viernes, 6 de agosto de 2010

Los psicópatas latentes y la religión.Luis González Pope. Interesante.Cespinoza.

La impulsividad es una característica que se ha asociado a ciertos tipo de personalidad, entre las que encontramos la Personalidad Antisocial (psicopatía) y la Personalidad Limítrofe.Boomsma, De Geus, Van Baal y Koopmans  estudiaron las relaciones entre impulsividad, religiosidad actual y educación religiosa. Aplicando la escala de "Búsqueda de Sensaciones" (Sensation Seeking Scale) encontraron que el efecto más consistente de la religión sobre la impulsividad era una disminución en la sub-escala de Desinhibición.  La escala de "Búsqueda de Sensaciones" mide la tendencia de los sujetos a buscar experiencias estimulantes y novedosas,  y esta inclinación correlaciona con el grado de control sobre emociones e impulsos.

Eurelings-Bontekoe y Luyten, en un estudio publicado recientemente en el libro de 
Religión y Psiquiatría de la Asociación Mundial de Psiquiatría, analizaron el efecto de la educación protestante ortodoxa sobre la personalidad limítrofe (borderline) que, junto con la personalidad antisocial, pertenece al grupo de personalidades que tienden a una emotividad errática, impulsividad, y que son proclives a violar los derechos de los demás (Personalidades tipo B/ DSM IV).  Según los autores, en los grupos protestantes ortodoxos la imagen de Dios es lo más parecido a  un juez que es obsesivamente justo y apegado a las reglas. Lo anterior, al lado de una firme educación familiar pro-religiosa, parece fomentar que estos individuos se conformen más fácilmente a las reglas sociales. Tomando en cuenta lo anterior los autores comentan que:
En otras palabras, los pacientes con bajo auto-control, que estructuralmente [predisposición detectada a través de cuestionarios] están en riesgo para la conducta antisocial no presentan este comportamiento en el caso de una educación Protestante ortodoxa. Por lo tanto, los resultados sugieren, en concordancia con los resultados de Welch et al., un efecto de la religiosidad sobre el hecho de que estos se adapten o no a las normas sociales y que no está mediado por el autocontrol porque el bajo autocontrol es una característica inherente a los pacientes con Trastorno Limítrofe de Personalidad. Sin embargo, los resultados sugieren que las manifestaciones sintomáticas de la estructura subyacente de personalidad impulsiva (ej. falta de autocontrol) son moderadas por la educación ortodoxa.

Lo anterior significa que no basta con tener un cerebro en el que la circuitería funcione  tal y como en el psicópata, o ser portadores de la genética adecuada, sino que además se requiere de condicionamientos y memorias (por ejemplo traumáticas) muy particulares, que hacen poco probable que estas personalidades puedan reducirse a un estereotipo de conectividad neural.  El "hardware" que subyace a la  personalidad psicopática necesita del software (experiencias) complementario.  En otras palabras, los estudios por resonancia magnética pudieran mostrar todas las características que son típicas de de la psicopatía, por ejemplo,  una amígdala cerebral  y corteza orbitofrontal  inactivas cuando al sujeto es presentado, durante los estudios de investigación,  con escenarios moralmente repugnantes. Y sin embargo, en la vida real estos mismos individuos no mostrar ningún rasgo de personalidad antisocial.

Un interesante caso que ejemplifica lo anterior es el del Dr. James Fallon, un neurocientífico que se ha especializado en el estudio de la psicopatía y que por sugerencia de su madre se interesó en investigar este desorden dentro de su propia familia.  Lo anterior  después de  enterarse que por la línea paterna existían individuos "sospechosos",  uno  por haber asesinado a su madre en el año 1667,  y luego una prima que en 1882 había asesinado con un hacha a su padre y madrastra. Sin embargo, todos los estudios iniciales por imagenología fueron normales: el de su madre, hijos y parientes. Excepto, que al obsevar su propio PET (estudio por emisión de positrones) se percató que era idéntico al de los asesinos en serie que él tantas veces había examinado. De hecho también poseía la variante de un gen que se encuentra en el cromosoma X - gen para la monoamino oxidasa-A - que es conocido como el "gen guerrero" (Warrior gene) y que se asocia a la psicopatía.  Este gen, deficiente en 30 bases,  produce menos enzima monoamino oxidasa-A.  Puesto que esta enzima metaboliza la serotonina, se especula que durante el neurodesarrollo temprano el cerebro de estos sujetos queda "bañado" por este neurotransmisor,  de tal forma que se hacen refractarios a los efectos inhibitorios que tiene sobre la impulsividad.  Las deficiencias de la serotonina, o los receptores y vías bioquímicas de ella dependientes, predisponen a la psicopatía. Fallon concluye que a él  sólo le faltó un ingrediente para ser psicópata: el haber tenido las experiencias adecuadas, tales como ser sido víctima de abuso durante su infancia o adolescencia.

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