstracts International: The Sciences and Engineering, 59 (8-B), 4.509.
Guozhen, C., Li, W. y Shengnan, L. (2004). A research on moral empathy, trend of helping behavior and their relations among children aged 6-12 in China. Psychological Science, 27 (4), 781-785.
Guyton, M.J. (1997). Contributors to individual differences in the development of prosocial responsiveness in preschoolers. Dissertation Abstracts International: The Sciences and Engineering, 58 (1-B), 0439.
Kaufman, A.S. y Kaufman, N.L. (1997). K-BIT. Test breve de inteligencia de Kaufman. Madrid: TEA (trabajo original publicado en 1994).
Kaukiainen, A., Bjoerkqvist, K., Lagerspetz, K., Oesterman, K., Salmivalli, C., Rothberg, S. y Ahlbom, A. (1999). The relationships between social intelligence, empathy and three types of aggression. Aggressive Behavior, 25 (2), 81-89.
Koppitz, E. (1976). El dibujo de la figura humana en los niños (5ª ed.). Buenos Aires: Guadalupe (trabajo original publicado en 1968).
Kukiyama, K. (2002). Relationship between emotional competence and social information processing: an application to assertion behavior. Japanese Journal of Counseling Science, 35 (1), 66-75.
Litvack, M.W., Mcdougall, D. y Romney, D.M. (1997). The structure of empathy during     middle childhood and its relationship to prosocial behavior. Genetic, Social and General Psychology Monographs, 123 (3), 303-324.
López, F., Apodaka, P., Etxeberría, I., Fuentes, M.J. y Ortiz, M.J. (1998). Conducta prosocial en preescolares. Infancia y Aprendizaje, 82, 45-61.
Mehrabian, A. y Epstein, N. (1972). A measure of emotional empathy. Journal of Personality, 40, 525-543.
Mestre, M.V., Samper, P. y Frías, M.D. (2002). Procesos cognitivos y emocionales predictores de la conducta prosocial y agresiva: la empatía como factor modulador. Psicothema, 14 (2), 227-232.
Mestre, M.V., Frías, M.D. y Samper, P. (2004). La medida de la empatía: análisis del Interpersonal Reactivity Index. Psicothema, 16 (2), 255-260.
Miller, P.A. y Eisenberg, N. (1988). The relation of empathy to aggressive and externalizing/antisocial behavior. Psychological Bulletin, 103 (3), 324-344.
Mirón, L., Otero, J.M. y Luengo, A. (1989). Empatía y conducta antisocial. Análisis y Modificación de Conducta, 15 (44), 239-254.
Moreno, J.L. (1972). Fundamentos de la sociometría. Buenos Aires: Paidós (trabajo original publicado en 1934).
Niec, L.N. (1998). Relationships among children’s internal representations, affect and fantasy in play, and interpersonal functioning. Dissertation Abstracts International: The Sciences and Engineering, 59 (5-B), 2.427.
Ortiz, M.J., Apodaka, P., Etxeberría, I., Eceiza, A., Fuentes, M.J. y López, F. (1993). Algunos predictores de la conducta prosocial-altruista en la infancia: empatía, toma de perspectiva, apego, modelos parentales, disciplina familiar e imagen del ser humano. Revista de Psicología Social, 8 (1), 83-98.
Roberts, W. y Strayer, J. (1996). Empathy, emotional expressiveness and prosocial behavior.Child Development, 67 (2), 449-470.
Rumble, A.C. (2004). Empathy-induced cooperation and social dilemmas: an investigation into the influence of attribution type. Dissertation Abstracts International: The Sciences and Engineering, 64 (7-B), 3.585.
Schultz, D., Izard, C.E. y Bear, G. (2004). Children’s emotion processing: relations to emotionality and aggression. Development and Psychopathology, 16 (2), 371-387.
Seisdedos, N. (1995) AD. Cuestionario de conductas antisociales-delictivas. Madrid: TEA (trabajo original publicado en 1988).
Sezov, D.D. (2002). The contribution of empathy to harmony in interpersonal relationships.Dissertation Abstracts International: The Sciences and Engineering, 63 (6-B), 3.046.
Silva, F. y Martorell, M.C. (1987). BAS-3. Batería de Socialización. Madrid: TEA.
Strayer, J. y Roberts, W. (2004). Empathy and observed anger and aggression in five-year-olds.Social Development, 13 (1), 1-13.
Thompson, M.W. (1995). Relationship between prosocial orientation and prosocial behavior of preschoolers. Dissertation Abstracts International: Humanities and Social Sciences, 55 (10-A), 3.145.
Torrance, E.P. (1990). The Torrance Test of Creative Thinking. Bensenville, IL: Scholastic Testing Service (trabajo original publicado en 1974).
Tur, A.M., Mestre, V. y Del Barrio, V. (2004). Factores moduladores de la conducta agresiva y prosocial. El efecto de los hábitos de crianza en la conducta del adolescente. Ansiedad y Estrés,10 (1), 75-88.
Underwood, B. y Moore, B. (1982). Perspective-taking and altruism. Psychological Bulletin, 91(1), 143-173.
Weir, K. y Duveen, G. (1981). Further development and validation of the prosocial behaviour questionnaire for use by teachers. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 22 (4), 357-374.
Warden, D. y Mackinnon, S. (2003). Prosocial children, bullies and victims: an investigation of their sociometric status, empathy and social problem-solving strategies. British Journal of Developmental Psychology, 21 (3), 367-385.
Wood, R., Michelson, L. y Flynn, J. (1978). Assessment of assertive behavior in elementary school children. Presentado en la reunión anual de la asociación para el avance de la terapia de conducta, Chicago, Noviembre (traducción castellana en L. Michelson, D. Sugai, R. Wood y A. Kazdin (1983). Las habilidades sociales en la infancia, pp. 203-210. Barcelona: Martínez Roca).



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada